Domingo, 30 de enero de 2011

ZENIT Publica el discurso pronunciado?el viernes, 14 de Enero de 2011,?por el Papa Benedicto XVI al recibir en audiencia a los administradores de la Regi?n Lazio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma, con ocasi?n del tradicional intercambio de felicitaciones por el nuevo a?o.

Ilustres se?ores y se?oras

Siguiendo una feliz costumbre, tambi?n este a?o tengo la grata ocasi?n de encontrar a los representantes de las Instituciones de la Regi?n Lazio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma. Doy las gracias a la honorable Renata Polverini, presidenta de la Junta Regional del Lazio, al honorable Giovanni Alemanno, Alcalde de Roma, y al honorable Nicola Zingaretti, presidente de la Provincia de Roma, por las corteses palabras que me han dirigido en nombre de todos. Os devuelvo los cordiales votos augurales por el nuevo a?o a vosotros, a los ciudadanos de Roma y de la Provincia y a los habitantes del Lazio, a quienes me siendo particularmente ligado como obispo de esta Ciudad, Sucesor de Pedro.

La vocaci?n singular de Roma, centro del catolicismo y capital del Estado italiano, requiere a nuestra ciudad ser un ejemplo de colaboraci?n fecunda y provechosa entre las Instituciones p?blicas y la Comunidad eclesial. Esta colaboraci?n, en el respeto de las rec?procas competencias, es hoy particularmente urgente ante los nuevos retos que se asoman en el horizonte. La Iglesia, en particular mediante la obra de los fieles laicos y de las asociaciones de inspiraci?n cat?lica, desea continuamente ofrecer su propia contribuci?n a la promoci?n del bien com?n y de un progreso aut?nticamente humano.

La c?lula originaria de la sociedad es la familia, fundada en el matrimonio entre el hombre y la mujer. Es en la familia donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pac?fica. Es en la familia donde se aprenden la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las normas, el perd?n y la acogida al otro. Es en la propia casa donde los j?venes, experimentando el afecto de los padres, descubren qu? es el amor y aprenden a amar. La familia, por tanto, debe ser apoyada por pol?ticas org?nicas que no se limiten a proponer soluciones a los problemas contingentes, sino que tengan como objetivo su consolidaci?n y desarrollo y sean acompa?adas por una adecuada obra educativa. A veces, por desgracia, suceden graves hechos de violencia y se amplifican algunos aspecto de crisis de la familia, causados por los r?pidos cambios sociales y culturales. Tambi?n el aprobar formas de uni?n que desnaturalizan la esencia y el fin de la familia, acaba por penalizar a cuantos, no sin esfuerzo, se empe?an en vivir v?nculos afectivos estables, jur?dicamente garantizados y p?blicamente reconocidos. En esta perspectiva, la Iglesia mira con favor a todas las iniciativas que buscan educar a los j?venes a vivir el amor en la l?gica del don de s? mismos, con una visi?n alta y oblativa de la sexualidad. Es necesaria con este objetivo una convergencia educativa entre los diversos componentes de la sociedad, para que el amor humano no se reduzca a un objeto de consumo, sino que pueda ser percibido y vivido como experiencia fundamental que da sentido y finalidad a la existencia.

La entrega rec?proca de los c?nyuges trae consigo la apertura a la generaci?n: el deseo de la paternidad y de la maternidad est? de hecho inscrito en el coraz?n humano. Muchas parejas desear?an acoger el don de nuevos hijos, pero son empujadas a esperar. Por esto es necesario apoyar concretamente la maternidad, como tambi?n garantizar a las mujeres que desarrollan una profesi?n la posibilidad de conciliar familia y trabajo. Demasiadas veces, de hecho, estas son obligadas necesariamente a elegir entre ambas. El desarrollo de pol?ticas adecuadas de ayuda, como tambi?n de estructuras destinadas a la infancia, como las guarder?as, tambi?n los gestionados por familias, puede ayudar a hacer que el hijo no sea visto como un problema, sino como un don y una alegr?a grande. Adem?s, dado que ?la apertura a la vida est? en el centro del verdadero desarrollo" (Caritas in veritate, 28), el elevado n?mero de abortos que son practicados en nuestra Regi?n no puede dejarnos indiferentes. La comunidad cristiana, a trav?s de numerosas "Casas familia", los "Centros de Ayuda a la Vida" y otras iniciativas parecidas, est? comprometida en acompa?ar y dar apoyo a las mujeres que se encuentran en grave dificultad al acoger una nueva vida. Que las Instituciones p?blicas sepan ofrecer su apoyo para que los Consultores familiares est?n en condici?n de ayudar a las mujeres a superar las causas que pueden llevar a interrumpir el embarazo. A prop?sito de esto, expreso mi aprecio por la ley vigente en la Regi?n Lazio que prev? el llamado ?cociente familiar" y considera el hijo concebido como un componente de la familia, y auguro que esta normativa encuentre plena realizaci?n. Estoy contento de que la ciudad de Roma haya puesto ya en marcha su compromiso en esta direcci?n.

En el otro lado de la vida, el envejecimiento de la poblaci?n plantea nuevos problemas. Los ancianos son una gran riqueza para la sociedad. Sus conocimientos, su experiencia, su sabidur?a son un patrimonio para los j?venes, que necesitan maestros de vida. Si bien muchos ancianos pueden contar con el apoyo y la cercan?a de su propia familia, crece el n?mero de quienes est?n solos y necesitan asistencia m?dico-sanitaria. La Iglesia, tambi?n en nuestra Regi?n, est? siempre cerca de aquellos se se encuentran en condiciones fr?giles por motivo de la edad o de la salud precaria. Mientras me alegro por la sinergia existente con las grandes realidades sanitarias cat?licas ? como, por ejemplo, en el campo de la infancia, entre el hospital Bambin Ges? y las Instituciones p?blicas ? auguro que estas estructuras puedan seguir colaborando con las entidades locales para asegurarles su servicio a cuantos se dirigen a ellas, renuevo la invitaci?n a promover una cultura que respete la vida hasta su t?rmino natural, en la conciencia de que ?la medida de la humanidad se determina esencialmente en la relaci?n con el sufrimiento y con el que sufre" (Enc.Spe salvi, 38).

En estos ?ltimos tiempos, la serenidad de nuestras familias est? amenazada por la grave y persistente crisis econ?mica, y muchas familias ya no consiguen garantizar un nivel suficiente de vida a sus propios hijos. Nuestras parroquias, a trav?s de C?ritas, se prodigan para salir al encuentro de estos n?cleos familiares aliviando, en cuanto pueden, los malestares y haciendo frente a las exigencias primarias. Conf?o en que puedan adoptarse procedimientos adecuados, dirigidos a sostener a las familias de renta baja, particularmente las numerosas, penalizadas demasiado a menudo. A ello se a?ade un problema cada d?a m?s dram?tico. Me refiero a la grave cuesti?n del trabajo. Los j?venes, en particular, que despu?s de a?os de preparaci?n no ven salidas laborales y posibilidades de inserci?n social, y de proyecci?n de futuro, se sienten a menudo desilusionados y se ven tentados de rechazar a la propia sociedad. La prolongaci?n de situaciones semejantes causa tensiones sociales, que son aprovechadas por las organizaciones criminales para proponer actividades il?citas. Es por tanto urgente que, aun en este momento dif?cil, se hagan todos los esfuerzos por promover pol?ticas ocupacionales, que puedan garantizar un trabajo y una sustentaci?n digna, condici?n indispensable para dar vida a nuevas familias.

Gentiles Autoridades, son m?ltiples los problemas que requieren una soluci?n. Que vuestro compromiso de Administradores, que se esfuerzan en colaborar juntos por el bien de la comunidad, sepa siempre considerar al hombre como un fin, para que pueda vivir de manera autenticamente humana. Como obispo de esta ciudad quisiera, por tanto, invitaros a encontrar en la Palabra de Dios la fuente de inspiraci?n para vuestra acci?n pol?tica y social, en la ?b?squeda del verdadero bien de todos, en el respeto y en la promoci?n de la dignidad de toda persona" (Ex. ap. postsinodall Verbum Domini, 101). Os aseguro mi recuerdo en la oraci?n, sobre todo por aquellos que comienzan su servicio al bien com?n, y mientras invoco sobre vuestro trabajo la protecci?n maternal de la Virgen Mar?a, Salus Populi Romani, os imparto de coraz?n mi Bendici?n, que de buen grado extiendo a los habitantes de Roma, de su Provincia y de todo el Lazio.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
? Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:29  | Habla el Papa
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