Jueves, 06 de enero de 2011

ZENIT? nos ofrece el Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2011), sobre el tema ?La libertad religiosa, camino para la paz?, que ha sido presentado en rueda de prensa hoy en la Santa Sede.

MENSAJE DE SU SANTIDAD? BENEDICTO XVI PARA LA CELEBRACI?N DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 ENERO 2011

LA LIBERTAD RELIGIOSA, CAMINO PARA LA PAZ?

1. Al comienzo de un nuevo a?o deseo hacer llegar a todos mi felicitaci?n; es un deseo de serenidad y de prosperidad, pero sobre todo de paz. El a?o que termina tambi?n ha estado marcado lamentablemente por persecuciones, discriminaciones, por terribles actos de violencia y de intolerancia religiosa.

Pienso de modo particular en la querida tierra de Iraq, que en su camino hacia la deseada estabilidad y reconciliaci?n sigue siendo escenario de violencias y atentados. Vienen a la memoria los recientes sufrimientos de la comunidad cristiana, y de modo especial el vil ataque contra la catedral sirio-cat?lica Nuestra Se?ora del Perpetuo Socorro, de Bagdad, en la que el 31 de octubre pasado fueron asesinados dos sacerdotes y m?s de cincuenta fieles, mientras estaban reunidos para la celebraci?n de la Santa Misa. En los d?as siguientes se han sucedido otros ataques, tambi?n a casas privadas, provocando miedo en la comunidad cristiana y el deseo en muchos de sus miembros de emigrar para encontrar mejores condiciones de vida. Deseo manifestarles mi cercan?a, as? como la de toda la Iglesia, y que se ha expresado de una manera concreta en la reciente Asamblea Especial para Medio Oriente del S?nodo de los Obispos. ?sta ha dirigido una palabra de aliento a las comunidades cat?licas en Iraq y en Medio Oriente para vivir la comuni?n y seguir dando en aquellas tierras un testimonio valiente de fe.

Agradezco vivamente a los Gobiernos que se esfuerzan por aliviar los sufrimientos de estos hermanos en humanidad, e invito a los Cat?licos a rezar por sus hermanos en la fe, que sufren violencias e intolerancias, y a ser solidarios con ellos. En este contexto, siento muy viva la necesidad de compartir con vosotros algunas reflexiones sobre la libertad religiosa, camino para la paz. En efecto, se puede constatar con dolor que en algunas regiones del mundo la profesi?n y expresi?n de la propia religi?n comporta un riesgo para la vida y la libertad personal. En otras regiones, se dan formas m?s silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposici?n hacia los creyentes y los s?mbolos religiosos. Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor n?mero de persecuciones a causa de su fe. Muchos sufren cada d?a ofensas y viven frecuentemente con miedo por su b?squeda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa. Todo esto no se puede aceptar, porque constituye una ofensa a Dios y a la dignidad humana; adem?s es una amenaza a la seguridad y a la paz, e impide la realizaci?n de un aut?ntico desarrollo humano integral1.

En efecto, en la libertad religiosa se expresa la especificidad de la persona humana, por la que puede ordenar la propia vida personal y social a Dios, a cuya luz se comprende plenamente la identidad, el sentido y el fin de la persona. Negar o limitar de manera arbitraria esa libertad, significa cultivar una visi?n reductiva de la persona humana, oscurecer el papel p?blico de la religi?n; significa generar una sociedad injusta, que no se ajusta a la verdadera naturaleza de la persona humana;?significa hacer imposible la afirmaci?n de una paz aut?ntica y estable para toda la familia humana.

Por tanto, exhorto a los hombres y mujeres de buena voluntad a renovar su compromiso por la construcci?n de un mundo en el que todos puedan profesar libremente su religi?n o su fe, y vivir su amor a Dios con todo el coraz?n, con toda el alma y con toda la mente (cf.?Mt?22, 37). ?ste es el?sentimiento que inspira y gu?a el?Mensaje para la XLIV Jornada Mundial de la Paz, dedicado al tema:?La libertad religiosa, camino para la paz.

Derecho sagrado a la vida y a una vida espiritual

2.?El derecho a la libertad religiosa se funda en la misma dignidad de la persona humana 2, cuya naturaleza trascendente no se puede ignorar o descuidar. Dios cre? al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza (cf.?Gn?1, 27). Por eso, toda persona es titular del?derecho sagrado?a una vida ?ntegra, tambi?n desde el punto de vista espiritual. Si no se reconoce su propio ser espiritual, sin la apertura a la trascendencia, la persona humana se repliega sobre s? misma, no logra encontrar respuestas a los interrogantes de su coraz?n sobre el sentido de la vida, ni conquistar valores y principios ?ticos duraderos, y tampoco consigue siquiera experimentar una aut?ntica libertad y desarrollar una sociedad justa3.

La Sagrada Escritura, en sinton?a con nuestra propia experiencia, revela el valor profundo de la dignidad humana: ?Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ?qu? es el hombre, para que te acuerdes de ?l, el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ?ngeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies? (Sal?8, 4-7).

Ante la sublime realidad de la naturaleza humana, podemos experimentar el mismo asombro del salmista. Ella se manifiesta como apertura al Misterio, como capacidad de interrogarse en profundidad sobre s? mismo y sobre el origen del universo, como ?ntima resonancia del Amor supremo de Dios, principio y fin de todas las cosas, de cada persona y de los pueblos4 . La dignidad trascendente de la persona es un valor esencial de la sabidur?a judeo-cristiana, pero, gracias a la raz?n, puede ser reconocida por todos. Esta dignidad, entendida como capacidad de trascender la propia materialidad y buscar la verdad, ha de ser reconocida como un?bien?universal, indispensable para la construcci?n de una sociedad orientada a la realizaci?n y plenitud del hombre. El respeto de los elementos esenciales de la dignidad del hombre, como el derecho a la vida y a la libertad religiosa, es una condici?n para la legitimidad moral de toda norma social y jur?dica.

Libertad religiosa y respeto rec?proco?

3.?La libertad religiosa est? en el origen de la libertad moral. En efecto, la apertura a la verdad y al bien, la apertura a Dios, enraizada en la naturaleza humana, confiere a cada hombre plena dignidad, y es garant?a del respeto pleno y rec?proco entre las personas. Por tanto, la libertad religiosa se ha de entender no s?lo como ausencia de coacci?n, sino antes a?n como capacidad de ordenar las propias opciones seg?n la verdad.

Entre libertad y respeto hay un v?nculo inseparable; en efecto, ?al ejercer sus derechos, los individuos y grupos sociales est?n obligados por la ley moral a tener en cuenta los derechos de los dem?s y sus deberes con relaci?n a los otros y al bien com?n de todos?5.

Una?libertad enemiga?o?indiferente?con respecto a Dios termina por negarse a s? misma y no garantiza el pleno respeto del otro. Una voluntad que se cree radicalmente incapaz de buscar la verdad y el bien no tiene razones objetivas y motivos para obrar, sino aquellos que provienen de sus intereses moment?neos y pasajeros; no tiene una "identidad" que custodiar y construir a trav?s de las opciones verdaderamente libres y conscientes. No puede, pues, reclamar el respeto por parte de otras "voluntades", que tambi?n est?n desconectadas de su ser m?s profundo, y que pueden hacer prevalecer otras "razones" o incluso ninguna "raz?n". La ilusi?n de encontrar en el relativismo moral la clave para una pac?fica convivencia, es en realidad el origen de la divisi?n y negaci?n de la dignidad de los seres humanos. Se comprende entonces la necesidad de reconocer una doble dimensi?n en la unidad de la persona humana: la?religiosa?y la?social. A este respecto, es inconcebible que los creyentes ?tengan que suprimir una parte de s? mismos ?su fe- para ser ciudadanos activos. Nunca deber?a ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos?6.

La familia, escuela de libertad y de paz

4. Si la libertad religiosa es camino para la paz, la?educaci?n religiosa?es una v?a privilegiada que capacita a las nuevas generaciones para reconocer en el otro a su propio hermano o hermana, con quienes camina y colabora para que todos se sientan miembros vivos de la misma familia humana, de la que ninguno debe ser excluido.

La familia fundada sobre el matrimonio, expresi?n de la uni?n ?ntima y de la complementariedad entre un hombre y una mujer, se inserta en este contexto como la primera escuela de formaci?n y crecimiento social, cultural, moral y espiritual de los hijos, que deber?an ver siempre en el padre y la madre el primer testimonio de una vida orientada a la b?squeda de la verdad y al amor de Dios. Los mismos padres deber?an tener la libertad de poder transmitir a los hijos, sin constricciones y con responsabilidad, su propio patrimonio de fe, valores y cultura. La familia, primera c?lula de la sociedad humana, sigue siendo el ?mbito primordial de formaci?n para unas relaciones armoniosas en todos los ?mbitos de la convivencia humana, nacional e internacional. ?ste es el camino que se ha de recorrer con sabidur?a para construir un tejido social s?lido y solidario, y preparar a los j?venes para que, con un esp?ritu de comprensi?n y de paz, asuman su propia responsabilidad en la vida, en una sociedad libre.

Un patrimonio com?n

5. Se puede decir que,?entre los derechos y libertades fundamentales enraizados en la dignidad de la persona, la libertad religiosa goza de un estatuto especial.?Cuando se reconoce la libertad religiosa, la dignidad de la persona humana se respeta en su ra?z, y se refuerzan el?ethos?y las instituciones de los pueblos. Y viceversa, cuando se niega la libertad religiosa, cuando se intenta impedir la profesi?n de la propia religi?n o fe y vivir conforme a ellas, se ofende la dignidad humana, a la vez que se amenaza la justicia y la paz, que se fundan en el recto orden social construido a la luz de la Suma Verdad y Sumo Bien.

La libertad religiosa significa tambi?n, en este sentido, una conquista de progreso pol?tico y jur?dico. Es un bien esencial: toda persona ha de poder ejercer libremente el derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religi?n o fe, tanto en p?blico como en privado, por la ense?anza, la pr?ctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos. No deber?a haber obst?culos si quisiera adherirse eventualmente a otra religi?n, o no profesar ninguna7 . En este ?mbito, el ordenamiento internacional resulta emblem?tico y es una referencia esencial para los Estados, ya que no consiente ninguna derogaci?n de la libertad religiosa, salvo la leg?tima exigencia del justo orden p?blico. El ordenamiento internacional, por tanto, reconoce a los derechos de naturaleza religiosa el mismo?statusque el derecho a la vida y a la libertad personal, como prueba de su pertenencia al?n?cleo esencial?de los derechos del hombre, de los derechos universales y naturales que la ley humana jam?s puede negar.

La libertad religiosa no es patrimonio exclusivo de los creyentes, sino de toda la familia de los pueblos de la tierra. Es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin da?ar al mismo tiempo los dem?s derechos y libertades fundamentales, pues es su s?ntesis y su cumbre. Es un ?indicador para verificar el respeto de todos los dem?s derechos humanos?8 . Al mismo tiempo que favorece el ejercicio de las facultades humanas m?s espec?ficas, crea las condiciones necesarias para la realizaci?n de un?desarrollo integral, que concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones9.

La dimensi?n p?blica de la religi?n?

6.?La libertad religiosa, como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la relaci?n con los dem?s. Una libertad sin relaci?n no es una libertad completa. La libertad religiosa no se agota en la simple dimensi?n individual, sino que se realiza en la propia comunidad y en la sociedad, en coherencia con el ser relacional de la persona y la naturaleza p?blica de la religi?n.

La?relacionalidad?es un componente decisivo de la libertad religiosa, que impulsa a las comunidades de los creyentes a practicar la solidaridad con vistas al bien com?n. En esta dimensi?n comunitaria cada persona sigue siendo ?nica e irrepetible y, al mismo tiempo, se completa y realiza plenamente.

Es innegable la aportaci?n que las comunidades religiosas dan a la sociedad. Son muchas las instituciones caritativas y culturales que dan testimonio del papel constructivo de los creyentes en la vida social. M?s importante a?n es la contribuci?n ?tica de la religi?n en el ?mbito pol?tico. No se la deber?a marginar o prohibir, sino considerarla como una aportaci?n v?lida para la promoci?n del bien com?n. En esta perspectiva, hay que mencionar la dimensi?n religiosa de la cultura, que a lo largo de los siglos se ha forjado gracias a la contribuci?n social y, sobre todo, ?tica de la religi?n. Esa dimensi?n no constituye de ninguna manera una discriminaci?n para los que no participan de la creencia, sino que m?s bien refuerza la cohesi?n social, la integraci?n y la solidaridad.

La libertad religiosa, fuerza de libertad y de civilizaci?n:

los peligros de su instrumentalizaci?n

7.?La instrumentalizaci?n de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversi?n del orden constituido, la acumulaci?n de recursos o la retenci?n del poder por parte de un grupo, puede provocar da?os enormes a la sociedad. El fanatismo, el fundamentalismo, las pr?cticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religi?n. La profesi?n de una religi?n no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza. Es necesario, entonces, que los Estados y las diferentes comunidades humanas no olviden nunca que?la libertad religiosa es condici?n para la b?squeda de la verdad y que la verdad no se impone con la violencia sino por ?la fuerza de la misma verdad?10 . En este sentido, la religi?n es una fuerza?positiva?y promotora?de la construcci?n de la sociedad civil y pol?tica.

?C?mo negar la aportaci?n de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilizaci?n? La b?squeda sincera de Dios ha llevado a un mayor respeto de la dignidad del hombre. Las comunidades cristianas, con su patrimonio de valores y principios, han contribuido mucho a que las personas y los pueblos hayan tomado conciencia de su propia identidad y dignidad, as? como a la conquista de instituciones democr?ticas y a la afirmaci?n de los derechos del hombre con sus respectivas obligaciones.

Tambi?n hoy, en una sociedad cada vez m?s globalizada, los cristianos est?n llamados a dar su aportaci?n preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenaci?n de las realidades humanas, no s?lo con un compromiso civil, econ?mico y pol?tico responsable, sino tambi?n con el testimonio de su propia fe y caridad. La exclusi?n de la religi?n de la vida p?blica, priva a ?sta de un espacio vital que abre a la trascendencia. Sin esta experiencia primaria resulta dif?cil orientar la sociedad hacia principios ?ticos universales, as? como al establecimiento de ordenamientos nacionales e internacionales en que los derechos y libertades fundamentales puedan ser reconocidos y realizados plenamente, conforme a lo propuesto en los objetivos de la?Declaraci?n Universal de los derechos del hombre?de 1948, a?n hoy por desgracia incumplidos o negados.

Una cuesti?n de justicia y de civilizaci?n:

el fundamentalismo y la hostilidad contra los creyentes comprometen la laicidad positiva de los Estados?

8. La misma determinaci?n con la que se condenan todas las formas de fanatismo y fundamentalismo religioso ha de animar la oposici?n a todas las formas de hostilidad contra la religi?n, que limitan el papel p?blico de los creyentes en la vida civil y pol?tica.

No se ha de olvidar que?el fundamentalismo religioso y el laicismo son formas especulares y extremas de rechazo del leg?timo pluralismo y del principio de laicidad. En efecto, ambos absolutizan una visi?n reductiva y parcial de la persona humana, favoreciendo, en el primer caso, formas de integrismo religioso y, en el segundo, de racionalismo.?La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religi?n con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero tambi?n consigo misma. Dios llama a s? a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensi?n natural y espiritual, reclama una correspondencia en t?rminos de libertad y responsabilidad, con todo el coraz?n y el propio ser, individual y comunitario. Por tanto, tambi?n la sociedad, en cuanto expresi?n de la persona y del conjunto de sus dimensiones constitutivas, debe vivir y organizarse de tal manera que favorezca la apertura a la trascendencia. Por eso, las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensi?n religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella. A trav?s de la acci?n democr?tica de ciudadanos conscientes de su alta vocaci?n, se han de conmensurar con el ser de la persona, para poder secundarlo en su dimensi?n religiosa. Al no ser ?sta una creaci?n del Estado, no puede ser manipulada, sino que m?s bien debe reconocerla y respetarla.

El ordenamiento jur?dico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misi?n, que consiste en la tutela y promoci?n de la justicia y el derecho de cada uno. ?stas ?ltimas no pueden quedar al arbitrio del legislador o de la mayor?a porque, como ya ense?aba Cicer?n, la justicia consiste en algo m?s que un mero acto productor de la ley y su aplicaci?n. Implica el?reconocimiento de la dignidad de cada uno11 , la cual, sin libertad religiosa garantizada y vivida en su esencia, resulta mutilada y vejada, expuesta al peligro de caer en el predominio de los ?dolos, de bienes relativos transformados en absolutos. Todo esto expone a la sociedad al riesgo de totalitarismos pol?ticos e ideol?gicos, que enfatizan el poder p?blico, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de pensamiento y de religi?n, como si fueran rivales.

Di?logo entre instituciones civiles y religiosas

9. El patrimonio de principios y valores expresados en una religiosidad aut?ntica es una riqueza para los pueblos y su?ethos. Se dirige directamente a la conciencia y a la raz?n de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo de la conversi?n moral, motiva el cultivo y la pr?ctica de las virtudes y la cercan?a hacia los dem?s con amor, bajo el signo de la fraternidad, como miembros de la gran familia humana12.

La dimensi?n p?blica de la religi?n ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental?un sano di?logo entre las instituciones civiles y las religiosas?para el desarrollo integral de la persona humana y la armon?a de la sociedad.

Vivir en el amor y en la verdad

10. En un mundo globalizado, caracterizado por sociedades cada vez m?s multi?tnicas y multiconfesionales, las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana. Sobre la base de las respectivas convicciones religiosas y de la b?squeda racional del bien com?n, sus seguidores est?n llamados a vivir con responsabilidad su propio compromiso en un contexto de libertad religiosa. En las diversas culturas religiosas, a la vez que se debe rechazar todo aquello que va contra la dignidad del hombre y la mujer, se ha de tener en cuenta lo que resulta positivo para la convivencia civil.

El espacio p?blico, que la comunidad internacional pone a disposici?n de las religiones y su propuesta de "vida buena", favorece el surgir de un criterio compartido de verdad y de bien, y de un consenso moral, fundamentales para una convivencia justa y pac?fica. Los l?deres de las grandes religiones, por su papel, su influencia y su autoridad en las propias comunidades, son los primeros en ser llamados a vivir en el respeto rec?proco y en el di?logo.

Los cristianos, por su parte, est?n llamados por la misma fe en Dios, Padre del Se?or Jesucristo, a vivir como hermanos que se encuentran en la Iglesia y colaboran en la edificaci?n de un mundo?en el que las personas y los pueblos ?no har?n da?o ni estrago [?], porque est? lleno el pa?s de la ciencia del Se?or, como las aguas colman el mar? (Is?11, 9).

El di?logo como b?squeda en com?n?

11. El di?logo entre los seguidores de las diferentes religiones constituye para la Iglesia un instrumento importante para colaborar con todas las comunidades religiosas al bien com?n. La Iglesia no rechaza nada de lo que en las diversas religiones es verdadero y santo. ?Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen mucho de los que ella mantiene y propone, no pocas veces reflejan, sin embargo, un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres?13.

Con eso no se quiere se?alar el camino del relativismo o del sincretismo religioso. La Iglesia, en efecto, ?anuncia y tiene la obligaci?n de anunciar sin cesar a Cristo, que es "camino, verdad y vida" (Jn14, 6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa, en quien Dios reconcili? consigo todas las cosas?14. Sin embargo, esto no excluye el di?logo y la b?squeda com?n de la verdad en los diferentes ?mbitos vitales, pues, como afirma a menudo santo Tom?s, ?toda verdad, independientemente de quien la diga, viene del Esp?ritu Santo?15.

En el a?o 2011 se cumplir? el 25 aniversario de la?Jornada mundial de oraci?n por la paz, que fue convocada en As?s por el Venerable Juan Pablo II, en 1986. En dicha ocasi?n, los l?deres de las grandes religiones del mundo testimoniaron que las religiones son un factor de uni?n y de paz, no de divisi?n y de conflicto. El recuerdo de aquella experiencia es un motivo de esperanza en un futuro en el que todos los creyentes se sientan y sean aut?nticos trabajadores por la justicia y la paz.

Verdad moral en la pol?tica y en la diplomacia

12. La pol?tica y la diplomacia deber?an contemplar el patrimonio moral y espiritual que ofrecen las grandes religiones del mundo, para reconocer y afirmar aquellas verdades, principios y valores universales que no pueden negarse sin negar la dignidad de la persona humana. Pero, ?qu? significa, de manera pr?ctica, promover la verdad moral en el mundo de la pol?tica y de la diplomacia? Significa actuar de manera responsable sobre la base del conocimiento objetivo e ?ntegro de los hechos; quiere decir desarticular aquellas ideolog?as pol?ticas que terminan por suplantar la verdad y la dignidad humana, y promueven falsos valores con el pretexto de la paz, el desarrollo y los derechos humanos; significa favorecer un compromiso constante para fundar la ley positiva sobre los principios de la ley natural16 . Todo esto es necesario y coherente con el respeto de la dignidad y el valor de la persona humana, ratificado por los Pueblos de la tierra en la?Carta de la Organizaci?n de las Naciones Unidas?de 1945, que presenta valores y principios morales universales como referencia para las normas, instituciones y sistemas de convivencia en el ?mbito nacional e internacional.

M?s all? del odio y el prejuicio

13. A pesar de las ense?anzas de la historia y el esfuerzo de los Estados, las Organizaciones internacionales a nivel mundial y local, de las Organizaciones no gubernamentales y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que cada d?a se esfuerzan por tutelar los derechos y libertades fundamentales, se siguen constatando en el mundo persecuciones, discriminaciones, actos de violencia y de intolerancia por motivos religiosos. Particularmente en Asia y ?frica, las v?ctimas son principalmente miembros de las minor?as religiosas, a los que se les impide profesar libremente o cambiar la propia religi?n a trav?s de la intimidaci?n y la violaci?n de los derechos, de las libertades fundamentales y de los bienes esenciales, llegando incluso a la privaci?n de la libertad personal o de la misma vida.

Como ya he afirmado, se dan tambi?n formas m?s sofisticadas de hostilidad contra la religi?n, que en los Pa?ses occidentales se expresan a veces renegando de la historia y de los s?mbolos religiosos, en los que se reflejan la identidad y la cultura de la mayor?a de los ciudadanos. Son formas que fomentan a menudo el odio y el prejuicio, y no coinciden con una visi?n serena y equilibrada del pluralismo y la laicidad de las instituciones, adem?s del riesgo para las nuevas generaciones de perder el contacto con el precioso patrimonio espiritual de sus Pa?ses.

La defensa de la religi?n pasa a trav?s de la defensa de los derechos y de las libertades de las comunidades religiosas. Que los l?deres de las grandes religiones del mundo y los responsables de las naciones, renueven el compromiso por la promoci?n y tutela de la libertad religiosa, en particular, por la defensa de las minor?as religiosas, que no constituyen una amenaza contra la identidad de la mayor?a, sino que, por el contrario, son una oportunidad para el di?logo y el rec?proco enriquecimiento cultural. Su defensa representa la manera ideal para consolidar el esp?ritu de benevolencia, de apertura y de reciprocidad con el que se tutelan los derechos y libertades fundamentales en todas las ?reas y regiones del mundo.

La libertad religiosa en el mundo

14. Por ?ltimo, me dirijo a las comunidades cristianas que sufren persecuciones, discriminaciones, actos de violencia e intolerancia, en particular en Asia, en ?frica, en Oriente Medio y especialmente en Tierra Santa, lugar elegido y bendecido por Dios. A la vez que les renuevo mi afecto paterno y les aseguro mi oraci?n, pido a todos los responsables que act?en prontamente para poner fin a todo atropello contra los cristianos que viven en esas regiones. Que los disc?pulos de Cristo no se desanimen ante las adversidades actuales, porque?el testimonio del Evangelio es y ser? siempre un signo de contradicci?n.

Meditemos en nuestro coraz?n las palabras del Se?or Jes?s: ?Dichosos los que lloran, porque ellos ser?n consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedar?n saciados [?]. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa ser? grande en el cielo? (Mt?5, 5-12). Renovemos, pues, ?el compromiso de indulgencia y de perd?n que hemos adquirido, y que invocamos en el?Pater Noster, al poner nosotros mismos la condici?n y la medida de la misericordia que deseamos obtener: "Y perd?nanos nuestras deudas,?as? como?nosotros perdonamos a nuestros deudores" (Mt?6, 12)17?. La violencia no se vence con la violencia. Que nuestro grito de dolor vaya siempre acompa?ado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios. Expreso tambi?n mi deseo de que en Occidente, especialmente en Europa, cesen la hostilidad y los prejuicios contra los cristianos, por el simple hecho de que intentan orientar su vida en coherencia con los valores y principios contenidos en el Evangelio. Que Europa sepa m?s bien reconciliarse con sus propias ra?ces cristianas, que son fundamentales para comprender el papel que ha tenido, que tiene y que quiere tener en la historia; de esta manera, sabr? experimentar la justicia, la concordia y la paz, cultivando un sincero di?logo con todos los pueblos.

La libertad religiosa, camino para la paz

15. El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores ?ticos y espirituales, universales y compartidos, y la religi?n puede contribuir de manera preciosa a su b?squeda, para la construcci?n de un orden social justo y pac?fico, a nivel nacional e internacional.

La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplir? totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios est? m?s cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra, ni el mero fruto del predominio militar o econ?mico, ni mucho menos de astucias enga?osas o de h?biles manipulaciones. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificaci?n y elevaci?n cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente. Invito a todos los que desean ser constructores de paz, y sobre todo a los j?venes, a escuchar la propia voz interior, para encontrar en Dios referencia segura para la conquista de una aut?ntica libertad, la fuerza inagotable para orientar el mundo con un esp?ritu nuevo, capaz de no repetir los errores del pasado. Como ense?a el Siervo de Dios Pablo VI, a cuya sabidur?a y clarividencia se debe la instituci?n de la Jornada Mundial de la Paz: ?Ante todo, hay que dar a la Paz otras armas que no sean las destinadas a matar y a exterminar a la humanidad. Son necesarias, sobre todo, las armas morales, que den fuerza y prestigio al derecho internacional; primeramente, la de observar los pactos?18 . La libertad religiosa es un arma aut?ntica de la paz, con una?misi?n hist?rica y prof?tica. En efecto, ella valoriza y hace fructificar las m?s profundas cualidades y potencialidades de la persona humana, capaces de cambiar y mejorar el mundo. Ella permite alimentar la esperanza en un futuro de justicia y paz, tambi?n ante las graves injusticias y miserias materiales y morales. Que todos los hombres y las sociedades, en todos los ?mbitos y ?ngulos de la Tierra, puedan experimentar pronto la?libertad religiosa, camino para la paz.

Vaticano, 8 de diciembre de 2010

BENEDICTUS PP XVI

1?Cfr Benedicto XVI, Carta enc.?Caritas in veritate, 29.55-57.
2 Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Declaraci?n sobre la libertad religiosa ?Dignitatis humanae, 2.
3 Cfr Benedicto XVI, Carta enc.?Caritas in veritate, 78.
4 Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Declaraci?n sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 1.
5 Id., Declaraci?n sobre la libertad religiosa?Dignitatis humanae,?7.
6 Benedicto XVI, Discurso a la Asamblea General de la Organizaci?n de las Naciones Unidas (18 abril 2008):?AAS?100 (2008), 337.
7 Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Declaraci?n sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, 2
8 Juan Pablo II,?Discurso a los Participantes en la Asamblea Parlamentaria de la Organizaci?n para la Seguridad y la Cooperaci?n en Europa (OSCE) (10 octubre 2003), 1:?AAS?96 (2004), 111.
9 Cfr Benedicto XVI, Carta enc.?Caritas in veritate, 11.
10 Cfr Benedicto XVI, Carta enc.?Caritas in veritate, 11.
11?Cfr Cicer?n, De inventione, II, 160.
12 Cfr Benedicto XVI, Discurso a los Representantes de otras Religiones del Reino Unido (17 septiembre 2010): L?Osservatore Romano (18 septiembre 2010), p. 12.
13 Conc. Ecum. Vat. II, Declaraci?n sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra aetate, 2.
14?Ibidem.
15?Super evangelium Joannis, I, 3.
16 Cfr Benedicto XVI, Discurso a las Autoridades civiles y al Cuerpo diplom?tico en Chipre (5 junio 2010): L?Osservatore Romano (6 junio 2010), p. 8; COMISI?N TEOL?GICA INTERNACIONAL, En busca de una ?tica universal: una mirada sobre la ley natural, Ciudad del Vaticano 2009.
17 Pablo VI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1976:?AAS?67 (1975), 671.
18?Ibid., p. 668.

[? Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:05  | Habla el Papa
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