Mi?rcoles, 02 de febrero de 2011

ZENIT??nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los dirigentes, funcionarios, agentes y personal civil de la Polic?a del Estado de servicio en Roma, durante?la ma?ana del d?a 21 de Enero de 2011 en el Aula de la Bendici?n del Palacio Apost?lico.

?Ilustre se?or cuestor, ilustres dirigentes y funcionarios y queridos agentes y personal civil de la polic?a del Estado!

Estoy muy contento de encontrarme con vosotros y os doy la bienvenida a la Casa de Pedro, esta vez no por servicio, ?sino para vernos, hablarnos y saludarnos de un modo m?s familiar!

Saludo en particular al se?or cuestor, agradeci?ndole sus palabras, como tambi?n a los otros dirigentes y al capell?n. Un cordial saludo tambi?n a vuestros familiares, ?especialmente a los ni?os!.

Antes de nada quiero agradeceros todo el trabajo que realiz?is a favor de la ciudad de Roma, de la que soy el obispo, para que su vida se desarrolle en el orden y en la seguridad. Expreso mi reconocimiento tambi?n por ?el esfuerzo de m?s que a menudo os supone mi actividad!

La ?poca en la que vivimos est? marcada de profundos cambios. Tambi?n Roma, que es llamada justamente ?ciudad eterna?, ha cambiado y evolucionado mucho; lo experimentamos cada d?a y vosotros sois testigos privilegiados. Estos cambios a veces generan una sensaci?n de inseguridad, debido en primer lugar a la precariedad social y econ?mica, agudizada por un cierto debilitamiento de la percepci?n de los principios ?ticos sobre los cuales se basa el derecho, tambi?n de las actitudes morales personales, que siempre dan fuerza a estos principios..

Nuestro mundo, con todas sus nuevas esperanzas y posibilidades, al mismo tiempo se ve afectado por la impresi?n de que el consenso moral ha disminuido y que, por consiguiente, las estructuras b?sicas de la convivencia no llegan a funcionar totalmente. Por tanto en muchos se vislumbra la tentaci?n de pensar que las fuerzas movilizadas para la defensa de la sociedad civil est?n finalmente, destinadas al fracaso. Frente a esta tentaci?n nosotros, en particular, que somos cristianos, tenemos la responsabilidad de redescubrir una nueva resoluci?n en la profesi?n de la fe y en el cumplir el bien, para continuar, con valent?a, estando al lado de los hombres en sus alegr?as y sufrimientos, tanto en las horas felices como en las horas oscuras de la existencia terrena.

En nuestros d?as se da gran importancia a la dimensi?n subjetiva de la existencia. ?sto es, por un lado un bien, porque permite poner al hombre y a su dignidad en el centro de la consideraci?n, tanto en el pensamiento como en la acci?n hist?rica. No se debe nunca olvidar que el hombre encuentra su profund?sima dignidad en la mirada amorosa de Dios, en su referencia a ?l. La atenci?n a la dimensi?n subjetiva es tambi?n un bien cuando se pone en evidencia el valor de la conciencia humana. Pero aqu? encontramos un gran riesgo, porque en el pensamiento moderno se ha desarrollado una visi?n reductora de la conciencia, seg?n la cual no hay referencias objetivas en el determinar lo que vale y lo que es verdad, sino que el individuo en particular, con sus intuiciones y sus experiencias, es el metro para medir; cada uno por tanto posee la propia verdad, la propia moral. La consecuencia m?s evidente de ?sto es que la religi?n y la moral tienden a ser confinadas al ?mbito del sujeto, de lo privado: la fe con sus valores y sus comportamientos, no tendr?n derecho nunca a tener un lugar en la vida p?blica y civil.

Por tanto, por una parte, en la sociedad se da gran importancia al pluralismo y a la tolerancia, y por la otra la religi?n tiende a ser progresivamente marginada y considerada irrelevante, en un cierto sentido ajena al espacio civil, como si se debiera limitar su influencia en la vida del hombre.

Por el contrario, a nosotros cristianos, el verdadero significado de la ?conciencia? es la capacidad del hombre de reconocer la verdad, y anterior a ?sta, la posibilidad de escuchar la llamada, de buscarla y de encontrarla. Conviene a la verdad y al bien que el hombre sepa abrirse, para poderlas acoger de manera libre y consciente. La persona humana, por dem?s, es una expresi?n de un dise?o de amor y de verdad: Dios la ?proyect?, por decirlo de alguna manera, con su interior, con su conciencia, de manera que ?sta pueda crear las directrices para custodiar y cultivarse a s? misma y a la sociedad humana.

Los nuevos retos que se vislumbran en el horizonte exigen que Dios y el hombre vuelvan a encontrarse, que la sociedad y las instituciones p?blicas reencuentren su ?alma?, sus ra?ces espirituales y morales, para dar nueva consistencia a los valores ?ticos y jur?dicos de referencia y por tanto a la acci?n pr?ctica. La fe cristiana y la Iglesia no cesan nunca de ofrecer su propia contribuci?n a la promoci?n del bien com?n y de un progreso aut?nticamente humano. El mismo servicio religioso y de asistencia espiritual que, por las vigentes disposiciones normativas, el Estado y la Iglesia proporcionan tambi?n al personal integrante de la polic?a de estado, atestigua la perenne fecundidad de este encuentro.

La singular vocaci?n de la ciudad de Roma exige hoy a vosotros, que sois oficiales p?blicos, que ofrezc?is un buen ejemplo de interacci?n positiva y provechosa entre el laicismo sano y la fe cristiana. La eficacia de vuestro servicio, de hecho, es el fruto de la combinaci?n entre la profesionalidad y la calidad humana, entre la actualizaci?n de los medios y de los sistemas de seguridad y el bagaje de cualidades humanas como la paciencia, la perseverancia en el bien, el sacrificio y la disponibilidad a escuchar. Todo ?sto, bien armonizado, es en favor de los ciudadanos, especialmente de las personas en dificultad. Sabed considerar siempre, el hombre como el fin para que todos puedan vivir de un modo aut?nticamente humano.

Como obispo de esta ciudad, querr?a invitaros a leer y a meditar la Palabra de Dios, para encontrar en ella la fuente y el criterio de inspiraci?n de vuestra acci?n.

?Queridos amigos! Cuando est?is de servicio por las calles de Roma, o en vuestras oficinas, pensad que vuestro obispo, el Papa, reza por vosotros, ?que os quiere mucho! Os agradezco vuestra visita y os encomiendo a todos a la protecci?n de Mar?a Sant?sima y del Arc?ngel san Miguel, vuestro protector celestial, mientras imparto de coraz?n, sobre vosotros y vuestro cometido, una Bendici?n Apost?lica especial.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:30  | Habla el Papa
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