S?bado, 12 de febrero de 2011

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigi?el mi?rcoles 2 de Febrero de 2011?a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI para la audiencia general, y que dedic? a la santa espa?ola Teresa de Jes?s, doctora de la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas,

en el curso de las Catequesis que he querido dedicar a los Padres de la Iglesia y a grandes figuras de te?logos y de mujeres de la Edad Media, he podido detenerme tambi?n en algunos Santos y Santas que han sido proclamados Doctores de la Iglesia por su eminente doctrina. Hoy quisiera iniciar una breve serie de encuentros para completar la presentaci?n de los Doctores de la Iglesia. Y comienzo con una Santa que representa una de las cumbres de la espiritualidad cristiana de todos los tiempos: santa Teresa de Jes?s.

Nace en ?vila, en Espa?a, en 1515, con el nombre de Teresa de Ahumada. En su autobiograf?a ella misma menciona algunos detalles de su infancia: el nacimiento de ?padres virtuosos y temerosos de Dios?, dentro de una familia numerosa, con nueve hermanos y tres hermanas. A?n ni?a, con al menos 9 a?os, pudo leer las vidas de algunos m?rtires que le inspiran el deseo del martirio, tanto que improvisa una breve fuga de casa para morir m?rtir y subir al Cielo (cfr Vida 1, 4); ?quiero ver a Dios? dice la peque?a a sus padres. Algunos a?os despu?s Teresa habl? de sus lecturas de la infancia y afirm? haber descubierto la verdad, que resume en dos principios fundamentales: por un lado ?el hecho de que todo lo que pertenece a este mundo, pasa?, por el otro que s?lo Dios es para ?siempre, siempre, siempre?, tema que recupera en su famos?simo poema ?Nada te turbe, nada te espante; todos se pasa,/ Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, /quien a Dios tiene nada le falta, ?S?lo Dios basta!?. Se qued? hu?rfana de madre a los 12 a?os, le pidi? a la Virgen Sant?sima que fuera su madre (cfr. Vida 1,7).

Si en la adolescencia la lectura de libros profanos la hab?a llevado a las distracciones de la vida mundana, la experiencia como alumna de las monjas agustinas de Santa Mar?a de las Gracias de ?vila y la lectura de libros espirituales, sobre todo cl?sicos de espiritualidad franciscana, le ense?an el recogimiento y la oraci?n. A la edad de 20 a?os entra en el monasterio carmelita de la Encarnaci?n, siempre en ?vila. Tres a?os despu?s, enferma gravemente, tanto que permanece durante cuatro d?as en coma, aparentemente muerta (cfr Vida 5, 9). Tambi?n en la lucha contra sus propias enfermedades la Santa ve el combate contra las debilidades y las resistencias a la llamada de Dios. Escribe: ?Deseaba vivir porque comprend?a bien que no estaba viviendo, sino que estaba luchando con una sombra de muerte, y no ten?a a nadie que me diese vida, y ni siquiera yo me la pod?a tomar, y Aquel que pod?a d?rmela ten?a raz?n en no socorrerme, dado que tantas veces me hab?a vuelto hacia ?l, y yo le hab?a abandonado? (Vida 8, 2) . En 1543 pierde la cercan?a de sus familiares: el padre muere y todos sus hermanos emigran uno detr?s de otro a Am?rica. En la Cuaresma de 1554, a los 39 a?os, Teresa llega a la cumbre de su lucha contra sus propias debilidades. El descubrimiento fortuito de ?un Cristo muy llagado? marca profundamente su vida (cfr Vida 9). La Santa, que en aquel periodo siente en profunda consonancia con el san Agust?n de las Confesiones, describe as? la Jornada decisiva de su experiencia m?stica: ?Sucedi?... que de repente me vino un sentimiento de la presencia de Dios, que de ninguna forma pod?a dudar que estaba dentro de m? o que yo estaba toda absorbida en ?l? (Vida 10, 1).

Paralelamente a la maduraci?n de su propia interioridad, la Santa comienza a desarrollar de forma concreta el ideal de reforma de la Orden Carmelita: en 1562 funda en ?vila, con el apoyo del Obispo de la ciudad, don ?lvaro de Mendoza, el primer Carmelo reformado, y poco despu?s recibe tambi?n la aprobaci?n del Superior General de la Orden, Giovanni Battista Rossi. En a?os sucesivos continu? la fundaci?n de nuevos Carmelos, en total diecisiete. Fue fundamental su encuentro con san Juan de la Cruz, con el que, en 1568, constituy? en Duruelo, cerca de ?vila, el primer convento de carmelitas descalzas. En 1580 obtiene de Roma la erecci?n en Provincia aut?noma para sus Carmelos reformados, punto de partida de la Orden Religiosa de los Carmelitas Descalzos. Teresa termina su vida terrena justo cuanto est? ocup?ndose de la fundaci?n.

En 1582, de hecho, tras haber constituido el Carmelo de Burgos y mientras est? realizando el viaje de vuelta hacia ?vila, muere la noche del 15 de octubre en Alba de Tormes, repitiendo humildemente dos expresiones: ?Al final, muero como hija de la Iglesia? y ?Ya es hora, Esposo m?o, de que nos veamos?. Una existencia consumada dentro de Espa?a, pero empe?ada por toda la Iglesia. Beatificada por el papa Pablo V en 1614 y canonizada en 1622 por Gregorio XV, fue proclamada ?Doctora de la Iglesia? por el Siervo de Dios Pablo VI en 1970.

Teresa de Jes?s no ten?a una formaci?n acad?mica, pero siempre atesor? ense?anzas de te?logos, literatos y maestros espirituales. Como escritora, se atuvo siempre a lo que personalmente hab?a vivido o hab?a visto en la experiencia de otros (cfr Pr?logo al Camino de Perfecci?n), es decir, a partir de la experiencia. Teresa consigue entretejer relaciones de amistad espiritual con muchos santos, en particular con san Juan de la Cruz. Al mismo tiempo, se alimenta con la lectura de los Padres de la Iglesia, san Jer?nimo, san Gregorio Magno, san Agust?n. Entre sus obras mayores debe recordarse ante todo su autobiograf?a, titulada Libro de la vida, que ella llama Libro de las Misericordias del Se?or. Compuesta en el Carmelo de ?vila en 1565, refiere el recorrido biogr?fico y espiritual, escrito, como afirma la misma Teresa, para someter su alma al discernimiento del ?Maestro de los espirituales?, san Juan de ?vila. El objetivo es el de poner de manifiesto la presencia y la acci?n de Dios misericordioso en su vida: por esto, la obra recoge a menudo el di?logo de oraci?n con el Se?or. Es una lectura que fascina, porque la Santa no solo narra, sino que muestra revivir la experiencia profunda de su amor con Dios. En 1566, Teresa escribe el Camino de Perfecci?n, llamado por ella Admoniciones y consejos que da Teresa de Jes?s a sus monjas. Las destinatarias con las doce novicias del Carmelo de san Jos? en ?vila. Teresa les propone un intenso programa de vida contemplativa al servicio de la Iglesia, a cuya base est?n las virtudes evang?licas y la oraci?n.

Entre los pasajes m?s preciosos est? el comentario al Padrenuestro, modelo de oraci?n. La obra m?stica m?s famosa de santa Teresa es el Castillo interior, escrito en 1577, en plena madurez. Se trata de una relectura de su propio camino de vida espiritual y, al mismo tiempo, de una codificaci?n del posible desarrollo de la vida cristiana hacia su plenitud, la santidad, bajo la acci?n del Esp?ritu Santo. Teresa se remite a la estructura de un castillo con siete estancias, como im?genes de la interioridad del hombre, introduciendo, al mismo tiempo, el s?mbolo del gusano de seda que renace en mariposa, para expresar el paso de lo natural a lo sobrenatural. La Santa se inspira en la Sagrada Escritura, en particular en el Cantar de los Cantares, para el s?mbolo final de los ?dos Esposos?, que le permite describir, en la s?ptima estancia, el culmen de la vida cristiana en sus cuatro aspectos: trinitario, cristol?gico, antropol?gico y eclesial. A su actividad de fundadora de los Carmelos reformados, Teresa dedica el Libro de las fundaciones, escrito entre el 1573 y el 1582, en el que habla de la vida del naciente grupo religioso. Como en la autobiograf?a, el relato se dedica sobre todo a evidenciar la acci?n de Dios en la fundaci?n de los nuevos monasterios.

No es f?cil resumir en pocas palabras la profunda y compleja espiritualidad teresiana. Podemos mencionar algunos puntos esenciales. En primer lugar, santa Teresa propone las virtudes evang?licas como base de toda la vida cristiana y humana: en particular, el desapego de los bienes o pobreza evang?lica (y esto nos concierne a todos); el amor de unos a otros como elemento esencial de la vida comunitaria y social; la humildad como amor a la verdad; la determinaci?n como fruto de la audacia cristiana; la esperanza teologal, que describe como sed de agua viva. Sin olvidar las virtudes humanas: afabilidad, veracidad, modestia, cortes?a, alegr?a, cultura. En segundo lugar, santa Teresa propone una profunda sinton?a con los grandes personajes b?blicos y la escucha viva de la Palabra de Dios. Ella se siente en consonancia sobre todo con la esposa del Cantar de los Cantares, con el ap?stol Pablo, adem?s de con el Cristo de la Pasi?n y con el Jes?s eucar?stico.

La Santa subraya despu?s cu?n esencial es la oraci?n: rezar significa ?frecuentar con amistad, pues frecuentamos de t? a t? a Aquel que sabemos que nos ama? (Vida 8, 5) . La idea de santa Teresa coincide con la definici?n que santo Tom?s de Aquino da de la caridad teologal, como amicitia quaedam hominis ad Deum, un tipo de amistad del hombre con Dios, que ofreci? primero su amistad al hombre (Summa Theologiae II-ΙI, 23, 1). La iniciativa viene de Dios. La oraci?n es vida y se desarrolla gradualmente al mismo paso con el crecimiento de la vida cristiana: comienza con la oraci?n vocal, pasa por la interiorizaci?n a trav?s de la meditaci?n y el recogimiento, hasta llegar a la uni?n de amor con Cristo y con la Sant?sima Trinidad. Obviamente no se trata de un desarrollo en el que subir escalones significa dejar el tipo de oraci?n anterior, sino que es una profundizaci?n gradual de la relaci?n con Dios que envuelve toda la vida. M?s que una pedagog?a de la oraci?n , la de Teresa es una verdadera ?mistagogia?: ense?a al lector de sus obras a rezar, rezando ella misma con ?l; frecuentemente, de hecho, interrumpe el relato o la exposici?n para realizar una oraci?n.

Otro tema querido a la Santa es la centralidad de la humanidad de Cristo. Para Teresa, de hecho, la vida cristiana es relaci?n personal con Jes?s, que culmina en la uni?n con ?l por gracia, por amor y por imitaci?n. De ah? la importancia que ella atribuye a la meditaci?n de la Pasi?n y a la Eucarist?a, como presencia de Cristo, en la Iglesia, para la vida de cada creyente y como coraz?n de la liturgia. Santa Teresa vive un amor incondicional a la Iglesia: ella manifiesta un vivo sensus Ecclesiae frente a episodios de divisi?n y conflicto en la Iglesia de su tiempo. Reforma la Orden Carmelita con la intenci?n de servir y defender mejor a la ?Santa Iglesia Cat?lica Romana?, y est? dispuesta a dar la vida por ella (cfr Vida 33, 5).

Un ?ltimo aspecto esencial de la doctrina teresiana, que quisiera subrayar, es la perfecci?n, como aspiraci?n de toda la vida cristiana y meta final de la misma. La Santa tiene una idea muy clara de la ?plenitud? de Cristo, revivida por el cristiano. Al final del recorrido del Castillo interior, en la ?ltima ?estancia?, Teresa describe esa plenitud, realizada en la inhabitaci?n de la Trinidad, en la uni?n a Cristo a trav?s del misterio de su humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, santa Teresa de Jes?s es verdadera maestra de vida cristiana para los fieles de todo tiempo. En nuestra sociedad, a menudo carente de valores espirituales, santa Teresa nos ense?an a ser testigos incansables de Dios, de su presencia y de su acci?n, nos ense?a a sentir realmente esta sed de Dios que existe en nuestro coraz?n, este deseo de ver a Dios, de buscarlo, de tener una conversaci?n con ?l y de ser sus amigos. Esta es la amistad necesaria para todos y que debemos buscar, d?a a d?a, de nuevo.

Que el ejemplo de esta Santa, profundamente contemplativa y eficazmente laboriosa, nos impulse tambi?n a nosotros a dedicar cada d?a el tiempo adecuado a la oraci?n, a esta apertura a Dios,

a este camino de b?squeda de Dios, para verlo, para encontrar su amistad y por tanto la vida verdadera; porque muchos de nosotros deber?amos decir: ?no vivo, no vivo realmente, porque no vivo la esencia de mi vida?. Porque este tiempo de oraci?n no es un tiempo perdido, es un tiempo en el que se abre el camino de la vida, se abre el camino para aprender de Dios un amor ardiente a ?l y a su Iglesia y una caridad concreta hacia nuestros hermanos. Gracias.

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los grupos provenientes de Espa?a, Chile, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Invito a todos, a ejemplo de Santa Teresa de Jes?s, a crecer siempre en la oraci?n y en las virtudes cristianas, hasta llegar a la plenitud del encuentro con el Se?or. Muchas gracias.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Habla el Papa
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