Mi?rcoles, 22 de diciembre de 2010

ZENIT publica la primera predicaci?n de Adviento que pronunci?el viernes 4 de Dciembre de 2010?el padre Raniero Cantalamessa OFM cap, predicador de la Casa Pontificia, ante Benedicto XVI y la Curia Romana para ofrecer "La respuesta cristiana al cientificismo ateo".??

Primera predicaci?n de Adviento 2010

"CUANDO CONTEMPLO TUS CIELOS, LA LUNA Y LAS ESTRELLAS, ?QU? ES EL HOMBRE?" (Sal 8, 4-5)

La respuesta cristiana al cientificismo ateo?

1. Las tesis del cientificismo ateo

Las tres meditaciones de este Adviento 2010 quieren ser una peque?a contribuci?n a la necesidad de la Iglesia que ha llevado al Santo Padre Benedicto XVI a instituir el "Consejo Pontificio para la Promoci?n de la Nueva Evangelizaci?n" y a elegir como tema de la pr?xima Asamblea general ordinaria del S?nodo de los Obispos el tema "Nova evangelizatio ad cristianam fidem tradendam?- La nueva evangelizaci?n para la transmisi?n de la fe cristiana".

La intenci?n es la de se?alar algunos nudos u obst?culos de fondo que hacen a muchos pa?ses de antigua tradici?n cristiana "refractarios" ante el mensaje evang?lico, como dice el Santo Padre en el?Motu Proprio?con el que ha instituido el nuevo Consejo?[1]. Los nudos o desaf?os que pretendo tomar en consideraci?n y a los que quisiera intentar dar una respuesta de fe son el cientificismo, el secularismo y el racionalismo. El ap?stol Pablo los llamar?a "los sofismas?y toda clase de altaner?a que se levanta contra el conocimiento de Dios" (Cf. 2 Corintios 10,4).

En esta primera meditaci?n examinamos el cientificismo. Para comprender qu? se entiende con este t?rmino podemos partir de la descripci?n que hizo de ?l Juan Pablo II: "Otro peligro considerable es el?cientificismo. Esta corriente filos?fica no admite como v?lidas otras formas de conocimiento que no sean las propias de las ciencias positivas, relegando al ?mbito de la mera imaginaci?n tanto el conocimiento religioso y teol?gico, como el saber ?tico y est?tico"[2].

Podemos resumir as? las tesis principales de esta corriente de pensamiento:

Primera tesis.?La ciencia, y en particular la cosmolog?a, la f?sica y la biolog?a, son la ?nica forma objetiva y seria de conocimiento de la realidad.?"Las sociedades modernas, escribi? Monod, se han construido sobre la ciencia. Le deben su riqueza, su poder, y la certeza de que riquezas y poder a?n mayores ser?n accesibles un ma?ana al hombre, si ?l lo desea [...]. Provistas de todo poder, dotadas de todas las riquezas que la ciencia les ofrece, nuestras sociedades intentan a?n vivir y ense?ar sistemas de valores, ya minados en su base por esta misma ciencia"[3].

Segunda tesis.?Esta?forma de conocimiento es incompatible con la fe que se basa en presupuestos que no son ni demostrables ni falsables.?En esta l?nea, el ateo militante R. Dawkins nos empuja incluso a definir "analfabetos" a esos cient?ficos que se profesan creyentes, olvidando cu?ntos cient?ficos muy famosos se han declarado y siguen declar?ndose creyentes.

Tercera tesis.?La ciencia ha demostrado la falsedad, o al menos la no necesidad de la hip?tesis de Dios.?Es la afirmaci?n a la que dieron amplio relieve los medios de comunicaci?n de todo el mundo en los meses pasados, a causa de una afirmaci?n del astrof?sico ingl?s Stephen Hawking. Este, contrariamente a cuanto hab?a escrito anteriormente, en su ?ltimo libro?The Grand Design, El Gran Dise?o, sostiene que los conocimientos logrados por la f?sica hacen ya in?til creer en una divinidad creadora del universo: "la creaci?n espont?nea es la raz?n por la que existe algo".

Cuarta tesis:?La casi totalidad, o al menos la gran mayor?a de los cient?ficos son ateos. Esta es la afirmaci?n del ate?smo cient?fico militante que tiene en Richard Dawkins, autor del libro?God's Delusion, El espejismo de Dios, su m?s activo propagador.

Todas estas tesis se revelan falsas, no en virtud de un razonamiento a priori o en virtud de argumentos teol?gicos y de fe, sino del an?lisis mismo de los resultados de la ciencia y de las opiniones de muchos entre los cient?ficos m?s ilustres del pasado y del presente. Un cient?fico del calibre de Max Planck, fundador de la teor?a cu?ntica, dice, de la ciencia, lo que Agust?n, Tom?s de Aquino, Pascal, Kierkegaard y otros hab?an afirmado de la raz?n: "La ciencia nos lleva a un punto m?s all? del cual no puede guiarnos"[4].

Yo no insisto en la confutaci?n de las tesis enunciadas, que ya ha sido hecha, con mayor competencia, por cient?ficos y fil?sofos de la ciencia. Cito, por ejemplo, la cr?tica puntual de Roberto Timossi, en el libro?L'illusione dell'ateismo. Perch? la scienza non nega Dio, (La ilusi?n del ate?smo. Por qu? la ciencia no niega a Dios, n.d.r.) que publica la presentaci?n del cardenal Angelo Bagnasco (Edizioni San Paolo2009). Me limito a una observaci?n elemental. En la semana en la que los medios de comunicaci?n difundieron la afirmaci?n recordada, seg?n el cual la ciencia ha hecho in?til la hip?tesis de un creador, me encontr? con la necesidad, en la homil?a dominical, de explicar a cristianos muy sencillos, en una peque?a ciudad del Reatino, donde est? el error de fondo de los cient?ficos ateos y por qu? no deber?an dejarse impresionar por el impacto suscitado por esa afirmaci?n. Lo hice con un ejemplo que quiz?s pueda ser ?til repetir tambi?n aqu? en un contexto tan distinto.

Hay p?jaros nocturnos, como el b?ho y la lechuza, cuyos ojos est?n hechos para ver de noche en la oscuridad, no de d?a. La luz del sol les cegar?a. Estos p?jaros lo saben todo y se mueven a sus anchas en el mundo nocturno, pero no saben nada del mundo diurno. Adoptemos por un momento el g?nero de las f?bulas, donde los animales hablan entre s?. Supongamos que un ?guila haga amistad con una familia de lechuzas, y les hable del sol: de c?mo lo ilumina todo, de c?mo sin ?l, todo caer?a en la oscuridad y en hielo, c?mo su propio mundo nocturno no existir?a sin el sol. Qu? responder?a la lechuza, sino: "?Tu cuentas mentiras! Nunca hemos visto vuestro sol. Nos movemos muy bien y nos procuramos alimento sin ?l; vuestro sol es una hip?tesis in?til y por tanto no existe".

Es exactamente lo que hace el cient?fico ateo cuando dice: "Dios no existe". Juzga un mundo que no conoce, aplica sus leyes a un objeto que est? fuera de su alcance. Para ver a Dios es necesario abrir un ojo distinto, es necesario aventurarse fuera de la noche. En este sentido, es a?n v?lida la antigua afirmaci?n del salmista: "El necio dice: Dios no existe".?

2. No a lo cient?fico, s? a la ciencia

El rechazo del cientificismo no nos debe naturalmente inducir al rechazo de la ciencia o a la desconfianza hacia ella, como el rechazo del racionalismo no nos lleva al rechazo de la raz?n. Actuar de otra forma ser?a un mal a la fe, m?s a?n que a la ciencia. La historia nos ha ense?ado dolorosamente a d?nde lleva semejante actitud.

De una postura abierta y constructiva hacia la ciencia nos dio un ejemplo?luminoso el nuevo beato John Henry Newman. Nueve a?os despu?s de la publicaci?n de la obra de Darwin sobre la evoluci?n de las especies, cuando no pocos esp?ritus alrededor suyo se mostraban turbados y perplejos, ?l les tranquilizaba, expresando un juicio que anticipaba el actual de la Iglesia sobre la no incompatibilidad de esta teor?a con la fe b?blica. Vale la pena volver a escuchar los pasajes centrales de su carta al can?nigo J. Walker que conservan a?n gran parte de su validez:

"Esta [la teor?a de Darwin] no me da miedo [...] No me parece hilar l?gicamente que se niegue la creaci?n por el hecho de que el Creador hace millones de a?os impusiera leyes a la materia. No negamos ni circunscribimos al Creador por el hecho de que haya creado la acci?n aut?noma que dio origen al intelecto humano, dotado casi de un talento creativo; mucho menos por tanto negamos o circunscribimos su poder, si consideramos que ?l asignada a la materia leyes tales para plasmar y construir mediante su ciega instrumentalidad el mundo tal y como lo vemos, a trav?s de eras innumerables [...]. La teor?a del se?or Darwin no necesariamente?debe ser atea, sea cierta o no; puede sencillamente estar sugiriendo una idea m?s amplia de Divina Presciencia y Capacidad.... A primera vista no veo como ?la evoluci?n?casual?de seres org?nicos' sea incoherente con el designio divino - Es casual para?nosotros, no para?Dios"[5].

Su gran fe permit?a a Newman mirar con gran serenidad los descubrimientos cient?ficos presentes o futuros. "Cuando un diluvio de hechos, comprobados o presuntos, se nos echa encima, mientras infinitos otros ya empiezan a delinearse, todos los creyentes, cat?licos o no, se sienten invitados a examinar qu? significado tienen tales hechos"[6]. ?l ve?a en estos descubrimientos "una relaci?n indirecta con las opiniones religiosas". Un ejemplo de esta relaci?n, creo yo, es precisamente el hecho de que en los mismos a?os en que Darwin elaboraba la teor?a de la evoluci?n de las especies, ?l, independientemente, enunciaba su doctrina del "desarrollo de la doctrina cristiana". Se?alando la analog?a, en este punto, entre el orden natural y f?sico y el moral, escrib?a: "De la misma forma que el Creador descans? el s?ptimo d?a despu?s de la obra realizada, y sin embargo 'a?n act?a', as? ?l comunic? de una vez por todas el Credo en el origen, y sin embargo favorece a?n su desarrollo y provee a su incremento"?[7].

De la actitud nueva y positiva por parte de la Iglesia cat?lica hacia la ciencia es expresi?n concreta la Academia Pontificia de las Ciencias, en la que eminentes cient?ficos de todo el mundo, creyentes y no creyentes, se encuentran para exponer y debatir libremente sus ideas sobre problemas de inter?s com?n para la ciencia y para la fe.

3. ?El hombre para el cosmos o el cosmos para el hombre?

Pero, repito, no es mi intenci?n empe?arme aqu? en una cr?tica general del cientificismo. Lo que me urge poner en claro es un aspecto particular de ?ste que tiene una incidencia directa y decisiva en la evangelizaci?n: se trata de la posici?n que ocupa el hombre en la visi?n del cientificismo ateo.

Se ha convertido ya en una carrera entre los cient?ficos no creyentes, sobre todo entre bi?logos y cosm?logos, a ver quien va m?s lejos en afirmar la total marginalidad e insignificancia del hombre en el universo y en el mismo gran mar de la vida. "La antigua alianza se ha quebrantado - escribi? Monod -; el hombre finalmente sabe que est? solo en la inmensidad del Universo del que surgi? por casualidad. Su deber, como su destino, no est? escrito en ning?n sitio"?[8]. "Siempre he cre?do - afirma otro - ser insignificante. Conociendo las dimensiones del Universo, no hago m?s que darme cuenta de cu?nto lo soy de verdad... Somos s?lo un poco de fango en un planeta que pertenece al sol"[9].

Blaise Pascal confut? anticipadamente esta tesis con un argumento que conserva todav?a toda su fuerza: "El hombre es solo una ca?a, la m?s fr?gil de la naturaleza; pero una ca?a que piensa. No es necesario que el universo entero se arme para aniquilarlo; un vapor, una gota de agua bastan para matarlo. Pero, aunque el universo lo aplastase, el hombre ser?a aun siempre m?s noble que lo que lo mata, porque sabe morir, y la superioridad que el universo tiene sobre ?l; mientras que el universo no sabe nada"[10].

La visi?n cientificista de la realidad, junto con el hombre, quita de golpe del centro del universo tambi?n a Cristo. ?l se reduce, por usar las palabras de M. Blondel, a "un incidente hist?rico, aislado del cosmos como un episodio postizo, un intruso o un desconocido en la aplastante y hostil inmensidad del Universo"[11].

Esta visi?n del hombre tiene reflejos tambi?n pr?cticos, a nivel de cultura y de mentalidad. Se explican as? ciertos excesos del ecologismo que tienden a equiparar los derechos de los animales e incluso de las plantas a los del hombre. Es sabido que hay animales cuidados y alimentados mucho mejor que millones de ni?os. La influencia se advierte tambi?n en el campo religioso. Hay formas difundidas de religiosidad en las que el contacto y la sinton?a con las energ?as del cosmos ha tomado el sitio del contacto con Dios como camino de salvaci?n. Lo que Pablo dec?a de Dios: "En ?l vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 28), se dice aqu? del cosmos material.

En ciertos aspectos, se trata del regreso a la visi?n precristiana que ten?a como esquema: Dios - cosmos - hombre, y a la que la Biblia y el cristianismo opusieron el esquema: Dios-hombre-cosmos. El cosmos es para el hombre, no el hombre para el cosmos. Una de las acusaciones m?s violentas que el pagano Celso dirige a jud?os y cristianos es la de afirmar que "Dios existe e, inmediatamente despu?s de ?l, nosotros, desde el momento en que somos creados por ?l a su completa semejanza; todo nos est? subordinado: la tierra, el agua, el aire, las estrellas; todo existe para nosotros y est? ordenado a nuestro servicio"?[12].

Existe tambi?n sin embargo una profunda diferencia: en el pensamiento antiguo, sobre todo el griego, el hombre, a?n subordinado al cosmos, tiene una alt?sima dignidad, como puso en claro la obra magistral de Max Pohlenz, "El hombre griego"[13]; aqu? en cambio parece que se tome gusto en deprimir al hombre y despojarlo de toda pretensi?n de superioridad sobre el resto de la naturaleza. M?s que de un "humanismo ateo", al menos desde este punto de vista, se deber?a hablar, en mi opini?n, de anti-humanismo e incluso de inhumanismo ateo.

Vayamos ahora a la visi?n cristiana. Celso no se equivoca en hacerla derivar de la gran afirmaci?n de G?nesis 1, 26 sobre el hombre creado "a imagen y semejanza" de Dios?[14]. La visi?n b?blica encontr? su m?s espl?ndida expresi?n en el Salmo 8:

Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y la estrellas que has creado:
?qu? es el hombre para que pienses en ?l,
el ser humano para que lo cuides?

Lo hiciste poco inferior a los ?ngeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos,
todo lo pusiste bajo sus pies.

La creaci?n del hombre a imagen de Dios tiene implicaciones en ciertos aspectos sorprendentes sobre la concepci?n del hombre que el debate actual nos empuja a sacar a la luz. Todo se funda en la revelaci?n de la Trinidad tra?da por Cristo. El hombre es creado a imagen de Dios, lo que quiere decir que participa en la ?ntima esencia de Dios que es relaci?n de amor entre el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo. Es evidente que hay un abismo ontol?gico entre Dios y la criatura. Sin embargo, por gracia (?nunca hay que olvidar esta precisi?n!) este abismo se ha llenado, de manera que es menos profundo que el existente entre el hombre y el resto de la Creaci?n.

S?lo el hombre, de hecho, como persona capaz de relaciones, participa en la dimensi?n personal y relacional de Dios, es su imagen. Lo que significa que ?l, en su esencia, aunque a un nivel de criatura, es lo que, a nivel increado, son el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo, en su esencia. La persona creada es "persona" precisamente por este n?cleo racional que le hace capaz de acoger la relaci?n que Dios quiere establecer con ella y al mismo tiempo se hace generador de relaciones hacia los dem?s y hacia el mundo.?

4. La fuerza de la verdad

Probemos a ver c?mo se podr?a traducir en el plano de la evangelizaci?n esta visi?n cristiana de la relaci?n hombre-cosmos. Ante todo una premisa. Resumiendo el pensamiento de su maestro, un disc?pulo de Dionisio Areopagita enunci? esta gran verdad: "No se deben confutar las opiniones de los dem?s, ni se debe escribir contra una opini?n o una religi?n que no parece buena. Se debe escribir s?lo a favor de la verdad y no contra los dem?s"?[15].

No se puede absolutizar este principio (a veces puede ser ?til y necesario confutar las doctrinas falsas), pero es cierto que la exposici?n positiva de la verdad es a menudo m?s eficaz que no la confutaci?n del error contrario. Es importante, creo, tener en cuenta este criterio en la evangelizaci?n y en particular hacia los tres obst?culos mencionados: cientificismo, secularismo y racionalismo. M?s eficaz que la pol?mica contra ellos es, en la evangelizaci?n, la exposici?n iren?stica de la visi?n cristiana, haciendo hincapi? en la fuerza intr?nseca de ella cuando est? acompa?ada por una convicci?n ?ntima y se hace, como inculcaba san Pedro, "con dulzura y respeto" (1 Pe 3,16).

La expresi?n m?s alta de la dignidad y de la vocaci?n del hombre seg?n la visi?n cristiana se ha cristalizado en la doctrina de la divinizaci?n del hombre. Esta doctrina no ha tenido la misma relevancia en la Iglesia ortodoxa y en la latina. Los Padres griegos, superando todas las hipotecas que la costumbre pagana hab?a acumulado sobre el concepto de deificaci?n (theosis), hicieron de ella el eje de su espiritualidad. La teolog?a latina ha insistido menos en ella. "El objetivo de la vida para los cristianos griegos - se lee en el Dictionnaire de Spiritualit? -?es la divinizaci?n, el de los cristianos de occidente es la adquisici?n de la santidad... El Verbo se hizo carne, seg?n los griegos, para restituir al hombre la semejanza con Dios perdida en Ad?n y para divinizarlo. Seg?n los latinos, se hizo hombre para redimir a la humanidad... y para pagar la deuda debida a la justicia de Dios"?[16]. Podr?amos decir, simplificando al m?ximo, que la teolog?a latina, tras Agust?n, insiste m?s sobre lo que Cristo ha venido a quitar - el pecado - y la griega insiste m?s en lo que ha venido a dar a los hombres: la imagen de Dios, el Esp?ritu Santo y la vida divina.

No se debe forzar demasiado esta contraposici?n, como a veces se tiende a hacer por parte de autores ortodoxos. La espiritualidad latina expresa a veces el mismo ideal aunque evita el t?rmino divinizaci?n que, conviene recordarlo, es extra?o al lenguaje b?blico. En la Liturgia de las horas de la noche de Navidad volveremos a escuchar la vibrante exhortaci?n de san Le?n Magno que expresa la misma visi?n de la vocaci?n cristiana: "Reconoce, cristiano, tu dignidad y, hecho part?cipe de la naturaleza divina, no quieras volver a la abyecci?n de un tiempo con una conducta indigna. Acu?rdate de qui?n es tu Cabeza y de qu? Cuerpo eres miembro"?[17].

Por desgracia, ciertos autores ortodoxos se quedaron en la pol?mica del siglo XIV entre Gregorio Palamas y Barlaam y parecen ignorar la rica tradici?n m?stica latina. La doctrina de san Juan de la Cruz, por ejemplo, seg?n la cual el cristiano, redimido por Cristo y hecho hijo en el Hijo, est? inmerso en el flujo de las operaciones trinitarias y participa de la vida ?ntima de Dios, no es menos elevada de la de la divinizaci?n, aunque se expresa en t?rminos distintos. Tambi?n la doctrina sobre los dones de intelecto y de sabidur?a del Esp?ritu Santo, tan querida a san Buenaventura y a los autores medievales, estaba animada por la misma inspiraci?n m?stica.

No se puede con todo dejar de reconocer que la espiritualidad ortodoxa tiene algo que ense?ar en este punto al resto de la cristiandad, a la teolog?a protestante a?n m?s que a la teolog?a cat?lica. Si hay de hecho algo verdaderamente opuesto a la visi?n ortodoxa del cristiano deificado por la gracia, esto es la concepci?n protestante, y en particular luterana, de la justificaci?n extr?nseca y forense, por la que el hombre redimido es "al mismo tiempo justo y pecador", pecador en s? mismo, justo ante Dios.

Sobre todo podemos aprender de la tradici?n oriental a no reservar este ideal sublime de la vida cristiana a una ?lite espiritual llamada a recorrer las v?as de la m?stica, sino a proponerla a todos los bautizados, a hacer de ella objeto de catequesis al pueblo, de formaci?n religiosa en los seminarios y en los noviciados. Si vuelvo a pensar en los a?os de mi formaci?n encuentro en ellos una insistencia casi exclusiva en una asc?tica que pon?a todo el acento en la correcci?n de los vicios y la adquisici?n de las virtudes. A la pregunta del disc?pulo sobre el objetivo ?ltimo de la vida cristiana un santo ruso, san Seraf?n de Sarov, respond?a sin dudar: "El verdadero fin de la vida cristiana es la adquisici?n del Esp?ritu Santo de Dios. En cuanto a la oraci?n, el ayuno, las vigilias, la limosna y toda otra buena acci?n hecha en el nombre de Cristo, son solo medios para adquirir el Esp?ritu Santo"[18].

5. "Todo fue hecho por medio de ?l"

La Navidad es la ocasi?n ideal para volver a proponernos a nosotros mismos y a los dem?s este ideal que es patrimonio com?n de la cristiandad. Es la encarnaci?n del Verbo de donde los Padres griegos hacen derivar la posibilidad misma de la divinizaci?n. San Atanasio no se cansa de repetir: "El Verbo se hizo hombre para que nosotros pudi?semos ser deificados"?[19]. "?l se encarn? y el hombre se ha convertido en Dios, pues se ha unido a Dios", escribe a su vez san Gregorio Nacianceno?[20]. Con Cristo es restaurado, o devuelto a la luz, ese ser "a imagen de Dios" que funda la superioridad del hombre sobre el resto de la Creaci?n.

Observaba antes que la marginaci?n del hombre lleva consigo autom?ticamente la marginaci?n de Cristo del cosmos y de la historia. Tambi?n desde este punto de vista la Navidad es la ant?tesis m?s radical a la visi?n cientificista. En ella se escuchar? proclamar solemnemente que "todo fue hecho por medio de ?l y sin ?l no se hizo nada de cuanto existe" (Jn 1,3); "Todo fue creado por medio de ?l y en vista de ?l" (Col 1, 16). La Iglesia ha recogido esta revelaci?n y en el Credo nos hace repetir:?Per quem omnia facta sunt,?Por medio de ?l se hizo todo.

Volver a escuchar estas palabras, mientras a nuestro alrededor no se hace sino repetir 'El mundo se explica por s? solo, sin necesidad de la hip?tesis de un creador', o tambi?n 'somos fruto de la casualidad y de la necesidad', provoca indudablemente un?shock?- reconoci? -, pero es m?s f?cil que una conversaci?n y una fe surjan de un?shock?semejante que de una larga argumentaci?n apolog?tica. La pregunta crucial es: ?seremos capaces, nosotros que aspiramos a volver a evangelizar el mundo, de dilatar nuestra fe a estas dimensiones de v?rtigo? ?Creemos verdaderamente, con todo el coraz?n, que "todo fue hecho por medio de Cristo y en vista de Cristo"?

En su libro de hace tantos a?os?Introducci?n al cristianismo?usted, Santo Padre, escrib?a: "Con el segundo art?culo del ?Credo' estamos ante el aut?ntico esc?ndalo del cristianismo. Esto est? constituido por la confesi?n de que el hombre-Jes?s, un individuo ajusticiado hacia el a?o 30 en Palestina, sea el ?Cristo' (el ungido, el elegido) de Dios, es m?s, incluso el Hijo mismo de Dios, por tanto el punto central, el eje determinante de toda la historia humana... ?Nos es verdaderamente l?cito aferrarnos al fr?gil cabo de un ?nico acontecimiento hist?rico? ?Podemos correr el riesgo de confiar toda nuestra existencia, es m?s, toda la historia, a este hilo de paja de un acontecimiento cualquiera, que flota en el oc?ano sin l?mites de la vicisitud c?smica?"[21].

A estas preguntas, Santo Padre, respondemos sin duda como lo hace usted en ese libro y como no se cansa de repetir hoy, en calidad de Sumo Pont?fice: s?, es posible, es liberador, y es gozoso. No por nuestras fuerzas, sino por el don inestimable de la fe que hemos recibido y por la que damos infinitas gracias a Dios.

?

[1]?Benedicto XVI,?Motu Proprio "Ubicunque et semper".
[2]?Juan Pablo II,?Parole sull'uomo, Rizzoli, Mil?n 2002, p. 443; cf, tambi?n Enc.?Fides et ratio, n. 88
[3]?J. Monod,?Il caso e la necessit?,? Mondadori, Mil?n, 1970, pags. 136-7. [Ed. original francesa: Jacques Monod,?Le Hazard et la necessit?.?Essai sur la philosophie naturelle de la biologie moderne. Seuil, Par?s 1970; English trans.?Chance and Necessity. An Essay on the Natural Philosophy of Modern Biology, Vintage 1971].
[4]?M. Planck,?La conoscenza del mondo fisico, p. 155, (cit. por Timossi, op.cit.? p. 160)
[5]? J.H. Newman, Carta al can?nigo J. Walker (1868), en?The Letters and Diaries,?vol. XXIV, Oxford 1973, pp. 77 s. (Trad. ital. Di P. Zanna).
[6]?J.H. Newman,?Apologia pro vita sua, Brescia 1982, p.277[7]?J.H. Newman,?Lo sviluppo della dottrina cristiana, Bolonia 1967, p. 95.
[8]? Monod, op. cit. p. 136.
[9]?P. Atkins, citado por Timossi, op. cit. p. 482.
[10]?B. Pascal,?Pensieri, 377 (ed. Brunschwicg, n. 347),
[11]?M. Blondel et A. Valensin,?Correspondance, Aubier, Par?s 1965.
[12]?En Or?genes,?Contra Celsum, IV, 23 (SCh 136, p.238; cf. tambi?n IV, 74 (ib. p. 366)
[13]?Cf. M. Pohlenz,?L'uomo greco,?Florencia 1962.
[14]? En Or?genes, op. cit., IV, 30 (SCh 136, p. 254).
[15]?Escolios a Dionisio Areopagita en PG 4, 536; cf. Dionisio Areopagita, Carta VI (PG, 3, 1077).
[16]?G. Bardy, en Dct. Spir., III, col. 1389 s.
[17]?S. Le?n Magno,?Discurso 1 sobre la Navidad?(PL 54, 190 s.).
[18]?Dialogo con Motovilov, en Irina Ggorainoff, Seraf?n de Sarov, Gribaudi, Tur?n 1981. p. 156.
[19]? S. Atanasio,?La encarnaci?n del Se?or,?54 (PG 25, 192B).
[20]? S. Gregorio Nacianceno,?Discursos teol?gicos,?III, 19 (PG 36, 100A).
[21]?J. Ratzinger,?Introduzione al cristianesimo, Brescia 1969, ?p.149.


Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Espiritualidad
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