Mi?rcoles, 09 de febrero de 2011

ZENIT nos ofrece la sexta entrega de la intervenci?n del cardenal Mauro Piacenza, prefecto de la Congregaci?n para el Clero, pronunciada el pasado lunes 24 de enero en las Jornadas Sacerdotales celebradas en Ars (Francia) sobre el celibato sacerdotal. La anterior se public? en el servicio del martes 1 de febrero, y la pr?xima y ?ltima lo ser? el jueves 3 de febrero.
La intervenci?n del cardenal Piacenza, realizada desde Roma en conexi?n en directo con el encuentro, lleva por t?tulo: ?El celibato sacerdotal: fundamentos, alegr?as, desaf?os... Las ense?anzas del Papa sobre el tema: de P?o XI a Benedicto XVI?.

6. Benedicto XVI y la Sacramentum Caritatis

El ?ltimo Pont?fice que examinamos es el felizmente reinante, Benedicto XVI, cuyo Magisterio inicial sobre el celibato sacerdotal no deja ninguna duda, sea sobre la perenne validez de la norma disciplinar, sea, sobre todo e incluso con anterioridad, sobre su fundaci?n teol?gica y particularmente cristol?gico-eucar?stica.

En particular, el Santo Padre dedic? al tema del celibato un n?mero entero de la Exhortaci?n Apost?lica Postsinodal Sacramentum Caritatis. Leemos en ?l: ?Los Padres sinodales han querido subrayar que el sacerdocio ministerial requiere, mediante la Ordenaci?n, la plena configuraci?n con Cristo. Respetando la praxis y las diferentes tradiciones orientales, es necesario reafirmar el sentido profundo del celibato sacerdotal, considerado con raz?n como una riqueza inestimable y confirmado por la praxis oriental de elegir como obispos s?lo entre los que viven el celibato, y que tiene en gran estima la opci?n por el celibato que hacen numerosos presb?teros. En efecto, esta opci?n del sacerdote es una expresi?n peculiar de la entrega que lo configura con Cristo y de la entrega exclusiva de s? mismo por el Reino de Dios. El hecho de que Cristo mismo, sacerdote para siempre, viviera su misi?n hasta el sacrificio de la cruz en estado de virginidad es el punto de referencia seguro para entender el sentido de la tradici?n de la Iglesia latina a este respecto. As? pues, no basta con comprender el celibato sacerdotal en t?rminos meramente funcionales. En realidad, representa una especial configuraci?n con el estilo de vida del propio Cristo. Dicha opci?n es ante todo esponsal; es una identificaci?n con el coraz?n de Cristo Esposo que da la vida por su Esposa. Junto con la gran tradici?n eclesial, con el Concilio Vaticano II y con los Sumos Pont?fices predecesores m?os, reafirmo la belleza y la importancia de una vida sacerdotal vivida en el celibato, como signo que expresa la dedicaci?n total y exclusiva a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios, y confirmo por tanto su car?cter obligatorio para la tradici?n latina. El celibato sacerdotal, vivido con madurez, alegr?a y entrega, es una grand?sima bendici?n para la Iglesia y para la sociedad misma? (n. 24).

Como es f?cil observar, la Exhortaci?n Apost?lica multiplica las invitaciones para que el Sacerdote viva en el ofrecimiento de s? mismo, hasta el sacrificio de la cruz, para una dedicaci?n total y exclusiva a Cristo. Particularmente relevante es el v?nculo, que la Exhortaci?n Apost?lica reafirma, entre celibato y Eucarist?a; si esta teolog?a del Magisterio es recibida de modo aut?ntico y se aplica realmente en la Iglesia, el futuro del celibato ser? luminoso y fecundo, porque ser? un futuro de libertad y de santidad sacerdotal. Podr?amos hablar as? no s?lo de ?naturaleza esponsal? del celibato, sino de su ?naturaleza eucar?stica?, que deriva del ofrecimiento que Cristo hace de S? mismo perennemente a la Iglesia, y que se refleja de modo evidente en la vida de los sacerdotes. Estos son llamados a reproducir, en sus existencias, el Sacrificio de Cristo, a quien son asimilados en raz?n de la Ordenaci?n sacerdotal.

De la naturaleza eucar?stica del celibato derivan todas sus posibles implicaciones teol?gicas, que ponen al Sacerdote frente a su propio oficio fundamental: la celebraci?n de la Santa Misa, en la que las palabras ?Este es Mi Cuerpo? y ?Esta es Mi Sangre? no determinan solamente el efecto sacramental que les es propio, sino que, progresiva y realmente, deben modelar la oblaci?n de la propia vida sacerdotal.

El Sacerdote c?libe es as? asociado personal y p?blicamente a Jesucristo; Lo hace realmente Presente, convirti?ndose ?l mismo en v?ctima, en la que Benedicto XVI llama ?la l?gica eucar?stica de la existencia cristiana?.

Cuanto m?s se recupere, en la vida de la Iglesia, la centralidad de la Eucarist?a, dignamente celebrada y constantemente adorada, tanto m?s grande ser? la fidelidad al celibato, la comprensi?n de su inestimable valor y, si se me permite, el florecimiento de santas vocaciones al Ministerio ordenado.

En su discurso con ocasi?n de la Audiencia a la Curia Romana para la felicitaci?n de Navidad, el 22 de diciembre de 2006, Benedicto XVI afirmaba de nuevo: ?El verdadero fundamento del celibato puede ser recogido solamente en la frase: 'Dominus pars mea ? Tu, Se?or, eres mi tierra'. Puede ser s?lo teoc?ntrico. No puede significar quedarse privados del amor, sino que debe significar dejarse llevar por la pasi?n por Dios, y aprender despu?s, gracias a una mayor intimidad con ?l, a servir tambi?n a los hombres. El celibato debe ser un testimonio de Fe: la Fe en Dios se hace concreta en esa forma de vida, que s?lo a partir de Dios tiene un sentido. Apoyar la vida en ?l, renunciando al matrimonio y a la familia, significa que yo acojo y experimento a Dios como realidad y que por ello puedo llevarlo a los hombres?.

S?lo la experiencia de la ?herencia?, que el Se?or es para cada existencia sacerdotal, hace eficaz ese testimonio de Fe que es el celibato. Como el mismo Santo Padre reafirm? en el discursoo a los participantes en la Plenaria de la Congregaci?n para el Clero, el 16 de marzo de 2009, ?ste es : ?Apostolica vivendi forma [?], participaci?n en una 'vida nueva' espiritualmente entendida, en ese nuevo ?estilo de vida? que fue inaugurado por el Se?or Jes?s y que fue hecho propio por los Ap?stoles?.

El A?o Sacerdotal recientemente concluido ha visto varias intervenciones del Santo Padre sobre el tema del Sacerdocio, en particular en las catequesis de los mi?rcoles, dedicadas a los tria munera, y en las tenidas con ocasi?n de la inauguraci?n y de la clausura del A?o Sacerdotal y de las celebraciones ligadas a san Juan Maria Vianney. Particularmente relevante fue el di?logo del Santo Padre con los sacerdotes, durante la gran Vigilia de clausura del A?o Sacerdotal, cuando, interrogado sobre el significado del celibato y sobre las dificultades que se encuentran para vivirlo en la cultura contempor?nea, respondi?, partiendo de la centralidad de la Celebraci?n Eucar?stica cotidiana en la vida del Sacerdote, que, actuando in Persona Christi, habla en el ?Yo? de Cristo, convirti?ndose en realizaci?n de la permanencia en el tiempo de la unicidad de Su Sacerdocio, a?adiendo: ?Esta unificaci?n de Su 'Yo' con el nuestro implica que somos atra?dos tambi?n a Su realidad de Resucitado, vamos hacia la vida plena de la Resurrecci?n [?]. En este sentido, en celibato es una anticipaci?n. Trascendemos este tiempo y vamos adelante, y nos atraemos a nosotros mismos y a nuestra ?poca hacia el mundo de la Resurrecci?n, hacia la novedad de Cristo, hacia la nueva y verdadera vida?. Queda as? sancionada, por el Magisterio de Benedicto XVI, la relaci?n ?ntima entre dimensi?n eucar?stica-fontal y dimensi?n escatol?gica anticipada y realizada del celibato sacerdotal. Superando de un solo golpe toda reducci?n funcionalista del Ministerio, el Santo Padre vuelve a colocarlo en su alto y amplio marco teol?gico, lo ilumina poniendo en evidencia su relaci?n constitutiva, por tanto, con la Iglesia y revalora poderosamente toda la fuerza misionera que deriva precisamente de ese ?m?s? hacia el Reino que el celibato realiza.

En esa misma circunstancia, con audacia prof?tica, el Santo Padre afirm?: ?Para el mundo agn?stico, el mundo en el que Dios no cuenta, el celibato es un gran esc?ndalo, porque muestra precisamente que Dios es considerado y vivido como realidad. Con la vida escatol?gica del celibato, el mundo futuro de Dios entra en las realidades de nuestro tiempo?.

?C?mo podr?a la Iglesia vivir sin el esc?ndalo del celibato? ?Sin hombres dispuestos a afirmar en el presente, tambi?n y sobre todo a trav?s de su propia carne, la realidad de Dios? Estas afirmaciones han tenido cumplimiento y, en cierto modo, coronaci?n en la extraordinaria homil?a pronunciada como clausura del A?o Sacerdotal ? que me permito invitaros a releer ? en la que el Papa rez? para que, como Iglesia, seamos liberados de los esc?ndalos menores, para que aparezca el verdadero esc?ndalo de la historia, que es Cristo Se?or.

[Traducci?n del italiano por Inma ?lvarez]?


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