S?bado, 25 de diciembre de 2010

Exposici?n de monse?or Eduardo Eliseo Mart?n, obispo de Villa de la Concepci?n del R?o Cuarto en la Reuni?n de Defensores del Pueblo (2 de diciembre de 2010). (AICA)

REUNION DE DEFENSORES DEL PUEBLO ???????????

?Sr Defensor del Pueblo de la Naci?n, a cargo: Dr. Anselmo Sella
Sr. Defensor del Pueblo de R?o Cuarto Dn. Eduardo Mugnaini
Sres. Defensores del Pueblo venidos de distintas partes del pa?s.?

En primer lugar quiero expresar mi agradecimiento a los organizadores de este evento por haberme invitado a participar del mismo y poder dirigirles la palabra.

El ser humano tiene un coraz?n que es igual en todos, desde que el hombre es hombre. Coraz?n en el sentido de la Biblia, como n?cleo de la persona. La naturaleza del coraz?n es ser apertura al infinito; el ser humano tiene una dimensi?n trascendente, abierta, sin l?mite. Y esta apertura es en el orden de algunas exigencias fundamentales, que vienen dadas por la naturaleza misma, que son interiores, y que son inextirpables. Las mismas pueden ser silenciadas, adormecidas, pero nunca extirpadas. Y siempre hay circunstancias de la vida que las despiertan.

Las mismas son las exigencias de la verdad, de la justicia, del amor, de la belleza. En una palabra la exigencia de la felicidad. Es cierto tambi?n, y esto lo sabemos por la experiencia, que nada de lo que encontramos en el camino de esta vida coincide con el deseo de justicia, de amor, de belleza, de felicidad que tenemos. La experiencia nos muestra que el deseo de las mismas es inconmensurable. Por tanto, s?lo la admisi?n del Misterio como respuesta ?ltima a estas exigencias es la verdadera satisfacci?n de las mismas. Si excluy?ramos el m?s all?, todas estas exigencias se ver?an antinaturalmente truncadas, y la vida ser?a una permanente insatisfacci?n.

Ustedes, estimados defensores del Pueblo, son requeridos, particularmente por esa necesidad de justicia que tantas veces experimenta el ciudadano com?n y que no encuentra como satisfacerla.

En realidad la exigencia de justicia se identifica con el hombre mismo, es a la persona a la que hay que hacerle justicia, cuando la misma es conculcada. De all? la gran tarea de ustedes como defensores del pueblo en el buscar los caminos para satisfacer esa exigencia en nuestro pueblo.

Pero debemos ser conscientes de los l?mites y de la imposibilidad, a veces, de que se satisfaga el reclamo de los ciudadanos. Nos dice al respecto el Papa Benedicto XVI que el hombre que sigue siendo siempre libre tiene una libertad fr?gil: ?nunca existir? en este mundo el reino del bien definitivamente consolidado. Quien promete el mundo mejor que durar?a irrevocablemente para siempre, hace una falsa promesa, pues ignora la libertad humana?; es de all?, tambi?n que, frente a estos casos y tantos otros que jalonan la larga historia de la humanidad, sin la perspectiva de un ?m?s all? la justicia es imposible. Esto no quiere decir que no hay que hacer nada, que haya que cruzarse de brazos; todo lo contrario; todo lo que podamos hacer para que haya justicia lo debemos hacer. En este sentido, ustedes, con su accionar pueden contribuir a solucionar tantos problemas que aquejan a los ciudadanos, y que en esta Instituci?n del defensor del Pueblo, pueden encontrar una respuesta satisfactoria a sus requerimientos de justicia, y de un modo particular los m?s pobres y desvalidos.

Tener una Instituci?n, o estructura como solemos llamarlas, como la de Defensor del Pueblo es de suma importancia, y m?s a?n, es necesaria. Pero es justo recordar que ?incluso las mejores estructuras funcionan ?nicamente cuando en una comunidad existen unas convicciones vivas capaces de motivar a los hombres para una adhesi?n libre al ordenamiento comunitario.?

Es verdad, que se encuentran y se encontrar?n muchas veces con escollos muy grandes y fuertes intereses de car?cter econ?mico o pol?tico que puedan dificultar vuestra actividad, por ello es necesario tener un conjunto de convicciones y virtudes que les permitan desempe?ar fielmente la misi?n encomendada. Vuestra labor mira a responder a las exigencias de justicia de los ciudadanos, y a la defensa de los derechos humanos, pero para llevar a cabo rectamente su funci?n, ?la raz?n ha de purificarse constantemente, porque su ceguera ?tica, que deriva de la preponderancia del inter?s y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente?. Esta es una constataci?n realista que el cristianismo hace de la condici?n humana: que la misma est? herida como consecuencia del pecado.

?Qu? puede ofrecerles la Iglesia como ayuda a su dif?cil misi?n?

Ciertamente que no puede ser una ayuda de car?cter t?cnico. La fe, como encuentro con el Dios vivo ayuda a la raz?n a purificarse y librarse de los encandilamientos del poder y de los intereses. La fe, nos dice el Papa, ?permite a la raz?n desempe?ar del mejor modo su cometido y ver m?s claramente lo que le es propio.

Ubicamos aqu? el primer modo en que la Iglesia indirectamente puede prestar una ayuda: La Doctrina Social de la Iglesia que argumenta desde la raz?n y el derecho Natural, es decir, a partir de lo que corresponde a la naturaleza de todo ser humano.

La DSI con sus grandes principios y valores puede ser de gran ayuda a su misi?n, ayudando a formar la conciencia y contribuir a que crezca la percepci?n de las verdaderas exigencias de la justicia.

El segundo modo con que la Iglesia ayuda a la tarea de los hombres por conseguir una sociedad justa es ?despertando las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige tambi?n renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. S?lo una verdadera pertenencia al Misterio puede hacer hombres verdaderamente servidores, superando el individualismo, y configurando as? ese nuevo estilo de l?der, que hoy de un modo particular necesitamos en nuestra querida Argentina. De modo clarividente, Ernesto S?bato, pone la ra?z de un hombre capaz de ser servidor de los dem?s en la relaci?n con Dios: ??Podremos vivir la vida sin que tenga un sentido perdurable? Camus, comprendiendo la magnitud de lo perdido dice que el gran dilema del hombre es si es posible o no ser santos sin Dios. Pero?si Dios no existe todo est? permitido. Sartre deduce de la c?lebre frase la total responsabilidad del hombre, aunque, como dijo, la vida sea un absurdo. Esta cumbre del comportamiento humano se manifiesta en la solidaridad, pero cuando la vida se siente como un caos, cuando ya no hay un Padre a trav?s del cual sentirnos hermanos, el sacrificio pierde el fuego del que se nutre.

Si todo es relativo, ?encuentra el hombre valor para el sacrificio? ?Y sin sacrificio se puede acaso vivir? Los hijos son un sacrificio para los padres, el cuidado de los mayores o de los enfermos tambi?n lo es. Como la renuncia a lo individual por el bien com?n, como el amor. Se sacrifican quienes envejecen trabajando por los dem?s, quienes mueren para salvar al pr?jimo. ?Y puede haber sacrificio cuando la vida ha perdido el sentido para el hombre, o s?lo lo halla en la comodidad individual, en la realizaci?n del ?xito personal?? La ra?z de un nuevo liderazgo que sea concebido como servicio al pr?jimo y al bien com?n est?, seg?n nuestro autor en la relaci?n con Dios.

La Iglesia puede cooperar as?, ofreciendo la gracia de Cristo, en la ?generaci?n de un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad. No habr? cambios profundos si no renace en todos los ambientes y sectores, una intensa m?stica del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y pol?tico. El verdadero liderazgo supera la omnipotencia del poder y no se conforma con la mera gesti?n de las urgencias?

?La Iglesia tiene solamente una funci?n instrumental: ser el Sacramento Universal de Salvaci?n, es decir, ser signo e instrumento de la ?ntima comuni?n de los hombres con Dios y de los hombres entre s?. Y esta comuni?n la ofrece humildemente a todo hombre que de ella quiera nutrirse, en la convicci?n profunda de que sin la gracia de Dios nada podemos hacer.

Estimados defensores del Pueblo, sepan que la Iglesia est? cercana a sus luchas y labores, muchas veces arduas, fatigosas y a veces con sinsabores. Los alienta a procurar servir a los ciudadanos en sus reclamos de justicia, en reclamo de la defensa de los derechos humanos. Los exhorta a ser firmes y valientes defensores de los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida, base de todos los dem?s derechos. La Iglesia ruega por ustedes al Se?or para que los ilumine, fortalezca y sostenga en esta importante y necesaria misi?n a favor del bien com?n.

Que la Virgen Inmaculada, patrona de esta Villa de la Concepci?n del R?o Cuarto los ampare con su poderosa y tierna intercesi?n.?

Mons. Eduardo Eliseo Mart?n, obispo diocesano

???? BENEDICTO XVI. Enc?clica Spe Sal vi. N?24.
???? Ibid. N? 24,a
???? BENEDICTO XVI. Enc?clica Deus Caritas est. N? 28.
???? BENEDICTO XVI.Ibid.
???? SABATO, E. La Resitencia Seix Barral. P?gs 49-50
???? CEA, Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad. N? 22.

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Publicado por verdenaranja @ 21:58  | Hablan los obispos
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