Lunes, 24 de enero de 2011

ZENIT? nos ofrece la homil?a que el Papa Benedicto XVI pronunci? ayer 31 de diciembre durante las primeras V?speras de la Solemnidad de Santa Mar?a Madre de Dios y de Acci?n de Gracias por el fin del a?o civil, en la Bas?lica de San Pedro.

?Queridos hermanos y hermanas!

En el fin del a?o, nos encontramos esta tarde en la Bas?lica Vaticana para celebrar las primeras v?speras de la solemnidad de Mar?a Sant?sima Madre de Dios y para elevar un himno de gracias al Se?or por las innumerables gracias que nos ha dado, pero adem?s y sobre todo por la Gracia en persona, es decir por el Don viviente y personal del Padre, que es su Hijo predilecto, nuestro Se?or Jesucristo. Precisamente esta gratitud por los dones recibidos de Dios en el tiempo que se nos ha concedido vivir, nos ayuda a descubrir un gran valor inscrito en el tiempo: marcado en sus ritmos anuales, mensuales, semanales y diarios, est? habitado por el amor de Dios, por sus dones de gracia; es tiempo de salvaci?n. S?, el Dios eterno entr? y permanece en el tiempo del hombre. Entr? en ?l y permanece en ?l con la persona de Jes?s, el Hijo de Dios hecho hombre, el Salvador del mundo. Es cuanto nos ha recordado el ap?stol Pablo en la lectura breve poco antes proclamada: ?Pero cuando se cumpli? el tiempo establecido, Dios envi? a su Hijo ? para hacernos hijos adoptivos? (Gal?4,4-5).

Por tanto, el Eterno entra en el tiempo y lo renueva de ra?z, liberando al hombre del pecado y haci?ndolo hijo de Dios. Ya ?al principio?, o sea, con la creaci?n del mundo y del hombre en el mundo, la eternidad de Dios hizo surgir el tiempo, en el que transcurre la historia humana, de generaci?n en generaci?n. Ahora, con la venida de Cristo y con su redenci?n, estamos ?en la plenitud? del tiempo. Como revela san Pablo, con Jes?s el tiempo se hace pleno, llega a su cumplimiento, adquiriendo ese significado de salvaci?n y de gracia por el que fue querido por Dios antes de la creaci?n del mundo. La Navidad nos remite a esta 'plenitud' del tiempo, es decir, a la salvaci?n renovadora tra?da por Jes?s a todos los hombres. Nos la recuerda y, misteriosa pero realmente, nos la da siempre de nuevo. Nuestro tiempo humano est? lleno de males, de sufrimientos, de dramas de todo tipo ? desde los provocados por la maldad de los hombres hasta los derivados de las cat?strofes naturales ?, pero encierra ya, y de forma definitiva e imborrable la novedad gozosa y liberadora de Cristo salvador. Precisamente en el Ni?o de Bel?n podemos contemplar de modo particularmente luminoso y elocuente el encuentro de la eternidad con el tiempo, como le gusta expresar a la liturgia de la Iglesia. La Navidad nos hace volver a encontrar a Dios en la carne humilde y d?bil de un ni?o. ?No hay aqu? quiz?s una invitaci?n a reencontrar la presencia de Dios y de su amor que da la salvaci?n tambi?n en las horas breves y agotadoras de nuestra vida cotidiana? ?No es quiz?s una invitaci?n a descubrir que en nuestro tiempo humano ? tambi?n en los momentos dif?ciles y duros ? est? enriquecido incesantemente por las gracias del Se?or, es m?s, por la Gracia que es el Se?or mismo?

Al final de este a?o 2010, antes de entregar los d?as y las horas a Dios y a su juicio justo y misericordioso, siento muy vivo en el coraz?n la necesidad de elevar nuestro ?gracias? a ?l y a su amor por nosotros. En este clima de agradecimiento, deseo dirigir un saludo particular al cardenal vicario, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes, a las personas consagradas, como tambi?n a los muchos fieles laicos aqu? reunidos. Saludo al se?or Alcalde y a las Autoridades presentes. Un recuerdo especial va a cuantos est?n en dificultad y transcurren estos d?as de fiesta entre problemas y sufrimientos. A todos y a cada uno aseguro mi pensamiento afectuoso, que acompa?o con la oraci?n.

Queridos hermanos y hermanas, nuestra Iglesia de Roma est? empe?ada en ayudar a todos los bautizados a vivir fielmente la vocaci?n que han recibido y a dar testimonio de la belleza de la fe. Para poder ser aut?nticos disc?pulos de Cristo, una ayuda esencial nos viene de la meditaci?n cotidiana de la Palabra de Dios que, como escrib? en la reciente Exhortaci?n apost?lica Verbum Domini, ?est? en la base de toda aut?ntica espiritualidad cristiana? (n. 86). Por esto deseo animar a todos a cultivar una intensa relaci?n con ella, en particular a trav?s de la lectio divina, para tener esa luz necesaria para discernir los signos de dios en el tiempo presente y a proclamar eficazmente el Evangelio. Tambi?n en Roma, de hecho, hay cada vez m?s necesidad de un renovado anuncio del Evangelio, para que los corazones de los habitantes de nuestra ciudad se abran al encuentro con ese Ni?o, que naci? por nosotros, con Cristo, Redentor del mundo. Pues, como recuerda el Ap?stol Pablo, ?la fe, por lo tanto, nace de la predicaci?n y la predicaci?n se realiza en virtud de la Palabra de Cristo? (Rm 10,17), una ayuda ?til en esta acci?n evangelizadora puede venir ? como ya se experiment? durante la Misi?n Ciudadana de preparaci?n al Gran Jubileo del a?o 2000 ? por los ?Centros de escucha del Evangelio", que animo a hacer renacer o a revitalizar no s?lo en las casas, sino tambi?n en los hospitales, en los lugares de trabajo y en aquellos donde se forman las nuevas generaciones y se elabora la cultura. El Verbo de Dios, de hecho, se hizo carne por todos y su verdad es accesible a todo hombre y a toda cultura. He sabido con agrado del ulterior empe?o del Vicariato en la organizaci?n de los "Di?logos en la Catedral", que tendr?n lugar en la Bas?lica de San Juan de Letr?n: estas significativas citas expresan el deseo de la Iglesia de encontrar a todos aquellos que est?n buscando respuestas a las grandes preguntas de la existencia humana.

El lugar privilegiado de la escucha de la Palabra de Dios es la celebraci?n de la Eucarist?a. El Congreso diocesano del pasado junio, en el que particip?, quiso poner de manifiesto la centralidad de la Santa Misa dominical en la vida de cada comunidad cristiana y ofreci? indicaciones para que la belleza de los divinos misterios pueda resplandecer mayormente en el acto celebrativo y en los frutos espirituales que derivan de ?l. Animo a los p?rrocos y a los sacerdotes a llevar a cabo lo indicado en el programa pastoral: la formaci?n de un grupo lit?rgico que anime la celebraci?n, y una catequesis que ayude a todos a conocer m?s el misterio eucar?stico, del que brota el testimonio de la caridad. Nutridos por Cristo, tambi?n nosotros somos atra?dos en el mismo acto de ofrecimiento total, que empuj? al Se?or a dar su propia vida, revelando de ese modo el inmenso amor del Padre. El testimonio de la caridad posee, por tanto, una esencial dimensi?n teologal y est? profundamente unida al anuncio de la Palabra. En esta celebraci?n de acci?n de gracias a Dios por los dones recibidos en el curso del a?o, recuerdo en particular la visita que realic? al hostal de Caritas en la Estaci?n Termini donde, a trav?s del servicio y de la dedicaci?n generosa de numerosos voluntarios, tantos hombres y mujeres pueden tocar con la mano el amor de Dios. El momento presente genera a?n preocupaci?n por la precariedad en la que se encuentran tantas familias y pide a toda la comunidad diocesana que est? cerca de aquellos que viven en condiciones de pobreza y dificultad. Que Dios, amor infinito, inflame los corazones de cada uno de nosotros con esa caridad que lo empuj? a entregarnos a su Hijo unig?nito.

Queridos hermanos y hermanas, somos invitados a mirar al futuro, y a mirarlo con esa esperanza que es la palabra final del Te Deum: "In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum!?- Se?or, Tu eres nuestra esperanza, no seremos confundidos eternamente". Quien nos entrega a Cristo, nuestra Esperanza, es siempre ella, la Madre de Dios: Mar?a sant?sima. Como antes a los pastores y a los magos, sus brazos y a?n m?s su coraz?n siguen ofreciendo al mundo a Jes?s, su Hijo y nuestro Salvador. En ?l est? toda nuestra esperanza, porque de ?l han venido para todo hombre la salvaci?n y la paz. ?Amen!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Habla el Papa
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