Jueves, 20 de enero de 2011

Homil?a de monse?or Oscar Sarlinga, obispo de Z?rate-Campana, en la Nochebuyena (Iglesia concatedral de la Natividad del Se?or, Bel?n de Escobar, 24 de diciembre de 2010). (AICA)

NOCHEBUENA DE 2010????????

?I LA LUZ RENACIENTE PARA ILUMINAR NUESTRA SOCIEDAD ACTUAL

La nuestra es una humanidad y una sociedad en la que no faltan luces, causales de un sano optimismo (que hemos de basar en la virtud y en el don de la esperanza), aunque tambi?n existen motivos de obscurecimiento, de ?ndole moral, cultural, socioecon?mica, y, en nada menor, espiritual. Hoy es Nochebuena, es la noche m?s buena porque v?spera del Nacimiento, la Natividad o Navidad, ocasi?n para clamar, para ?anunciar? (Cf. Lc. 4, 18, ss) que ??ste es el d?a que hizo el Se?or,? y que por eso, nos alegramos y regocijamos? (Cf Ps. 117, 24).? Es el Nacimiento del Se?or Jesucristo, que nos trae con toda la fuerza de su verdad, de su gracia, el mensaje y la realidad de liberaci?n, en primer lugar, liberaci?n del pecado y sus consecuencias. Liberaci?n, por ende, de nuestras obscuridades, de toda angustia, de toda zozobra, liberaci?n que lo es, al mismo tiempo, de los l?mites autocomplacientes con los que podr?amos congratularnos, y que nos har?an permanecer en una c?moda mediocridad, en el orden espiritual y en todos los ?mbitos de la vida. La Luz, que brilla en las tinieblas (Cf Jn 1,5) renaciente en nuestros corazones ha venido, en cambio, para iluminar nuestras vidas personales y nuestra sociedad actual.

Es Navidad, realidad a la vez humilde e inmensa, humana y divina. La ?nica Persona del Verbo une dos naturalezas, la divina y la humana. Esta ?ltima, hecha a imagen de la divina (Cf. Gen. 1, 26-27). La divina, eterna, infinita. El ni?o nacido, en su misma humanidad, es tambi?n imagen inefable, inenarrable de Dios invisible (Cf Col. 1, 15; 2 Cor. 4, 4). En su divinidad, es Dios que se hizo Hombre. Se trata aqu?, fij?monos, del inefable misterio del Ni?o nacido, Hombre y Dios, como lo expresa San Agust?n: ?natus est Christus (. . .) de Patre, Deus; de Matre, homo?, ha nacido Cristo; de Padre, Dios, de Madre, hombre, de modo tal que ?l viene a nosotros como fuente y culmen de nuestra historia humana, uniendo lo celestial y lo terreno (Cf Ef. 1, 10) y d?ndonos, as?, pleno acceso a la salvaci?n (Cf Lc. 3, 6).

El Papa Benedicto XVI, en una homil?a navide?a en el a?o 2001, en que se refiri? a San Gregorio di Nissa y a San Anselmo de Canterbury, desarroll? el tema a partir de un vers?culo del evangelio de Juan: ?Puso su tienda en medio de nosotros? (Jn 1,14), y explicaba c?mo San Gregorio aplicaba esta palabra de la ?tienda? a nuestro cuerpo (y a nuestro esp?ritu) expuesto al dolor y al sufrimiento, y San Anselmo lo aplicaba asimismo al cosmos, al mundo, lacerado por el pecado del hombre. Fue la ocasi?n para que el Papa aludiera a este mundo nuestro, herido tambi?n por el abuso de las energ?as, por la explotaci?n indiscriminada de ?stas, por la contaminaci?n y por todo lo que arruina la armon?a, el equilibrio, la belleza y la salud de la naturaleza. Ser? ?sta una renovada ocasi?n de meditar en cuidar ?la Casa grande? en la que vivimos, nuestro mundo de hoy, y de cuidar particularmente de cada uno de nuestros hermanos y hermanas. Es cuidar de recuperar nuestra dignidad, cada d?a.??

II RENACER, DESPERTARSE, LEVANTARSE, RECIBIR UN IMPULSO RENOVADO POR LA LUZ DE NAVIDAD

Necesitamos un impulso ?renovador desde dentro?, verdaderamente liberador. Como cristianos, una somnolencia nos puede afectar, incluso acosar, dir?amos. A esa somnolencia a la que nos referimos, puede sucederle el letargo, e incluso la postraci?n (causada casi siempre, y en el fondo, por el miedo). Necesitamos un impulso renovador, y queremos recibirlo en fidelidad a la Iglesia, en comuni?n dentro de ella, con el Papa, Obispo de Roma y sucesor de San Pedro, el cual "(?) es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los Obispos como de la muchedumbre de los fieles" y con todos nuestros hermanos y hermanas. Lo que necesitamos es un impulso nuevo capaz de crear ?tiempos nuevos de evangelizaci?n? (y civilizaci?n), arraig?ndonos, como Iglesia que somos, todav?a m?s en la fuerza prof?tica y poder perennes de Pentecost?s, para ser de verdad ?un solo coraz?n y una sola alma? (Cf Hech. 4, 32).??

En tanto Iglesia particular de Z?rate-Campana nos hemos puesto como gran meta el afianzar la herencia del Gran Jubileo por el que entramos en el IIIer. Milenio, puesto nuestro coraz?n en Jesucristo, el que hace ?nuevas todas las cosas? (y a cuyo Coraz?n hemos consagrado la di?cesis el 9 de mayo de 2009 en la iglesia concatedral de Bel?n de Escobar). Lo haremos s?lo si somos humildes y si estamos dispuestos al desaf?o de la unidad. Ese ?sentir con la Iglesia? ha sido comprendido en nuestro Plan Pastoral, conscientes de la esencial necesidad, sobre todo, de vivir m?s y mejor el Evangelio de Jesucristo, porque s?lo as? viviremos la ?novedad? perenne del Evangelio.? A este respecto, Benedicto XVI nos refer?a, en su enc?clica ?Deus Caritas est?: "(?) ahora nos toca recoger la herencia jubilar, tomar conciencia de que lo importante no es tanto hacer "programas nuevos", sino vivir la novedad permanente del evangelio...".? Para realizarlo, hay que despertar de la somnolencia que puede afectarnos, siguiendo la exhortaci?n, hoy m?s viva que nunca, de San Agust?n: ?Despi?rtate, hombre, porque por ti Dios se hizo hombre?.? Despertarse y levantarse, para ponerse a caminar; lejos de nosotros la ?postraci?n espiritual?, es tiempo de caminar.

III LA B?SQUEDA DEL NI?O QUE HA NACIDO HACE RENACER EN LA IGLESIA EL ?CORAZ?N MISIONAL?

El Amor que surge del Coraz?n de Cristo nos asocia a nosotros, como hermanos y hermanas, en la gran familia humana amada y salvada por ?l, que es la Iglesia, en la cual puede y debe nacer ?una nueva manera de ser como seres humanos?, pues hemos sido hechos hijos de Dios, y por consiguiente ?hermanos?. ?Qu? necesidad hay del odio, de la intriga, de la violencia, o del indeferentismo?. Nuestras familias, nuestra sociedad, merecen una renovaci?n obrada por el Amor; los m?s pobres y excuidos, los enfermos, los necesitados, los que han perdido el sentido de la vida y de la aut?ntica felicidad, tambi?n lo merecen. Si a la Iglesia la cimienta Cristo mismo con su Amor, podemos y debemos esperar que un mundo mejor va a renacer, y, de hecho, en cierto sentido nace cada d?a; tengamos esperanza.? Tengamos realismo y esperanza, puesta en obra, esta ?ltima, para un humanismo trascendente, digno de Dios y digno del hombre, que abrace a todos y a cada uno en una gran fraternidad, en la justicia largamente esperada, en la amistad social.

Para nosotros que somos fieles de Cristo, si queremos contribuir, colaborar a la profunda renovaci?n que conlleva ese humanismo trascendente, es preciso asumir, como nos ense?aba la inolvidable exhortaci?n Evangelii Nuntiandi, que "(?) no hay humanidad nueva si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida seg?n el Evangelio. La finalidad de la evangelizaci?n es por consiguiente este cambio interior y, si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor ser?a decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos est?n comprometidos, su vida y ambiente concretos".

En esa l?nea, el ?coraz?n misional? de la Iglesia tiene particularmente en Navidad un objetivo: mostrar d?nde est? el Pesebre, con el ?Ni?o que nos ha nacido?, para, desde all?, colaborar a la transformaci?n de los corazones, primero, y de la sociedad actual. ?Obst?culos existen?. Muchos, hay muchos obst?culos que son manifiestos, pero el m?s importante de ellos no siempre lo es tanto, tan manifiesto, digo, y se trata de la soberbia, personal, o, en cierto sentido, grupal o colectiva. En esto hemos de mirarnos nosotros mismos, bien dentro, pues puede anidar en repliegues interiores de nuestro esp?ritu. Por el contrario, la humildad nos corrige de esa falla fundamental, la cual impide a quien la padece (o la cultiva) el lograr ese encuentro con? ?Cristo Revelador?, quien se manifiesta a los humildes de coraz?n y a aqu?llos que lo buscan movidos interiormente por el Esp?ritu de Amor.

Consideremos c?mo se manifest? el Salvador del mundo, con humildad, casi sin que los hombres de su tiempo lo advirtieran, como si hubiera querido que, inspirados quienes lo esperaban como por un movimiento interior, hubieran tenido que ?ponerse a buscarlo?. Para buscar al Ni?o peque?o y para encontrarlo, era preciso ?inclinarse?, como lo hicieron los ?anawim?, los ?pobres de Yahweh?, en lenguaje b?blico. El inclinarnos para encontrar el supremo Bien -en este sentido b?blico mencionado- nos da dignidad, nos dignifica, lejos de constituir una abajadora indignidad o sujeci?n. Si nos ponemos a su b?squeda, aunque de entrada no lo divisemos, el Ni?o nos saldr? al encuentro, nos tomar? de la mano y nos conducir?, incluso como a la oveja perdida, si es necesario (Cf Lc. 15, 5). Nos conducir? al redil de su justicia y su felicidad, si confiamos en ?l, tengamos fe y confianza en dejarnos guiar. El Ni?o se har? para nosotros ?Puerta de nuestra salvaci?n?,? ?Puerta de la Vida?, y ?Puerta de la Paz?, como llam? Juan Pablo II a Jesucristo en un Mensaje de Navidad.

No tengamos miedo. Es el momento, en esta Nochebuena, de hacer resonar en nuestros o?dos del alma la voz de San Pablo cuando nos dijo: ?Al?grense en el Se?or, se lo repito, ?al?grense!? (Fil 4, 4; 2, 18; 3, 1). Cre?mosle al ?ngel presente en el Pesebre, a la voz ang?lica que ha entonado el mensaje de esa inmensa alegr?a que espanta de nosotros el miedo y la postraci?n: ??No teman!. He aqu? que les anuncio una gran alegr?a, que ser? para todo el pueblo: hoy les ha nacido en la ciudad de David un salvador, que es Cristo el Se?or? (Lc. 2, 10-11).

Quiera el Se?or darnos que estas celebraciones navide?as confirmen en nosotros, como fieles cristianos, nuestra plena, cordial, amorosa y firme adhesi?n a Cristo Jes?s, el Se?or. ?Creemos en ?l!. Creemos, y le pedimos que aumente nuestra fe. ??l s?lo es nuestro Salvador y el Salvador del mundo (Cf Hech 4,12), el que naci? para nosotros (Cf Lc. 2, 11), el que vino por cada uno de nosotros (Cf Gal. 2, 20).??

PONEMOS NUESTRA RENOVADA NATIVIDAD EN MANOS DE LA VIRGEN MADRE

A los fines de poner en las mejores manos todo lo que hemos considerado anteriormente, dej?mosle un gran lugar en nuestra vida a la intercesi?n de Aqu?lla a quien todas las generaciones llamar?n por siempre Bienaventurada, la Virgen Mar?a. S?, Bienaventurada? por haber cre?do en el cumplimiento de lo que se le hab?a dicho de parte del Se?or, por haber cre?do en Su Palabra (Cf Luc. 1, 45).

En esta Nochebuena bendita, que Mar?a, la Mujer creyente, la Madre de Dios y la Madre de la Iglesia, junto con San Jos?, nos protejan y gu?en, en estas fiestas patronales de la iglesia concatedral de Bel?n de Escobar, con augurio de bendiciones para el cercano a?o 2011, y en todos los momentos de nuestra vida.?

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Mons. Oscar Sarlinga, obispo de Z?rate-Campana?

?1. SAN AGUST?N Sermo 184: PL 38, 997
?2. BENEDICTO XVI, Homil?a en la Misa de Navidad, 24 de diciembre de 2007, Bas?lica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.?
?3. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 23.
?4. "Por consiguiente, la evangelizaci?n no puede por menos de incluir el anuncio prof?tico de un m?s all?, vocaci?n profunda y definitiva del hombre (?). La evangelizaci?n comprende adem?s la predicaci?n de la esperanza en las promesas hechas por Dios mediante la nueva alianza en Jesucristo (?) Predicaci?n, asimismo, y ?sta se hace cada vez m?s urgente, de la b?squeda del mismo Dios a trav?s de la oraci?n, sobre todo de adoraci?n y de acci?n de gracias, y tambi?n a trav?s de la comuni?n con ese signo visible del encuentro con Dios que es la Iglesia de Jesucristo" (PABLO VI, Exh. apost. postsinodal Evangelii nuntiandi, n. 28).
?5. Cf OBISPADO de Z?RATE-CAMPANA, Plan Pastoral diocesano, Introducci?n, 1: Orientaci?n fundamental del plan.?
?6. BENEDICTO XVI, Enc. Deus Caritas est, 1.
?7. SAN AGUST?N Sermo 185: PL 38, 907)
?8. Cf PABLO VI, Homil?a de Su Santidad Pablo VI, en el d?a de Navidad, Ciudad del Vaticano, 25 de diciembre de 1972.
?9. Cf. PONT. CONSEJO IUSTITIA ET PAX, Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, Introducci?n, n. 19.
?10. PABLO VI, Exh. apost. postsinodal Evangelii nuntiandi, n. 13
11. Cf Id., Homil?a en la Solemnidad de la Santa Navidad de Nuestro Se?or Jesucristo, Bas?lica de San Pedro, 26 de diciembre de 1976, Ciudad del Vaticano.
12. Cf JUAN PABLO II, Mensaje URBI ET ORBI, Navidad, 25 de diciembre de 1999

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Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Homil?as
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