Martes, 25 de enero de 2011

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – “Como el Padre me ha enviado, as? tambi?n os env?o yo” (Jn 20,21) es el tema del mensaje del Santo Padre Benedicto XVI en ocasi?n de la Jornada Mundial de las Misiones 2011, que se celebrar? el domingo 23 de octubre. A continuaci?n el texto completo.


Como el Padre me ha enviado, as? tambi?n os env?o yo”(Jn 20,21)


“Con ocasi?n del Jubileo del a?o 2000, el Venerable Juan Pablo II, al comienzo de un nuevo milenio de la era cristiana, confirm? con fuerza la necesidad de renovar el celo por llevar a todos el anuncio del Evangelio ?con el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos? (Carta ap. Novo millennio ineunte, 58). Es el servicio m?s precioso que la Iglesia puede ofrecer a la humanidad y a cada persona que busca las razones profundas para vivir en plenitud la propia existencia. Por eso, esa misma invitaci?n resuena cada a?o en la celebraci?n de la Jornada Mundial de las Misiones. Efectivamente, el incansable anuncio del Evangelio vivifica tambi?n a la Iglesia, su fervor, su esp?ritu apost?lico; renueva sus m?todos pastorales para que cada vez sean m?s apropiados para las nuevas situaciones —incluso aquellas que requieren una nueva evangelizaci?n— y est?n animados por el impulso misionero: ?La misi?n renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ?La fe se fortalece d?ndola! La nueva evangelizaci?n de los pueblos cristianos hallar? inspiraci?n y apoyo en el compromiso por la misi?n universal? (JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, 2).

Id y anunciad
Este objetivo se refuerza continuamente por la celebraci?n de la liturgia, especialmente de la Eucarist?a, que se concluye siempre evocando el mandato de Jes?s resucitado a los Ap?stoles: “Id...” (Mt 28,19). La liturgia es siempre una llamada ‘del mundo’ y un nuevo env?o ‘al mundo’ para ser testigos de lo que se ha experimentado: la fuerza salv?fica de la Palabra de Dios, la fuerza salv?fica del Misterio Pascual de Cristo. Todos los que han encontrado al Se?or resucitado han sentido la necesidad de anunciarlo a los otros, como hicieron los dos disc?pulos de Meaux. Estos, despu?s de haber reconocido al Se?or al partir el pan, ?levant?ndose en aquel momento, se volvieron a Jerusal?n, donde encontraron reunidos a los Once? y refirieron lo que les hab?a sucedido por el camino (Lc 24,33-34). El Papa Juan Pablo II exhortaba a estar “vigilantes y preparados para reconocer su rostro y correr hacia nuestros hermanos, para llevarles el gran anuncio: ?Hemos visto al Se?or!”

A todos
Destinatarios del anuncio del Evangelio son todos los pueblos. La Iglesia, ?es, por su propia naturaleza, misionera, puesto que tiene su origen en la misi?n del Hijo y la misi?n del Esp?ritu Santo seg?n el plan de Dios Padre? (CONC. ECUM. VAT. II, Decr. Ad gentes, 2). Esta es ?la dicha y vocaci?n propia de la Iglesia, su identidad m?s profunda. Ella existe para evangelizar? (PABLO VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14). Consiguientemente, nunca puede encerrarse en s? misma. Se enra?za en determinados lugares para ir m?s all?. Su acci?n, adhiri?ndose a la palabra de Cristo y bajo la influencia de su gracia y de su caridad, se hace plenamente y actualmente presente a todos los hombres y a todos los pueblos para conducirles a la fe en Cristo (cfr Ad gentes, 5).
Esta tarea no ha perdido su urgencia. Al contrario, ?la misi?n de Cristo Redentor, confiada a la Iglesia, est? a?n lejos de cumplirse… una mirada global a la humanidad demuestra que esta misi?n se halla todav?a en los comienzos y que debemos comprometernos con todas nuestras energ?as en su servicio? (JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris missio, 1). No podemos quedarnos tranquilos si pensamos que, despu?s de dos mil a?os, todav?a existen pueblos que no conocen a Cristo y que todav?a no han escuchado su mensaje de salvaci?n.
No solo eso, sino que se ampl?a el n?mero de quienes, aun habiendo recibido el anuncio del Evangelio, lo han olvidado y abandonado, y ya no se reconocen en la Iglesia; y muchos ambientes, incluso en sociedades tradicionalmente cristianas, son hoy renuentes a abrirse a la palabra de la fe. Se est? dando un cambio cultural, alimentado tambi?n por la globalizaci?n, por movimientos de pensamiento y por el relativismo imperante; un cambio que lleva a una mentalidad y a un estilo de vida que prescinden del mensaje evang?lico, como si Dios no existiera, y que exaltan la b?squeda del bienestar, de la ganancia f?cil, del logro profesional y del ?xito como finalidad de la vida, incluso en menoscabo de los valores morales.

Corresponsabilidad de todos
La misi?n universal implica a todos, a todo y siempre. El Evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido, sino que es un don que hay que compartir, una buena noticia que hay que comunicar. Y este don-compromiso le es confiado no solamente a algunos, sino a todos los bautizados, los cuales son ?un linaje elegido, … naci?n santa, un pueblo adquirido por Dios? (1 Pe 2, 9) para que proclame sus obras maravillosas.
Est?n implicadas en ello tambi?n todas las actividades. La atenci?n y la colaboraci?n con la actividad evangelizadora de la Iglesia en el mundo no pueden limitarse a algunos momentos y ocasiones particulares, ni tampoco se pueden considerar como una m?s entre otras actividades pastorales: la dimensi?n misionera de la Iglesia es esencial, por lo que hay que tenerla siempre presente. Es importante que tanto cada bautizado como las comunidades eclesiales se interesen en la misi?n no de manera espor?dica y ocasional, sino de manera constante, como forma de la vida cristiana. La misma Jornada Mundial de las Misiones no es un momento aislado en el curso del a?o, sino que es una ocasi?n preciosa para pararse a pensar si respondemos y c?mo respondemos a la vocaci?n misionera; una respuesta esencial para la vida de la Iglesia.

Evangelizaci?n global
La evangelizaci?n es un proceso complejo y comprende varios elementos. Entre estos, la animaci?n misionera ha prestado siempre una atenci?n particular a la solidaridad. Este es tambi?n uno de los objetivos de la Jornada Mundial de las Misiones, que, a trav?s de las Obras Misionales Pontificias, solicita la colaboraci?n para llevar a cabo las tareas de evangelizaci?n en los territorios de misi?n. Se trata de sostener instituciones necesarias para establecer y consolidar la Iglesia mediante los catequistas, los seminarios, los sacerdotes; y de dar tambi?n nuestra propia aportaci?n para que mejoren las condiciones de vida de las personas en pa?ses en los que son m?s graves los fen?menos de pobreza, malnutrici?n, sobre todo infantil, enfermedades, ausencia de servicios de salud y de educaci?n. Tambi?n esto entra en la misi?n de la Iglesia. Anunciando el Evangelio, se preocupa por la vida humana en sentido pleno. No se pude aceptar, dec?a el Siervo de Dios Pablo VI, que en la evangelizaci?n se descuiden los aspectos que se refieren a la promoci?n humana, la justicia, la liberaci?n de toda forma de opresi?n, evidentemente dentro del respeto a la autonom?a del ?mbito pol?tico. Desinteresarse de los problemas temporales de la humanidad significar?a ?ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor hacia el pr?jimo que sufre o padece necesidad? (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 31.34); no estar?a en sinton?a con el comportamiento de Jes?s, el cual “recorr?a todas las ciudades y aldeas, ense?ando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia” (Mt 9,35).
As?, por medio de la participaci?n responsable en la misi?n de la Iglesia, el cristiano llega a ser constructor de la comuni?n, de la paz, de la solidaridad que Cristo nos ha dado, y colabora en la realizaci?n del proyecto salv?fico de Dios para toda la humanidad. Los desaf?os que esta encuentra llaman a los cristianos a caminar con los dem?s, y la misi?n es parte integrante de este camino con todos. En ella llevamos, si bien en vasijas de barro, nuestra vocaci?n cristiana, el tesoro inestimable del Evangelio, el testimonio vivo de Jes?s muerto y resucitado, encontrado y cre?do en la Iglesia.

Que la Jornada Mundial de las Misiones renueve en cada uno el deseo y la alegr?a de “ir” al encuentro de la humanidad llevando a todos a Cristo. En su nombre os imparto de coraz?n la Bendici?n apost?lica, en particular a los que m?s trabajan y sufren por el Evangelio.
Del Vaticano, 6 de enero de 2011, Solemnidad de la Epifan?a del Se?or.

Benedictus PP XVI
(Agencia Fides 25/01/2011)


Publicado por verdenaranja @ 17:25  | Habla el Papa
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