Domingo, 30 de enero de 2011

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigi?, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, el mi?rcoles 12 d eEnero de 2011, a un grupo de fieles y peregrinos provenientes de Italia y de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy querr?a hablar de otra santa que como Catalina de Siena y Catalina de Bolonia, tambi?n lleva el nombre de Catalina; hablo de Catalina de G?nova, que destaca sobre todo por sus visiones del purgatorio.

El texto que nos cuenta su vida y su pensamiento, viene publicado en la ciudad ligure en el 1551; est? dividido en tres partes: la Vita, propiamente dicha, la Dimostratione et dechiaratione?del purgatorio ? m?s conocida como Trattato- y el Dialogo tra l'anima e il corpo . El compilador de la obra de Catalina fue su confesor, el sacerdote Cattaneo Marabotto.

Catalina naci? en G?nova, en 1447; ?ltima de cinco hijos, perdi? a su padre, Giacomo Fieschi, a su m?s tierna infancia. La madre, Francesca di Negro, les educ? cristianamente, tanto es as? que la mayor de las dos hijas se hizo religiosa.. a los diecis?is a?os, Catalina fue casada con Giuliano Adorno, un hombre que, tras varias experiencias en el ramo del comercio y en el mundo militar en Medio Oriente, hab?a vuelto a G?nova para casarse. La vida conyugal no fue f?cil, sobre todo por el car?cter del marido, quien gustaba de los juegos de azar. Catalina misma fue inducida, al principio, a llevar un tipo de vida mundana, en la cual no consigui? encontrar serenidad. Despu?s de diez a?os, en su coraz?n hab?a una sensaci?n profunda de vac?o y de amargura.

La conversi?n se inici? el 20 de marzo de 1473, gracias a una ins?lita experiencia. Catalina fue a la iglesia de San Benito y al monasterio de Nuestra Se?ora de las Gracias, para confesarse, y arrodill?ndose ante el sacerdote, ?recib?, como escribe ella misma, ?una herida en el coraz?n del inmenso amor de Dios?, y tal clara visi?n de sus miserias y defectos, y a la vez, de la bondad de Dios, que casi se desmaya. Fue herida en el coraz?n con el conocimiento de s? misma, de la vida que llevaba y de la bondad de Dios. De esta experiencia naci? la decisi?n que orient? toda su vida, que expresada en palabras fue: ?No m?s mundo, no m?s pecado? (cfr?Vita mirabile, 3rv). Catalina entonces, se fue dejando interrumpida la confesi?n. Cuando volvi? a casa, fue a la habitaci?n m?s apartada y pens? durante mucho tiempo. En ese momento fue instruida interiormente sobre la oraci?n y tuvo conciencia del amor de Dios hacia ella que era pecadora, una experiencia espiritual que no consegu?a expresar en palabras (cfr?Vita mirabile, 4r). Es en esta ocasi?n que se le apareci? Jes?s sufriente, cargado con la cruz, como a menudo se representa en la iconograf?a de la Santa. Pocos d?as despu?s, volvi? donde el sacerdote para realizar, finalmente, una buena confesi?n. Inici? aqu? la ?vida de purificaci?n? que, durante tanto tiempo, le hizo sufrir un dolor constante por los pecados cometidos y la empuj? a imponerse penitencias y sacrificios para mostrar su amor a Dios.

En este camino, Catalina se iba acercando cada vez m?s al Se?or, hasta entrar en la que se conoce como ?vida unitiva?, es decir, una relaci?n de uni?n profunda con Dios. En la ?Vita? est? escrito que su alma era guiada y amaestrada s?lo por el dulce amor de Dios, que le daba todo lo que necesitaba. Catalina se abandon? de tal modo en las manos del Se?or que vivi?, casi veinticinco a?os, como ella escribi?, ?sin necesidad de criatura alguna, s?lo instruida y gobernada por Dios?(Vita,?117r-118r), nutrida sobre todo, de la oraci?n constante y de la Santa Comuni?n recibida todos los d?as, algo no com?n en esa ?poca. S?lo a?os m?s tarde, el Se?or le dio un sacerdote que cuidase su alma.

Catalina fue siempre reacia a confiar y manifestar su experiencia de comuni?n m?stica con Dios, sobre todo por la profunda humildad que sent?a frente a las gracias del Se?or. S?lo desde la perspectiva de darle gloria y poder ayudar a otros en su camino espiritual, se anim? a contar lo que le hab?a sucedido en el momento de su conversi?n, que es su experiencia original y fundamental.

El lugar de su ascensi?n a las cumbres m?sticas fue el hospital de Pammatone, el complejo hospitalario m?s grande de G?nova, del que fue directora y animadora. Por tanto Catalina vivi? una existencia totalmente activa, no obstante la profundidad de su vida interior. En Pammatone se form? en torno a ella un grupo de seguidores, disc?pulos y colaboradores, fascinados por su vida de fe y su caridad. Consigui? que su mismo marido, Giuliano Adorno, dejara la vida disipada, se hiciera terciario franciscano y se transfiriera al hospital para ayudar a su mujer. La participaci?n de Catalina en el cuidado de los enfermos se prolong? hasta los ?ltimos d?as de su camino terreno, el 15 de septiembre de 1510. Desde su conversi?n hasta su muerte, no hubo sucesos extraordinarios, s?lo dos elementos caracterizaron su existencia entera: por una parte la experiencia m?stica, es decir, la profunda uni?n con Dios, vivida como una uni?n esponsal, y por la otra las asistencia a los enfermos, la organizaci?n del hospital, el servicio al pr?jimo, especialmente a los m?s abandonados y necesitados. Estos dos polos- Dios y el pr?jimo- colmaron toda su vida, transcurrida pr?cticamente dentro de los muros del hospital.

Queridos amigos, no debemos olvidar que cuanto m?s amamos a Dios y somos constantes en la oraci?n, tanto m?s amaremos verdaderamente a quien est? alrededor nuestro, a quien est? cerca de nosotros, porque seremos capaces de ver en cada persona el rostro del Se?or, que ama sin l?mites ni distinciones. La m?stica no crea distancias con el otro, no crea una vida abstracta, sino que acerca al otro porque se comienza a ver y a actuar con los ojos, con el coraz?n de Dios.

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El pensamiento de Catalina sobre el purgatorio, por el que es particularmente conocida, est? condensado en las ?ltimas dos partes del libro citado al inicio: el Tratado sobre el purgatorio y el Di?logo entre el alma y el cuerpo. Es importante observar que Catalina, en su experiencia m?stica, nunca tuvo revelaciones espec?ficas sobre el purgatorio o sobre las almas que se est?n purificando en ?l. Con todo, en los escritos inspirados por nuestra Santa es un elemento central, y la manera de describirlo tiene caracter?sticas originales respecto a su ?poca. El primer rasgo original se refiere al ?lugar? de la purificaci?n de las almas. En su tiempo se representaba principalmente con el recurso a im?genes ligadas al espacio: se pensaba en un cierto espacio, donde se encontrar?a el purgatorio. En Catalina, en cambio, el purgatorio no est? presentado como un elemento del paisaje de las entra?as de la tierra: es un fuego no exterior, sino interior. Esto es el purgatorio, un fuego interior. La Santa habla del camino de purificaci?n del alma hacia la comuni?n plena con Dios, partiendo de su propia experiencia de profundo dolor por los pecados cometidos, en contraste con el infinito amor de Dios (cfr Vita mirabile, 171v). Hemos escuchado sobre el momento de la conversi?n, donde Catalina siente de repente la bondad de Dios, la distancia infinita de su propia vida de esta bondad y un fuego abrasador dentro de ella. Y este es el fuego que purifica, es el fuego interior del purgatorio. Tambi?n aqu? hay un rasgo original respecto al pensamiento de la ?poca. No se parte, de hecho, del m?s all? para narrar los tormentos del purgatorio ? como era habitual en ese tiempo y quiz?s tambi?n hoy ? y despu?s indicar el camino para la purificaci?n o la conversi?n, sino que nuestra Santa parte de la experiencia propia interior de su vida en camino hacia la eternidad. El alma ? dice Catalina ? se presenta a Dios a?n ligada a los deseos y a la pena que derivan del pecado, y esto le hace imposible gozar de la visi?n beat?fica de Dios. Catalina afirma que Dios es tan puro y santo que el alma con las manchas del pecado no puede encontrarse en presencia de la divina majestad (cfr?Vita mirabile, 177r). Y tambi?n nosotros nos damos cuenta de cu?n alejados estamos, c?mo estamos llenos de tantas cosas, de manera que no podemos ver a Dios. El alma es consciente del inmenso amor y de la perfecta justicia de Dios y, en consecuencia, sufre por no haber respondido de modo correcto y perfecto a ese amor, y por ello el amor mismo a Dios se convierte en llama, el amor mismo la purifica de sus escorias de pecado.

En Catalina se percibe la presencia de fuentes teol?gicas y m?sticas a las que era normal recurrir en su ?poca. En particular se encuentra una imagen de Dionisio el Areopagita, la del hilo de oro que une el coraz?n humano con Dios mismo. Cuando Dios ha purificado al hombre, lo ata con un hilo fin?simo de oro, que es su amor, y lo atrae hacia s? con un afecto tan fuerte, que el hombre se queda como ?superado y vencido y todo fuera de s?. As? el coraz?n humano es invadido por el amor de Dios, que se convierte en la ?nica gu?a, el ?nico motor de su existencia (cfr?Vita mirabile, 246rv). Esta situaci?n de elevaci?n hacia Dios y de abandono a su voluntad, expresada en la imagen del hilo, es utilizada por Catalina para expresar la acci?n de la luz divina sobre las almas del purgatorio, luz que las purifica y las eleva hacia los esplendores de los rayos resplandecientes de Dios (cfr?Vita mirabile, 179r).

Queridos amigos, los santos, en su experiencia de uni?n con Dios, alcanzan un ?saber? tan profundo de los misterios divinos, en el que amor y conocimiento se compenetran, que son de ayuda a los mismos te?logos en su tarea de estudio, de intelligentia fidei, de intelligentia de los misterios de la fe, de profundizaci?n real de los misterios, por ejemplo de qu? es el purgatorio.

Con su vida, santa Catalina nos ense?a que cuanto m?s amamos a Dios y entramos en intimidad con ?l en la oraci?n, tanto m?s ?l se deja conocer y enciende nuestro coraz?n con su amor. Escribiendo sobre el purgatorio, la Santa nos recuerda una verdad fundamental de la fe que se convierte para nosotros en invitaci?n a rezar por los difuntos para que puedan llegar a la visi?n bendita de Dios en la comuni?n de los santos (cfr Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 1032). El servicio humilde, fiel y generoso, que la Santa prest? durante toda su vida en el hospital de Pammatone, adem?s, es un luminoso ejemplo de caridad para todos y un aliento especial para las mujeres que dan una contribuci?n fundamental a la sociedad y a la Iglesia con su preciosa obra, enriquecida por su sensibilidad y por la atenci?n hacia los m?s pobres y necesitados. Gracias.

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1?cfr Libro de la Vita mirabile et dottrina santa, de la beata Caterinetta da Genoa. Nel quale si contiene una utile et catholica dimostratione et dechiaratione del purgatorio, Genova 1551.

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los grupos provenientes de Espa?a, Uruguay y M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Os invito a que siguiendo el ejemplo de amor de Dios de santa Catalina de G?nova, sep?is entrar en intimidad de oraci?n con ?l y os dej?is transformar por el fuego de su amor. .

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]?


Publicado por verdenaranja @ 19:24  | Habla el Papa
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