Viernes, 31 de diciembre de 2010

ZENIT? publica la carta de preparaci?n a la Navidad que ha escrito monse?or Javier Echevarr?a Rodr?guez, obispo prelado del Opus Dei.

Querid?simos: ?que Jes?s me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Con inmensa alegr?a recuerdo el gozo con que San Josemar?a repet?a, durante el tiempo de Adviento, las palabras de la liturgia:?Dominus prope est![1]. Esperaba con prisa y agradecimiento la solemnidad que conmemora la llegada del Salvador a la tierra.

Hemos comenzado estas semanas, que nos ayudan a prepararnos para la Navidad y las dem?s fiestas en torno al nacimiento del Se?or. Pienso que se nos vendr?n a la boca las palabras del profeta Isa?as, que se recogen en la Misa del primer Domingo:?suceder? en los ?ltimos d?as que el monte del Templo del Se?or se afirmar? en la cumbre de los montes, se alzar? sobre los collados, y afluir?n a ?l todas las naciones[2]. Y nos rendiremos ante la bondad del Cielo, al ver c?mo se cumpli? esta profec?a cuando el Verbo divino tom? carne en el seno virginal de Mar?a Sant?sima por obra del Esp?ritu Santo. Con su encarnaci?n redentora, y especialmente por el misterio pascual de su muerte y su resurrecci?n, el Se?or ha tra?do la paz a la tierra, como anunciaron los ?ngeles en la primera Navidad. Aunque esa paz no se manifieste a?n plenamente -pues el designio divino contempla que s?lo al final de los tiempos Dios ser?todo en todas las cosas[3]-, ya ha hecho desaparecer el muro que se alzaba entre los hombres y Dios, a causa del pecado original y de nuestros pecados personales[4]. Adem?s,Jesucristo?quiere que los cristianos colaboremos diariamente en la implantaci?n de su paz en los corazones, lleg?ndonos hasta el ?ltimo rinc?n de la sociedad.

El Papa comentaba, hace algunos a?os, que ?los Padres de la Iglesia, en su traducci?n griega del Antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isa?as que tambi?n cita Pablo para mostrar c?mo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. All? se le?a: "Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado"?(Is?10, 23;Rm 9, 28) (...). El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho peque?a, tan peque?a como para estar en un pesebre. Se ha hecho ni?o para que la Palabra est? a nuestro alcance[5]. Y a?ade el Santo Padre, en su reciente Exhortaci?n apost?lica: ahora, la Palabra no s?lo se puede o?r, no s?lo tiene una?voz, sino que tiene un?rostro?que podemos ver: Jes?s de Nazaret?[6].

Prosigamos, pues, con seguridad y gran contento, nuestro camino cristiano. ?La Navidad nos recuerda que el Se?or es el principio y el fin y el centro de la creaci?n:?en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios?(Jn?1, 1). Es Cristo, hijas e hijos m?os, el que atrae a todas las criaturas:?por ?l fueron creadas todas las cosas, y sin ?l no se ha hecho cosa alguna, de cuantas han sido hechas?(Jn?1, 3). Y al encarnarse, viniendo a vivir entre nosotros (cfr. Jn 1, 14), nos ha demostrado que no estamos en la vida para buscar una felicidad temporal, pasajera. Estamos para alcanzar la bienaventuranza eterna, siguiendo sus pisadas. Y esto s?lo lo lograremos aprendiendo de ?l?[7].

Hemos sido revestidos de Cristo en el Bautismo. Para conformarnos m?s y m?s a ?l, el Se?or nos ha dejado los dem?s sacramentos, especialmente la Penitencia y la Eucarist?a. Recibi?ndolos con frecuencia y con las disposiciones debidas, nuestro parecido con Jes?s se refuerza, nos hacemos mejores hijos de Dios. El Esp?ritu Santo realiza esa tarea en las almas, contando con nuestra colaboraci?n personal. Y parte de esa colaboraci?n se concreta en leer asiduamente la Palabra de Dios, que?es viva y eficaz, y m?s cortante que una espada de doble filo: entra hasta la divisi?n del alma y del esp?ritu, de las articulaciones y de la m?dula, y descubre los sentimientos y pensamientos del coraz?n[8]. De ah? el consejo de nuestro Padre: ?Hemos de reproducir, en la nuestra, la vida de Cristo, conociendo a Cristo: a fuerza de leer la Sagrada Escritura y de meditarla, a fuerza de hacer oraci?n?[9]. Empe??monos, en las pr?ximas fiestas, por ?entender las lecciones que nos da Jes?s ya desde Ni?o, desde que est? reci?n nacido, desde que sus ojos se abrieron a esta bendita tierra de los hombres?[10]. Ponderemos con frecuencia: ?con qu? af?n de santidad me acerco a las fuentes de la gracia? ?Busco el modo de ser puntual en la recepci?n de los sacramentos, queriendo adquirir la limpieza de alma y el tono sobrenatural que Dios espera de m??

La reciente Exhortaci?n apost?lica del Santo Padre,?Verbum Domini,destaca la importancia de la Sagrada Escritura en la vida y misi?n de la Iglesia, y en la existencia personal de cada cristiano. All?,?Benedicto XVIrecuerda a los estudiosos de la Sagrada Escritura, y a todos, una afirmaci?n fundamental: ?El lugar originario de la interpretaci?n escritur?stica es la vida de la Iglesia?[11]. S?lo en el seno de la Iglesia, en continuidad con la Tradici?n viva y bajo la gu?a del Magisterio instituido por Cristo, se puede entender adecuadamente lo que el Esp?ritu Santo quiso comunicarnos para nuestra salvaci?n, por medio de los escritores inspirados, sirvi?ndose de palabras humanas. Es decir, ?nicamente en la fe y desde la fe es posible comprender con hondura y exactitud, sin peligro de errar, lo que Dios nos ha revelado en orden a nuestra participaci?n en la misma Vida divina. El estudio cient?fico de la Sagrada Escritura se precisa para hacer una buena ex?gesis, pero igualmente necesaria -y en mayor grado- resulta la plena identificaci?n con la fe propuesta por el Magisterio de la Iglesia. Por eso, ?una aut?ntica interpretaci?n de la Biblia ha de concordar siempre arm?nicamente con la fe de la Iglesia cat?lica?[12].

Para comprender bien la Palabra de Dios, adem?s de avivar la fe, esforc?monos por leer y meditar la Biblia en el clima espiritual en que fue escrita. Por eso resulta necesario que, al repasar con detenimiento el Evangelio y los dem?s libros inspirados, fomentemos una actitud personal de escucha. La Sagrada Escritura, sobre todo cuando es proclamada en el seno de la celebraci?n lit?rgica, cobra siempre actualidad, transmite la novedad de las cosas de Dios a la persona concreta que la oye con atenci?n y desea asimilarla. Sus palabras, como escribe San Josemar?a, son ?luces del Par?clito, que habla con voces humanas para que nuestra inteligencia sepa y contemple, para que la voluntad se robustezca y la acci?n se cumpla. Porque somos un solo pueblo que confiesa una sola fe, un?Credo; un pueblo?congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Esp?ritu Santo?[13].

De modo an?logo, tambi?n en la lectura personal de la Biblia -sobre todo, del Evangelio- resuena la voz de Dios, que hemos de esforzarnos por aplicar a nuestra situaci?n concreta. Si nos afanamos por cuidar la atenci?n -una atenci?n filial- en la lectura de los textos sagrados, esa actividad se transformar? verdaderamente en oraci?n. ?Al abrir el Santo Evangelio?-escribi? nuestro Padre-, piensa que lo que all? se narra -obras y dichos de Cristo- no s?lo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.

?-El Se?or nos ha llamado a los cat?licos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jes?s; pero, adem?s, debes encontrar tu propia vida.

?Aprender?s a preguntar t? tambi?n, como el Ap?stol, lleno de amor: "Se?or, ?qu? quieres que yo haga?..." -?La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante.

?Pues, toma el Evangelio a diario, y l?elo y v?velo como norma concreta. -As? han procedido los santos?[14].

En el documento que he recordado,?Benedicto XVI?dedica varios p?rrafos a exponer c?mo la vida de los santos ofrece una gran ayuda para penetrar con mayor profundidad en el sentido de la Escritura. San Gregorio Magno -el Papa lo recoge en la Exhortaci?n apost?lica- asegur? que??viva lectio est vita bonorum?[15], que la vida de los santos es una lecci?n muy viva, muy honda. ?La interpretaci?n m?s profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a trav?s de la escucha, la lectura y la meditaci?n asidua (...). No es una casualidad -prosigue el Santo Padre- que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una expl?cita referencia a la Escritura?[16].

Despu?s de afirmar que ?cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios?[17], el Santo Padre menciona a varios santos y santas que han aportado luces nuevas, sacadas del Evangelio, a la vida de la Iglesia; y muestra c?mo uno de esos rayos se manifiesta ?en San Josemar?a Escriv? y su predicaci?n sobre la llamada universal a la santidad?[18]. Estas palabras nos han colmado -como es natural- de mucha alegr?a, al tiempo que nos traen al alma una llamada a nuestro sentido de responsabilidad, para sacar m?s provecho de las ense?anzas de nuestro Padre y difundir m?s a?n su mensaje, amando as? m?s a Dios y a la Iglesia.

Sigamos, pues, las repetidas invitaciones de San Josemar?a a servirnos con frecuencia de los textos de la Biblia para alimentar nuestros ratos de oraci?n y contemplar las escenas de la vida de Cristo, meti?ndonos en el Evangelio ?como un personaje m?s?. Los textos lit?rgicos de la Misa, tanto en el Adviento como en la Navidad, nos impulsar?n fuertemente a crecer en familiaridad con la Palabra de Dios y a aumentar nuestra intimidad con Jes?s, Mar?a y Jos?. Entremos con decisi?n en sus vidas acompa?ando a los tres de todo coraz?n.

?Toda la vida del Se?or me enamora?, escribi? nuestro Padre. ?Tengo, adem?s, una debilidad particular por sus treinta a?os de existencia oculta en Bel?n, en Egipto y en Nazaret. Ese tiempo -largo-, del que apenas se habla en el Evangelio, aparece desprovisto de significado propio a los ojos de quien lo considera con superficialidad. Y, sin embargo, siempre he sostenido que ese silencio sobre la biograf?a del Maestro es bien elocuente, y encierra lecciones de maravilla para los cristianos. Fueron a?os intensos de trabajo y de oraci?n, en los queJesucristo?llev? una vida corriente -como la nuestra, si queremos-, divina y humana a la vez; en aquel sencillo e ignorado taller de artesano, como despu?s ante la muchedumbre, todo lo cumpli? a la perfecci?n?[19].

Un consejo me gustar?a sugeriros, tomando ocasi?n de esas palabras del Papa a prop?sito de San Josemar?a: aumentad -aumentemos todos- el af?n de conocer a fondo los comentarios de nuestro Padre a la Sagrada Escritura. Aprenderemos as? a movernos con mayor soltura en el mar profundo de la Revelaci?n, y sabremos descubrir tambi?n el sentido espiritual que se esconde en las palabras del texto sacro: lo que el Esp?ritu Santo desea transmitirnos, aqu? y ahora, a cada una y a cada uno de nosotros. Con esta perspectiva os invito a releer un punto de?Forja: ?"Aqu? mult? non potuerunt exstinguere caritatem!" -la turbulencia de las aguas no pudo extinguir el fuego de la caridad. -Te ofrezco dos interpretaciones de estas palabras de la Escritura Santa. -Una, que la muchedumbre de tus pecados pasados -a ti, que est?s bien arrepentido- no te apartar? del Amor de nuestro Dios; y otra, que las aguas de la incomprensi?n, de las contradicciones, que quiz? padezcas, no deber?n interrumpir tu labor apost?lica?[20].

En los d?as pasados hice un r?pido viaje a F?tima y a Santiago de Compostela, siguiendo las huellas de nuestro Fundador. Conoc?is que el Santuario de F?tima le atra?a especialmente; all?, como os he comentado otras veces, acudi? San Josemar?a con frecuencia para confiar a la Virgen sus intenciones, convencido de que la oraci?n de Mar?a es siempre atendida por el Se?or. Tambi?n fui a Santiago de Compostela, recordando la peregrinaci?n de nuestro Fundador al sepulcro del Ap?stol, en 1938, que tambi?n fue un a?o jubilar, y uni?ndome a la oraci?n de?Benedicto XVI?en ese lugar, pocos d?as antes. En los dos sitios me he sentido apoyado por todos -como ped?, antes de salir, a vuestras hermanas y a vuestros hermanos de Roma-, para que el Se?or nos conceda todo lo que le suplicamos. Rec? por la Iglesia, por el Papa, por los fieles -cada mujer, cada hombre- del Opus Dei. Acudamos siempre a Jes?s por medio de Mar?a, con fe y perseverancia, en una oraci?n de unidad con la Iglesia y con la humanidad entera.

Con todo cari?o, os bendice

vuestro Padre

+ Javier

Roma, 1 de diciembre de 2010.?

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[1]?Misal Romano, Domingo III de Adviento, Ant?fona de entrada (Flp?4, 5).
[2]?Misal Romano, Domingo I de Adviento, Primera lectura (A) (Is?2, 2).
[3]?1?Cor?15, 28.
[4]?Cfr.?Ef?2, 14.
[5]?Benedicto XVI, Homil?a en la Misa de Nochebuena, 24-XII-2006.
[6]?Benedicto XVI, Exhort. apost.?Verbum Domini,?30-IX-2010, n. 12.
[7]?San Josemar?a, Notas de una meditaci?n, 25-XII-1972.
[8]?Hb?4, 12.
[9]?San Josemar?a,?Es Cristo que pasa,?n. 14.
[10]?Ibid.
[11]?Benedicto XVI, Exhort. apost.?Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 29.
[12]?Ibid., n. 30.
[13]?San Josemar?a,?Es Cristo que pasa,?n. 89; citando a San Cipriano,?De dominica oratione,?23 (PL 4, 553).
[14]?San Josemar?a,?Forja, n. 754.
[15]?San Gregorio Magno,?Moralia in Job?XXIV, 8, 16 (PL 76, 295).
[16]?Benedicto XVI, Exhort. apost.?Verbum Domini,?30-IX-2010, n. 48.
[17]?Ibid.
[18]?Ibid.
[19]?San Josemar?a,?Amigos de Dios,?n. 56.
[20]?San Josemar?a,?Forja,?n. 655.?


Publicado por verdenaranja @ 15:35  | Hablan los obispos
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