Mi?rcoles, 26 de enero de 2011

ZENIT? nos ofrece la Carta que el Papa Benedicto XVI hizo llegar al arzobispo de Santiago de Compostela (Espa?a), monse?or Juli?n Barrio, con motivo de la Clausura del A?o Santo Compostelano, y que hizo p?blica?el viernes 31 de Diciembre de 2010?por la Santa Sede.

Al Venerado Hermano, Monse?or Juli?n Barrio Barrio,
Arzobispo Metropolitano de Santiago de Compostela

1. Con ocasi?n de la solemne clausura del A?o Santo Compostelano de 2010, vuelvo a pensar con emoci?n en la Casa del Se?or Santiago, que visit? recientemente con hondo gozo interior. Deseo unirme a la acci?n de gracias a Dios por los dones que su bondad ha derramado en estos meses en la multitud de personas que han peregrinado a ese lugar santo con fe viva, renovando la firme adhesi?n al mensaje transmitido por los Ap?stoles y viviendo con esp?ritu de conversi?n el encuentro con la misericordia y el amor de Jesucristo. Al saludar con afecto a los Pastores, religiosos, seminaristas y fieles congregados en esa circunstancia, evocando los inolvidables momentos que vivimos junto a la Tumba del Ap?stol protom?rtir, quisiera dirigirles una palabra de aliento, para que los frutos de vida cristiana y de renovaci?n eclesial cosechados copiosamente en el A?o Santo impulsen a los que han llegado hasta Santiago de Compostela a ser testigos de Cristo Resucitado.

2. En efecto, en el camino, compartieron preocupaciones, esperanzas y desaf?os con los hermanos que encontraron a su lado, buscando escuchar al Dios que nos habla y habita en nuestro interior para salir de s? mismos y abrirse a los dem?s. Al llegar al P?rtico de la gloria, los esperaba la majestad amorosa y acogedora de Cristo, a cuya luz el hombre puede hallar el aut?ntico sentido de su existencia y sendas para una convivencia pac?fica y constructiva entre los pueblos. Bajo la mirada serena del Ap?stol, renovaron su profesi?n de fe, entonaron su alabanza e hicieron humilde confesi?n de sus pecados. A la profesi?n de fe sigui? la recepci?n del perd?n en el sacramento de la Penitencia y el encuentro con el Se?or en la Eucarist?a.

3. Dicho encuentro no puede dejarlos indiferentes. Los peregrinos han de volver a sus casas como regresaron a Jerusal?n los disc?pulos de Ema?s, que conversaron con Jes?s por el camino y le reconocieron al partir el pan. Gozosos y agradecidos fueron a la Ciudad Santa a comunicar a todos que hab?a resucitado y se les hab?a aparecido vivo. Se convirtieron as? en mensajeros alegres y confiados del Cristo viviente, que es b?lsamo para nuestras penas y fundamento de nuestra esperanza (cf.?Lc?24,13-35). Tambi?n ahora, al dejar Compostela tras haber experimentado el amor del Se?or que nos ha salido al encuentro, se har? sentir el anhelo de cumplir el encargo del Ap?stol Pedro: "Glorificad en vuestros corazones a Cristo Se?or y estad siempre prontos para dar raz?n de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere" (1 P?3,15). Ello requiere el prop?sito de fortalecer cada d?a m?s nuestra fe, participando asiduamente en los misterios de gracia confiados a la Iglesia y dando ejemplo eficaz y concreto de caridad. No seremos testigos cre?bles de Dios si no somos fieles colaboradores y servidores de los hombres. Este servicio a una comprensi?n profunda y a una defensa valerosa del hombre es una exigencia del Evangelio y una aportaci?n esencial a la sociedad de nuestra condici?n cristiana.

4. Con estos sentimientos, quisiera ahora dirigirme en particular a los j?venes, con quienes tendr? la dicha de reunirme el a?o pr?ximo en Madrid, para la celebraci?n de la?Jornada Mundial de la Juventud. Los invito a dejarse interpelar por Cristo, entablando con ?l un di?logo franco y pausado y pregunt?ndose tambi?n: ?Contar? el Se?or conmigo para ser su ap?stol en el mundo, para ser mensajero de su amor? Que no falte la generosidad en la respuesta, ni tampoco aquel arrojo que llev? a Santiago a seguir al Maestro sin ahorrar sacrificios. Asimismo, animo a los seminaristas a que se identifiquen cada vez m?s con Jes?s, que los llama a trabajar en su vi?a (cf.?Mt?20,3-4). La vocaci?n al sacerdocio es un admirable don del que se ha de estar orgulloso, porque el mundo necesita de personas dedicadas por completo a hacer presente a Jesucristo, configurando toda su vida y su quehacer con ?l, repitiendo diariamente con humildad sus palabras y sus gestos, para ser transparencia suya en medio de la grey que les ha sido encomendada. Aqu? est? la fatiga y tambi?n la gloria de los presb?teros, a quienes quisiera recordar con San Pablo, que nada ni nadie en este mundo podr? arrancarlos del amor de Dios manifestado en Cristo (cf.?Rm?8,39).

5. Conservando en mi alma el recuerdo de mi grata estancia en Compostela, pido al Se?or que el perd?n y la aspiraci?n a la santidad que han germinado en este A?o Santo Compostelano ayuden a hacer m?s presente, bajo la gu?a de Santiago, la Palabra redentora de Jesucristo en esa Iglesia particular y en todos los pueblos de Espa?a, y que su luz se perciba igualmente en Europa, como una invitaci?n incesante a vigorizar sus ra?ces cristianas y as? potenciar su compromiso por la solidaridad y la firme defensa de la dignidad del hombre.

6. A la amorosa protecci?n de la Sant?sima Virgen Mar?a, a cuyo coraz?n de Madre confi? el Ap?stol Santiago sus penas y alegr?as, seg?n venerable tradici?n, encomiendo a todos los hijos e hijas de esas nobles tierras y les imparto la Bendici?n Apost?lica, signo de consuelo y de constante asistencia divina.

Vaticano, 18 de diciembre de 2010.

BENEDICTUS PP. XVI

[?Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:54  | Habla el Papa
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