Mi?rcoles, 26 de enero de 2011

ZENIT? nos? ofrece el discurso pronunciado por el Papa Benedicto XVI durante el almuerzo ofrecido por ?l, en el Aula Pablo VI a las personas asistidas por las diversas comunidades romanas de las Misioneras de la Caridad, con ocasi?n del centenario del nacimiento de la beata Teresa de Calcuta, el? 27 de diciembre de 2010.

Queridos amigos,

estoy muy contento de estar hoy aqu? con vosotros y dirijo mi m?s cordial saludo a la reverenda madre general de las Misioneras de la Caridad, a los sacerdotes, a las hermanas, a los hermanos contemplativos y a todos los que estamos aqu? presentes para vivir juntos este momento fraterno.

La luz de la Natividad del Se?or colma nuestros corazones de la alegr?a y de la paz anunciada por los ?ngeles a los pastores de Bel?n: ??Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por ?l? (Lc 2,14). El ni?o que vemos en la cueva es Dios mismo que se ha hecho hombre, para mostrarnos cu?nto nos quiere, cu?nto nos ama: Dios se ha convertido en uno de nosotros, para acercarse a cada uno, para vencer el mal, para liberarnos del pecado, para darnos esperanza, para decirnos que no estamos solos nunca. Nosotros podemos dirigirnos siempre a ?l, sin miedo, llam?ndolo Padre, seguros de que en todo momento, en cada una de las situaciones de la vida, incluso en las m?s dif?ciles, ?l no nos olvida. Debemos decirnos m?s a menudo: S?, Dios me cuida, me quiere, Jes?s ha nacido tambi?n por m?; debo tener siempre fe en ?l.

Queridos hermanos y hermanas, dejemos que la luz del Ni?o Jes?s, del Hijo de Dios hecho hombre, ilumine nuestra vida para transformarla en luz, como vemos de modo especial en la vida de los santos. Recuerdo el testimonio de la beata Teresa de Calcuta, un reflejo de la luz del amor de Dios. Celebrar que hace 100 a?os que naci? es un motivo de agradecimiento y de reflexi?n hacia un renovado y gozoso empe?o al servicio del Se?or y de los hermanos, especialmente de los m?s necesitados. El Se?or mismo quer?a ser necesitado, como sabemos. Queridas hermanas, queridos sacerdotes y hermanos, queridos amigos del personal, la caridad es la fuerza que cambia el mundo, porque Dios es amor (cfr?1Jn 4,7-9). La beata Teresa de Calcuta ha vivido la caridad hacia los dem?s sin distinciones, pero prefiriendo a los m?s pobres y abandonados: signo luminoso de la paternidad y de la bondad de Dios. Ha sabido reconocer en cada uno el rostro de Cristo, amado por ella con todo su ser: al Cristo que ella adoraba y recib?a en la Eucarist?a, lo encontraba por las calles de la ciudad, convirti?ndose en una imagen viva de Jes?s que vierte sobre las heridas del hombre la gracia del amor misericordioso. A quien se pregunta por qu? la madre Teresa se convirti? en alguien tan famoso, la respuesta es simple: porque ha vivido de manera humilde y oculta, por amor y en el amor de Dios. Ella misma afirmaba que su gran premio era amar a Jes?s y servirlo en los pobres. Su figura peque?a, con las manos unidas o mientras acariciaba a un enfermo, un leproso, un moribundo, un ni?o, es el signo visible de un existencia transformada por Dios. En la noche del dolor humano ha hecho resplandecer la luz del Amor divino y ha ayudado a muchos corazones a encontrar la paz que s?lo Dios puede dar.

Demos gracias a Dios, porque en la beata Teresa de Calcuta todos hemos visto como nuestra existencia puede cambiar cuando se encuentra con Jes?s; Puede convertirse, para los dem?s, en reflejo de la luz de Dios.

A muchos hombres y mujeres en situaci?n de miseria y sufrimiento, ella ha dado consuelo y la certeza de que ?Dios no abandona a nadie, nunca!. Su misi?n contin?a a trav?s de aquellos, que como en otras partes del mundo, viven el carisma de ser misioneros y misioneras de la Caridad.

Nuestra gratitud es grande, queridos hermanas y hermanos, por vuestra presencia humilde, discreta, oculta a los ojos de los hombres, pero extraordinaria y preciosa para el coraz?n de Dios. Al hombre, a menudo en busca de una felicidad aparente, vuestro testimonio de vida le dice d?nde se encuentra la verdadera felicidad: en el compartir, en el donarse, en el amar con la misma gratuidad de Dios que rompe la l?gica del ego?smo humano.

?Queridos amigos! Sabed que el Papa os quiere mucho, os lleva en el coraz?n, os acoge a todos en un abrazo paterno y reza por vosotros. ?Muchas felicidades! Gracias por haber querido compartir la alegr?a de estos d?as de fiesta. Invoco la protecci?n materna de la Sagrada Familia de Nazaret que celebramos hoy -Jes?s, Mar?a y Jos?- y os bendigo a vosotros y a vuestros seres queridos.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Copyright 2010 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:58  | Habla el Papa
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