Martes, 08 de febrero de 2011

ZENIT nos ofrece la cuarta entrega de la intervenci?n del cardenal Mauro Piacenza, prefecto de la Congregaci?n para el Clero, pronunciada el pasado lunes 24 de enero en las Jornadas Sacerdotales celebradas en Ars (Francia) sobre el celibato sacerdotal. La anterior se public? en el servicio del domingo 30 de enero, y la pr?xima lo ser? el martes 1 de febrero.
La intervenci?n del cardenal Piacenza, realizada desde Roma en conexi?n en directo con el encuentro, lleva por t?tulo: ?El celibato sacerdotal: fundamentos, alegr?as, desaf?os... Las ense?anzas del Papa sobre el tema: de P?o XI a Benedicto XVI?.

4. Pablo VI y la Sacerdotalis caelibatus

Publicada el 24 de junio de 1967, la Sacerdotalis caelibatus es la ?ltima Enc?clica enteramente dedicada por un Pont?fice al tema del celibato. En el clima del inmediato post-Concilio, recibiendo enteramente la doctrina conciliar, Pablo VI sinti? la necesidad, con un acto magisterial autorizado, la perenne validez del celibato eclesi?stico, el cual, quiz?s de forma m?s vehemente que hoy, era contestado a trav?s de verdaderos y aut?nticos intentos de deslegitimaci?n tanto hist?rico-b?blica como teol?gico-pastoral.

Como es bien sabido, la Presbyterorum Ordinis, distingue entre celibato en s? y ley del celibato, en el n?mero 16, donde afirma: ?La perfecta y perpetua continencia por el reino de los cielos, recomendada por nuestro Se?or, aceptada con gusto y observada plausiblemente en el decurso de los siglos e incluso en nuestros d?as por no pocos fieles cristianos, siempre ha sido tenida en gran aprecio por la Iglesia, especialmente para la vida sacerdotal.... Por estas razones, fundadas en el misterio de Cristo y en su misi?n, el celibato, que al principio se recomendaba a los sacerdotes, fue impuesto por ley despu?s en la Iglesia Latina a todos los que eran promovidos al Orden sagrado?. Esta distinci?n est? presente tanto en el cap?tulo tercero de la Enc?clica de P?o XI Ad catholici Sacerdotii, como en el n. 21 de la Enc?clica de Pablo VI. Ambos documentos reducen siempre la ley del celibato a su verdadero origen, que fue dado por los Ap?stoles, y a trav?s de ellos, por el mismo Cristo.

El Siervo de Dios Pablo VI, en el n. 14 de la Enc?clica, afirma: ?Pensarnos, pues, que la vigente ley del sagrado celibato debe tambi?n hoy, y firmemente, estar unida al ministerio eclesi?stico; ella debe sostener al ministro en su elecci?n exclusiva, perenne y total del ?nico y sumo amor de Cristo y de la dedicaci?n al culto de Dios y al servicio de la Iglesia, y debe cualificar su estado de vida, tanto en la comunidad de los fieles, como en la profana?. Como es evidente de inmediato, el Pont?fice asume las razones culturales propias del Magisterio precedente y las integra con las teol?gico-espirituales y pastorales, mayormente subrayadas por el Concilio Ecum?nico Vaticano II, poniendo en evidencia c?mo el doble orden de razones no debe ser considerado nunca en ant?tesis, sino en relaci?n rec?proca y en s?ntesis fecunda.

El mismo planteamientoo se encuentra en el n. 19 del Documento, que al deber del Sacerdote, como Ministro de Cristo y administrador de los Misterios de Dios, y tiene, en cierto modo, su culmen en el n. 21, que afirma: ?Cristo permaneci? toda la vida en el estado de virginidad, que significa su dedicaci?n total al servicio de Dios y de los hombres. Esta profunda conexi?n entre la virginidad y el sacerdocio en Cristo se refleja en los que tienen la suerte de participar de la dignidad y de la misi?n del mediador y sacerdote eterno, y esta participaci?n ser? tanto m?s perfecta cuanto el sagrado ministro est? m?s libre de v?nculos de carne y de sangre?. La vacilaci?n, por tanto, en la comprensi?n del valor inestimable del sagrado celibato y en su consiguiente valoraci?n adecuada y, donde fuese necesario, fuerte defensa, podr?a ser entendida como inadecuada comprensi?n del alcance real del Ministerio ordenado en la Iglesia y de su insuperable relaci?n ontol?gico-sacramental, y por tanto real, con Cristo sumo Sacerdote.

A estas imprescindibles referencias cultuales y cristol?gicas, la Enc?clica hace seguir una clara referencia eclesiol?gica, tambi?n esencial para la adecuada comprensi?n del valor del celibato: ?'Apresado por Cristo Jes?s' hasta el abandono total de s? mismo en ?l, el sacerdote se configura m?s perfectamente a Cristo tambi?n en el amor, con que el eterno sacerdote ha amado a su cuerpo, la Iglesia, ofreci?ndose a s? mismo todo por ella, para hacer de ella una esposa gloriosa, santa e inmaculada. Efectivamente, la virginidad consagrada de los sagrados ministros manifiesta el amor virginal de Cristo a su Iglesia y la virginal y sobrenatural fecundidad de esta uni?n, por la cual los hijos de Dios no son engendrados ni por la carne, ni por la sangre? (n. 26). ?C?mo podr?a Cristo amar a Su Iglesia con un amor no virginal? ?C?mo podr?a el Sacerdote, alter Christus, ser esposo de la Iglesia de modo no virginal?

Surge, por tanto, en la argumentaci?n completa de la Enc?clica, la profunda interconexi?n de todos los valores del sagrado celibato, el cual, da igual por d?nde se le mire, parece cada vez m?s radical e ?ntimamente conectado con el Sacerdocio.

Siguiendooo con la argumentaci?n de las razones eclesiol?gicas en apoyo del celibato, la Enc?clica, en los nn. 29, 30 y 31, pone en evidencia la relaci?n insuperable entre celibato y Misterio Eucar?stico, afirmando que, con el celibato, ?el sacerdote se une m?s ?ntimamente a la ofrenda, poniendo sobre el altar su vida entera, que lleva las se?ales del holocausto. [?] muriendo cada d?a totalmente a s? mismo, renunciando al amor leg?timo de una familia propia por amor de Cristo y de su reino, hallar la gloria de una vida en Cristo plen?sima y fecunda, porque como ?l y en ?l ama y se da a todos los hijos de Dios?.

El ?ltimo gran conjunto de razones, que se presentan en apoyo del sagrado celibato, se refiere a su significado escatol?gico. En el reconocimiento de que el Reino de Dios no es de este mundo (cf. Jn 18,30), que en la Resurrecci?n no se tomar? mujer ni marido (cf. Mt 22,30), y que ?el precioso don divino de la perfecta continencia por el reino de los cielos constituye [?] un signo particular de los bienes celestiales (cf. 1Cor 7,29-31)?, se indica tambi?n el celibato como ?un testimonio de la necesaria tensi?n del Pueblo de Dios hacia la meta ?ltima de su peregrinaci?n terrenal y un est?mulo para todos a alzar la mirada a las cosas que est?n all? arriba? (n. 34).

Quien es puesto como autoridad para guiar a los hermanos al reconocimiento de Cristo, a la acogida de las verdades reveladas, a una conducta de vida cada vez m?s irreprensible y, en una palabra, a la santidad, encuentra as?, en el sagrado celibato, profec?a convenient?sima y extraordinariamente fuerte, capaz de conferir singular autoridad al propio Ministerio y fecundidad, tanto ejemplar como apost?lica, al propio obrar.

Con extraordinaria actualidad, la Enc?clica responde tambi?n a esas objeciones que ver?an, en el celibato, una mortificaci?n de la humanidad, privada de este modo de uno de los aspectos m?s bellos de la vida. En el n. 56, se afirma: ?En el coraz?n del sacerdote no se ha apagado el amor. La caridad, bebida en su m?s puro manantial, ejercitada a imitaci?n de Dios y de Cristo, no menos que cualquier aut?ntico amor, es exigente y concreta, ensancha hasta el infinito el horizonte del sacerdote, hace m?s profundo amplio su sentido de responsabilidad -?ndice de personalidad madura, educa en ?l, como expresi?n de una m?s alta y vasta paternidad, una plenitud y delicadeza de sentimientos, que lo enriquecen en medida superabundante?. En una palabra: ?El celibato, elevando integralmente al hombre, contribuye efectivamente a su perfecci?n? (n. 55).

En 1967, a?o de publicaci?n de la Enc?clica Sacerdotalis caelibatus, el Siervo de Dios Pablo VI puso uno de los actos de Magisterio m?s valientes y ejemplarmente clarificadores de todo su Pontificado. Una Enc?clica que deber?a ser atentamente estudiada por todo candidato al Sacerdocio, desde el principio del propio itinerario, pero ciertamente antes de afrontar la petici?n de admisi?n a la ordenaci?n diaconal, retomada peri?dicamente en la formaci?n permanente y hecha objeto no s?lo de atento estudio b?blico, hist?rico, teol?gico, espiritual y pastoral, sino tambi?n de profunda meditaci?n personal.

[Traducci?n del italiano por Inma ?lvarez]


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