Lunes, 03 de enero de 2011

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigi?el mi?rcoles 15 de Diciemb re de 2010?a los fieles congregados en el Aula Pablo VI para la Audiencia General.

Queridos hermanos y hermanas,

Hoy quisiera presentar a una m?stica que no es de la ?poca medieval; se trata de santa Ver?nica Giuliani, monja clarisa capuchina. El motivo es que el 27 de diciembre pr?ximo se celebra el 350? aniversario de su nacimiento. Citt? di Castello, lugar donde vivi? durante m?s tiempo y muri?, como tambi?n Mercatello ? su pueblo natal ? y la di?cesis de Urbino, viven con gozo este acontecimiento.

Ver?nica naci? precisamente el 27 de diciembre de 1660 en Mercatello, en el valle del Metauro, de Francesco Giuliani y Benedetta Mancini; era la ?ltima de siete hermanas, de las cuales otras tres abrazaron la vida mon?stica. Recibi? el nombre de Orsola. A la edad de siete a?os, perdi? a su madre, y el padre se mud? a Piacenza como superintendente en las aduanas del ducado de Parma. En esta ciudad, Orsola sinti? crecer dentro de si el deseo de dedicar la vida a Cristo. La llamada se hac?a cada vez m?s apremiante, tanto que, a los 17 a?os, entr? en la estricta clausura del monasterio de las Clarisas Capuchinas de Citt? di Castello, donde permanecer? durante toda su vida. All? recibi? el nombre de Ver?nica, que significa ?verdadera imagen?, y, en efecto, ella se convertir? en una verdadera imagen de Cristo Crucificado. Un a?o despu?s emiti? la profesi?n religiosa solemne: inicia para ella el camino de configuraci?n a Cristo a trav?s de muchas penitencias, grandes sufrimientos y algunas experiencias m?sticas ligadas a la Pasi?n de Jes?s: la coronaci?n de espinas, el desposorio m?stico, la herida en el coraz?n y los estigmas. En 1976, a los 56 a?os, se convirti? en abadesa del monasterio y fue reconfirmada en este cargo hasta su muerte, sucedida en 1727, tras una doloros?sima agon?a de 33 d?as que culmin? en una alegr?a profunda, tanto que sus ?ltimas palabras fueron: ?He encontrado el Amor, ?el Amor se ha dejado ver! Esta es la causa de mi padecimiento. ?Decidlo a todas, decidlo a todas!? (Summarium Beatificationis, 115-120). El 9 de julio deja la morada terrena para el encuentro con Dios. Tiene 67 a?os, cincuenta de los cuales transcurridos en el monasterio de Citt? di Castello. Fue proclamada Santa el 26 de mayo de 1839 por el Papa Gregorio XVI.

Ver?nica Giuliani escribi? mucho: cartas, relatos autobiogr?ficos, poes?as. La fuente principal para reconstruir su pensamiento es, con todo, su Diario, iniciado en 1693: son veintid?s mil p?ginas manuscritas, que cubren un arco de treinta y cuatro a?os de vida claustral. La escritura fluye espont?nea y continua, no hay borraduras o correcciones, ni guiones o distribuci?n de la materia en cap?tulos o partes seg?n un dise?o preestablecido. Ver?nica no quer?a componer una obra literaria; al contrario, fue obligada a poner por escrito sus experiencias por el padre Girolamo Bastianelli, religioso de los Filipinos, de acuerdo con el obispo diocesano Antonio Eustachi.

Santa Ver?nica tiene una espiritualidad marcadamente cristol?gico-esponsal: es la experiencia de ser amada por Cristo, Esposo fiel y sincero, y de querer corresponder con un amor cada vez m?s implicado y apasionado. En ella todo es interpretado en clave de amor, y esto le infunde una profunda serenidad. Todo es vivido en uni?n con Cristo, por amor a ?l, y con la alegr?a de poder demostrarle todo el amor de que es capaz una criatura.

El Cristo al que Ver?nica est? profundamente unida es el sufriente de la pasi?n, muerte y resurrecci?n; es Jes?s en el acto de ofrecerse al Padre para salvarnos. De esta experiencia deriva tambi?n el amor intenso y sufriente por la Iglesia, en la doble forma de la oraci?n y del ofrecimiento. La Santa vive desde esta ?ptica: reza, sufre, busca la ?santa pobreza? , como ?expropiaci?n?, p?rdida de s? (cfr?ibid.,?III, 523), precisamente para ser como Cristo, que se entreg? totalmente.

En cada p?gina de sus escritos Ver?nica encomienda a alguien al Se?or, aumentando el valor de sus oraciones de intercesi?n con el ofrecimiento de s? misma en cada sufrimiento. Su coraz?n se abre a todas ?las necesidades de la Santa Iglesia?, viviendo con ansia el deseo de la salvaci?n de ?todo el universo mundo" (ibid., III-IV, passim). Ver?nica grita: "?Oh pecadores, oh pecadoras!? todos y todas venid al coraz?n de Jes?s, venid a lavaros en su precios?sima sangre... ?l os espera con los brazos abiertos para abrazaros? (ibid., II, 16-17). Animada por una ardiente caridad, da a las hermanas del monasterio atenci?n, comprensi?n, perd?n; ofrece sus oraciones y sus sacrificios por el Papa, su obispo, los sacerdotes y por todas las personas necesitadas, incluidas las almas del purgatorio. Resume su misi?n contemplativa con estas palabras: "No podemos ir predicando por el mundo para convertir almas, pero estamos obligadas a rezar continuamente por todas esas almas que est?n ofendiendo a Dios... particularmente con nuestros sufrimientos, es decir, con un principio de vida crucificada" (ibid., IV, 877). Nuestra Santa concibe esta misi?n como un ?estar en medio? entre los hombres y Dios, entre los pecadores y Cristo Crucificado.

Ver?nica vive de modo profundo la participaci?n en el amor sufriente de Jes?s, segura de que ?sufrir con alegr?a? es la ?clave del amor? (cfr?ibid., I, 299.417; III, 330.303.871; IV, 192). Ella muestra que Jes?s sufre por los pecados de los hombres, pero tambi?n por los sufrimientos que sus siervos fieles habr?an tenido que soportar a lo largo de los siglos, en el tiempo de la Iglesia, precisamente por su fe s?lida y coherente. Escribe: ?Su eterno Padre le hizo ver y sentir en ese momento todos los padecimientos que deb?an padecer sus elegidos, Sus almas m?s queridas, es decir, las que se habr?an aprovechado de Su sangre y de todos Sus padecimientos? (ibid., II, 170). Como dice de s? mismo el ap?stol Pablo: ??Ahora me alegro de poder sufrir por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia? (Col 1,24). Ver?nica llega a pedir a Jes?s ser crucificada con ?l: ?En un instante ? escribe ? vi salir de Sus sant?simas llagas cinco rayos resplandecientes; y todos vinieron a mi alrededor. Y yo ve?a estos rayos convertirse como en peque?as llamas. En cuatro estaban los clavos; y en una vi que estaba la lanza, como de oro, toda de fuego: y me traspas? el coraz?n, de parte a parte... y los clavos traspasaron las manos y los pies. Yo sent? gran dolor; pero en el mismo dolor, me ve?a, me sent?a toda transformada en Dios" (Diario, I, 897).

La Santa est? convencida de que participa ya en el Reino de Dios, pero al mismo tiempo invoca a todos los Santos de la Patria bienaventurada para que vengan en su ayuda en el camino terreno de su donaci?n, en espera de la bienaventuranza eterna; esta es la aspiraci?n constante de su vida (cfr ibid., II, 909; V, 246). Respecto a la predicaci?n de la ?poca, centrada a menudo en ?salvar la propia alma? en t?rminos individuales, Ver?nica muestra un fuerte sentido "solidario", de comuni?n con todos los hermanos y hermanas en camino hacia el Cielo, y vive, reza, sufre por todos. Las cosas pen?ltimas, terrenas, en cambio, aun apreciadas en sentido franciscano como don del Creador, resultan siempre relativas, totalmente subordinadas al "gusto" de Dios y bajo el signo de una pobreza radical. En la communio sanctorum, ella aclara su donaci?n eclesial, adem?s de la relaci?n entre la Iglesia peregrina y la Iglesia celeste. "Todos los santos ? escribe ? est?n all? arriba a trav?s de los m?ritos y la pasi?n de Jes?s; pero a todo lo que hizo Nuestro Se?or, ellos han cooperado, de modo que su vida estuvo toda ordenada, regulada por (sus) mismas obras" (ibid., III, 203).

En los escritos de Ver?nica encontramos muchas citas b?blicas, a veces de modo indirecto, pero siempre puntual: ella revela familiaridad con el Texto sagrado, del que se nutre su experiencia espiritual. Debe destacarse, adem?s, que los momentos fuertes de la experiencia m?stica de Ver?nica nunca est?n separados de los acontecimientos salv?ficos celebrados en la liturgia, donde tiene un lugar particular la proclamaci?n y la escucha de la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura, por tanto, ilumina, purifica, confirma la experiencia de Ver?nica, haci?ndola eclesial. Por otra parte, sin embargo, precisamente su experiencia, anclada en la Sagrada Escritura con una intensidad fuera de lo com?n, lleva a una lectura m?s profunda y ?espiritual? del propio Texto, entra en la profundidad escondida del texto. Ella no s?lo se expresa con las palabras de la Sagrada Escritura, sino que realmente tambi?n vive de estas palabras se convierten vida en ellos.

Por ejemplo, nuestra Santa cita a menudo la expresi?n del ap?stol Pablo: ?Si Dios est? con nosotros, ?qui?n estar? contra nosotros?? (Rm 8,31; cfr Diario, I, 714; II, 116.1021; III, 48). En ella, la asimilaci?n de este texto paulino, esta gran confianza y profunda alegr?a suyas, se convierten en un hecho realizado en su misma persona. ?Mi alma ? escribe ? ha sido ligada a la voluntad divina y yo me he establecida verdaderamente y permanezco para siempre en la voluntad de Dios. Parec?ame que nunca m?s hubiese de separarme de esta voluntad de Dios y volv? en mi con estas mismas palabras: nada me podr? separar de la voluntad de Dios, ni angustias, ni penas, ni fatigas, ni desprecios, ni tentaciones, ni criaturas, ni demonios, ni oscuridades, y ni siquiera la misma muerte, porque, en la vida y en la muerte, quiero todo, y en todo, la voluntad de Dios" (Diario, IV, 272). As? estamos tambi?n en la certeza de que la muerte no es la ?ltima palabra, estamos fijados en la voluntad de Dios y as?, realmente, en la vida para siempre.

Ver?nica se revela, en particular una testigo valiente de la belleza y del poder del Amor divino, que la atrae, la impregna, la inflama. Es el Amor crucificado que se ha impreso en su carne, como en la de san Francisco de As?s, con los estigmas de Jes?s. ?Esposa m?a ? me susurra el Cristo crucificado ? me son queridas las penitencias que haces por aquellos que son mi desgracia... Despu?s, separando un brazo de la cruz, me hizo se?al de que me acercase a Su costado... Y me encontr? entre los brazos del Crucificado. Lo que sent? en ese momento no puedo contarlo: habr?a podido estar siempre en Su sant?simo costado" (ibid., I, 37). Es tambi?n una imagen de su camino espiritual, de su vida interior: estar en el abrazo del Crucificado y as? estar en el amor de Cristo por los dem?s. Tambi?n con la Virgen Mar?a Ver?nica vive una relaci?n de profunda intimidad, atestiguada por las palabras que oye decir un d?a a la Se?ora y que recoge en su Diario: "Yo te hice reposar en mi seno, te uniste con mi alma y fuiste llevada por ella como en vuelo ante Dios" (IV, 901).

Santa Ver?nica Giuliani nos invita a hacer crecer, en nuestra vida cristiana, la uni?n con el Se?or en el ser para los dem?s, abandon?ndonos a su voluntad con confianza completa y total, y la uni?n con la Iglesia, Esposa de Cristo; nos invita a participar en el amor sufriente de Jes?s Crucificado para la salvaci?n de todos los pecadores; nos invita a tener la mirada fija en el Para?so, meta de nuestro camino terreno, donde viviremos junto a tantos hermanos y hermanas la alegr?a de la comuni?n plena con Dios; nos invita a nutrirnos diariamente de la Palabra de Dios para encender nuestro coraz?n y orientar nuestra vida. Las ?ltimas palabras de la Santa pueden considerarse la s?ntesis de su apasionada experiencia m?stica: ??He encontrado al Amor, el Amor se ha dejado ver!". Gracias.

[En espa?ol dijo]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los procedentes de Espa?a, Chile y otros pa?ses latinoamericanos. Y, de modo particular, a los miembros de la comunidad cat?lica mejicana de Roma, as? como a los artesanos venidos de Guanajuato, acompa?ados por el Gobernador de dicho Estado y el Se?or Arzobispo de Le?n, a quienes agradezco el obsequio de un art?stico nacimiento. Que el ejemplo de Ver?nica Giuliani incremente nuestro amor a Cristo. Muchas gracias.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:49  | Habla el Papa
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