Mi?rcoles, 02 de febrero de 2011

ZENIT nos ofrece la catequesis pronunciada?el mi?rcoles 19 de Enero de 2011?por el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General, celebrada en el Aula Pablo VI, con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

estamos celebrando la Semana de Oraci?n por la Unidad de los Cristianos, en la que todos los creyentes en Cristo est?n invitados a unirse en oraci?n para dar testimonio del profundo v?nculo que existe entre ellos y para invocar el don de la comuni?n plena. Es providencial el hecho de que, en el camino para construir la unidad, se ponga en el centro la oraci?n: esto nos recuerda, una vez m?s, que la unidad no puede ser un simple producto del actuar humano; es ante todo un don de Dios, que conlleva un crecimiento en la comuni?n con el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo. El Concilio Vaticano II dice ?Estas oraciones en comuni?n son, sin duda, un medio muy eficaz para impetrar la gracia de la unidad y constituyen una manifestaci?n aut?ntica de los v?nculos con los cuales los cat?licos permanecen unidos con los hermanos separados: ' Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos' (Mt 18,20)? (Decr. Unitatis Redintegratio, 8). El camino hacia la unidad visible entre todos los cristianos habita en la oraci?n, porque fundamentalmente la unidad no la ?construimos? nosotros, sino que la ?construye? Dios, viene de ?l, del Misterio trinitario, de la unidad del Padre con el Hijo en el di?logo de amor que es el Esp?ritu Santo y nuestro esfuerzo ecum?nico debe abrirse a la acci?n divina, debe ser invocaci?n cotidiana de la ayuda de Dios. La Iglesia es suya y no nuestra.

El tema elegido este a?o para la Semana de Oraci?n hace referencia a la experiencia de la primera comunidad cristiana de Jerusal?n, tal como es descrita por los Hechos de los Ap?stoles (hemos escuchado el texto): ?Todos se reun?an asiduamente para escuchar la ense?anza de los Ap?stoles y participar en la vida com?n, en la fracci?n del pan y en las oraciones? (Hch 2,42). Debemos considerar que ya en el momento de Pentecost?s el Esp?ritu Santo desciende sobre personas de diversa lengua y cultura: esto significa que la Iglesia abraza desde el principio a gente de diversa procedencia y, sin embargo, precisamente a partir de esas diferencias, el Esp?ritu crea un ?nico cuerpo. Pentecost?s como inicio de la Iglesia marca la ampliaci?n de la Alianza de Dios a todas las criaturas, a todos los pueblos y a todos los tiempos, para que toda la creaci?n camine hacia su verdadero objetivo: ser lugar de unidad y de amor.

En el pasaje citado de los Hechos de los Ap?stoles, cuatro caracter?sticas definen a la primera comunidad cristiana de Jerusal?n como lugar de unidad y de amor, y san Lucas no s?lo quiere describir una evento del pasado. Nos lo ofrece como modelo, como norma para la Iglesia presente, porque estas cuatro caracter?sticas deben constituir siempre la vida de la Iglesia. La primera caracter?stica es estar unida en la escucha de las ense?anzas de los Ap?stoles, en la comuni?n fraterna, en la fracci?n del pan y en la oraci?n. Como ya he mencionado estos cuatro elementos son todav?a hoy, los pilares de la vida de toda comunidad cristiana y constituyen un ?nico y s?lido cimiento sobre el cual basar nuestra b?squeda de la unidad visible de la Iglesia.

Ante todo tenemos la escucha de la ense?anza de los Ap?stoles, o sea, la escucha del testimonio que estos dan de la misi?n, la vida, la muerte y la resurrecci?n del Se?or Jes?s. Es lo que Pablo llama sencillamente el ?Evangelio?. Los primeros cristianos recib?an el Evangelio de la boca de los Ap?stoles, estaban unidos para su escucha y para su proclamaci?n, pues el Evangelio, como afirma san Pablo, ?es el poder de Dios para la salvaci?n de todos los que creen? (Rm 1,16). Todav?a hoy, la comunidad de los creyentes reconoce en la referencia a la ense?anza de los Ap?stoles la propia norma de fe: cada esfuerzo realizado para la construcci?n de la unidad entre los cristianos pasa a trav?s de la profundizaci?n de la fidelidad al depositum fidei que nos transmitieron los Ap?stoles. La firmeza en la fe es la base de nuestra comuni?n, es la base de la unidad cristiana.

El segundo elemento es la comuni?n fraterna. En los tiempos de la primera comunidad cristiana, como tambi?n en nuestros d?as, ?sta es la expresi?n m?s tangible, sobre todo para el mundo exterior, de la unidad entre los disc?pulos del Se?or. Leemos en los Hechos de los Ap?stoles ? lo hemos escuchado ? que los primeros cristianos ten?an todo en com?n, y que quien ten?a propiedades y bienes los vend?a para distribuirlos a los necesitados (cfr Hch 2,44-45). Esta comuni?n de los propios bienes ha encontrado, en la historia de la Iglesia, nuevas formas de expresi?n. Una de estas, en particular, es la de la relaci?n fraternal y de amistad construida entre cristianos de distintas confesiones. La historia del movimiento ecum?nico est? marcada por dificultades e incertidumbres, pero es tambi?n una historia de fraternidad, de cooperaci?n y de comuni?n humana y espiritual, que ha cambiado de manera significativa las relaciones entre los creyentes en el Se?or Jes?s: todos estamos comprometidos a continuar en este camino. El segundo elemento es, por tanto, la comuni?n, que ante todo es comuni?n con Dios a trav?s de la fe, pero la comuni?n con Dios crea comuni?n entre nosotros y se traduce necesariamente en la comuni?n concreta de la que hablan los Hechos de los Ap?stoles, o sea la comuni?n plena. Nadie en la comunidad cristiana debe pasar hambre, nadie debe ser pobre: es una obligaci?n fundamental. La comuni?n con Dios, hecha carne en la comuni?n fraterna, se traduce, en concreto, en el esfuerzo social, en la caridad cristiana, en la justicia.

Tercer elemento. En la vida de la primera comunidad de Jerusal?n era esencial tambi?n el momento de la fracci?n del pan, en el que el Se?or mismo se hace presente con el ?nico sacrificio de la Cruz en su entregarse completamente por la vida de sus amigos: ??ste es mi cuerpo ofrecido en sacrificio por vosotros? ?ste es el c?liz de mi Sangre... derramada por vosotros?. ?La Iglesia vive de la Eucarist?a. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en s?ntesis el n?cleo del misterio de la Iglesia? (Enc. Ecclesia de Eucharistia, 1). La comuni?n en el sacrificio de Cristo es el culmen de nuestra uni?n con Dios y representa por tanto tambi?n la plenitud de la unidad de los disc?pulos de Cristo, la comuni?n plena. Durante esta semana de oraci?n por la unidad est? particularmente vivo el lamento por la imposibilidad de compartir la misma mesa eucar?stica, signo de que estamos a?n lejos de la realizaci?n de esa unidad por la que Cristo or?. Esta experiencia dolorosa, que confiere una dimensi?n penitencial a nuestra oraci?n, debe convertirse en motivo de un esfuerzo m?s generoso todav?a, por parte de todos; con el fin de que, eliminados todos los obst?culos para la plena comuni?n, llegue el d?a en que sea posible reunirse en torno a la mesa del Se?or, partir juntos el pan eucar?stico y beber todos del mismo c?liz.

Finalmente, la oraci?n, o como dice san Lucas, ?las oraciones?, es la cuarta caracter?stica de la Iglesia primitiva de Jerusal?n descrita en el libro de los Hechos de los Ap?stoles. La oraci?n es desde siempre la actitud constante de los disc?pulos de Cristo, lo que acompa?a sus vidas cotidianas en obediencia a la voluntad de Dios, como nos lo atestiguan tambi?n las palabras del ap?stol Pablo, que escribe a los Tesalonicenses en su primera carta ?Estad siempre alegres. Orad sin cesar. Dad gracias a Dios en toda ocasi?n: esto es lo que Dios quiere de todos vosotros, en Cristo Jes?s? (1 Tes 5, 16-18; cfr. Ef 6,18). La oraci?n cristiana, participaci?n en la oraci?n de Jes?s, es por excelencia una experiencia filial, como nos lo atestiguan las palabras del Padre Nuestro, oraci?n de la familia -el ?nosotros? de los Hijos de Dios, de los hermanos y hermanas- que habla a un Padre com?n. Estar en actitud de oraci?n implica por tanto abrirse a la fraternidad. S?lo en el ?nosotros? podemos decir Padre Nuestro. Abr?monos a la fraternidad que deriva de ser hijos del ?nico Padre celeste, y por tanto a estar dispuestos al perd?n y a la reconciliaci?n.

Queridos hermanos y hermanas, como disc?pulos del Se?or tenemos una responsabilidad com?n hacia el mundo, debemos hacer un servicio com?n: como la primera comunidad cristiana de Jerusal?n, partiendo de lo que ya compartimos, debemos ofrecer un testimonio fuerte, fundado espiritualmente y apoyado por la raz?n, del ?nico Dios que se ha revelado y que nos habla en Cristo, para ser portadores de un mensaje que oriente e ilumine el camino del hombre de nuestro tiempo, a menudo privado de puntos de referencia claros y v?lidos. Es importante, entonces, crecer cada d?a en el amor mutuo, empe??ndonos en superar esas barreras que a?n existen entre los cristianos; sentir que existe una verdadera unidad interior entre todos aquellos que siguen al Se?or; colaborar lo m?s posible, trabajando juntos sobre las cuestiones a?n abiertas; y sobre todo ser conscientes de que en este itinerario el Se?or debe asistirnos, tiene que ayudarnos a?n mucho, porque sin ?l, solos, sin ?permanecer en ?l? no podemos hacer nada (cfr Jn 15,5).

Queridos amigos, una vez m?s es en la oraci?n donde nos encontramos reunidos ? particularmente en esta semana ? junto a todos aquellos que confiesan su fe en Jesucristo, Hijo de Dios: perseveremos en ella, seamos hombres de oraci?n, implorando de Dios el don de la unidad, para que se cumpla en el mundo entero su designio de salvaci?n y de reconciliaci?n. ?Gracias!?

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Habla el Papa
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