Jueves, 03 de febrero de 2011

Art?culo que ha escrito monse?or Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Crist?bal de Las Casas, con el t?tulo "No se fabrican beatos y santos".

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Gran satisfacci?n me caus? la noticia de la pr?xima beatificaci?n del Papa Juan Pablo II. Es algo que desde hace tiempo esper?bamos, dadas las virtudes heroicas que manifest? en su vida, sobre todo al t?rmino de sus d?as, soportando con serenidad y fortaleza sus terribles enfermedades y limitaciones.

No falta quien intente ensombrecer nuestro gozo, aduciendo su posible omisi?n en el caso Maciel. No dudo de que haya conocido las acusaciones sobre ese sacerdote, pero en su tiempo no se ten?an las pruebas que despu?s aparecieron; al principio, la mayor?a pens?bamos que eran calumnias. Yo tengo plena confianza en la seriedad como se llev? el caso. Se hicieron investigaciones muy acuciosas y se le encontr? libre de culpa. S?lo los de coraz?n torcido le pueden tachar de complicidad.

Hay quienes, sin conocer a fondo el procedimiento tan minucioso que en estos casos lleva la Iglesia, se atreven a decir que fabricamos beatos y santos arbitrariamente; que es una estrategia para atraer fieles y para abatir los d?ficits econ?micos de la instituci?n. ?Quien tiene los ojos sucios, todo lo me manchado!

JUZGAR

Tuve la gracia de conocer a este gigante de los tiempos modernos. Pude estar en alg?n momento de sus cinco visitas a nuestro pa?s. Antes de ser obispo, experiment? su val?a excepcional durante el S?nodo Mundial de Obispos, todo el mes de octubre de 1990, en que particip? como experto. Nos invit? a compartir los alimentos. Convers? personalmente con ?l quince minutos, durante la Visita Ad Limina de 1995. Estuve cerca de ?l durante el S?nodo de Am?rica, en 1997. Pero lo que llevo m?s en mi coraz?n es cuando me llam? a Roma, el 18 de marzo de 2000, para preguntarme si estaba dispuesto a dejar la di?cesis de Tapachula y asumir la de San Crist?bal de Las Casas. En ning?n momento me presion?, ni me oblig?, sino que tuvo sumo respeto a lo que le expres?. Nada decidi? de inmediato, sino que el 25 de marzo de ese a?o, estando ?l en Jerusal?n y en Nazaret, el d?a central del Jubileo de la Encarnaci?n de Jesucristo, me mand? preguntar, por medio de la Nunciatura, si sosten?a la respuesta que le hab?a dado. Siempre que voy a Roma, paso por su tumba y le ruego que interceda por m?, para que pueda desempe?ar adecuadamente la tarea que Dios, por su mediaci?n, me confi?. He sentido su poderosa intercesi?n y compa??a.

He le?do sus escritos y meditado todos sus documentos pontificios. Me fascina su obsesi?n por Jesucristo, que podr?amos ver reflejada, por ejemplo, en su Exhortaci?n Iglesia en Am?rica, cuyo t?tulo es: El encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversi?n, la comuni?n y la solidaridad. T?tulos semejantes llevan las dem?s exhortaciones de los otros S?nodos Continentales. Ya desde la inauguraci?n de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, en 1979, hab?a insistido en un tr?pode esencial: La verdad sobre Cristo, sobre el Hombre y sobre la Iglesia. En la IV Conferencia en Santo Domingo, nos remarc? la necesidad de una nueva evangelizaci?n, empezando por Jesucristo, ayer, hoy y siempre.

Su pasi?n por Jesucristo la viv?a en tres dimensiones incluyentes: Eucarist?a, Iglesia y Pobres. Fue un hombre eucar?stico, un hombre de Iglesia, un hombre para los pobres. Esto ?ltimo lo reflej? en su lucha por la justicia, desenmascarando no s?lo los reg?menes comunistas, sino tambi?n el capitalismo neoliberal tan generador de estructuras injustas. Algo de esto podemos ver en sus Enc?clicas Laborem exercens (1981), Sollicitudo rei socialis (1987) y Centesimus annus (1991). Quienes trabajamos con ind?genas, valoramos tantas intervenciones a favor de su dignidad y sus derechos, en la sociedad y en la Iglesia. Un claro ejemplo es la canonizaci?n de Juan Diego. Anejo a ello, su preocupaci?n por la evangelizaci?n de las culturas y la inculturaci?n. Pero m?s que documentos, su testimonio de vida, su santidad, su espiritualidad, es lo que nos convence y nos atrae.

ACTUAR

Lo podemos invocar confiadamente, como un valioso intercesor. Lo m?s importante es esforzarnos por seguir su ejemplo de amor pleno a Dios y al pr?jimo, su entrega a Jesucristo, a la Iglesia y a los pobres.


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Hablan los obispos
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