Mi?rcoles, 09 de febrero de 2011

ZENIT? nos ofrece la quinta entrega de la intervenci?n del cardenal Mauro Piacenza, prefecto de la Congregaci?n para el Clero, pronunciada el pasado lunes 24 de enero en las Jornadas Sacerdotales celebradas en Ars (Francia) sobre el celibato sacerdotal. La anterior se public? en el servicio del lunes 31 de enero, y la pr?xima lo ser? el mi?rcoles 2 de febrero.
La intervenci?n del cardenal Piacenza, realizada desde Roma en conexi?n en directo con el encuentro, lleva por t?tulo: ?El celibato sacerdotal: fundamentos, alegr?as, desaf?os... Las ense?anzas del Papa sobre el tema: de P?o XI a Benedicto XVI?.

5. Juan Pablo II y la Pastores dabo vobis

Desde el inicio de su Pontificado, el Siervo de Dios Juan Pablo II reserv? gran atenci?n al tema del celibato, reafirmando su perenne validez y poniendo en evidencia su v?nculo vital con el Misterio Eucar?stico. El 9 de noviembre de 1978, pocas semanas despu?s de su elecci?n al solio pontificio, en el primer discurso al Clero de Roma, afirmaba: ?El Concilio Vaticano II nos ha recordado esta espl?ndida verdad sobre el ?sacerdocio universal? de todo el Pueblo de Dios, que deriva de la participaci?n en el ?nico Sacerdocio de Jesucristo. Nuestro Sacerdocio ?ministerial?, arraigado en el Sacramento del Orden, se diferencia esencialmente del sacerdocio universal de los fieles. [?] Nuestro Sacerdocio debe ser l?mpido y expresivo, [?], estrechamente ligado celibato, [?] por la limpidez y la expresividad ?evang?lica?, a la que se refieren las palabras de Nuestro Se?or sobre el celibato ?por el reino de los cielos? (cf. Mt 19,12)? (n. 3).

Ciertamente un punto de particular relevancia, en orden a todos los temas referidos al Sacerdocio y a la formaci?n sacerdotal, ha sido la Exhortaci?n Apost?lica Pastores dabo vobis, en la que el don del celibato est? incluido en el v?nculo entre Jes?s y el Sacerdote y, por primera vez, se hace menci?n de la importancia tambi?n psicol?gica de ese v?nculo, sin separarlo de la importancia ontol?gica. Leemos de hecho, en el n. 72: ?En esta relaci?n entre el Se?or Jes?s y el sacerdote ?relaci?n ontol?gica y psicol?gica, sacramental y moral? est? el fundamento y a la vez la fuerza para aquella 'vida seg?n el Esp?ritu' y para aquel 'radicalismo evang?lico' al que est? llamado todo sacerdote y que se ve favorecido por la formaci?n permanente en su aspecto espiritual?.

Vida seg?n el Esp?ritu y radicalismo evang?lico representan, por tanto, las dos l?neas directrices irrenunciables, a lo largo de las cuales corre la permanente validez, documentada y motivada, del celibato sacerdotal. El hecho de que el Siervo de Dios Juan Pablo II reafirme inmediatamente su validez, proponga su lectura ontol?gico-sacramental, llegando hasta la acogida de las justas implicaciones psicol?gicas, que el carisma del celibato tiene en la delineaci?n de una madura personalidad cristiana y sacerdotal, alienta y justifica la lectura de este tesoro eclesial insustituible en el marco de la m?s grande e ininterrumpida continuidad y, al mismo tiempo, de la profec?a m?s audaz.

Podr?amos, de hecho, afirmar que la puesta en discusi?n o la relativizaci?n del sagrado celibato constituyen actitudes reaccionarias respecto al soplo del Esp?ritu mientras que, al contrario, su valoraci?n plena, su acogida adecuada, su testimonio luminoso e insuperable constituyen apertura y profec?a. Verdadera profec?a, tambi?n en el hoy de la Iglesia, incluso bajo el peso de los recientes dramas, que han ensuciado horriblemente sus blancas vestiduras, y con mayor evidencia a?n ante las sociedades hiper erotizadas, en las que reina soberana la banalizaci?n de la sexualidad y de la corporeidad.

El celibato grita al mundo que Dios existe, que es Amor y que es posible, en cada ?poca, vivir totalmente de ?l y para ?l. Y es del todo natural que la Iglesia elija a sus Sacerdotes entre aquellos que han acogido y madurado, a un nivel tan acabado, y por ello prof?tico, la pro-existencia: ?la existencia para Otro, para Cristo!

El Magisterio de Juan Pablo II, tan atento tanto a la revaloraci?n de la familia como al papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, no tiene miedo de reafirmar la perenne validez del sagrado celibato. No son pocos los estudios que actualmente se llevan a cabo tambi?n sobre el tema interesante, y lleno de enormes consecuencias, de la corporeidad y de la ?teolog?a del cuerpo? en el Magisterio del Siervo de Dios.

Precisamente el Pont?fice que, quiz?s m?s que los dem?s, en los tiempos recientes elabor? y vivi? una gran teolog?a del cuerpo, nos entrega un radical afecto al celibato y la superaci?n de todo intento de reducci?n funcionalista, a trav?s de las dimensiones ontol?gico-sacramentales y teol?gico-espirituales claramente establecidas.

Un ulterior elemento, que surge, no tanto como novedad como precioso subrayado, en el Magisterio de Juan Pablo II (y ya presente en la Presbyterorum Ordinis), es el de la fraternidad sacerdotal. ?sta se interpreta no en sus reduccionismos psico-emotivos, sino en su ra?z sacramental, tanto en relaci?n con el Orden como en relaci?n con el Presbiterio unido al propio obispo. La fraternidad sacerdotal es constitutiva del Ministerio ordenado, poniendo en evidencia su dimensi?n ?de cuerpo?. Esta es el lugar natural de esas sanas relaciones fraternas, de ayuda concreta, tanto material como espiritual, y de compa??a y apoyo en el camino com?n de santificaci?n personal, precisamente a trav?s del Ministerio a nosotros confiado.

Quisiera se?alar por ?ltimo al Catecismo de la Iglesia Cat?lica, publicado durante el Pontificado de Juan Pablo II, en 1992. Este es, como se ha subrayado en muchos lugares, el aut?ntico instrumento a nuestra disposici?n, para la correcta hermeneutica de los textos del Concilio Ecumenico Vaticano II. Y debe convertirse, de forma cada vez m?s evidente, en punto de referencia imprescindible tanto de la catequesis como de toda la acci?n apostolica. En el Catecismo se reafirma, con autoridad, la validez perenne del celibato sacerdotal, cuando, en el n. 1579, se lee: ?Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los di?conos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como c?libes y que tienen la voluntad de guardar el celibato "por el Reino de los cielos" (Mt 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Se?or y a sus "cosas" (cf 1 Co 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un coraz?n alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios?.

Todos los temas tocados hasta ahora por el Magisterio de los Pont?fices, que hemos examinado, est?n como admirablemente condensados en la definici?n del Catecismo: de las razones cultuales a las de la imitatio Christi en el anuncio del Reino de Dios, de las derivadas del servicio apostolico a las eclesiol?gicas y las escatol?gicas. El hecho de que la realidad del celibato haya entrado en el Catecismo de la Iglesia dice c?mo ?sta est? intimamente relacionada con el coraz?n de la Fe cristiana y documenta ese anuncio radiante, del que habla el mismo texto.

[Traducci?n del italiano por Inma ?lvarez]


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