Jueves, 20 de enero de 2011

Alocuci?n televisiva de monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa ?Claves para un mundo mejor? (25 de diciembre de 2010). (AICA)

NAVIDAD: ADMIRACI?N, ALEGRIA Y ESPERANZA ???????

?Qu? sentimientos, qu? actitudes, corresponde exhibir ante el gran misterio que hoy celebramos, la Navidad del Se?or?.

En primer lugar se me ocurre que corresponde un sentimiento de admiraci?n. Pensemos que significa la Navidad: que Dios se ha hecho hombre, que ha nacido como hombre, que ha sido ni?o, que ha recorrido todas las etapas de la vida humana.

Jesucristo ha sido un embri?n en el seno de Mar?a Sant?sima, formado por la acci?n del Esp?ritu Santo. Ha nacido virginalmente de Ella. Ha sido ni?o, ha sido adolescente y ha llegado a la adultez, a la plena edad de la madurez humana, capaz de entregarse libremente por nosotros y ofrecernos, atravesando la muerte, desde la gloria de la resurrecci?n, un futuro definitivo para la humanidad.

Entonces lo primero es admiraci?n, porque Dios pod?a haber hecho las cosas de otro modo. Sabemos que la finalidad del nacimiento temporal de Jes?s ha sido nuestra salvaci?n, que nosotros lleguemos a ser hijos de Dios en virtud de ese intercambio admirable entre lo divino y lo humano. Dios ha tomado lo que no era de s? mismo ?lo explica San Agust?n- y nos ha dado lo que nosotros no ?ramos de nosotros mismos. Nos ha dado la comunicaci?n de su vida divina. Por eso lo primero es admiraci?n.

En segundo lugar, consiguientemente, la navidad es causa de alegr?a porque hemos sido privilegiados de este modo. Al hacerse hombre, el Hijo de Dios manifiesta el amor del creador por su criatura y exalta su dignidad. Ante todo se justifica la alegr?a.

Porque Cristo nos ha comunicado esa vida sobrenatural que empieza con la gracia y nos acompa?a durante nuestra existencia temporal para eclosionar en la vida eterna.

El gozo de la Navidad tiene que marcar, de suyo, para siempre, la vida del cristiano, como el sustrato espiritual que nos hace posible vivir con serenidad y fortaleza las tristezas, los dolores y las tragedias de la vida.

Pero tambi?n si miramos la escena de la Navidad, el Pesebre de Bel?n, vemos all? una lecci?n de sobriedad: Cristo elige nacer en la pobreza, en un lugar prestado, en un contexto que es inequ?voco al respecto.

La sobriedad corresponde, en realidad a la medida humana, a la condici?n creatural del hombre. Pero tuvo que ense?arnos? esto el Dios humilde, que nos enriqueci? con su pobreza y nos hizo comprender qu? es lo mejor. Si Dios se ha humillado as?, ?por qu? vamos a exaltarnos indebidamente, olvidando nuestra nativa peque?ez y nuestra condici?n de pecadores? Mirando el pesebre, las cosas humanas aparecen en su verdadera dimensi?n. Tendr?amos que cambiar el enfoque y el juicio que hacemos sobre tantas cosas y muchas de nuestras valoraciones de personas y acontecimientos.

Y, por ?ltimo, la Navidad suscita en nosotros un sentimiento de esperanza. Si bien esta Navidad, y cada Navidad, nos muestra un mundo de luces y sombras, pruebas que llegan hasta el l?mite de lo soportable, los cristianos despu?s de la Encarnaci?n de Dios tenemos que vivir en la esperanza. Si Dios se ha ocupado de esa manera de nosotros, ?c?mo no va a escuchar nuestras plegarias, c?mo no nos va a asistir en nuestros problemas, como no nos va a ayudar para que podamos abrirnos el camino!. Pero eso depende de que con la esperanza estemos pendientes de su misericordia, de su amor. Lo que nos muestra la Navidad es que Dios am? tanto al mundo que entreg? a su Hijo.

Despu?s de esto solo me queda decirles: ?Feliz Navidad! Que podamos efectivamente gozar de esta Navidad y que comprendamos que, de alguna manera, todos los d?as del a?o pueden ser Navidad si reconocemos esta visita que Dios nos ha hecho para quedarse definitivamente con nosotros.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 22:26  | Hablan los obispos
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