Lunes, 17 de enero de 2011

Mensaje de los Obispos de la Comisi?n Episcopal para las Relaciones Interconfesionales con motivo de la Semana de oraci?n por la Unidad de los Cristianos, recibido con los materiales para su celebraci?n del 18-25 de enero de 2011.?

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"Unidos en la ense?anza de los ap?stoles..." (Hech 2,42)

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La Iglesia madre de Jerusal?n, ideal de comuni?n eclesial

1 Desde que san Lucas en el libro de los Hechos de los Ap?stoles presentara la comuni?n como una caracter?stica de la primitiva comunidad cristiana, la Iglesia de Jerusal?n ha atra?do siempre las miradas de todas las Iglesias del mundo como ideal eclesial.

San Lucas nos ha transmitido una cr?nica de la vida de la Iglesia madre que propone a todas las Iglesias, pero el evangelista no ha ocultado que en esa Iglesia surgieron ya desde el principio tensiones, pues ?al crecer el n?mero de los disc?pulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atend?a a sus viudas? (Hech 6,1).? Estas quejas dieron ocasi?n a que los Doce instituyeran el ministerio del diaconado.

Despu?s, en la medida en que se extend?a la predicaci?n y crec?a la Iglesia en los pa?ses gentiles, se originaron nuevas tensiones entre los jud?os partidarios de que los paganos convertidos a Cristo observaran la ley de Mois?s y los que, con Pablo a la cabeza, consideraban que someter a los nuevos cristianos a la circuncisi?n era tanto como atribuir a la ley mosaica la salvaci?n que s?lo Cristo pod?a dar. El libro de los Hechos da cuenta de c?mo el Esp?ritu Santo fue haciendo patente a la comunidad apost?lica el car?cter universal e irrevocable de la salvaci?n, defendido ya sin ambages por Pedro, quien dice en casa del centuri?n romano Cornelio: ?Pues, si Dios les ha dado a ellos [a los gentiles] el mismo don que a nosotros, por haber cre?do en el Se?or Jesucristo, ?qui?n era yo para oponer a Dios?? (Hech 11,17).

La controversia, sin embargo, prosigui? agravada por la dura campa?a de los judaizantes contra los cristianos nuevos no circuncidados, lo que provocar?a la reuni?n de los Ap?stoles y los presb?teros en Jerusal?n, con miras a resolver la controversia y pacificar las tensiones. El llamado primer concilio de la historia de la Iglesia consider? necesario resolver mediante decreto las divisiones surgidas en las comunidades cristianas, confirmando la mediaci?n ?nica de la salvaci?n en Cristo y la obligatoriedad de evitar esc?ndalos entre los jud?os respetando ciertos rituales de pureza, con la observaci?n final del decreto: ?Hemos decidido, el Esp?ritu Santo y nosotros, no imponeros m?s cargas que las indispensables?? (Hech 15,28).

Esta mediaci?n de los Ap?stoles y presb?teros, ejercida con la autoridad de Cristo como maestros de la fe, con ?nimo de salvaguardar la unidad eclesial entre los disc?pulos enfrentados, caracteriza el ministerio apost?lico, prolongado en la Iglesia en el ministerio de Pedro y de los obispos al servicio de la unidad de la Iglesia.

San Lucas presenta al comienzo del libro de los Hechos la comuni?n eclesial de Jerusal?n como ideal realizado en la Iglesia matriz de todas las Iglesias, transmisora sin defecto de la revelaci?n divina mediante la predicaci?n apost?lica. Este ideal pudo hacerse realidad gracias a la fidelidad de la Iglesia madre a la ense?anza apost?lica. La Iglesia de Jerusal?n, comuni?n en la que se realiza la Iglesia universal, precede a todas las Iglesias locales surgidas de la predicaci?n apost?lica. As? lo recordaba en su d?a la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe al afirmar: ?De esta Iglesia, nacida y manifestada universal, tomaron origen todas las Iglesias locales, como realizaciones particulares de esa ?nica y una Iglesia de Jesucristo. Naciendo en y a partir de la Iglesia universal, en ella y de ella tienen su propia eclesialidad? (Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comuni?n ?Communionis notio? [28 mayo 1992], n.II/n.7).

Un Octavario para volver la mirada hacia la Iglesia de Jerusal?n

Para restaurar la unidad en la verdad revelada

2 El lema del Octavario elegido para este a?o ha sido tomado del ideal de comuni?n eclesial de la Iglesia madre de Jerusal?n y nos obliga, por esto mismo, a detenernos en los elementos que articulan esta unidad eclesial de la Iglesia universal como Iglesia madre: la fidelidad a la ense?anza apost?lica, la comuni?n existente entre los miembros de? la congregaci?n eclesial, en la fracci?n del pan y en las oraciones. La quiebra de alguno de estos elementos resulta atentatoria contra la comuni?n eclesial, de ah? que el Octavario sea tiempo propicio para mirar hacia Jerusal?n y reforzar la voluntad de fidelidad a la predicaci?n apost?lica como medio de aproximaci?n y camino hacia la unidad en la verdad revelada.

La Iglesia una y santa de Cristo nunca ha dejado de guardar fidelidad a su Se?or y Esposo, pues Cristo se ha entregado por ella y ?no puede dejar de ser santa? (LG, n.39), a pesar de las infidelidades de muchos de sus miembros (cf. GS, n.43). Por eso, aun cuando la Iglesia se encuentre con no pocos sufrimientos y dificultades, tanto exteriores como interiores, para llevar al mundo el mensaje evang?lico, cuenta con la fortaleza que le infunde su Se?or para ?revelar en el mundo el misterio de Cristo aun bajo sombras, pero con fidelidad hasta que al final se manifieste la luz? (LG, n.8).

Esta fidelidad de la Iglesia a la verdad evang?lica se manifiesta en la continuidad a lo largo del tiempo de la tradici?n de fe (?traditio fidei?), siempre id?ntica en su verdad aun cuando se hayan ido sucediendo formulaciones diversas que han obedecido a la voluntad de la Iglesia de expresar mejor la fe apost?lica frente al error y las desviaciones surgidas en la historia de la Iglesia. Algo que el Esp?ritu Santo hace posible por su presencia y acci?n en la Iglesia mediante el ministerio de los Ap?stoles, que recibieron de Cristo la revelaci?n divina. La fidelidad a la ense?anza de los Ap?stoles de la comunidad eclesial de Jerusal?n la mantuvo en la comuni?n eclesial, que los Ap?stoles confiaron a sus sucesores, los obispos, dej?ndoles su cargo en el magisterio, como dice san Ireneo y recuerda el Vaticano II (San Ireneo de Ly?n, Adv. haer. III 3,1: PG 7,848; cf. DV, n.7).

Con la ayuda inestimable del ?di?logo de la caridad? y la oraci?n, que purifican la memoria hist?rica

3 La unidad visible de la Iglesia como meta del ecumenismo pretende la total convergencia de las Iglesias cristianas en la misma inteligencia de la fe apost?lica, pero a esta convergencia ayuda sobremanera la comuni?n de los corazones que practica el di?logo de la caridad, mediante el cual los cristianos manifiestan su voluntad sincera de llegar a compartir los bienes de la salvaci?n acogi?ndose mutuamente, en tanto llega la meta deseada de la comuni?n eucar?stica, como miembros del cuerpo m?stico de Cristo que es su Iglesia, por haber sido bautizados en el ?nico y mismo bautismo que los ha hecho cristianos.

M?s a?n, esta voluntad de plena convergencia en la fe que les abrir? el acceso a la misma celebraci?n eucar?stica, realizaci?n plena de la comuni?n eclesial, les ha ido franqueando el camino a la oraci?n en com?n, que es una de las notas distintivas que caracterizaba a la comuni?n de la Iglesia madre de Jerusal?n. La oraci?n ecum?nica tiene precisamente en el Octavario una expresi?n tan genuina y singular que todas las comunidades cristianas est?n llamadas a secundarla, movidas por el prop?sito ecum?nico que le dio origen, practicando durante esta Semana de oraci?n por la unidad de los cristianos la purificaci?n de la memoria. El Octavario nos ayudar?, un a?o m?s, a revisar y relativizar, en aras de la unidad de la Iglesia, la herida que ha dejado en las comunidades cristianas la divisi?n que nos aparta de la voluntad de Cristo.

4 Durante el Octavario es muy conveniente la oraci?n ecum?nica interconfesional, pero tambi?n la oraci?n de cada comunidad confesional suplicando de Dios la restauraci?n de la unidad visible de la Iglesia. Para ello sirven de orientaci?n, siempre con la posibilidad de adaptaci?n a cada comunidad cristiana, en particular a las comunidades parroquiales y conventuales, los guiones aprobados por la Comisi?n de Fe y Constituci?n y el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. Estos guiones han sido elaborados para el a?o 2011 por representantes de las Iglesias cristianas presentes en Jerusal?n, reunidos en el monasterio de Saydnaya (Siria), acogidos a la hospitalidad de Su Beatitud el Patriarca greco-ortodoxo de Antioqu?a. En la confecci?n de los guiones han tomado parte miembros de la Iglesia cat?lica, tanto del Patriarcado latino como de otras Iglesias diocesanas occidentales, de la Iglesia evang?lica luterana en Jordania y en Tierra Santa, de la Iglesia episcopal de Jerusal?n y Oriente Medio,? del Patriarcado greco ortodoxo de Jerusal?n y siro-ortodoxo de Antioqu?a, de la Iglesia ortodoxa armenia y de la Iglesia melquita cat?lica.

Ayudar a la Iglesias presentes en Tierra Santa

5 El que este a?o hayan sido las Iglesias de Tierra Santa las que han confeccionado los guiones ha sido motivado por el deseo y el deber que todos los cristianos tenemos de ser conscientes de la necesidad de mantenernos unidos a las Iglesias cristianas de la Palestina hist?rica, particularmente presentes en la ciudad santa de Jerusal?n. Todas ellas est?n cada vez m?s empe?adas en una colaboraci?n estrecha a favor de las causas que son comunes a todos los cristianos, por ser expresi?n de la caridad de Cristo. Entre estas causas, es urgente la unidad de acci?n de los cristianos a favor de dos particularmente urgentes: la paz entre las diversas comunidades religiosas y la asistencia material y espiritual a los cristianos de Tierra Santa.

Jerusal?n, ciudad santa para jud?os y musulmanes que se consideran descendencia de Abrah?n, no lo es menos para los cristianos, que nos consideramos herencia espiritual de Abrah?n, constituido por la fe en ?padre de muchos pueblos? (cf. Rom 4,13-17). Por esto las Iglesias hemos de ayudar y sostener a los cristianos que sufren a causa de las diferencias pol?ticas que separan a jud?os y musulmanes, dando origen a una espiral permanente de violencia en Tierra Santa, escenario hist?rico y temporal donde por designio divino aconteci? la historia de nuestra salvaci?n en Cristo.

Este sost?n y fraternal ayuda ser? tanto m?s eficaz si todos apoyamos la presencia de la Iglesia Cat?lica y de las dem?s Iglesias cristianas en Jerusal?n socorriendo a los cristianos que habitan Tierra Santa. Contribuyendo al sost?n de los cristianos de Tierra Santa, evitaremos su abandono por parte de los cristianos que all? nacieron y all? viven pero para los que no es f?cil mantener trabajo y familia en un clima de inseguridad, v?ctimas de una violencia que no parece acabar. Con nuestra ayuda nos acercaremos al ideal de comuni?n que se alimenta tambi?n en la comuni?n de bienes, a la cual nos invita el libro de los Hechos: ?Los creyentes viv?an todos unidos y todo lo ten?an en com?n (?) y lo repart?an entre todos seg?n la necesidad de cada uno? (Hech 2,44).

6 Los cat?licos hemos de poner el mayor inter?s en sostener tanto los centros cat?licos de investigaci?n b?blica, arqueol?gica y teol?gica, a los que la Santa Sede y los Episcopados de los pa?ses cat?licos vienen prestando importante ayuda, como los centros ecum?nicos, viva expresi?n de la colaboraci?n entre las Iglesias locales y las Iglesias del mundo entero. La Congregaci?n para las Iglesias Orientales nos viene recordando cada a?o la necesidad e importancia de sostener sin desmayo las comunidades cristianas de Tierra Santa y las diversas instituciones y comunidades religiosas que nos vinculan con particular afecto fraternal a las Iglesias de rito bizantino y a las Iglesias orientales antiguas que se hallan en plena comuni?n con el Santo Padre, sin descuidar la fraternal relaci?n con las dem?s Iglesias y Comunidades cristianas presentes en Tierra Santa y particularmente en Jerusal?n. Algo que requiere la estrecha colaboraci?n ecum?nica de todos los cristianos, para salvaguardar la libertad de movimientos fortaleciendo la paz religiosa entre las comunidades cristianas, y superando viejas oposiciones.

En este sentido, es de la mayor importancia mantener y promover las peregrinaciones a los Santos Lugares tanto de los cat?licos como de los cristianos de otras confesiones. Las peregrinaciones, adem?s de una pr?ctica de piedad cristiana muy apreciable, son un medio inestimable para proteger los lugares elegidos por designio divino como escenario de la salvaci?n, muchos de ellos confiados por el Papa a la Custodia franciscana, que trabaja en su mantenimiento y promoci?n con esfuerzo y generosa entrega. Son tambi?n expresi?n y medio de la presencia que corresponde por derecho y por historia a los cristianos en Tierra Santa, al amparo del derecho fundamental al ejercicio pleno de la libertad religiosa y del derecho internacional.

7 A causa del conflicto existente en Tierra Santa, cobra particular importancia el di?logo interreligioso, ?que tiene tambi?n importantes repercusiones ecum?nicas gracias a los miembros de las distintas Iglesias que trabajan juntos. En este di?logo, hacen colectivamente la experiencia de la necesidad de superar los desacuerdos y controversias del pasado y de encontrar una nueva lengua com?n para poder dar testimonio del mensaje evang?lico en una actitud de respeto mutuo (?) Est?n dispuestos a colaborar con los musulmanes y los jud?os creyentes para preparar las v?as del di?logo y de una soluci?n justa y duradera a un conflicto en el que con demasiada frecuencia se ha usado y abusado de la religi?n. En vez de participar en el conflicto, la verdadera religi?n debe contribuir a solucionarlo.? (Pontificio Consejo para la Promoci?n de la Unidad de los Cristianos / Comisi?n ?Fe y Constituci?n? del Consejo Mundial de las Iglesias, ed., Oraci?n por la unidad de los cristianos 2011 ?Unidos en la ense?anza? (Hech 2,42)?, Madrid: Edice 2010, p. 46).

El bautismo com?n que nos injerta en Cristo y nos une

8 Esta colaboraci?n de las Iglesias de Tierra Santa no obedece s?lo a la necesidad de una estrategia de unas minor?as religiosas cristianas ante las mayor?as jud?a y musulmana. Esta colaboraci?n es tambi?n el resultado de una misma conciencia de unidad en Cristo de los cristianos, a los cuales une el mismo bautismo. Los progresos alcanzados por el di?logo teol?gico interconfesional han hecho posible el mutuo reconocimiento de la eclesialidad de la Iglesia Cat?lica y de las ?Iglesias hermanas? orientales y bizantinas. A ello se suma? la progresiva b?squeda de convergencia en la fe en la acci?n salv?fica de Dios que llega a los creyentes en Cristo mediante el bautismo, la Eucarist?a y el Ministerio. Esta convergencia deseada en aras de la restauraci?n visible de la unidad cristiana tiene un instrumento apreciable, de indudables resultados, en el di?logo teol?gico y el di?logo de la caridad. Todo ello ha contribuido a que la aproximaci?n de las Iglesias cristianas presentes en Tierra Santa hayan visto c?mo el Esp?ritu Santo las ha ido conduciendo a un rec?proco aprecio y colaboraci?n de beneficiosos efectos para el testimonio evang?lico de los cristianos ante los otros credos religiosos y ante quienes han perdido la fe en la misi?n divina de la Iglesia.

9 Gracias a este mutuo respeto y reconocimiento entre las Iglesias y Comunidades eclesiales cristianas, tambi?n aqu?, entre nosotros, hemos podido dar un significativo paso hacia la unidad visible de la Iglesia, mediante el rec?proco reconocimiento de nuestro bautismo en Cristo, que nos une y nos agrega a la Iglesia una y santa de Cristo. Con la ayuda de Dios la Conferencia Episcopal Espa?ola y la Iglesia Espa?ola Reformada Episcopal han llegado a la Declaraci?n com?n ?Confesamos un solo bautismo para el perd?n de los pecados?, la cual fue aprobada por la Asamblea plenaria de la Conferencia en la sesi?n de oto?o del presente a?o.

Esta declaraci?n de reconocimiento rec?proco del bautismo ser? ratificada pr?ximamente. Damos gracias a Dios porque aviva y acrece en nosotros con renovado esp?ritu la labor ecum?nica, llam?ndonos a dar testimonio de la fe com?n en la salvaci?n que Dios realiza en cuantos creen en Cristo en el santo sacramento del bautismo.

10? Invitamos a todos los cat?licos a acoger el nuevo Octavario por la unidad de la Iglesia que celebraremos en enero de 2011, un a?o m?s de gracia que el Se?or nos otorga para su gloria y nuestra salvaci?n. Deseamos vivamente que la fraterna solidaridad con los cristianos de Tierra Santa acreciente nuestra conciencia y deseo de alcanzar la anhelada comuni?n eclesial, que se levanta sobre la com?n fidelidad a las ense?anzas de los Ap?stoles y a la participaci?n en los bienes de la salvaci?n que nos llegan por medio de esta comuni?n, en la cual la Iglesia madre de Jerusal?n desempe?? en los or?genes de la predicaci?n apost?lica una singular misi?n en la plantaci?n universal de la Iglesia.

Con nuestro fraternal nuestro saludo y bendici?n, unidos en la oraci?n por la unidad de los cristianos.

Madrid, el 6 de enero de 2011
En la solemnidad de la Epifan?a del Se?or

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+ Adolfo Gonz?lez Montes
?Obispo de Almer?a, Presidente de la Comisi?n Episcopal de Relaciones Interconfesionales
+ Rom?n Casanova y Casanova, Obispo de Vic
+ C?sar A. Franco Mart?nez, Obispo auxiliar de Madrid
+ Jos? Di?guez Reboredo, Obispo em?rito de Tui-Vigo

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Publicado por verdenaranja @ 19:16  | Hablan los obispos
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