Martes, 21 de diciembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Beneidcto XVI dirigi?el viernes 3 de Diciembre de 2010?al nuevo embarajdor de Costa Rica ante la Santa Sede, Fernando Felipe S?nchez Campos, al aceptar sus Cartas Credenciales.

Se?or Embajador:

1. Al recibir de manos de Vuestra Excelencia las Cartas credenciales como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Costa Rica ante la Santa Sede, le agradezco vivamente sus deferentes palabras, as? como el gentil saludo que me ha transmitido de parte de la Se?ora Presidenta de la Rep?blica, Doctora Laura Chinchilla Miranda, al que correspondo complacido con los mejores deseos de que lleve a cabo un fruct?fero servicio al frente de esa dilecta Naci?n, tan vinculada a la Sede Apost?lica por estrechas y cordiales relaciones, as? como por la especial devoci?n de los costarricenses al Sucesor de Pedro.

2. Vuestra presencia en este acto solemne, Excelencia, aviva en mi coraz?n los sentimientos de afecto y benevolencia hacia el amad?simo pueblo costarricense, que, el pasado d?a 2 de agosto, se llen? de regocijo al conmemorar los 375 a?os del hallazgo de la venerada imagen de Nuestra Se?ora de los ?ngeles, su celestial Patrona. A la vez que me uno a su acci?n de gracias al Todopoderoso en tan feliz circunstancia, no dudo que el A?o Jubilar que se est? celebrando producir? abundantes frutos de vida cristiana, siendo tambi?n una oportunidad singular para agradecer a la Virgen los favores recibidos y elevar una s?plica por todas las necesidades de ese noble Pa?s, que desea seguir recorriendo al amparo de la Madre de Dios los caminos del mutuo entendimiento y la concordia, en un clima de aut?ntica fraternidad y de pr?vida solidaridad.

3. No podr?a ser de otra manera en Vuestra Patria, acreedora del particular inter?s de la Santa Sede, y en donde la belleza se hace monta?a y llanura, r?o y mar, brisa y viento que da ?mpetu a un pueblo hospitalario y orgulloso de sus tradiciones; un pueblo que hace siglos acogi? la semilla evang?lica para ver c?mo germinaba pujante en innumerables iniciativas educativas, sanitarias y de promoci?n humana. De este modo, los hijos de Vuestra Patria saben bien que, en Cristo, el Hijo de Dios, el hombre puede encontrar siempre la fuerza para luchar contra la pobreza, la violencia dom?stica, el desempleo y la corrupci?n, procurando la justicia social, el bien com?n y el progreso integral de las personas. Nadie puede sentirse al margen de la consecuci?n de esas altas metas. En este contexto, la Autoridad p?blica ha de ser la primera en buscar lo que a todos beneficia, obrando principalmente como una fuerza moral que potencie la libertad y el sentido de responsabilidad de cada uno. Y todo esto, sin menoscabar los valores fundamentales que vertebran la inviolable dignidad de la persona, comenzando por la firme salvaguarda de la vida humana. En este ?mbito, me complace recordar que fue precisamente en Vuestro Pa?s donde se firm? el Pacto de San Jos?, en el que se reconoce expresamente el valor de la vida humana desde su concepci?n. As? pues, es deseable que Costa Rica no viole los derechos del nasciturus con leyes que legitimen la fecundaci?n in vitro y el aborto.

4. Recientemente, ha surgido el deseo de plasmar en un nuevo y solemne acuerdo jur?dico la larga trayectoria de mutua colaboraci?n, sana independencia y respeto rec?proco entre la Santa Sede y Costa Rica, afianzando as? a?n m?s las proficuas relaciones existentes entre la Iglesia y el Estado en Vuestra Patria. Concretar las materias de inter?s com?n, fijando pormenorizadamente los derechos y obligaciones de las partes signatarias, servir? para seguir garantizando de manera estable y m?s conforme a las actuales circunstancias hist?ricas su ya tradicional y fecundo entendimiento, con miras al mayor bien de la vida religiosa y civil de la Naci?n y en beneficio de aquellas personas objeto de los mismos desvelos.

5. Con ocasi?n de este encuentro, quisiera asegurarle, Se?or Embajador, que, en estos d?as, he tenido un particular recuerdo en la oraci?n por Costa Rica, con motivo de las dolorosas consecuencias que han causado las lluvias torrenciales que han afectado al Pa?s. He pedido tambi?n a Dios que Vuestra Patria no deje de roturar los caminos que la hacen ante la comunidad internacional un referente de paz. Para ello, es importante que los que est?n al frente de sus destinos no vacilen en rechazar con firmeza la impunidad, la delincuencia juvenil, el trabajo infantil, la injusticia y el narcotr?fico, impulsando medidas tan importantes como la seguridad ciudadana, una adecuada formaci?n de ni?os y j?venes, la debida atenci?n a los encarcelados, la eficaz asistencia sanitaria a todos, en particular a los m?s menesterosos y a los ancianos, as? como los programas que lleven a la poblaci?n a alcanzar una vivienda digna y un empleo decente. Es primordial, adem?s, que las nuevas generaciones adquieran la convicci?n de que los conflictos no se vencen con la mera fuerza, sino convirtiendo los corazones al bien y la verdad, acabando con la miseria y el analfabetismo, robusteciendo el Estado de derecho y vigorizando la independencia y eficacia de los tribunales de justicia. Mucho contribuir? a dilatar este horizonte el afianzamiento en la sociedad de un pilar tan sustancial e irrenunciable como la estabilidad y uni?n de la familia, instituci?n que est? sufriendo, quiz?s como ninguna otra, la acometida de las transformaciones amplias y r?pidas de la sociedad y de la cultura, y que, sin embargo, no puede perder su identidad genuina, pues est? llamada a ser vivero de virtudes humanas y cristianas, en donde los hijos aprendan de sus padres de forma natural a respetarse y comprenderse, a madurar como personas, creyentes y ciudadanos ejemplares. Por consiguiente, nada de cuanto favorezca, tutele y apoye la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer ser? bald?o. En este sentido, la Iglesia no se cansar? de alentar especialmente a los j?venes, para que descubran la belleza y grandeza que entra?a servir fiel y generosamente al amor matrimonial y a la transmisi?n de la vida.

6. La defensa de la paz se ver? facilitada asimismo con el cuidado del entorno natural, pues son realidades ?ntimamente relacionadas entre s?. A este respecto, Costa Rica, abanderada de la amistad y el buen entendimiento entre las Naciones, se ha distinguido tambi?n en la preservaci?n del medio ambiente y la b?squeda de un equilibrio entre el desarrollo humano y la conservaci?n de los recursos. Esto conlleva la ponderaci?n conjunta y responsable de esta cuesti?n tan esencial, en aras de "esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos" (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, n. 7). Con este objetivo, animo a todos los costarricenses a continuar desarrollando lo que propicia un verdadero desarrollo humano, en armon?a con la creaci?n, evitando intereses espurios y faltos de clarividencia en un tema de tanta trascendencia.

7. Al concluir, quiero expresarle, Se?or Embajador, mis mejores votos para la misi?n que comienza hoy. Tenga la seguridad de que en su ejercicio siempre encontrar? la ayuda que precise de mis colaboradores. Con estos sentimientos, pongo bajo la mirada de Nuestra Se?ora de los ?ngeles, tan venerada en vuestra tierra y en toda Centroam?rica, a las Autoridades y al querido pueblo costarricense, suplic?ndole tambi?n que sostenga con su amor materno a todos los hijos de Vuestra Patria, para que, apoy?ndose en su rico patrimonio espiritual, puedan cooperar a una solidaridad cada vez mayor entre las personas y entre los pueblos. Y como prenda de copiosos dones divinos, imparto la Bendici?n apost?lica a Vuestra Excelencia y su familia, as? como al personal de esa Misi?n Diplom?tica.

[?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Habla el Papa
 | Enviar