Jueves, 03 de febrero de 2011

ZENIT NOS Ofrece la Carta Pastoral del Episcopado de la Rep?blica Dominicana 2011, con motivo de la celebraci?n de los 500 a?os del inicio de la Evangelizaci?n en Am?rica, de fecha 21 de enero, un documento muy esperado por el pueblo dominicano.?

CARTA PASTORAL 2011
500 A?OS DE MISION EVANGELIZANDO LA NACION

"Ni el que planta ni el que riega es algo, sino el que da el crecimiento, Dios" (1Cor 3,79)?

El libro del Eclesi?stico de la Biblia, atribuido a Jes?s Ben Sir? y que debe su nombre a la gran acogida que tuvo en la Iglesia primitiva, contiene esta exhortaci?n: "Voy a hacer el elogio de los hombres buenos, nuestros antepasados de diversas ?pocas. El Alt?simo les concedi? muchos honores y les engrandeci? desde hace mucho tiempo: reyes que dominaron la tierra, hombres famosos por sus grandes acciones, consejeros llenos de sabidur?a, profetas que pod?an verlo todo, jefes de naciones llenos de prudencia, gobernantes de visi?n profunda, sabios pensadores que escribieron libros, poetas que dedicaron sus noches al estudio, compositores de canciones seg?n las normas del arte, autores que pusieron por escrito sus proverbios, hombres ricos y de mucha fuerza que vivieron tranquilamente en sus hogares. Todos ellos recibieron honores de sus contempor?neos y fueron la gloria de su tiempo. Algunos dejaron un nombre famoso que ser? conservado por sus herederos y hay otros a los que ya nadie recuerda, que terminaron cuando termin? su vida, que existieron como si no hubiesen existido y despu?s pas? lo mismo con sus hijos. Aquellos, al contrario, fueron hombres de bien y su esperanza no terminar?. Sus bienes se conservar?n en su descendencia. Por su fidelidad a la alianza se mantiene a?n su descendencia y su herencia se transmiti? a sus nietos y gracias a ellos viven las generaciones siguientes. Su recuerdo permanecer? siempre y sus buenas acciones no se olvidar?n. Sus cuerpos fueron enterrados en paz y su fama durar? por todas las edades. La asamblea celebrar? su sabidur?a y el pueblo proclamar? su alabanza" (Eclo. 44, 1-15).

Movidos por los mismos sentimientos que el Eclesi?stico y como estamos en el Jubileo del Quinto Centenario de la creaci?n de la Arquidi?cesis de Santo Domingo, primada de Am?rica, y de la Di?cesis de La Vega nos ha parecido justo presentarles, un rendido homenaje a cuantos nos precedieron, y a los actuales agentes de pastoral, un panorama a grandes rasgos de lo que ha supuesto la presencia y acci?n de la Iglesia entre nosotros.

No nos impulsa a ello pregonar nuestros ?xitos. Con la exhortaci?n de Cristo a los ap?stoles sinceramente proclamamos: "siervos in?tiles somos. No hemos hecho otra cosa que cumplir con nuestra obligaci?n" (Lc 17,10). Y con San Pablo decimos: "Ni el que siembra ni el que riega es algo sino el que hace crecer todo, Dios" (1Cor 3,7). Tampoco nos arrogamos el haberlo hecho bien. Confesamos haber cometido nuestros errores y no siempre haber estado a la altura de nuestra fe, vocaci?n y responsabilidades, y por ellos pedimos nuestro perd?n y recurrimos a la comprensi?n e indulgencia de todos los dominicanos y dominicanas.

La creaci?n de las tres primeras Di?cesis de Am?rica - Santo Domingo, La Vega y San Juan de Puerto Rico - por la Bula "Romanus Pontifex" del Papa Julio II, del 8 de agosto de 1511, fue un acto primacial y constituyente de las Iglesias de Am?rica. Certeramente Juan Pablo II llam? a nuestra Isla "La primog?nita en la fe de Am?rica".

La misi?n de la naciente Iglesia dominicana a partir de la bula Romanus Pontifex y el primer acto jur?dico del obispo franciscano Fr. Garc?a de Padilla (12 mayo 1512) fue la predicaci?n, la administraci?n de los sacramentos, la ense?anza y la asistencia social. "Prediquen el Santo Evangelio y ense?en a los infieles, y con buenas palabras los conviertan a la veneraci?n de la Fe Cat?lica, y ya convertidos, los instruyan en la religi?n cristiana, les den y administren el Santo Sacramento del Bautismo. Y as? convertidos, como los dem?s fieles de Cristo, les administren los santos sacramentos de la Confesi?n, de la Eucarist?a y los dem?s", dec?a el Papa en el cuarto p?rrafo de su citada bula del 8 de agosto de 1511 (Josef Metzler (ed.), Am?rica Pontificia I (Citt? del Vaticano: Librer?a Editrice Vaticana, 1991), p. 114; Colecci?n de documentos in?ditos XXXIX (Madrid, 1880), p. 30; J. L. S?ez (ed.) Documentos de la Provincia Eclesi?stica de Santo Domingo (Santo Domingo, 1998), p.90).

Respecto al conocimiento de la historia de la Iglesia en Am?rica, el Documento de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Puebla) puntualiza que en nuestros pueblos hay un radical substrato cat?lico, fruto del un?nime esfuerzo misionero de todo el pueblo de Dios (Cfr. Documento de Puebla No. 7).

Desde los primeros tiempos heroicos, misioneros comprometidos en el conocimiento, defensa y evangelizaci?n de los pueblos ind?genas se pas? a un ciclo de condicionamientos sociales y pol?ticos. Vinieron, despu?s, las crisis ocasionadas por la irrupci?n de las filosof?as ilustradas. Primero el liberalismo y positivismo y los movimientos independentistas y modernamente el marxismo. Hoy se enfrenta a los retos de la secularizaci?n y a los desaf?os emanados de la presencia y actividad de otras confesiones religiosas.

La Iglesia cat?lica no s?lo combati? los errores y reduccionismos de estas posiciones filos?ficas, pol?ticas y religiosas y defendi? su derecho a existir y aportar sus valores religiosos y sociales, sino que supo adaptarse, enriquecerse y aprender de lo bueno que hab?a en todas esas realidades. Reconoci? los nuevos valores, los aprovech? y los integr? a su acervo cultural y religioso. La Iglesia pudo as? desarrollar una imaginaci?n creativa y dar origen a una personalidad religiosa capaz de vivir y aportar en este mundo nuevos m?todos pastorales y comunidades religiosas para enfrentar los retos de los tiempos cambiantes.

Hay una afirmaci?n de Am?rico Lugo, que ayuda a conocer la Iglesia en la Rep?blica Dominicana. Dice: "Es singularmente gloriosa la Iglesia en Santo Domingo" (La Edad Media en Santo Domingo, parte eclesi?stica", cap. 1).

A pesar de sus errores y deficiencias, afirmamos la presencia de la fe cat?lica y la instituci?n eclesial en toda la historia del pueblo dominicano, conformando su vida a trav?s de la vivencia de sus ense?anzas y de la acci?n social de sus miembros, no obstante, sus limitaciones en instituciones y recursos pastorales, una "mis?rrima Ecclesia" -una Iglesia muy pobre- como la llam? Mons. Tom?s de Portes e Infante en 1844. Su presencia ha sido siempre liberal. Manuel De Jes?s Galv?n pudo afirmar verazmente: "Aqu? no se conoce la teocracia. El clero es liberal como el pueblo y se confunde con ?l en sus penas, en sus grandes luchas, en sus entusiasmos patri?ticos" (citado por el Criterio Cat?lico, 13 de abril de 1901).

Una nota t?pica de la historia de nuestra Iglesia ha sido una presencia clerical en la cotidianidad de la vida del pueblo, pero tambi?n laical en los largos per?odos en que ella no pudo satisfacer las necesidades eclesiales del pueblo por la carencia de sacerdotes. Una legi?n de misioneros laicos, rezadores, catequistas, miembros de cofrad?as, devotos de santos, sacristanes, encargados de capillas, padrinos de sacramentos, consejeros y responsables oficiales de comunidades pobl? nuestra Iglesia en ausencia de sacerdotes. Estos agentes laicos fomentaban la vida de la Iglesia entre los creyentes y la solidaridad entre todos los ciudadanos.

Ha sido tambi?n y es una Iglesia misionera, abierta a la cooperaci?n misionera extranjera, agradecida de la ayuda de tantos sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas extranjeros que vinieron a aportar su trabajo. Desde el per?odo colonial, en el siglo XIX y en nuestros d?as. Esto le ha permitido suplir sus deficiencias. El pueblo supo comprender a sujetos de otras culturas y lenguas y entender el deficiente espa?ol de misioneros y misioneras.

Ante la precariedad constante del sistema educativo y de salud se ha manifestado tambi?n como una Iglesia muy comprometida con las necesidades sociales de la naci?n, en particular en la educaci?n y la salud.

Hay que destacar la presencia en la educaci?n desde los mismos inicios en las escuelas conventuales, en particular la de los franciscanos en La Vega, donde estudi? el rebelde Enriquillo; las tres universidades del per?odo colonial y el Seminario del per?odo republicano que abri? sus puertas a toda clase de estudiantes. En la segunda mitad del siglo XIX, per?odo de grandes convulsiones pol?ticas y sociales, el P. Francisco Javier Billini pudo desarrollar diversas obras educativas y de salud. Aqu? hay que destacar el Colegio San Luis Gonzaga, centro de estudios de la intelectualidad y cantera de vocaciones sacerdotales.

No podemos dejar en el olvido las escuelitas que existieron en todo el siglo XIX y hasta bien entrado el XX, dirigidos por profesores y buenas mujeres cat?licas que ofrec?an los conocimientos rudimentarios a ni?os y ni?as en un momento en que el pa?s no estaba en condiciones de ofrecer una educaci?n m?s formal. En todo este tiempo era costumbre que sacerdotes formaran parte de las juntas de estudio nacionales y municipales.

En el siglo XX, a partir de la d?cada de los 30, las congregaciones religiosas masculinas y femeninas fundaron colegios privados, casi uno por provincia. Poco despu?s, cuando la opci?n preferencial por los pobres, las energ?as educativas de la Iglesia se pusieron a disposici?n de los sectores excluidos, convirtiendo sus colegios privados en Oficializados y asumiendo escuelas y polit?cnicos p?blicos en barrios y pueblos. La labor educativa ha pasado de inferior a superior universitaria y la ofrece desde nueve centros universitarios.

La atenci?n de la salud ha sido siempre preocupaci?n de la Iglesia, desde los tiempos coloniales en el Hospital de San Nicol?s, de San Andr?s y de San L?zaro. Luego las obras de salud creadas por el P. Billini. M?s adelante con la llegada de las Hermanas del Cardenal Sancha, Mercedarias e Hijas de la Caridad se fueron asumiendo hogares de hu?rfanas y de ancianas y ancianos abandonados hasta que amparados por el Concordato de 1954 congregaciones religiosas femeninas asumieron la administraci?n de hospitales (farmacia, despensa, sala de cirug?a, atenci?n directa al enfermo).

Ante los celos y cr?ticas de algunos, las hermanas pusieron orden en el manejo de los hospitales, proporcionaron el sentido del ahorro, limpieza, higiene, atenci?n y cari?o al enfermo.

La Iglesia ha asumido tambi?n una funci?n civil prof?tica y mediadora en una sociedad que no encuentra su institucionalidad y vive expuesta permanentemente a la inestabilidad.

Desde el Serm?n de Montesino y la figura de Fray Bartolom? de las Casas hasta nuestros d?as, la asunci?n de la responsabilidad y peso del gobierno civil y la de la mediaci?n social y pol?tica ha sido labor dif?cil y poco grata, en orden a garantizar el buen gobierno y la justicia. Fue el caso de los frailes Jer?nimos y el de los Obispos Fray Luis de Figueroa y de Don Sebasti?n Ram?rez de Fuenleal.

La lucha por la justicia viene de lejos. El Serm?n de Montesino estimul? el genio de Vitoria en Salamanca y a trav?s de ?l dio inicio al Derecho Internacional. En ?l se inspiraron las posteriores luchas de otros frailes y Obispos dominicos.

El gesto de los dominicos ha estado presente en la Iglesia dominicana y se ha expresado, a lo largo de los a?os en momentos cruciales de su historia, en protestas, sermones, y de manera especial, en el de las siete palabras y en las Cartas Pastorales. La presidencia del P. Fernando Arturo de Meri?o (1880-1882) se explica como un recurso para mantener la paz. La de Monse?or Gustavo Adolfo Nouel (1913) no fue sino un intento de alternativa al caos de las luchas caudillistas en los inicios del siglo XX. Se debe reconocer el servicio de mediaci?n de Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito y de la Pontificia Universidad Cat?lica Madre y Maestra (PUCMM), bajo el liderazgo de Mons. Agripino N??ez Collado.

No pocos sacerdotes desempe?aron cargos legislativos. Hay que se?alar aqu? a los que participaron en la Constituyente de San Crist?bal (1844). Recientemente, sobresalen en la acci?n p?blica y pol?tica, personas e instituciones de la Iglesia en luchas como la defensa de la vida, protecci?n ecol?gica, respeto al inmigrante y desarrollo de la educaci?n.

Una Iglesia libre, pues, no obstante vinculaciones y controles pol?ticos, ha logrado niveles de libertad que le han permitido disentir y profetizar. Como afirma el polit?logo americano Howard J. WIarda. "La Iglesia fue la ?nica instituci?n que el gobierno de Trujillo no pudo controlar del todo" (Dictatorship and development, The methods of control in Trujillo?s Dominican Republic, pag. 141). Su sentido de libertad y su vinculaci?n a la sociedad dominicana le permiti? apoyar y, en cierta manera, encarnar la oposici?n al r?gimen de Trujillo en los a?os definitivos de 1959-1961. La fe fue recurso de fortaleza y esperanza. El sacerdote fue persona de consejo y confianza y las Pastorales de la Altagracia y de Cuaresma de 1960 expresan el aporte p?blico de los deseos de los sectores conscientes y sufrientes de la sociedad dominicana.

La Iglesia ha sabido distinguir a la persona de la ideolog?a. Ha primado las relaciones personales sobre las filosof?as. Ha sintetizado los valores positivos de todos los pensamientos y teor?as con las virtudes y aun con las verdades religiosas. Ha sido f?cil en ofrecer los sacramentos a todos, no obstante, sus creencias y militancias.

Ha sido una Iglesia apuntalada por miembros que, en la consagraci?n a Dios y en la entrega al servicio de los m?s necesitados, han encontrado el camino de la santidad. Sacerdotes (algunos con debilidades conocidas, pero dedicados a la construcci?n de la Iglesia y al servicio del Pueblo) administraron los sacramentos y repartieron el pan en medio de grandes dificultades, no obstante, la pobreza de las parroquias, su delicado estado de salud, las dificultades de los caminos y la inestabilidad pol?tica.

En los inicios del siglo XX, sobresale la figura del P. Francisco Fantino Falco, alma angustiada y t?mido, pero apost?lico y tenido por santo. Pobre, al estilo de San Francisco de As?s, supo unir la labor docente (fundando dos colegios) con una vida pastoral muy intensa. Era capaz de hacer largas jornadas para visitar un enfermo que demandaba su atenci?n pastoral. Cre? una legi?n de catequistas que fomentaron e ilustraron la fe y la devoci?n de los pueblos del Cibao. Est? introducida su causa de beatificaci?n. Tambi?n han sido introducidas las causas de los siervos de Dios Benito Arrieta, pasionista, y Emiliano Tardif, misionero del Sagrado Coraz?n de Jes?s. Ellos son s?lo astros de una constelaci?n de servidores de la fe, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas que han sostenido la Iglesia y el pueblo dominicano. Ese paso ben?fico por nosotros ha quedado reflejado en la cantidad de calles que llevan en la capital y pueblos, nombres de eclesi?sticos que le sirvieron desde la administraci?n sacramental hasta la acci?n social.

La Iglesia se afana hoy por lograr y mantener la honestidad de vida y una s?lida espiritualidad de sus miembros, cl?rigos y laicos. Hay docenas de casas de retiros, cursillos, talleres, seminarios y cursos de formaci?n, librer?as y folletos que ayudan a vigorizar la fe, fortalecer la espiritualidad y capacitar para enfrentar los retos presentes y futuros.

Las comunidades eclesiales organizan hoy y dinamizan la feligres?a, dando calor humano, fomentando el servicio social, leyendo y estudiando la Biblia y glorificando a Dios. La cercan?a al pueblo, se muestra adem?s, en el servicio educativo y m?dico, en la consejer?a y mediaci?n social en los conflictos familiares y comunitarios, en la defensa de la justicia ante el abuso de autoridades y poderosos locales y nacionales. Todo esto hace que la Iglesia sea reconocida por las encuestas de opini?n como una de las instancias m?s cre?bles de nuestro pueblo.

La dimensi?n mariana de nuestra religiosidad, preferentemente en las devociones a la Virgen de las Mercedes y de la Altagracia, abre la generosidad de nuestro pueblo a los altos valores del esp?ritu, identifica nuestra dominicanidad y le da trascendencia. La devoci?n mariana fomenta la generosidad y crea esperanza a nuestro pueblo en los momentos dif?ciles propios y patrios.

Conscientes de tanto bien recibido damos gracias a Dios, Dador de todo bien, que tan generoso ha sido con nosotros. Arrepentidos de nuestras negligencias y debilidades pedimos perd?n por ello y atentos a los retos que nos esperan pedimos a Dios luz y fortaleza para enfrentarlos exitosamente.

Les bendicen,

+ Nicol?s de Jes?s Cardenal L?pez Rodr?guez,
Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, Primado de Am?rica,
Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

+ Ram?n Benito De La Rosa y Carpio,
Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros

+ Juan Antonio Flores Santana,
Arzobispo Em?rito

+ Fabio Mamerto Rivas, S.D.B.,
Obispo Em?rito

+ Jes?s Mar?a de Jes?s Moya,
Obispo de San Francisco de Macor?s

+ Jer?nimo Tom?s Abreu Herrera,
Obispo Em?rito

+ Francisco Jos? Arnaiz, S.J.,
Obispo Auxiliar Em?rito

+ Jos? Dolores Grull?n Estrella,
Obispo de San Juan de la Maguana

+ Antonio Camilo Gonz?lez,
Obispo de La Vega

+ Amancio Escapa Aparicio, O.C.D.,
Obispo Auxiliar de la Arquidi?cesis de Santo Domingo

+ Pablo Cedano Cedano,
Obispo Auxiliar de la Arquidi?cesis de Santo Domingo

+ Gregorio Nicanor Pe?a Rodr?guez,
Obispo de la Altagracia, Hig?ey

+ Francisco Ozoria Acosta,
Obispo de San Pedro de Macor?s

+ Freddy Antonio Bret?n Mart?nez,
Obispo de Ban?

+ Rafael Leonidas Felipe N??ez,
Obispo de Barahona

+ Di?medes Espinal de Le?n,
Obispo de Mao-Montecristi

+ Julio C?sar Corniel Amaro,
Obispo de Puerto Plata

+ Valent?n Reynoso Hidalgo, M.S.C.,
Obispo Auxiliar de la Arquidi?cesis de Santiago de los Caballeros

+ Victor Masalles Pere,
Obispo Auxiliar de la Arquidi?cesis de Santo Domingo


Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Hablan los obispos
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