Martes, 25 de enero de 2011

Se adjunta comunicado de Justicia y Paz en defensa del ?modelo de las Cajas de Ahorros y de su funci?n social.

Las Cajas de Ahorros de nuestro pa?s viven un momento de cambios profundos, tanto en su configuraci?n como a su r?gimen jur?dico, los cuales afectan sensiblemente su identidad, su funci?n social y, incluso, ponen en cuesti?n la continuidad de este modelo de entidad financiera.

En Justicia y Paz nos preocupa esta situaci?n y, por ello, queremos compartir p?blicamente nuestras reflexiones al respecto, con la intenci?n de contribuir y promover el debate ciudadano en torno a estas instituciones.

1. Desde sus or?genes, las Cajas de Ahorro han cumplido y cumplen a?n hoy una importante funci?n social y econ?mica en nuestro pa?s. Hist?ricamente, con mayor o menor intensidad seg?n la capacidad y caracter?sticas de cada entidad, las Cajas de Ahorro han promovido el ahorro popular, han universalizado el acceso a los recursos y los servicios financieros (en nuestro pa?s las tasas de exclusi?n financiera son bastante bajas), han fomentado din?micas empresariales y han contribuido al desarrollo econ?mico local y al uso de nuevas herramientas financieras. Asimismo, han desarrollado una labor social significativa (la denominada obra social), a trav?s de la canalizaci?n de los super?vits producidos por su actividad hacia el fomento de iniciativas culturales y educativas, de proyectos de inserci?n laboral, de lucha contra la exclusi?n social, de cooperaci?n al desarrollo de los pa?ses empobrecidos o de preservaci?n del patrimonio hist?rico, art?stico o natural.

2. Este modelo de entidad financiera (no exento de problemas y dificultades, como despu?s se?alaremos) ha sido posible gracias a su naturaleza jur?dica de instituciones sin ?nimo de lucro, gobernadas por actores sin inter?s lucrativo y obligadas estatutariamente a revertir las ganancias en favor de intereses generales.

3. Con todo, ya hace tiempo que en Justicia y Paz, como otras entidades, nos han preocupado algunos defectos hist?ricos importantes en la pr?ctica de muchas de estas entidades. Entre estos defectos encontramos en muchos casos el olvido de su finalidad social en la misma pr?ctica bancaria, los nombramientos discutibles o retribuci?n excesiva de algunos directivos, algunas pr?cticas financieras o inversiones especulativas, poco responsables o poco ?ticas, las interferencias de intereses pol?ticos o partidistas en algunas decisiones, la canalizaci?n de beneficios hacia inversiones no del todo justificadas, la utilizaci?n a menudo de la obra social m?s como instrumento de publicidad al servicio de la actividad financiera (y no al rev?s, como deber?a ser) o el mal enfoque en algunos casos de esta obra social hacia fines discutibles o poco comprometidas hacia los sectores m?s desfavorecidos.

4. Ahora bien, muchos de estos defectos se han ido corrigiendo y, en cualquier caso, un balance global no puede negar la contribuci?n al bienestar social que estas entidades han hecho en nuestro pa?s y que deber?an continuar haciendo en el futuro.

5. Pero actualmente este modelo est? en peligro de desaparici?n. Como es sabido, las graves turbulencias que sacuden los mercados financieros a escala mundial desde el a?o 2008, adem?s de contribuir a generar una profunda crisis econ?mica, de la que todav?a muchos pa?ses no se ha recuperado (como es el caso de nuestro), han creado graves problemas para el sector financiero. En muchos pa?ses se produjo la quiebra de entidades financieras importantes (algunas de las cuales fueron rescatadas con dinero p?blico o nacionalizadas) y, en general, una situaci?n delicada en el sector.

6. En el caso de Espa?a, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y derrumbe del sector de la construcci?n, la persistencia de la crisis econ?mica, el crecimiento de la morosidad, las dificultades de las entidades financieras para acceder a cr?dito exterior, la crisis de la deuda p?blico o las crecientes exigencias internacionales sobre capitalizaci?n de instituciones financieras, entre otros factores, han situado en el sector financiero espa?ol en una situaci?n delicada. De ah? la disminuci?n importante de los activos inmobiliarios de bancos y cajas, la publicaci?n de informes sobre las dificultades que tendr?an algunas Cajas para subsistir en caso de agravarse la crisis (test de estr?s) o las recientes disminuciones del valor en bolsa de la mayor parte de bancos espa?oles.

7. Todo ello ha llevado al Gobierno (con el apoyo de la mayor?a del del arco parlamentario) y al Banco de Espa?a a impulsar un profundo proceso reestructuraci?n del sector financiero y, en particular, de las Cajas de Ahorros. La principal intencionalidad de este proceso, seg?n el Gobierno, es garantizar la subsistencia de estas entidades y evitar quiebras (una Caja tuvo que ser intervenida recientemente por el Banco de Espa?a), lo que se busca promoviendo fusiones financiadas con pr?stamos p?blicos (de ah? que la inmensa mayor?a de cajas espa?olas participan ya en procesos de fusi?n) y reformando su r?gimen jur?dico (RDL 11/2010, de 9 de julio), para incentivar su capitalizaci?n con fondos privados. Esto ?ltimo ha hecho con la creaci?n de las denominadas "cuotas participativas", las cuales, adem?s de beneficios, dan derechos pol?ticos a los inversores sobre la gesti?n de las Cajas y facilitando la constituci?n de sociedades an?nimas (bancos) para realizar su pr?ctica financiera o para gestionar agrupaciones de Cajas (SIP).

8. A pesar de estos cambios, se anuncia ahora desde el Gobierno una nueva reforma legal que podr?a obligar a las cajas a reconvertirse en simples fundaciones titulares de acciones de bancos mercantiles.

9. Este proceso de fusiones y esta nueva regulaci?n nos preocupa profundamente, tanto por la forma como se ha impulsado como por sus consecuencias a medio y largo plazo sobre el modelo de las Cajas de Ahorros.

10. Por un lado, este proceso, a pesar de las importantes consecuencias de futuro para las Cajas y por el territorio donde operan, se ha hecho al margen del necesario debate social y, en especial, sin la necesaria participaci?n de la sociedad civil, de las entidades del territorio donde operaban estas cajas, los impositores y de sus trabajadores. M?s bien nos preocupa la influencia que pueden haber tenido y tienen todav?a en el proceso los intereses de los bancos privados de penetrar en la cuota de mercado de las Cajas, que en nuestro pa?s llega a?n hasta el 50%.

11. Pero sobre todo nos preocupa este proceso porque pone en peligro la identidad de las Cajas de Ahorros y, en consecuencia, su funci?n social, ya que conlleva la p?rdida de vinculaci?n con su territorio hist?rico, la centralizaci?n de los recursos y del poder econ?mico, reduciendo la participaci?n social en estas entidades, as? como avanzar hacia una especie de privatizaci?n. Esta es la consecuencia m?s inmediata que se puede derivar de la posibilidad legal de que inversores privados adquieran posiciones de control en el gobierno de la entidad, m?s a?n si las Cajas convierten en simples bancos. Estas posiciones naturalmente ser?n utilizadas en inter?s de las propias estrategias corporativas orientadas al lucro.

12. Por todo ello, consideramos sumamente necesario y urgente que se abra un debate social amplio y serio, en el que participen todos los agentes econ?micos y sociales, la sociedad civil y las diferentes administraciones, sobre la situaci?n, el papel social y el futuro de las Cajas de Ahorros, debate sin el cual no se deber?an tomar nuevas reformas legales en la direcci?n actual.

13. En todo caso, consideramos necesaria la preservaci?n de este modelo en sus aspectos sustanciales. Entendemos que las circunstancias pueden imponer cambios importantes, pero ser?a un grave error dar lugar a la desnaturalizaci?n de las Cajas, entreg?ndose las al control por parte de capitales privados. Hay otras f?rmulas que pueden conseguir los mismos efectos para preservar la solvencia de estas entidades sin transformarlas en algo parecido a bancos privados.

14. Lo que hay, pues, es preservar y proteger la vinculaci?n de las Cajas en el territorio, reforzar su capacidad de promover el ahorro, de apoyar el aut?nomo y la peque?a y mediana empresa, garantizar una funci?n social en sus inversiones y en su pr?ctica bancaria ordinaria (especialmente con la prevenci?n de la exclusi?n financiera) y la participaci?n de la sociedad civil en su gesti?n, as? como proteger su obra social, para que contin?en favoreciendo la cohesi?n social.


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