Domingo, 16 de enero de 2011

ZENIT nos ofrece el?discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el mi?rcoles 22 de Dicembre de 2010?a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI para la audiencia general.

Queridos hermanos y hermanas

Con esta ?ltima audiencia antes de las fiestas de Navidad, nos acercamos, temblorosos y llenos de asombro, al ?lugar? donde todo comenz? por nosotros y por nuestra salvaci?n, donde todo encontr? su cumplimiento, all? donde se encontraron y se entrecruzaron las esperanzas del mundo y del coraz?n humano con la presencia de Dios.

Podemos ya desde ahora pregustar la alegr?a por esa peque?a luz que se entrev?, que desde la gruta de Bel?n comienza a irradiarse en el mundo. En el camino del Adviento, que la liturgia nos ha invitado a vivir, se nos ha acompa?ado para acoger con disponibilidad y reconocimiento el gran Acontecimiento de la venida del Salvador y para contemplar maravillados su entrada en el mundo.

La esperanza gozosa, caracter?stica de los d?as que preceden la Santa Navidad, es ciertamente la actitud fundamental del cristiano que desea vivir con fruto el renovado encuentro con Aquel que viene a habitar en medio de nosotros: Cristo Jes?s, el Hijo de Dios hecho hombre. Volvemos a encontrar esta disposici?n del coraz?n,y la hacemos nuestra, en aquellos que en primer lugar acogieron la venida del Mes?as: Zacar?as e Isabel, los pastores, el pueblo sencillo, y especialmente Mar?a y Jos?, los cuales probaron en primera persona el temblor, pero sobre todo el gozo por el misterio de este nacimiento. Todo el Antiguo Testamento constituye una ?nica gran promesa, que deb?a realizarse con la venida de un salvador poderoso. De ello da testimonio en particular el libro del profeta Isa?as, el cual nos hablar de los sufrimientos de la historia y de toda la creaci?n por una redenci?n destinada a volver a dar nuevas energ?as y nueva orientaci?n al mundo entero. As?, junto a la espera de los personajes de las Sagradas Escrituras, encuentra espacio y significado, a trav?s de los siglos, tambi?n nuestra espera, la que en estos d?as estamos experimentando y la que nos mantiene en pie durante todo el camino de nuestra vida. Toda la existencia humana, de hecho, est? animada por este profundo sentimiento, por el deseo de que lo m?s verdadero, lo m?s bello y lo m?s grande que hemos entrevisto e intuido con la mente y el coraz?n, pueda salir a nuestro encuentro y se haga concreto ante nuestros ojos y nos vuelva a levantar.

?He aqu? que viene el Se?or omnipotente: se llamar? Enmanuel, Dios-con-nosotros? (Ant?fona de entrada, Santa Misa del 21 de diciembre). Con frecuencia, en estos d?as, repetimos estas palabras. En el tiempo de la liturgia, que vuelve a actualizar el Misterio, ya est? a las puertas Aquel que viene a salvarnos del pecado y de la muerte, Aquel que, despu?s de la desobediencia de Ad?n y Eva, nos vuelve a abrazar y abre para nosotros el acceso a la vida verdadera. Lo explica san Ireneo, en su tratado ?Contra las herej?as?, cuando afirma: ?El Hijo mismo de Dios descendi? 'en una carne semejante a la del pecado' (Rm 8,3) para condenar el pecado y, despu?s de haberlo condenado, excluirlo completamente del g?nero humano. Llam? al hombre a la semejanza consigo mismo, lo hizo imitador de Dios, lo encamin? en el camino indicado por el Padre para que pudiese ver a Dios, y le diese en don al mismo Padre? (III, 20, 2-3).?

Nos aparecen algunas ideas preferidas de san Ireneo, que Dios con el Ni?o Jes?s nos llama a la semejanza consigo mismo. Vemos c?mo es Dios. Y as? nos recuerda que deber?amos ser semejantes a Dios. Y que debemos imitarlo. Dios se ha entregado, Dios se ha entregado en nuestras manos. Debemos imitar a Dios. Y finalmente la idea de que as? podemos ver a Dios. Una idea central de san Ireneo: el hombre no ve a Dios, no puede verlo, y as? est? en la oscuridad sobre la verdad,sobre s? mismo. Pero el hombre, que no puede ver a Dios, puede ver a Jes?s. Y as? ve a Dios, as? empieza a ver la verdad, as? empieza a vivir.

El Salvador, por tanto, viene para reducir a la impotencia la obra del mal y todo aquello que a?n puede mantenernos alejados de Dios, para restituirnos al antiguo esplendor y a la paternidad primitiva. Con su venida entre nosotros, ?l nos indica y nos asigna tambi?n una tarea: precisamente la de ser semejantes a ?l y de tender a la verdadera vida, de llegar a la visi?n de Dios en el rostro de Cristo. De nuevo san Ireneo afirma: ?El Verbo de Dios puso su morada entre los hombres y se hizo Hijo del hombre, para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a poner su morada en el hombre seg?n la voluntad del Padre. Por esto, Dios nos dio como 'signo' de nuestra salvaci?n a aquel que, nacido de la Virgen, es el Enmanuel? (ibidem). Tambi?n aqu? hay una idea central muy bella de san Ireneo: tenemos que acostumbrarnos a percibir a Dios.Dios est? normalmente alejado de nuestra vida, de nuestras ideas, de nuestro actuar. Ha venido junto a nosotros y tenemos que acostumbrarnos a estar con Dios. Y, audazmente, Ireneo se atreve a decir que tambi?n Dios tiene que acostumbrarse a estar con nosotros y en nosotros. Y que Dios quiz?s deber?a acompa?arnos en Navidad, acostumbrarnos a Dios, como Dios se tiene que acostumbrar a nosotros, a nuestra pobreza y fragilidad. La venida del Se?or, por ello, no puede tener otro objetivo que el de ense?arnos a ver y a amar los acontecimientos, el mundo y todo lo que nos rodea, con los mismos ojos de Dios. El Verbo hecho ni?o nos ayuda a comprender el modo de actuar de Dios, para que seamos capaces de dejarnos transformar cada vez m?s por su bondad y por su infinita misericordia.

En la noche del mundo, dej?monos a?n sorprender e iluminar por este acto de Dios, que es totalmente inesperado: Dios se hace Ni?o. Dej?monos sorprender, iluminar por la Estrella que inund? de alegr?a el universo. Que el Ni?o Jes?s, al llegar a nosotros, no nos encuentre sin preparar, empe?ados solo a hacer m?s bella y atrayente la realidad exterior. Que el cuidado que ponemos en hacer m?s resplandecientes nuestras calles y nuestras casas nos impulse a?n m?s a predisponer nuestra alma para encontrarnos con Aquel que vendr? a visitarnos. Purifiquemos nuestra conciencia y nuestra vida de lo que es contrario a esta venida: pensamientos, palabras, actitudes y obras, impuls?ndonos a hacer el bien y a contribuir a realizar en este mundo nuestro la paz y la justicia para todo hombre y a caminar as? al encuentro del Se?or.

Signo caracter?stico del tiempo navide?o es el bel?n. Tambi?n en la Plaza de San Pedro, seg?n la costumbre, est? casi preparado y se asoma idealmente sobre Roma y sobre el mundo entero, representando la belleza del Misterio de Dios que se hizo hombre y puso su tienda en medio de nosotros (cfr Jn 1,14). El bel?n es expresi?n de nuestra espera, de que Dios se acerque a nosotros, de que Jes?s se acerque a nosotros, pero tambi?n de la acci?n de gracias a Aquel que decidi? compartir nuestra condici?n humana, en la pobreza y en la sencillez. Me alegro porque permanece viva, e incluso se est? redescubriendo, la tradici?n de preparar el bel?n en las casas, en los lugares de trabajo, en los lugares de encuentro. Que este testimonio genuino de fe cristiana pueda ofrecer tambi?n hoy para todos los hombres de buena voluntad un icono sugerente del amor infinito del Padre hacia todos nosotros. Que los corazones de los ni?os y de los adultos puedan a?n sorprenderse ante ?l.

Queridos hermanos y hermanas, que la Virgen Mar?a y san Jos? nos ayuden a vivir el Misterio de la Navidad con gratitud renovada al Se?or. En medio de la fren?tica actividad de nuestros d?as, que este tiempo nos d? un poco de calma y de alegr?a y nos haga tocar con la mano la bondad de nuestro Dios, que se hace Ni?o para salvarnos y dar nuevo aliento y nueva luz a nuestro camino. Este es mi deseo para una santa y feliz Navidad: lo dirijo con afecto a todos vosotros aqu? presentes, a vuestros familiares, en particular a los enfermos y a los que sufren, como tambi?n a vuestras comunidades y a vuestros seres queridos.

[En espa?ol dijo]

Saludo a los grupos de lengua espa?ola, en particular a los peregrinos de Alange y C?rdoba, as? como a los dem?s fieles provenientes de Espa?a, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Deseo a todos una feliz Navidad y os invito a preparar vuestro coraz?n para recibir al Ni?o Jes?s. Que la Virgen Mar?a y San Jos? nos ayuden a vivir el Misterio de este tiempo santo con renovada gratitud al Se?or, ofreciendo a los dem?s paz y alegr?a. Muchas gracias.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 17:51  | Habla el Papa
 | Enviar