Domingo, 23 de enero de 2011

Homil?a de monse?or Andr?s Stanovnik, arzobispo de Corrientes en la festividad de la Sagrada Familia (Iglesia Catedral Nuestra Se?ora del Rosario, 26 de diciembre de 2010). (AICA)

CELEBREMOS LA VIDA EN FAMILIA COMO DON Y MISI?N ??????????????

El Evangelio nos relata las circunstancias dif?ciles que atravesaron Jos?, Mar?a y el Ni?o, ante la amenaza de los poderosos: primero Herodes ?el de la matanza de los inocentes? que provoc? la huida de la Sagrada Familia a Egipto; luego, al regresar, con el peligro que representaba el hijo de Herodes, Arquelao, entonces en el poder, tuvieron que buscar refugio en una regi?n vecina. En ese contexto de inseguridad y peligro, el relato evang?lico resalta la figura de Jos?, mostrando su personalidad firme y decidida. En efecto, en medio de la persecuci?n, Jos?, esposo fiel y padre responsable, no duda en tomar al ni?o y a su madre, e irse al exilio. El texto evang?lico tambi?n destaca la familiaridad que Jos? tiene con la voz y la presencia del ?ngel. Esa familiaridad le dio una mente l?cida y una voluntad de decidida para querer lo que Dios quiere. Y Dios no quiere otra cosa que la vida y la felicidad para todas sus criaturas. Por eso, Jos? que estaba identificado con el querer de Dios, se puso a disposici?n de su voluntad para defender decididamente la vida del Ni?o y de su Madre.?

La vida: don y misi?n

El lema que la Pastoral de la familia propuso est? en perfecta consonancia con el esp?ritu de esta jornada: ?Celebremos la vida en familia como don y misi?n?. La Palabra de Dios lo ilumina a?n m?s cuando muestra a Jos?, esposo fiel y padre responsable, que cuida, defiende y respeta la vida del Ni?o y de su Madre. Para sostener y defender el derecho primario a la vida que tiene toda persona, sin excepci?n, es imprescindible reconocer a Dios ?autor y dador de la vida? como garant?a y base sobre la que se construye nuestra sociedad. Si la vida humana se redujera s?lo a un derecho individual o a un obligado producto de los propios deseos, se la convertir?a inevitablemente en un objeto para ser manipulado seg?n los intereses de los individuos. Entonces, la vida humana quedar?a sometida a la cambiante voluntad de los hombres y al inestable resultado de los consensos.

La luz de la raz?n nos dice que la vida es un don recibido y no un mero producto humano. Nadie puede darse la vida a s? mismo. Ahora bien, si el poder de dar la vida no est? en el individuo, tampoco podr?a estarlo en individuos asociados. Nadie da lo que no tiene. Por eso, es razonable pensar que si no podemos darnos la vida a nosotros mismos, la que tenemos la hemos recibido. Y la vida, como don recibido, no la podemos convertir ahora en un producto que prefabricamos a nuestro antojo. La luz de la fe le brinda a?n m?s claridad a la inteligencia, al descubrir que esa vida recibida es un don de Dios. Y por ser regalo de Dios, la vida es sagrada y como tal posee un valor incomparable.?

La vida es sagrada: le pertenece a Dios

La vida humana es sagrada porque participa de la vida de Dios. ?l nos sorprendi? con la desconcertante noticia de venir hasta nosotros y hacerse hombre. Esa paternal cercan?a de Dios se manifiesta en su Hijo Jes?s, desangrado de amor por nosotros. S?lo un Dios as? puede ayudarnos a respetar y amarnos como hermanos, y ser el fundamento para construir el matrimonio y la familia sobre la base s?lida del amor y la fidelidad. A partir de esta verdad, el ser humano y la familia humana ya no se pueden pensar ni comprender al margen de Dios. En consecuencia, todo lo que existe no es fruto del azar irracional, sino que ha sido querido por Dios, est? en sus planes, en cuyo centro est? la invitaci?n a participar en la vida divina en Cristo, afirm? el Santo Padre en su ?ltima exhortaci?n apost?lica.

Al participar de la vida de Dios, el ser humano le pertenece a ?l y a nadie m?s. Por eso, la vida humana es esencialmente vincular en todas sus dimensiones, especialmente en el momento de la vida naciente. Esa dimensi?n relacional es horizontal y al mismo tiempo vertical: horizontal, porque la engendran un var?n y una mujer; y es vertical, porque esa vida concebida no es s?lo resultado de la acci?n de ellos, sino un don de Dios y a ?l le pertenece, del mismo modo que le pertenece a ?l la vida de la madre y del padre. Cuando se deterioran o rompen estas dimensiones vinculares constitutivas de la vida humana, el individuo queda solo y aislado. Para que eso no suceda, es urgente que se aplique toda la inteligencia y se destinen los mejores recursos para ayudar a reconstruir los v?nculos fundamentales de la familia, v?nculos fundados en el amor, la fidelidad y la estabilidad de la relaci?n matrimonial entre un var?n y una mujer.

?Jos?: fiel esposo y padre responsable

La figura de san Jos? ?var?n, esposo fiel y padre responsable, que pone de relieve la Palabra de Dios? debe hacernos pensar en la vocaci?n y misi?n del var?n, esposo y padre en el contexto de la familia. Al irse demoliendo progresivamente su autoridad, se favoreci?, en gran parte, a la desintegraci?n familiar. Se habla muy poco de los deberes del padre hacia la vida engendrada, y casi nada de la autoridad paterna, que debe ser compartida en conjunto con la autoridad de la madre; m?s bien, se ataca la autoridad del padre y se niega el derecho que ambos ?la madre y el padre? tienen en la educaci?n de sus hijos. El relato del Evangelio de hoy nos impacta con la actitud decidida y responsable que asume Jos?, haci?ndose cargo del Ni?o y de la Madre. En este contexto, quisiera destacar y agradecer el enorme esfuerzo pastoral que realizan muchos matrimonios y familias para estar cerca, acompa?ar y evangelizar las diversas realidades por las que atraviesan los matrimonios y las familias. Sin embargo, hay desaf?os nuevos que reclaman nuestro acompa?amiento pastoral, por ejemplo, las personas separadas en nuevas uniones; las madres con sus hijos sin la presencia del esposo y del padre, muchas de ellas demasiado j?venes y con preparaci?n insuficiente para ser madres; revalorizar la misi?n del var?n padre de familia ante el poder desintegrador de la cultura actual; y socorrer caritativamente la urgencia que demanda la pobreza extrema en muchos hogares.

Al contemplar a Jos? en la vida cotidiana de la Sagrada Familia, asumiendo su autoridad y su misi?n espec?fica, reafirmamos la importancia fundamental que tienen el padre y la madre en el cuidado de la vida naciente y en la educaci?n de sus hijos. Al declararse el 2011 como A?o de la vida, dijimos que, como pastores y ciudadanos, queremos reafirmar, en este camino del Bicentenario, la necesidad imperiosa de priorizar en nuestra patria el derecho a la vida en todas sus manifestaciones, poniendo especial atenci?n en los ni?os por nacer, como en nuestros hermanos que crecen en la pobreza y marginalidad; y a?ad?amos: sobre todo cuando se trata de la vida naciente, protegiendo la vida de la madre embarazada, y, potenciando el v?nculo madre-hijo a fin de cuidar su calidad de vida hasta la muerte natural. Debemos encontrar caminos para cuidar la vida de la madre y del hijo por nacer, y as?, salvar a los dos. Esas palabras adquieren una fuerza especial y se iluminan si las leemos a la luz de la conducta responsable de Jos?, que se levant?, tomo al Ni?o y a su Madre y se puso en camino. Dios quiera que en el camino del Bicentenario tambi?n nuestra comunidad correntina se levante, tome con amor a sus ni?os y a sus madres, y se ponga en camino de cuidarlos, defenderlos y proporcionarles los recursos suficientes para que puedan crecer y desarrollarse, ante todo, en sus propias familias y luego en la sociedad.

Por ?ltimo, comparto con ustedes la luminosa ense?anza que nos entreg? el Papa Benedicto XVI en la ?ltima exhortaci?n apost?lica postsinodal sobre la Palabra de Dios, el matrimonio y la familia. Ante todo, recuerda que la Palabra de Dios est? en el origen del matrimonio (cf. Gn 2,24) y que Jes?s mismo ha querido incluir el matrimonio entre las instituciones de su Reino (cf. MT 19,4-8), elevando a sacramento lo que originariamente est? inscrito en la naturaleza humana. Y m?s adelante, advierte que frente al difundido desorden de los afectos y el surgir de modos de pensar que banalizan el cuerpo humano y la diferencia sexual, la Palabra de Dios reafirma la bondad originaria del hombre, creado como var?n y mujer, y llamado al amor fiel, rec?proco y fecundo. En otro lugar llama a la responsabilidad de la comunidad eclesial para que sostenga y ayude a fomentar la oraci?n en la familia y la escucha de la Palabra y el conocimiento de la Biblia. Para ello, recomienda que cada casa tenga su Biblia y la custodie de modo decoroso, de manera que se la pueda leer y utilizar para la oraci?n. El texto finaliza destacando el papel indispensable de las mujeres en la familia, la educaci?n, la catequesis y la transmisi?n de los valores. Ellas saben ser portadoras de amor, maestras de misericordia y constructoras de paz, comunicadoras de calor y humanidad, en un mundo que valora a las personas con demasiada frecuencia seg?n los criterios fr?os de explotaci?n y ganancia.

Encomendamos a todas nuestras familias, a nuestras mujeres madres, sobre todo a las adolescentes, y a los hogares que sufren los efectos de la pobreza, al amparo de la Sagrada Familia de Jes?s, Mar?a y Jos?; y le pedimos que nos alcancen la gracia para ser testigos del incomparable valor y belleza que se irradian a trav?s del matrimonio y la familia concebidos seg?n el plan del Se?or y, al mismo tiempo, nos d? sabidur?a y decisi?n para hacernos cargo con mayor fervor y audacia de la misi?n evangelizadora que tiene el matrimonio y la familia cristiana en la sociedad que nos toca vivir. Am?n.?

Mons. Andr?s Stanovnik, arzobispo de Corrientes?


Publicado por verdenaranja @ 20:24  | Homil?as
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