S?bado, 05 de febrero de 2011

ZENIT? nos ofrece el texto de la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 26 de Enero de 2011?durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas

hoy quisiera hablaros de Juan de Arco, una joven santa de finales de la Edad Media, muerta a los 19 a?os, en 1431. Esta santa francesa, citada muchas veces en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, es particularmente cercana a santa Catalina de Siena, patrona de Italia y de Europa, de la que habl? en una reciente catequesis. Son de hecho dos j?venes mujeres del pueblo, laicas y consagradas en la virginidad, dos m?sticas comprometidas, no en el claustro, sino en medio de las realidades m?s dram?ticas de la Iglesia y del mundo de su tiempo. Son quiz?s las figuras m?s caracter?sticas de esas ?mujeres fuertes? que, a finales de la Edad Media, llevaron sin miedo la gran luz del Evangelio en las complejas vicisitudes de la historia. Podr?amos colocarla junto a las santas mujeres que permanecieron en el Calvario, cerca de Jes?s crucificado y de Mar?a, su Madre, mientras que los Ap?stoles hab?an hu?do y el propio Pedro hab?a renegado tres veces de ?l. La Iglesia, en ese periodo, viv?a la profunda crisis del gran cisma de Occidente, que dur? casi 40 a?os. Cuando Catalina de Siena muri?, en 1380, hay un Papa y un Antipapa; cuando Juana nace, en 1412, hay un Papa y dos Antipapas. Junto a esta laceraci?n dentro de la Iglesia, hab?a continuas guerras fratricidas entre los pueblos cristianos de Europa, la m?s dram?tica de las cuales fue la interminable ?Guerra de los cien a?os? entre Francia e Inglaterra.

Juana de Arco no sab?a ni leer ni escribir, pero puede ser conocida en lo m?s profundo de su alma gracias a dos fuentes de excepcional valor hist?rico: los dos Procesos que se le hicieron. El primero, el Proceso de Condena (PCon), contiene la transcripci?n de los largos y numerosos interrogatorios de Juana durante los ?ltimos meses de su vida (febrero-mayo de 1431), y recoge las propias palabras de la Santa. El segundo, el Proceso de Nulidad de la Condena, o de "rehabilitaci?n" (PNul), contiene los testimonios de cerca de 120 testigos oculares de todos los periodos de su vida (cfr Proc?s de Condamnation de Jeanne d'Arc, 3 vol. y Proc?s en Nullit? de la Condamnation de Jeanne d'Arc, 5 vol., ed. Klincksieck, Par?s l960-1989).

Juana naci? en Domremy, un peque?o pueblo situado en la frontera entre Francia y Lorena. Sus padres eran campesinos acomodados, conocidos por todos como muy buenos cristianos. De ellos recibi? una buena educaci?n religiosa, con una notable influencia de la espiritualidad del Nombre de Jes?s, ense?ada por san Bernardino de Siena y difundida en Europa por los franciscanos. Al Nombre de Jes?s se une siempre el Nombre de Mar?a y as?, en el marco de la religiosidad popular, la espiritualidad de Juana es profundamente cristoc?ntrica y mariana. Desde la infancia, ella demuestra una gran caridad y compasi?n hacia los m?s pobres, los enfermos y todos los que sufren, en el contexto dram?tico de la guerra.

De sus propias palabras, sabemos que la vida religiosa de Juana madura como experiencia a partir de la edad de 13 a?os (PCon, I, p. 47-48). A trav?s de la ?voz? del arc?ngel san Miguel, Juana se siente llamada por el Se?or a intensificar su vida cristiana y tambi?n a comprometerse en primera persona por la liberaci?n de su pueblo. Su inmediata respuesta, su ?s?, es el voto de virginidad, con un nuevo empe?o en la vida sacramental y en la oraci?n: participaci?n diaria en la Misa, Confesi?n y Comuni?n frecuentes, largos momentos de oraci?n silenciosa ante el Crucificado o ante la imagen de la Virgen. La compasi?n y el compromiso de la joven campesina francesa ante el sufrimiento de su pueblo se hicieron m?s intensos por su relaci?n m?stica con Dios. Uno de los aspectos m?s originales de la santidad de esta joven es precisamente este v?nculo entre experiencia m?stica y misi?n pol?tica. Tras los a?os de vida oculta y de maduraci?n interior sigue el bienio breve, pero intenso, de su vida p?blica: un a?o de acci?n y un a?o de pasi?n.

Al inicio del a?o 1429, Juana comienza su obra de liberaci?n. Los numerosos testimonios nos muestran a esta joven mujer con s?lo 17 a?os como una persona muy fuerte y decidida, capaz de convencer a hombres inseguros y desanimados. Superando todos los obst?culos, encuentra al Delf?n de Francia, el futuro Rey Carlos VII, que en Poitiers la somete a un examen por parte de algunos te?logos de la Universidad. Su juicio es positivo: no ven en ella nada de malo, s?lo una buena cristiana.

El 22 de marzo de 1429, Juana dicta una importante carta al Rey de Inglaterra y a sus hombres que asedian la ciudad de Orl?ans (Ibid., p. 221-222). La suya es una propuesta de verdadera paz en la justicia entre los dos pueblos cristianos, a la luz de los nombres de Jes?s y de Mar?a, pero es rechazada esta propuesta, y Juana debe empe?arse en la lucha por la liberaci?n de la ciudad, que tiene lugar el 8 de mayo. El otro momento culminante de su acci?n pol?tica es la coronaci?n del Rey Carlos VII en Reims, el 17 de julio de 1429. Durante un a?o entero, Juana vive con los soldados, realizando entre ellos una verdadera misi?n de evangelizaci?n. Son numerosos sus testimonios sobre su bondad, su valor y su extraordinaria pureza. Es llamada por todos y ella misma se define ?la doncella?, es decir, la virgen.

La pasi?n de Juana comienza el 23 de mayo de 1430, cuando cae prisionera en las manos de sus enemigos. El 23 de diciembre es conducida a la ciudad de Ru?n. All? se lleva a cabo el largo y dram?tico Proceso de Condena, que comienza en febrero de 1431 y acaba el 30 de mayo con la hoguera. Es un proceso grande y solemne, presidido por dos jueces eclesi?sticos, el obispo Pierre Cauchon y el inquisidor Jean le Maistre, pero en realidad enteramente conducido por un nutrido grupo de te?logos de la c?lebre Universidad de Par?s, que participan en el proceso como asesores. Son eclesi?sticos franceses, que habiendo tomado la decisi?n pol?tica opuesta a la de Juana, tienen a priori un juicio negativo sobre su persona y sobre su misi?n. Este proceso es una p?gina conmovedora de la historia de la santidad y tambi?n una p?gina iluminadora sobre el misterio de la Iglesia, que, seg?n las palabras del Concilio Vaticano II, es ?al mismo tiempo santa y siempre necesitada de purificaci?n? (LG, 8). Es el encuentro dram?tico entre esta Santa y sus jueces, que son eclesi?sticos. Juana es acusada y juzgada por estos, hasta ser condenada como hereje y mandada a la muerte terrible de la hoguera. A diferencia de los santos te?logos que hab?an iluminado la Universidad de Par?s, como san Buenaventura, santo Tom?s de Aquino y el beato Duns Scoto, de quienes he hablado en algunas catequesis, estos jueces son te?logos a los que faltan la caridad y la humildad de ver en esta joven la acci?n de Dios. Vienen a la mente las palabras de Jes?s seg?n las cuales los misterios de Dios se revelan a quien tiene el coraz?n de los peque?os, mientras que permanecen escondidos a los doctos y sabios que no tienen humildad (cfr?Lc?10,21).? As?, los jueces de Juana son radicalmente incapaces de comprenderla, de ver la belleza de su alma: no sab?an que condenaban a una Santa.?

La apelaci?n de Juana a la decisi?n del Papa, el 24 de mayo, fue rechazada por el tribunal. La ma?ana del 30 de mayo recibe por ?ltima vez la santa comuni?n en la c?rcel, y justo despu?s fue llevada al suplicio en la plaza del mercado viejo. Pidi? a uno de los sacerdotes que le pusiera delante de la hoguera una cruz de la procesi?n. As? muere mirando a Jes?s Crucificado y pronunciando muchas veces y en voz alta el Nombre de Jes?s (PNul,?I, p. 457; cfr?Catecismo de la Iglesia Cat?lica,?435). Casi 25 a?os m?s tarde, el Processo di Nullit?, abierto bajo la autoridad del Papa Calixto III, concluye con una solemne sentencia que declara nula la condena (7 de julio de 1456;?PNul,?II, p 604-610). Este largo proceso, que recoge la declaraci?n de testigos y juicios de muchos te?logos, todos favorables a Juana, pone de relieve su inocencia y su perfecta fidelidad a la Iglesia. Juana de Arco fue canonizada en 1920 por Benedicto XV.

Queridos hermanos y hermanas, el Nombre de Jes?s, invocado por nuestra santa hasta los ?ltimos instantes de su vida terrena, fue como la respiraci?n de su alma, como el latido de su coraz?n, el centro de toda su vida. El ?Misterio de la caridad de Juana de Arco?, que tanto fascin? al poeta Charles P?guy, es este total amor a Jes?s, y al pr?jimo en Jes?s y por Jes?s. Esta santa comprendi? que el Amor abraza toda la realidad de Dios y del hombre, del cielo y de la tierra, de la Iglesia y del mundo. Jes?s siempre estuvo en primer lugar durante toda su vida, seg?n su bella afirmaci?n: ?Nuestro Se?or es servido el primero?(PCon,?I, p. 288; cfr?Catecismo de la Iglesia Cat?lica,?223).

Amarlo significa obedecer siempre a su voluntad. Ella afirm? con total confianza y abandono: ?Me conf?o a mi Dios Creador, lo amo con todo mi coraz?n? (ibid.,?p. 337). Con el voto de virginidad, Juana consagra de forma exclusiva toda su persona al ?nico Amor de Jes?s: es ?su promesa hecha a nuestro Se?or de custodiar bien su virginidad de cuerpo y de alma? (ibid.,?p. 149-150). La virginidad del alma es el estado de gracia, valor supremo, para ella m?s precioso que la vida: es un don de Dios que ha recibido y custodiado con humildad y confianza. Uno de los textos m?s conocidos del primer Proceso tiene que ver con esto: ?Interrogada sobre si cre?a estar en la gracia de Dios, responde: Si no lo estoy, quiera Dios ponerme; si estoy, quiera Dios mantenerme en ella? (ibid., p. 62; cfr?Catecismo de la Iglesia Cat?lica,?2005).

Nuestra santa vivi? la oraci?n como una forma de di?logo continuo con el Se?or, que ilumina tambi?n su di?logo con los jueces y d?ndole paz y seguridad. Ella pidi? con fe: ?Dulc?simo Dios, en honor a vuestra santa Pasi?n, os pido, si me am?is, de de revelarme como debo responder a estos hombres de la Iglesia?(ibid.,?p. 252). Juana ve a Jes?s como el ?Rey del Cielo y de la Tierra?. De esta manera, en su estandarte Juana hizo pintar la imagen de ?Nuestro Se?or que sostiene el mundo? (ibid.,?p. 172), icono de su misi?n pol?tica. La liberaci?n de su pueblo es una obra de justicia humana, que Juana cumple en la caridad, por amor a Jes?s. El suyo es un bello ejemplo de santidad para los laicos que trabajan en la vida pol?tica, sobre todo en las situaciones m?s dif?ciles. La fe es la luz que gu?a ante cada elecci?n, como testificar? un siglo m?s tarde, otro gran santo, el ingl?s Tom?s Moro. En Jes?s, Juana contempla tambi?n la realidad de la Iglesia, la ?Iglesia triunfante? del Cielo, y la ?Iglesia militante? de la tierra. Seg?n sus palabras ?es un todo Nuestro Se?or y la Iglesia? (ibid.,?p. 166). Esta afirmaci?n citada en el Catecismo de la Iglesia Cat?lica (n. 795), tiene un car?cter verdaderamente heroico en el contexto del Proceso de Condena, frente a sus jueces, hombres de la Iglesia, que la persiguieron y la condenaron. En el amor de Jes?s, Juana encontr? la fuerza para amar a la Iglesia hasta el fin, incluso en el momento de la condena.

Me complace recordar como santa Juana de Arco tuvo una profunda influencia sobre una joven santa de la ?poca moderna: Teresa del Ni?o Jes?s. En una vida completamente distinta, transcurrida en la clausura, la carmelitana de Lisieux se sinti? muy cercana a Juana, viviendo en el coraz?n de la Iglesia y participando en los sufrimientos de Jes?s para la salvaci?n del mundo. La Iglesia las ha reunido como Patronas de Francia, despu?s de la Virgen Mar?a. Santa Teresa expres? su deseo de morir como Juana, pronunciando el Nombre de Jes?s (Manoscritto B,?3r), la animaba el mismo amor hacia Jes?s y hacia el pr?jimo, vivido en la virginidad consagrada.

Queridos hermanos y hermanas, con su testimonio luminoso, santa Juana de Arco nos invita a un alto nivel de la vida cristiana: hacer de la oraci?n el hilo conductor de nuestros d?as; tener plena confianza en el cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que esta sea; vivir en la caridad sin favoritismos, sin l?mites y teniendo, como ella, en el Amor de Jes?s, un profundo amor a la Iglesia. Gracias.

[En espa?ol dijo]

Saludo a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los fieles de la Parroquia de Santa Fe, a los Hermanos de la Cofrad?a de Nuestro Padre Jes?s Nazareno de la Fuensanta, de Mor?n de la Frontera, a los profesores venidos de Chile, as? como a los dem?s grupos procedentes de Espa?a, M?jico y otros pa?ses latinoamericanos. Que a ejemplo de Santa Juana de Arco encontr?is en el amor a Jesucristo la fuerza para amar y servir a la Iglesia de todo coraz?n. Muchas gracias.

[Traducci?n del original italiano por ZENIT
?Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Habla el Papa
 | Enviar