Domingo, 30 de enero de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el lunes 10 de Enero de 2011?a los miembros del Cuerpo Diplom?tico acreditado ante la Santa Sede, a quienes recibi? en audiencia en la Sala Regia del Palacio Apost?lico, para felicitarles el nuevo a?o.

Se?oras y Se?ores

Me alegra recibiros, ilustres Representantes de tantos pa?ses, en este encuentro en el que, como cada a?o, os reun?s con el Sucesor de Pedro. Este encuentro reviste un gran significado, ya que ofrece una imagen, al mismo tiempo que un ejemplo, del papel de la Iglesia y de la Santa Sede en la comunidad internacional. Saludo cordialmente a cada uno, en particular a los que particip?is por primera vez. Os agradezco la dedicaci?n y atenci?n con que, en el ejercicio de vuestras delicadas funciones, segu?s mis actividades, las de la curia romana y as?, en cierta medida, la vida de la Iglesia cat?lica en todo el mundo. Vuestro Decano, el Embajador Alejandro Valladares Lanza, se ha hecho portavoz de vuestros sentimientos, y le agradezco los deseos que me ha expresado en nombre de todos. Conociendo la uni?n de vuestra comunidad, estoy seguro de que en vuestro recuerdo estar? hoy presente la Embajadora del Reino de los Pa?ses Bajos, la Baronesa van Lynden-Leijten, que hace unas semanas march? a la casa del Padre. Me uno con la oraci?n a vuestros sentimientos.

Al comienzo de un nuevo a?o, resuena en nuestros corazones y en el mundo entero el eco del anuncio gozoso que resplandeci? en la noche Bel?n hace veinte siglos, noche que simboliza la condici?n humana en su necesidad de luz, de amor y de paz. A los hombres de entonces, as? como a los de ahora, los ej?rcitos celestiales llevaron la buena nueva de la llegada del Salvador: ?El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en un pa?s de sombras, una luz les brill? (Is?9,1). El Misterio del Hijo de Dios que se hace hombre supera completamente cualquier expectativa humana. En su absoluta gratuidad, este acontecimiento de salvaci?n es la respuesta aut?ntica y completa al deseo m?s profundo del coraz?n. De Dios viene la verdad, el bien, la bondad, la vida en plenitud que cada hombre busca consciente o inconscientemente. Aspirando a estos bienes, toda persona busca a su Creador, ya que ?s?lo Dios responde a la sed que hay en el coraz?n de todo ser humano? (Exhort. ap. Postsinodal Verbum Domini, 23). La humanidad, a trav?s de sus creencias y ritos, ha manifestado a lo largo de su historia una b?squeda incesante de Dios, y ?estas formas de expresi?n son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso? (Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 28). La dimensi?n religiosa es una caracter?stica innegable e irreprimible del ser y del obrar del hombre, la medida de la realizaci?n de su destino y de la construcci?n de la comunidad a la que pertenece. Por consiguiente, cuando el mismo individuo, o los que est?n a su alrededor, olvidan o niegan este aspecto fundamental, se crean desequilibrios y conflictos en todos los sentidos, tanto en el aspecto personal como interpersonal.

Esta verdad primera y fundamental es la raz?n por la que, en el?Mensaje para la celebraci?n de la Jornada Mundial de la Paz, de este a?o, he se?alado la libertad religiosa como el camino fundamental para la construcci?n de la paz. ?sta, en efecto, se construye y se conserva solo cuando el hombre puede buscar y servir a Dios libremente en su coraz?n, en su vida y en sus relaciones con los dem?s.

Se?oras y Se?ores Embajadores, vuestra presencia en esta solemne circunstancia me invita a realizar un recorrido general por los pa?ses que represent?is y por el mundo entero. En esta panor?mica, ?no se ven acaso numerosas situaciones en las que lamentablemente el derecho a la libertad religiosa ha sido lesionado o negado? Este derecho del hombre, que es en realidad el primer derecho, porque hist?ricamente ha sido afirmado en primer lugar, y porque, por otra parte, tiene como objeto la dimensi?n constitutiva del hombre, es decir, su relaci?n con el Creador, ?no ha sido demasiadas veces puesto en discusi?n o violado? Me parece que hoy la sociedad, sus responsables y la opini?n p?blica, son m?s conscientes, incluso aunque no siempre de manera exacta, la gravedad de esta herida contra la dignidad y la libertad del?homo religiosus, sobre la que he querido llamar la atenci?n de todos en muchas ocasiones.

Lo he hecho en mis viajes apost?licos del ?ltimo a?o, en Malta y Portugal, en Chipre, en el Reino Unido y en Espa?a. M?s all? de las caracter?sticas diferentes de estos pa?ses, conservo de todos un recuerdo lleno de gratitud por la acogida que me han dispensado. La Asamblea Especial del S?nodo de los Obispos para el Medio Oriente, celebrada en el Vaticano en octubre pasado, ha sido un momento de oraci?n y reflexi?n, en el que el pensamiento se ha dirigido con insistencia a las comunidades cristianas de esta regi?n del mundo, tan probadas a causa de su adhesi?n a Cristo y a la Iglesia.

S?, mirando hacia Oriente, nos han consternado los atentados que han sembrado la muerte, el dolor y la angustia entre los cristianos de Iraq, hasta el punto de inducirlos a dejar la tierra de sus padres en la que han vivido desde siglos. Renuevo a las autoridades de ese Pa?s y a los jefes religiosos musulmanes mi apremiante llamamiento a trabajar para que sus conciudadanos cristianos puedan vivir con seguridad y puedan seguir dando su aportaci?n a la sociedad de la que son miembros con pleno derecho. Tambi?n en Egipto, en Alejandr?a, el terrorismo ha golpeado brutalmente a los fieles reunidos en oraci?n en una iglesia. Esta sucesi?n de ataques es un signo m?s de la urgente necesidad de que los Gobiernos de la Regi?n adopten, a pesar de las dificultades y amenazas, medidas eficaces para la protecci?n de las minor?as religiosas. Si es necesario lo diremos una vez m?s. En Oriente Medio, ?los cristianos son ciudadanos originarios y aut?nticos, leales a su patria y, por ende, cumplen con sus deberes nacionales. Es normal que ellos puedan gozar de todos los derechos como ciudadanos, de la libertad de conciencia y de culto, de la libertad en el ?mbito de la educaci?n y de la ense?anza en el ?mbito de los medios de comunicaci?n? (Mensaje al Pueblo de Dios del S?nodo de Obispos para Oriente Medio, 10). A este respecto, aprecio la preocupaci?n por los derechos de los m?s d?biles y la clarividencia pol?tica que algunos pa?ses de Europa han demostrado en estos ?ltimos d?as, pidiendo una respuesta concertada de la Uni?n Europea para que los cristianos sean protegidos en Oriente Medio. Quisiera recordar, en definitiva, que el derecho a la libertad religiosa no se aplica plenamente all? donde s?lo se garantiza la libertad de culto, y adem?s con limitaciones. Asimismo, animo a que se promueva la plena salvaguarda de la libertad religiosa y de los dem?s derechos humanos, mediante programas que, desde la escuela primaria y en el marco de la ense?anza religiosa, ense?en a respetar a todos los hermanos en humanidad. Por lo que respecta a los Estados de la Pen?nsula Ar?bica, donde viven numerosos trabajadores cristianos inmigrantes, espero que la Iglesia cat?lica pueda disponer de estructuras pastorales apropiadas.

Entre las normas que lesionan el derecho de las personas a la libertad religiosa, merece una menci?n especial la ley contra la blasfemia en Pakist?n: Animo de nuevo a las autoridades de ese Pa?s a realizar los esfuerzos necesarios para abrogarla, tanto m?s cuanto es evidente que sirve de pretexto para cometer injusticias y violencias contra las minor?as religiosas. El tr?gico asesinato del Gobernador del Punjab pone de manifiesto la urgencia de proceder en este sentido: la veneraci?n a Dios promueve la fraternidad y el amor, no el odio o la divisi?n. Se pueden mencionar otras situaciones preocupantes, a veces violentas, en el Sur y Sureste del continente asi?tico, en pa?ses que tienen por otra parte una tradici?n de relaciones sociales pac?ficas. El peso particular de una determinada religi?n en una naci?n jam?s deber?a implicar la discriminaci?n en la vida social de los ciudadanos que pertenecen a otra confesi?n o, peor a?n, que se consienta la violencia contra ellos. A este respecto, es importante que el di?logo interreligioso favorezca un compromiso com?n para reconocer y promover la libertad religiosa de todas las personas y comunidades. Por ?ltimo, como ya he recordado, la violencia contra los cristianos no perdona ni siquiera a ?frica. Un triste testimonio de ello son los ataques contra dos lugares de culto en Nigeria, mientras se celebraba el Nacimiento de Cristo.

Por otra parte, en diversos pa?ses en que la Constituci?n reconoce una cierta libertad religiosa, la vida de las comunidades religiosas se hace, de hecho, dif?cil y a veces incluso insegura (cf. Conc. Vat. II, Decl.Dignitatis Humanae, 15), ya que el ordenamiento jur?dico o social se inspira en sistemas filos?ficos y pol?ticos que postulan un estricto control, por no decir un monopolio, del Estado sobre la sociedad. Es necesario que cesen tales ambig?edades, de manera que los creyentes no tengan ya que debatirse entre la fidelidad a Dios y la lealtad a su patria. Pido de modo particular que todos garanticen a la comunidad cat?lica la plena autonom?a de organizaci?n y la libertad de cumplir su misi?n, conforme a las normas y est?ndares internacionales en este ?mbito. En este momento, mi pensamiento vuelve de nuevo a las comunidades cat?licas de China continental y a sus Pastores, que viven un momento de dificultad y de prueba. Por otro lado, quisiera dirigir una palabra de ?nimo a las autoridades de Cuba, Pa?s que en 2010 ha celebrado los 75 a?os de sus relaciones diplom?ticas ininterrumpidas con la Santa Sede, para que el di?logo que felizmente se ha instaurado con la Iglesia se refuerce y ampl?e todav?a m?s.

Dirigiendo nuestra mirada de Oriente a Occidente, nos encontramos frente a otros tipos de amenazas contra el pleno ejercicio de la libertad religiosa. Pienso, en primer lugar, en los pa?ses que conceden una gran importancia al pluralismo y la tolerancia, pero donde la religi?n sufre una marginaci?n creciente. Se tiende a considerar la religi?n, toda religi?n, como un factor sin importancia, extra?o a la sociedad moderna o incluso desestabilizador, y se busca por diversos medios impedir su influencia en la vida social. Se llega as? a exigir que los cristianos ejerzan su profesi?n sin referencia a sus convicciones religiosas o morales, e incluso en contradicci?n con ellas, como, por ejemplo, all? donde est?n en vigor leyes que limitan el derecho a la objeci?n de conciencia de los profesionales sanitarios o de algunos profesionales del derecho.

En este contexto, es un motivo de alegr?a que el Consejo de Europa, en el mes de octubre pasado, haya adoptado una Resoluci?n que protege el derecho del personal m?dico a la objeci?n de conciencia frente a ciertos actos que, como el aborto, lesionan gravemente el derecho a la vida.

Otra manifestaci?n de marginaci?n de la religi?n y, en particular, del cristianismo, consiste en desterrar de la vida p?blica fiestas y s?mbolos religiosos, por respeto a los que pertenecen a otras religiones o no creen. De esta manera, no s?lo se limita el derecho de los creyentes a la expresi?n p?blica de su fe, sino que se cortan las ra?ces culturales que alimentan la identidad profunda y la cohesi?n social de muchas naciones. El a?o pasado, algunos pa?ses europeos se unieron al recurso del Gobierno italiano en la famosa causa de la exposici?n del crucifijo en los lugares p?blicos. Deseo expresar mi gratitud a las autoridades de esas naciones, as? como a todos los que se han empe?ado en este sentido, episcopados, organizaciones y asociaciones civiles o religiosas, en particular al Patriarcado de Mosc? y a los dem?s representantes de la jerarqu?a ortodoxa, y a todas las personas, creyentes y tambi?n no creyentes, que han querido manifestar su aprecio por este s?mbolo portador de valores universales.

Reconocer la libertad religiosa significa, adem?s, garantizar que las comunidades religiosas puedan trabajar libremente en la sociedad, con iniciativas en el ?mbito social, caritativo o educativo. Por otra parte, se puede constatar por todo el mundo la fecunda labor de la Iglesia cat?lica en estos ?mbitos. Es preocupante que este servicio que las comunidades religiosas ofrecen a toda la sociedad, en particular mediante la educaci?n de las j?venes generaciones, sea puesto en peligro u obstaculizado por proyectos de ley que amenazan con crear una especie de monopolio estatal en materia escol?stica, como se puede constatar por ejemplo en algunos pa?ses de Am?rica Latina. Mientras muchos de ellos celebran el segundo centenario de su independencia, ocasi?n propicia para recordar la contribuci?n de la Iglesia cat?lica en la formaci?n de la identidad nacional, exhorto a todos los Gobiernos a promover sistemas educativos que respeten el derecho primordial de las familias a decidir la educaci?n de sus hijos, inspir?ndose en el principio de subsidiariedad, esencial para organizar una sociedad justa.

Continuando mi reflexi?n, no puedo dejar de mencionar otra amenaza a la libertad religiosa de las familias en algunos pa?ses europeos, all? donde se ha impuesto la participaci?n a cursos de educaci?n sexual o c?vica que transmiten una concepci?n de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropolog?a contraria a la fe y a la justa raz?n.

Se?oras y Se?ores Embajadores.

En esta solemne circunstancia, permitirme explicitar algunos principios que inspiran la actividad de la Santa Sede, y de toda la Iglesia cat?lica, ante las Organizaciones Internacionales intergubernamentales, a fin de promover el pleno respeto de la libertad religiosa de todos. En primer lugar, est? la convicci?n de que no se puede crear una especie de escala en la gravedad de la intolerancia contra las religiones. Desgraciadamente, una actitud semejante es frecuente, y los actos discriminatorios contra los cristianos son considerados precisamente como menos graves, menos dignos de atenci?n por parte de los Gobiernos y de la opini?n p?blica. Al mismo tiempo, se debe rechazar tambi?n el peligroso contraste que algunos quieren establecer entre el derecho a la libertad religiosa y los dem?s derechos del hombre, olvidando o negando as? el papel central que el respeto de la libertad religiosa tiene en la defensa y protecci?n de la alta dignidad del hombre. Todav?a menos justificables son los intentos de oponer al derecho a la libertad religiosa unos derechos pretendidamente nuevos, promovidos activamente por ciertos sectores de la sociedad e incluidos en las legislaciones nacionales o en directivas internacionales, pero que no son, en realidad, m?s que la expresi?n de deseos ego?stas que no encuentran fundamento en la aut?ntica naturaleza humana. Por ?ltimo, es necesario afirmar que no es suficiente una proclamaci?n abstracta de la libertad religiosa: esta norma fundamental de la vida social debe ser aplicada y respetada en todos los niveles y ?mbitos; de otra manera, a pesar de justas afirmaciones de principio, se corre el riesgo de cometer profundas injusticias contra los ciudadanos que desean profesar y practicar libremente su fe.

La promoci?n de una plena libertad religiosa de las comunidades cat?licas es tambi?n el objetivo que persigue la Santa Sede cuando establece concordatos u otros acuerdos. Me alegra el que algunos Estados de diversas regiones del mundo y de tradiciones religiosas, culturales y jur?dicas distintas elijan el instrumento de las convenciones internacionales como medio para organizar las relaciones entre la comunidad pol?tica y la Iglesia cat?lica, estableciendo a trav?s del di?logo el cuadro de una colaboraci?n en el respeto de las competencias rec?procas. El a?o pasado se ha concluido y ha entrado en vigor un Acuerdo para la asistencia religiosa de los fieles cat?licos de las fuerzas armadas en Bosnia-Herzegovina, y actualmente hay negociaciones en curso en diversos pa?ses. Esperamos un resultado positivo que asegure una soluci?n que respete la naturaleza y la libertad de la Iglesia, para el bien de toda la sociedad.

La actividad de los representantes pontificios en los Estados y Organizaciones internacionales est? igualmente al servicio de la libertad religiosa. Quisiera se?alar con satisfacci?n que las autoridades vietnamitas han aceptado la designaci?n de un Representante m?o que, visitando las queridas comunidades cat?licas de ese Pa?s, manifestar? la solicitud del Sucesor de Pedro. Quisiera igualmente recordar que, durante el a?o pasado, la red diplom?tica de la Santa Sede se ha reforzado en ?frica, desde ahora una presencia estable se ha asegurado en tres pa?ses donde el nuncio no era residente. Si Dios quiere, me acercar? una vez m?s a ese continente, a Benin, el pr?ximo noviembre, para entregar la Exhortaci?n apost?lica que recoger? el fruto de los trabajos de la segunda Asamblea especial para ?frica del S?nodo de los Obispos.

Ante este ilustre auditorio, quisiera reafirmar con fuerza que la religi?n no constituye un problema para la sociedad, no es un factor de perturbaci?n o de conflicto. Quisiera repetir que la Iglesia no busca privilegios, ni quiere intervenir en cuestiones extra?as a su misi?n, sino simplemente cumplirla con libertad. Invito a cada uno a reconocer la gran lecci?n de la historia: ??C?mo negar la aportaci?n de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilizaci?n? La b?squeda sincera de Dios ha llevado a un mayor respeto de la dignidad del hombre. Las comunidades cristianas, con su patrimonio de valores y principios, han contribuido mucho a que las personas y los pueblos hayan tomado conciencia de su propia identidad y dignidad, as? como a la conquista de instituciones democr?ticas y a la afirmaci?n de los derechos del hombre con sus respectivas obligaciones. Tambi?n hoy, en una sociedad cada vez m?s globalizada, los cristianos est?n llamados a dar su aportaci?n preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenaci?n de las realidades humanas, no s?lo con un compromiso civil, econ?mico y pol?tico responsable, sino tambi?n con el testimonio de su propia fe y caridad? (Mensaje para la celebraci?n de la Jornada Mundial de la Paz, 1 enero 2011, 7).

En este sentido, la figura de la Beata Madre Teresa de Calcuta es emblem?tica: el centenario de su nacimiento se ha celebrado en Tirana, en Skopje, en Pristina, as? como en India; le han rendido un vibrante homenaje, no s?lo la Iglesia, sino tambi?n las autoridades civiles y los jefes religiosos, sin contar personas de todas las confesiones. Ejemplos como el suyo muestran al mundo cu?nto puede beneficiar a la sociedad el compromiso que nace de la fe.

Que ninguna sociedad humana se prive voluntariamente de la contribuci?n fundamental que constituyen las personas y las comunidades religiosas. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la sociedad, asegurando plenamente a todos la justa libertad religiosa, podr? as? gozar ?de los bienes de la justicia y de la paz que dimanan de la fidelidad de los hombres a Dios y a su santa voluntad? (Decl.?Dignitatis Humanae, 6).

Por eso, mientras formulo votos para que este nuevo a?o sea rico en concordia y en un progreso real, exhorto a todos, responsables pol?ticos, jefes religiosos y personas de toda clase, a emprender con determinaci?n el camino hacia una paz aut?ntica y estable, que pase por el respeto del derecho a la libertad religiosa en toda su amplitud.

Sobre este compromiso, que para hacerse realidad necesita del empe?o de toda la familia humana, invoco la Bendici?n de Dios Todopoderoso, que por su Hijo Jesucristo, nuestra paz, llev? a cabo nuestra reconciliaci?n con ?l y entre nosotros (Ef. 2, 14).

Feliz a?o a todos.

[?Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 18:46  | Habla el Papa
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