Jueves, 27 de enero de 2011

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci? el mi?rcoles 5 de enero de 2011, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

Estoy contento de acogeros en esta primera Audiencia General del nuevo a?o y de todo coraz?n os doy a vosotros y a vuestras familias mis mayores felicitaciones. Que el Se?or del tiempo y de la historia gu?e nuestros pasos por el camino del bien y conceda a cada uno abundancia de gracia y de prosperidad. Rodeados a?n por la luz de la Santa Navidad, que nos invita al gozo por la venida del Salvador, estamos hoy en la vigilia de la Epifan?a, en la que celebramos la manifestaci?n del Se?or a todas las gentes. La fiesta de la Navidad fascina hoy como siempre, m?s que otras grandes fiestas de la Iglesia; fascina porque todos de alguna forma intuyen que el nacimiento de Jes?s tiene que ver con las aspiraciones y las esperanzas m?s profundas del hombre. El consumismo puede apartarnos de esta nostalgia interior, pero si en el coraz?n est? el deseo de acoger a ese Ni?o que trae la novedad de Dios, que ha venido para darnos la vida en plenitud, las luces de los adornos navide?os pueden convertirse incluso en un reflejo de la Luz que se ha encendido con la encarnaci?n de Dios.

En las celebraciones lit?rgicas de estos d?as santos hemos vivido de modo misterioso pero real la entrada del Hijo de Dios en el mundo y hemos sido iluminados una vez m?s por la luz de su fulgor. Cada celebraci?n es presencia actual del misterio de Cristo y en ella se prolonga la historia de la salvaci?n. A prop?sito de la Navidad, el papa san Le?n Magno afirma: ?Aunque la sucesi?n de las acciones corp?reas ya ha pasado, como fue ordenado previamente en el designio eterno..., con todo nosotros adoramos continuamente el mismo parto de la Virgen que produce nuestra salvaci?n" (Serm?n sobre la Natividad del Se?or 29,2), y precisa: "porque ese d?a no ha pasado de forma tal que haya pasado tambi?n el poder de la obra que entonces fue revelada" (Serm?n sobre la Epifan?a 36,1). Celebrar los acontecimientos de la encarnaci?n del Hijo de Dios no es un simple recuerdo de hechos del pasado, sino que es hacer presentes esos misterios portadores de salvaci?n. En la Liturgia, en la celebraci?n de los Sacramentos, esos misterios se hacen actuales y se convierten en eficaces para nosotros, hoy. De nuevo san Le?n Magno afirma: "Todo lo que el Hijo de Dios hizo y ense?? para reconciliar al mundo, no lo conocemos s?lo en el relato de acciones realizadas en el pasado, sino que estamos bajo el efecto del dinamismo de esas acciones presentes" (Serm?n 52,1).

En la Constituci?n sobre la sagrada liturgia, el Concilio Vaticano II subraya que la obra de salvaci?n realizada por Cristo contin?a en la Iglesia mediante la celebraci?n de los santos misterios, gracias a la acci?n del Esp?ritu Santo. Ya en el Antiguo Testamento, en el camino hacia la plenitud de la fe, tenemos testimonios de c?mo la presencia y la acci?n de Dios fue mediada a trav?s de signos, por ejemplo, el del fuego (cfr Ex 3,2ss; 19,18). Pero a partir de la Encarnaci?n sucede algo sorprendente: el r?gimen de contacto salv?fico con Dios se transforma radicalmente y la carne se convierte en el instrumento de la salvaci?n: "Verbum caro factum est", "el Verbo se hizo carne", escribe el evangelista Juan y un autor cristiano del siglo III, Tertuliano, afirma: "Caro salutis est cardo", "la carne es el eje de la salvaci?n" (De carnis resurrectione, 8,3: PL 2,806).

La Navidad es ya la primicia del "sacramentum-mysterium paschale", es decir, es el inicio del misterio central de la salvaci?n que culmina en la pasi?n, muerte y resurrecci?n, porque Jes?s comienza el ofrecimiento de s? mismo por amor desde el primer instante de su existencia humana en el seno de la Virgen Mar?a. La noche de Navidad est? por tanto profundamente ligada a la gran vigilia nocturna de la Pascua, cuando la redenci?n se realiza en el sacrificio glorioso del Se?or muerto y resucitado. El mismo bel?n, como imagen de la encarnaci?n del Verbo, a la luz del relato evang?lico, alude ya a la Pascua y es interesante ver c?mo en algunos iconos de la Natividad en la tradici?n oriental, el Ni?o Jes?s es representado envuelto en pa?ales y depositado en un pesebre que tiene la forma de un sepulcro; una alusi?n al momento en el que ?l ser? bajado de la cruz, envuelto en una s?bana y puesto en un sepulcro excavado en la roca (cfr Lc 2,7; 23,53). Encarnaci?n y Pascua no est?n una junto a la otra, sino que son los dos puntos clave inseparables de la ?nica fe en Jesucristo, el Hijo de Dios Encarnado y Redentor. La Cruz y la Resurrecci?n presuponen la Encarnaci?n. S?lo porque verdaderamente el Hijo, y en ?l Dios mismo, ?descendi? y ?se hizo carne?, la muerte y la resurrecci?n de Jes?s son acontecimientos que nos resultan contempor?neos y nos afectan, nos arrancan de la muerte y nos abren a un futuro en el que esta "carne", la existencia terrena y transitoria, entrar? en la eternidad de Dios. En esta perspectiva unitaria del Misterio de Cristo, la visita al bel?n orienta a la visita a la Eucarist?a, donde encontramos presente de modo real al Cristo crucificado y resucitado, al Cristo viviente.

La celebraci?n lit?rgica de la Navidad, entonces, no es s?lo recuerdo, sino que es sobre todo misterio; no es s?lo memoria, sino tambi?n presencia. Para captar el sentido de estos dos aspectos inseparables, es necesario vivir intensamente todo el Tiempo navide?o como la Iglesia lo presenta. Si lo consideramos en sentido amplio, se extiende durante cuarenta d?as, del 25 de diciembre al 2 de febrero, de la celebraci?n de la Noche de Navidad, a la Maternidad de Mar?a, a la Epifan?a, al Bautismo de Jes?s, a las Bodas de Can?, a la Presentaci?n en el Templo, precisamente en analog?a con el Tiempo pascual, que forma una unidad de cincuenta d?as, hasta Pentecost?s. La manifestaci?n de Dios en la carne es el acontecimiento que ha revelado la Verdad en la historia. De hecho, la fecha del 25 de diciembre, vinculada a la idea de la manifestaci?n solar ? Dios que aparece como luz sin ocaso en el horizonte de la historia ?, nos recuerda que no se trata s?lo de una idea, la de que Dios es la plenitud de la luz, sino de una realidad para nosotros los hombres ya realizada y siempre actual: hoy, como entonces, Dios se revela en la carne, es decir, en el ?cuerpo vivo" de la Iglesia que peregrina en el tiempo, y en los Sacramentos nos da hoy la salvaci?n.

Los s?mbolos de las celebraciones navide?as, recordados por las Lecturas y por las oraciones, dan a la liturgia de este Tiempo un sentido profundo de "epifan?a" de Dios en su Cristo-Verbo encarnado, es decir, de ?manifestaci?n? que posee tambi?n un significado escatol?gico, es decir, que orienta a los ?ltimos tiempos. Ya en el Adviento las dos venidas, la hist?rica y la del final de la historia, estaban directamente vinculadas; pero es en particular en la Epifan?a y en el Bautismo de Jes?s donde la manifestaci?n mesi?nica se celebra en la perspectiva de las esperanzas escatol?gicas: la consagraci?n mesi?nica de Jes?s, Verbo encarnado, mediante la efusi?n del Esp?ritu Santo de forma visible, lleva a cumplimiento el tiempo de las promesas e inaugura los ?ltimos tiempos.

Es necesario rescatar este Tiempo navide?o de un revestimiento demasiado moralista y sentimental. La celebraci?n de la Navidad no nos propone s?lo ejemplos a imitar, como la humildad y la pobreza del Se?or, su benevolencia y amor hacia los hombres; sino que es m?s bien una invitaci?n a dejarnos transformar totalmente por Aquel que ha entrado en nuestra carne. San Le?n Magno exclama: "el Hijo de Dios ? se ha unido a nosotros y nos ha unido a nosotros consigo de tal manera que el abajamiento de Dios hasta la condici?n humana se convirtiera en una elevaci?n del hombre hasta las alturas de Dios" (Serm?n sobre la Natividad del Se?or 27,2). La manifestaci?n de Dios tiene como fin nuestra participaci?n en la vida divina, la realizaci?n en nosotros del misterio de su encarnaci?n. Este misterio es la realizaci?n de la vocaci?n del hombre. De nuevo san Le?n Magno explica la importancia concreta y siempre actual para la vida cristiana del misterio de la Navidad: ?las palabras del Evangelio y de los Profetas ? inflaman nuestro esp?ritu y nos ense?an a comprender la Natividad del Se?or, este misterio del Verbo hecho carne, no tanto como un recuerdo de un acontecimiento pasado, sino como un hecho que tiene lugar ante nuestros ojos... es como si se nos hubiese proclamado de nuevo en la solemnidad de hoy: 'Os anuncio una gran alegr?a, que lo ser? para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es el Cristo Se?or'" (Serm?n sobre la Natividad del Se?or 29,1). Y a?ade: ?Reconoce, cristiano, tu dignidad, y, hecho part?cipe de la naturaleza divina, cuida de no recaer, con una conducta indigna, de tal grandeza, a la primitiva bajeza" (Serm?n sobre la Natividad del Se?or, 3).

Queridos amigos, vivamos este Tiempo navide?o con intensidad: tras haber adorado al Hijo de Dios hecho hombre y depositado en el pesebre, somos llamados a pasar al altar del Sacrificio, donde Cristo, el Pan vivo bajado del cielo, se nos ofrece como verdadero alimento para la vida eterna. Y lo que hemos visto con nuestros ojos, en la mesa de la Palabra y del Pan de Vida, lo que hemos contemplado, lo que nuestras manos han tocado, es decir, al Verbo hecho carne, anunci?moslo con alegr?a al mundo y demos testimonio de ?l generosamente con toda nuestra vida. Renuevo de coraz?n a todos vosotros y a vuestros seres queridos sentidas felicitaciones por el Nuevo A?o y os deseo una buena festividad de la Epifan?a.

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los fieles de lengua espa?ola aqu? presentes. En particular, a los peregrinos de Espa?a, M?xico, y de otros pa?ses latinoamericanos. Os exhorto a vivir con intensidad el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, a anunciarlo con alegr?a al mundo, y dar testimonio de su amor con vuestra vida. Asimismo, os renuevo de coraz?n mis mejores deseos para este A?o Nuevo, as? como una feliz fiesta de la Epifan?a. Muchas gracias.

[En italiano dijo]

Saludo finalmente a los j?venes, los enfermos y los reci?n casados. Ma?ana, solemnidad de la Epifan?a del Se?or, recordaremos el camino de los Magos hacia Cristo, guiados por la luz de la estrella. Su ejemplo, queridos j?venes, alimente en vosotros el deseo de encontrar a Jes?s y de transmitir a todos la alegr?a de su Evangelio; os lleve, queridos enfermos, a ofrecer al Ni?o de Bel?n vuestros dolores y sufrimientos, hechos preciosos por la fe; que constituya para vosotros, queridos reci?n casados, un est?mulo constante a hacer vuestras familias ?peque?as iglesias? que acojan los signos misteriosos de Dios y del don de la vida.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Habla el Papa
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