Domingo, 02 de enero de 2011

ZENIT? nos ofrece la homil?a que el Papa pronunci?el domingo 12 de Diciemb re de 2010?por la tarde, durante la Misa celebrada con motivo de su visita pastoral a la parroquia de San Massimiliano Kolbe, en la di?cesis de Roma.

?Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Massimiliano Kolbe! Vivid con empe?o el camino personal y comunitario en seguir al Se?or. El Adviento es una fuerte invitaci?n para todos a dejar entrar cada vez m?s a Dios en nuestra vida, en nuestras casas, en nuestros barrios, en nuestras comunidades, para tener una luz en medio de tantas sombras, en las muchas fatigas de cada d?a. ?Queridos amigos! Estoy muy contento de estar en medio de vosotros, hoy, para celebrar el D?a del Se?or, el tercer domingo de Adviento, domingo de la alegr?a. Saludo cordialmente al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro p?rroco, a quien doy las gracias por las palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros, y el Vicario parroquial. Saludo a cuantos son activos en el ?mbito de la parroquia: los catequistas, los miembros de los diversos grupos, como tambi?n a los numerosos seguidores del Camino Neocatecumenal. Aprecio mucho la decisi?n de dar espacio a la adoraci?n eucar?stica, y os doy las gracias por las oraciones que me reserv?is ante el Sant?simo Sacramento. Quisiera extender mi pensamiento a todos los habitantes del barrio, especialmente a los ancianos, a los enfermos, a las personas solas y en dificultades. A todas y cada una recuerdo en esta Misa.

Junto a vosotros, admiro esta nueva iglesia y los edificios parroquiales, y con mi presencia deseo animaros a llevar a cabo cada vez mejor esa Iglesia de piedras vivas que sois vosotros mismos. Conozco las muchas y significativas obras de evangelizaci?n que est?s llevando a cabo. Exhorto a todos los fieles a dar su propia contribuci?n para la edificaci?n de la comunidad, en particular en el campo de la catequesis, de la liturgia y de la caridad ? pilares de la vida cristiana ? en comuni?n con toda la di?cesis de Roma. Ninguna comunidad puede vivir como una c?lula aislada del contexto diocesano; debe ser en cambio expresi?n viva de la belleza de la Iglesia que, bajo la gu?a del obispo ? y, en la parroquia, bajo la gu?a del p?rroco que hace las veces de ?l ?, camina en comuni?n hacia el Reino de Dios. Dirijo un pensamiento especial a las familias, acompa??ndolo con el deseo de que estas puedan llevar a cabo su propia vocaci?n al amor con generosidad y perseverancia. Incluso cuando se presentasen las dificultades en la vida conyugal o en la relaci?n con los hijos, que los esposos no dejen nunca de permanecer fieles a ese ?s? fundamental que pronunciaron ante Dios y mutuamente en el d?a del matrimonio, recordando que la fidelidad a la propia vocaci?n exige valor, generosidad y sacrificio.

Vuestra comunidad comprender dentro de s? muchas familias venidas de Italia central y meridional en busca de trabajo y de mejores condiciones de vida. Con el paso del tiempo, la comunidad ha crecido y se ha transformado en parte, con la llegada de numerosas personas de los pa?ses del Este europeo y de otros pa?ses. Precisamente a partir de esta situaci?n concreta de la parroquia, esforzaos en crecer cada vez m?s en la comuni?n con todos: es importante crear ocasiones de di?logo y favorecer la comprensi?n rec?proca entre personas procedentes de culturas, modelos de vida y condiciones sociales diferentes. Pero es oportuno sobre todo intentar implicarles en la vida cristiana, mediante una pastoral atenta a las necesidades reales de cada uno. Aqu?, como en cada parroquia, es necesario partir de los ?cercanos? para llegar a los ?alejados?, para llevar una presencia evang?lica a los ambientes de vida y de trabajo. Todos deben poder encontrar en la parroquia caminos adecuados de formaci?n y hacer experiencia de esa dimensi?n comunitaria que es una caracter?stica fundamental de la vida cristiana. De este modo ser?n animados a redescubrir la belleza de seguir a Cristo y de formar parte de su Iglesia.

Sabed, por tanto, hacer comunidad con todos, unidos en la escucha de la Palabra de Dios y en la celebraci?n de los Sacramentos, en particular de la Eucarist?a. A prop?sito de esto, la verificaci?n pastoral diocesana en curso, sobre el tema "Eucarist?a dominical y testimonio de la caridad?, es una ocasi?n propicia para profundizar y vivir mejor estos dos componentes fundamentales de la vida y de la misi?n de la Iglesia y de cada y de cada uno de los creyentes, es decir, la Eucarist?a de la domingo y la pr?ctica de la caridad. Reunidos en torno a la Eucarist?a, sentimos m?s f?cilmente c?mo la misi?n de toda comunidad cristiana es la de llevar el mensaje del amor de Dios a todos los hombres. Por eso es importante que la Eucarist?a sea siempre el coraz?n de la vida de los fieles. Quisiera tambi?n dirigiros una palabra especial de afecto y de amistad a vosotros, queridos chicos j?venes que me escuch?is, y a vuestros coet?neos que viven en esta parroquia. La Iglesia espera mucho de vosotros, de vuestro entusiasmo, de vuestra capacidad de mirar adelante y de vuestro deseo de radicalidad en las decisiones de vida. Sent?os verdaderos protagonistas en la parroquia, poniendo vuestras energ?as frescas y toda vuestra vida al servicio de Dios y de los hermanos.

Queridos hermanos y hermanas, junto a la invitaci?n a la alegr?a, la liturgia de hoy ? con las palabras de Santiago que hemos escuchado ? nos dirige tambi?n la de ser constantes y pacientes en la espera del Se?or que viene, y a serlo juntos, como comunidad, evitando quejas y juicios (cfr Jc 5,7-10).

Hemos escuchado en el Evangelio la pregunta del Bautista que se encuentra en la c?rcel; el Bautista, que hab?a anunciado la venida del Juez que cambia el mundo, y que ahora siente que el mundo sigue igual. Hace preguntar, por tanto, a Jes?s: ??Eres tu el que debe venir? ?O tenemos que esperar a otro? ?Eres tu o tenemos que esperar a otro?". En los ?ltimos dos, tres siglos, muchos han preguntado: ??Pero eres realmente tu? ?O el mundo debe ser cambiado de forma m?s radical? ?Tu no lo haces?". Y han venido muchos profetas, ide?logos y dictadores, que han dicho: ??No es ?l! ?No ha cambiado el mundo! ?Somos nosotros!". Y han creado sus imperios, sus dictaduras, su totalitarismo que habr?a cambiado el mundo. Y lo ha cambiado, pero de forma destructiva. Hoy sabemos que de estas grandes promesas no ha quedado sino un gran vac?o y una gran destrucci?n. No eran ellos.

Y as? debemos creer de nuevo a Cristo y preguntarle: ??Eres tu?". El Se?or, de la forma silenciosa que le es propia, responde: ?Mirad lo que yo he hecho. No he hecho una revoluci?n cruenta, no he cambiado el mundo con la fuerza, sino que he encendido muchas luces que forman, mientras tanto, un gran camino de luz a trav?s de los milenios".

Comencemos aqu?, en nuestra parroquia: san Maximiliano Kolbe, que se ofrece a morir de hambre para salvar a un padre de familia. ?En qu? gran luz se ha convertido! ?Cu?nta luz ha venido de esta figura y ha animado a otros a entregarse, a estar cerca de los que sufren, los oprimidos! Pensemos en el padre que era para los leprosos Dami?n de Veuster, el cual vivi? y muri? con y por los leprosos, y as? ha iluminado a esta comunidad. Pensemos en Madre Teresa, que ha dado mucha luz a personas que, despu?s de una vida sin luz, han muerto con una sonrisa, porque hab?an sido tocadas por la luz del amor de Dios.

Y as? podr?amos seguir y ver?amos, como el Se?or dijo en la respuesta a Juan que no es la revoluci?n violenta del mundo, no son las grandes promesas las que cambian al mundo, sino que es la silenciosa luz de la verdad, de la bondad de Dios que es el signo de Su presencia y nos da la certeza de que hemos sido amados hasta el final y que no hemos sido olvidados, no somos un producto de la casualidad, sino de una voluntad de amor.

As? podemos vivir, podemos sentir la cercan?a de Dios. ?Dios est? cerca?, dice la Primera Lectura de hoy, est? cerca, pero nosotros a menudo estamos lejos. Acerqu?monos, vayamos a la presencia de Su luz, oremos al Se?or y en el contacto de la oraci?n convirt?monos nosotros mismos en luz para los dem?s.

Este es precisamente tambi?n el sentido de la Iglesia parroquial: entrar aqu?, entrar en coloquio, en contacto con Jes?s, el Hijo de Dios, para que nosotros mismos seamos una de las m?s peque?as luces que ?l ha encendido y llevemos luz al mundo que quiere ser redimido.

Nuestro esp?ritu debe abrirse a esta invitaci?n, para que as? caminemos con gozo al encuentro de la Navidad, imitando a la Virgen Mar?a, que esper? en la oraci?n, con temblor ?ntimo y gozoso, el nacimiento del Redentor. ?Am?n!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:10  | Habla el Papa
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