Domingo, 30 de enero de 2011

ZENIT nos ofrece la homil?a que Benedicto XVI pronunci? durante la misa de la fiesta del Bautismo del Se?or, celebrada?el domingo, 9 de Enero e 2011,?por la ma?ana en la Capilla Sixtina y durante la cual administr? el sacramento del Bautismo a 21 beb?s.

Queridos hermanos y hermanas,

estoy contento de daros una cordial bienvenida en particular a vosotros, padres, padrinos y madrinas de los 21 beb?s a los que, en breve, tendr? la alegr?a de administrar el Sacramento del Bautismo. Como ya es tradici?n, este rito tiene lugar tambi?n este a?o en la santa Eucarist?a con la que celebramos el Bautismo del Se?or. Se trata de la Fiesta que, en el primer domingo despu?s de la solemnidad de la Epifan?a, cierra el tiempo navide?o con la manifestaci?n del Se?or en el Jord?n.

Seg?n el relato del evangelista Mateo (3,13-17), Jes?s fue de Galilea al r?o Jord?n, para hacerse bautizar por Juan; de hecho, acud?an de toda Palestina para escuchar la pr?dica de este gran profeta, el anuncio de la venida del Reino de Dios, y para recibir el bautismo, es decir para someterse a ese signo de penitencia que llamaba a la conversi?n del pecado. Aun llam?ndose bautismo, ?ste no ten?a el valor sacramental del rito que celebramos hoy; como sab?is, es de hecho con su muerte y resurrecci?n como Jes?s instituye los Sacramentos y hace nacer la Iglesia. El administrado por Juan, era un acto penitencial, un gesto que invitaba a la humildad frente a Dios, invitaba a un nuevo inicio: sumergi?ndose en el agua, el penitente reconoc?a haber pecado, imploraba a Dios la purificaci?n de sus culpas y era enviado a cambiar los malos comportamientos, como muriendo en el agua y resurgiendo a una nueva vida.

Por eso, cuando el Bautista ve a Jes?s que, en fila con los pecadores, viene a hacerse bautizar, queda asombrado; reconociendo en ?l al Mes?as, el Santo de Dios, Aquel que est? sin pecado, Juan manifiesta su desconcierto; ?l mismo, el bautista hubiera querido hacerse bautizar por Jes?s. Pero Jes?s le exhorta a no oponer resistencia, a aceptar cumplir este acto, para hacer lo que es conveniente y ?cumplir toda justicia?. Con esta expresi?n, Jes?s manifiesta haber venido al mundo para hacer la voluntad de Quien lo ha enviado, para cumplir todo lo que el Padre le pide; para obedecer al Padre ?l ha aceptado hacerse hombre. Este gesto revela sobre todo qui?n es Jes?s; es el Hijo de Dios, verdadero Dios como el Padre; es Aquel que ?se ha bajado? para hacerse uno de nosotros, Aquel que se ha hecho hombre y ha aceptado humillarse hasta la muerte de cruz (cf. Fil 2,7). El bautismo de Jes?s, del que hoy hacemos memoria, se sit?a en esta l?gica de la humildad y de la solidaridad: es el gesto de Aquel que quiere hacerse en todo uno de nosotros y se pone realmente en fila con los pecadores; ?l, que est? sin pecado, se deja tratar como pecador (cf. 2Cor 5,21), para llevar sobre sus hombros el peso de la culpa de toda la humanidad, tambi?n de nuestra culpa. Es el ?siervo de Dios? del que nos ha hablado el profeta Isa?as en la primera lectura (cf. 42,1). Su humildad est? dictada por la voluntad de establecer una comuni?n plena con la humanidad, por el deseo de realizar una verdadera solidaridad con el hombre y con su condici?n. El gesto de Jes?s anticipa la Cruz, la aceptaci?n de la muerte por los pecados del hombre. Este acto de abajamiento, con el que Jes?s quiere ajustarse totalmente al designio de amor del Padre y conformarse a nosotros, manifiesta la plena sinton?a de voluntad y de entente que hay entre las personas de la Sant?sima Trinidad. Para ese acto de amor, el Esp?ritu de Dios se manifiesta y viene como una paloma sobre ?l, y en ese momento el amor que une a Jes?s y al Padre es testimoniado a los que asisten al bautismo por una voz de lo alto que todos oyen. El Padre manifiesta abiertamente a los hombres, a nosotros, la comuni?n profunda que lo liga al Hijo: la voz que resuena de lo alto atestigua que Jes?s es obediente en todo al Padre y que esta obediencia es expresi?n del amor que les une entre ellos. Por eso, el Padre pone su complacencia en Jes?s, porque reconoce en el actuar del Hijo el deseo de seguir en todo su voluntad: ??ste es mi Hijo amado en quien tengo mis complacencias? (Mt 3,17). Y esta palabra del Padre alude tambi?n, en anticipo, la victoria de la resurrecci?n y nos dice c?mo debemos vivir para estar en la complacencia del Padre, comport?ndonos como Jes?s.

Queridos padres, el Bautismo que vosotros hoy ped?s para vuestros hijos, les inserta en este intercambio de amor rec?proco que hay en Dios entre el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo; por este gesto que voy a realizar, se derrama en ellos el amor de Dios, inund?ndoles de sus dones. A trav?s del lavado del agua, vuestros hijos se insertan en la vida misma de Jes?s, que muri? en la cruz para liberarnos del pecado y resucitando venci? la muerte. Por eso, inmersos espiritualmente en su muerte y resurrecci?n, son liberados del pecado original y en ellos empieza la vida de la gracia, que es la vida misma de Jes?s Resucitado. ??l -afirma San Pablo- se entreg? por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para s? un pueblo propio, celador de buenas obras? (Tt 2,14).

Queridos amigos, d?ndonos la fe, el Se?or nos ha dado lo m?s precioso de la vida, es decir el motivo m?s verdadero y m?s bello por el que vivir: por gracia hemos cre?do en Dios, hemos conocido su amor, con el que quiere salvarnos y liberarnos del mal. La fe es el gran don con el que nos da tambi?n la vida eterna, la verdadera vida. Ahora vosotros, queridos padres, padrinos y madrinas, ped?s a la Iglesia que acoja en su seno a estos ni?os, que les d? el Bautismo: y esta petici?n la hac?is en raz?n del don de la fe que vosotros mismos hab?is, a vuestra vez, recibido. Con el profeta Isa?as, todo cristiano puede repetir: ?desde el seno materno me form? para siervo suyo? (cf. 49,5); as?, queridos padres, vuestros hijos son un don precioso del Se?or, quien se ha reservado para s? su coraz?n, para poderlo volver a colmar de su amor. A trav?s del sacramento del Bautismo, hoy los consagra y los llama a seguir a Jes?s, a trav?s de la realizaci?n de su vocaci?n personal seg?n el particular designio de amor que el Padre tiene en mente para cada uno de ellos: meta de esta peregrinaci?n terrena ser? la plena comuni?n con ?l en la felicidad eterna.

Recibiendo el Bautismo, estos ni?os obtienen en don un sello espiritual indeleble, el ?car?cter?, que marca interiormente para siempre su pertenencia al Se?or y los hace miembros vivos de su cuerpo m?stico, que es la Iglesia. Al entrar a formar parte del Pueblo de Dios, para estos ni?os, empieza hoy un camino que deber? ser un camino de santidad y de conformarse a Jes?s, una realidad que est? puesta en ellos como la semilla de un ?rbol espl?ndido, que se debe hacer crecer. Por eso, comprendiendo la grandeza de este don, desde los primeros siglos se ha tenido la consideraci?n de dar el Bautismo a los ni?os justo despu?s de nacer. Ciertamente, ser? despu?s necesaria una adhesi?n libre y consciente a esta vida de fe y de amor, y por eso es necesario que, despu?s del Bautismo, sean educados en la fe, instruidos seg?n la sabidur?a de la Sagrada Escritura y las ense?anzas de la Iglesia, de manera que crezca en ellos esta semilla de la fe que hoy reciben y puedan llegar a la plena madurez cristiana. La Iglesia, que los acoge entre sus hijos, debe hacerse cargo, junto a los padres y a los padrinos, de acompa?arlos en este camino de crecimiento. La colaboraci?n entre comunidad cristiana y familia es m?s necesaria que nunca en el actual contexto social, en el que la instituci?n familiar est? amenazada por muchas partes y se encuentra que tiene que enfrentarse a no pocas dificultades en su misi?n de educar en la fe. La disminuci?n de referencias culturales estables y la r?pida transformaci?n a la que est? sometida continuamente la sociedad, hacen verdaderamente arduo el compromiso educativo. Por eso, es necesario que las parroquias se esfuercen cada vez m?s en apoyar a las familias, peque?as Iglesias dom?sticas, en su tarea de transmisi?n de la fe.

Querid?simos padres, doy gracias con vosotros al Se?or por el don del Bautismo de estos hijos vuestros; al elevar nuestra oraci?n por ellos, invocamos el don abundante del Esp?ritu Santo, que hoy les consagra como imagen de Cristo sacerdote, rey y profeta. Confi?ndoles a la maternal intercesi?n de Mar?a Sant?sima, pidamos por su vida y salud, para que puedan crecer y madurar en la fe, y llevar, con su vida, frutos de santidad y de amor. ?Am?n!?

[Traducci?n del original italiano por Patricia Navas
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 18:43  | Habla el Papa
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