Martes, 15 de febrero de 2011

ZENIT?? publica la ponencia "Conciencia cristiana y cultura pol?tica en las ense?anzas de San Josemar?a Escriv? de?Balaguer", que pronunci? monse?or ?ngel Rodr?guez Lu?o, decano de la facultad de Teolog?a de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma), en las 46 Jornadas de Cuestiones Pastorales, celebradas del 25 y 26 de enero en Castelldaura.

1. La formaci?n de la conciencia en materia social y pol?tica

???????? Conviene aclarar inicialmente qu? significado puede tener la expresi?n "cultura pol??tica" en las presentes reflexiones. En los escritos de San Josemar?a Escriv? de Balaguer no se encuen?tran lo que com?nmente llamamos "ideas u opiniones pol?ticas", es decir, consideraciones dirigidas a proponer o a sugerir una soluci?n concreta a un determinado problema pol?tico, en concurrencia con otras soluciones posibles y leg?timas para un ciudadano cat?lico. En este sentido afirm? m?s de una vez: ?Yo no hablo nunca de pol?tica?[1], y siempre se neg? a intervenir en el juego de las opiniones que suelen determinar la adscripci?n de los ciudada?nos a un determinado partido pol?tico, a un sindicato, a un movimiento cultural, etc., con el prop?sito de contribuir noblemente a la configuraci?n pol?tica del propio pa?s. Nunca per?miti? que sus palabras o su actividad fuesen interpretadas en sentido pol?tico, ni quiso in?fluir en modo alguno sobre los dem?s en ese plano. Tampoco pregunt? a nadie por sus pre?ferencias pol?ticas. M?s adelante quedar?n claras las importantes razones a las que respon?de esta l?nea de conducta.

???????? Los escritos de San Josemar?a contienen, en cambio, abundantes ense?anzas acerca de la acci?n social y pol?tica de los ciudadanos, que se dirigen a exponer los puntos capita?les de la ?tica social y pol?tica, as? como de la doctrina social de la Iglesia, en cuanto que tales ense?anzas forman parte ?de los medios espirituales necesarios para vivir como bue?nos cristianos en medio del mundo?[2]. Se trata, escrib?a una vez,? de ense?ar a ?com?portarse como buenos cristianos: conviviendo con todos, respetando la leg?tima libertad de todos y haciendo que este mundo nuestro sea m?s justo?[3]. Conviene precisar que la actividad de San Josemar?a no tuvo como finalidad directa la consecuci?n de objetivos concretos de justicia social y pol?tica. Sus ense?anzas constituyen m?s bien una apremiante llamada ?a una plenitud de vida cristiana que, por verificarse en medio del mundo, connota constantemente frutos de transformaci?n social, de instauraci?n de la justicia, de fraternidad y de paz?[4]. Queda siempre bien claro que la llamada a la plenitud de vida cristiana trasciende las realizaciones en el plano social y pol?tico, que vienen a ser ?como efectos que advienen a modo de redundancia o a?adidura, respecto a la realidad central: la radical identificaci?n con Cristo?[5].

???????? El modo de armonizar la leg?tima libertad pol?tica de los ciudadanos con la forma?ci?n ?tico-social que constituye como el com?n denominador de la cultura pol?tica de los cat?licos, nos parece una nota muy caracter?stica de San Josemar?a, cuya adecuada com?prensi?n requiere un breve esclarecimiento de las relaciones que existen entre la fe cristia?na y la pol?tica.

2. Fe y pol?tica

Las relaciones entre fe cristiana y pol?tica han de colocarse en un cuadro teol?gico fundamental[6]. ?ste es, para San Josemar?a, la llamada universal a la santidad, dinamismo profundo de la vida moral cristiana, que comporta una intensa concentraci?n cristol?gi?ca. Cornelio Fabro, autor de uno de los mejores estudios teol?gicos sobre los escritos de San Josemar?a, advierte en ellos la presencia constante y unificante de ?una comprensi?n singularmente rica y coherente del misterio de Cristo, perfecto Dios y perfecto hombre?, que permite encontrar en la ?Encarnaci?n del Verbo el fundamento perennemente actual y operativo de la transformaci?n cristiana del hombre y, a trav?s del trabajo humano, de to?das las realidades creadas?[7]. La coexistencia arm?nica de la plenitud divina y humana en Cristo se convierte en paradigma de la armon?a de lo sobrenatural y de lo humano en la existencia y actividades del cristiano. Glosando un pasaje de la Ep?stola a los Colosenses (1, 19-20), San Josemar?a afirma: ?Hablando con rigor, no se puede decir que haya realidades -buenas, nobles, y aun indiferentes- que sean exclusivamente profanas, una vez que el Verbo de Dios ha fijado su morada entre los hijos de los hombres, ha tenido hambre y sed, ha trabajado con sus manos, ha conocido la amistad y la obediencia, ha experimentado el do?lor y la muerte?[8]. No s?lo no hay contraposici?n entre la vida de relaci?n con Dios y el empe?o por colaborar con los dem?s en la construcci?n del bien com?n, sino que este empe?o se convierte en camino de uni?n con Dios, sea porque se trata de un deber c?vico de todos los ciudadanos que en los cristianos queda asumido tambi?n por la caridad, sea porque los ciudadanos cristianos lo ejercen de acuerdo con su conciencia informada por los valores evang?licos, que de este modo producen resultados concretos en el ?mbito social[9].

???????? Si San Josemar?a rechaza cualquier visi?n del cristianismo que no perciba ?su rela?ci?n con las situaciones de la vida corriente, con la urgencia de atender a las necesidades de los dem?s y de esforzarse por remediar las injusticias?[10], rechaza con no menos fuerza cualquier planteamiento que olvide la trascendencia de la fe cristiana y de la misi?n de la Iglesia respecto a las diferentes s?ntesis pol?tico-culturales concretas presentes en el mundo a lo largo de la historia. Los fieles laicos est?n llamados a ?santificar desde dentro todas las estructuras temporales, llevando all? el fermento de la Redenci?n?[11], pero su cometido en la tierra, precisa San Josemar?a, no se puede pensar como ?el brotar de una corriente pol?tico-religiosa -ser?a una locura-, ni siquiera aunque tenga el buen prop?sito de infundir el es?p?ritu de Cristo en todas las actividades de los hombres?[12]. Identificar plenamente la fe cristiana con una concreta s?ntesis cultural o con un determinado proyecto pol?tico, por muy bueno que fuese, ser?a algo en s? mismo ajeno a la verdad ense?ada por Cristo, y tarde o temprano causar?a un gran mal a la Iglesia y a las almas.

???????? La cuesti?n tiene otro importante aspecto que conviene considerar. San Josemar?a te?n?a una clara conciencia de que las actividades sociales y pol?ticas no son simples enuncia?ciones de principios perennes, sino concretas realizaciones de bienes humanos y sociales en un contexto hist?rico, geogr?fico y cultural determinado, marcadas por una contingen?cia al menos parcialmente insuperable, que por otra parte es caracter?stica de todo lo pr?cti?co. Por eso, afirmaba que ?nadie puede pretender en cuestiones temporales imponer dog?mas, que no existen. Ante un problema concreto, sea cual sea, la soluci?n es: estudiarlo bien y, despu?s, actuar en conciencia, con libertad personal y con responsabilidad tambi?n personal?[13]. Pero con esto no pretend?a decir que todos los asuntos sociales son contingen?tes, ya que propagaba a los cuatro vientos, sin respetos humanos, las exigencias ?ticas uni?versalmente v?lidas. Su pensamiento queda claramente reflejado en estas palabras: ?No me olvides que, en los asuntos humanos, tambi?n los otros pueden tener raz?n: ven la misma cuesti?n que t?, pero desde distinto punto de vista, con otra luz, con otra sombra, con otro contorno. -S?lo en la fe y en la moral hay un criterio indiscutible: el de nuestra Madre la Iglesia?[14].

???????? Por esta raz?n, San Josemar?a afirm? y defendi? el derecho y el deber de la Jerarqu?a de la Iglesia de pronunciar juicios morales sobre asuntos temporales, cuando ello era exigi?do por la fe o la moral cristianas[15]. Es m?s, ense?? constantemente que los fieles tienen en?tonces la obligaci?n moral de aceptar esos juicios doctrinales[16], e incorpor? a sus ense?an?zas orales y escritas los contenidos fundamentales del magisterio pontificio y episcopal en materia social. Esta funci?n del magisterio eclesi?stico se refiere a los principios dogm?ti?cos y morales, y a los hechos o proyectos que entran claramente en contradicci?n con ellos, pero no se extiende -salvo en alguna circunstancia de gravedad excepcional- a la elec?ci?n de una opci?n pol?tica determinada si existen varias que son perfectamente compati?bles con la conciencia cristiana.

???????? De este modo queda claro que cuanto se dir? a continuaci?n no mira a sugerir opcio?nes pol?ticas concretas, sino a subrayar algunos principios de ?tica social y pol?tica que in?forman la conciencia cristiana.

3. Participaci?n y solidaridad

???????? La concentraci?n cristol?gica antes mencionada determina la visi?n que San Josema?r?a tiene de lo que significa para un cristiano estar en el mundo y vivir en el mundo o, con otras palabras, su concepci?n de la secularidad. ?sta se traduce en el imperativo de la res?ponsabilidad y de la participaci?n: vivir en el mundo significa sentirse responsable de ?l, asumi?ndose la tarea de participar en las actividades humanas -profesionales, cultura?les, sociales y pol?ticas- para configurarlas de acuerdo con la justicia, la libertad y los de?m?s valores evang?licos. Y as? escribe: ?Como cristiano, tienes el deber de actuar, de no abste?nerte, de prestar tu propia colaboraci?n para servir con lealtad, y con libertad perso?nal, al bien com?n?[17]. El trabajo en favor del bien com?n requiere empe?o y generosidad, por lo que la pasividad, la pereza, el "dejar hacer", son tentaciones siempre al acecho ante las que un cristiano no debe ceder. ?Los hijos de Dios, ciudadanos de la misma categor?a que los otros, hemos de participar ?sin miedo' en todas las actividades y organizaciones ho?nestas de los hombres, para que Cristo est? presente all?. Nuestro Se?or nos pedir? cuenta estrecha si, por dejadez o como?didad, cada uno de nosotros, libremente, no procura inter?venir en las obras y en las decisiones humanas, de las que dependen el presente y el futuro de la socie?dad?[18].

???????? Al hablar de participaci?n, San Josemar?a no se refer?a s?lo a los ciudadanos, siem?pre pocos, que se dedican profesionalmente a la pol?tica, ni tampoco quer?a decir que con?ven?a dedicarse a ella, lo que no ser?a bueno para los que carecen de las aptitudes necesa?rias; pensaba simplemente en el ciudada?no que cumple sus deberes c?vicos y ejercita sus derechos, y tanto en un caso como en el otro es co?herente con su concepci?n del mundo, del hombre y del bien com?n pol?tico, asoci?ndose libremen?te con quienes? -cristianos o no- comparten esas ideas y est?n dispuestos a realizarlas. En este sentido lamentaba que es frecuente ?aun entre cat?licos que parecen responsables y piadosos, el error de pensar que s?lo est?n obligados a cumplir sus deberes familiares y religiosos, y apenas quieren o?r hablar de deberes c?vicos?[19].

???????? En realidad no se trata de un deber espec?fico de los cristianos, sino de un deber ge?neral de todos los ciudadanos, que los cristianos deben santificar. Los sistemas pol?ticos ac?tuales presuponen la participaci?n de los ciudadanos, y sin ella no pueden funcionar ade?cuadamente. La expansi?n exagerada del aparato estatal, o el predominio de soluciones que no responden al sentir com?n, sino a la opini?n de una minor?a de activistas, se debe en buena parte ?a la inhibici?n de los ciudadanos, a su pasividad para defender los derechos sagrados de la persona humana. Esta inactividad, que tiene su origen en la pereza mental y en la voluntad inerte, se da tambi?n en los ciudadanos cat?licos, que no acaban de ser conscientes de que hay otros pecados -y m?s graves- que los que se cometen contra el sexto precepto del Dec?logo?[20].

???????? Parte muy importante de la participaci?n en la vida social y pol?tica es el trabajo de promoci?n social, la lucha contra la injusticia, la corrupci?n, la violencia y la falta de equi?dad en la distribuci?n de los bienes econ?micos y culturales. ?Se comprende muy bien la impaciencia, la angustia, los deseos in?quietos de quienes, con un alma naturalmente cristia?na, no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el coraz?n humano. Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, toda?v?a, tanto odio, tanta destrucci?n, tanto fanatismo en los ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar. Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, ence?rrados en ce?n?culos. Y, fuera, hambre de pan y de sabidur?a, vidas humanas que son santas, porque vie?nen de Dios, tratadas como simples cosas, como n?meros de una estad?stica?[21]. San Jose?mar?a estimul? a muchas personas para que dedicasen su actividad profesional a tareas de promoci?n social de car?cter educativo, sanitario, asistencial, etc.,[22] dando ?tiles sugeren?cias para que esas tareas se desarrollasen de modo eficaz, valorizando los recursos locales y la dignidad de cuantos se benefician de ellas.

4. Libertad, responsabilidad y pluralismo

El principio de libertad, junto con el de participaci?n a que nos acabamos de referir, ocupa un lugar central en las ense?anzas de San Josemar?a. ?l ve la libertad como un bien humano y cristiano de la m?xima importancia. ?Repito y repetir? sin cesar que el Se?or nos ha dado gratuitamente un gran regalo sobrenatural, la gracia divina; y otra maravillosa d?diva humana, la libertad personal, que exige de nosotros -para que no se corrompa, convirti?ndose en libertinaje- integridad, empe?o eficaz en desenvolver nuestra conducta dentro de la ley divina, ?porque donde est? el Esp?ritu de Dios, all? hay libertad' (2 Cor III, 17). [...] Algunos de los que me escuch?is me conoc?is desde muchos a?os atr?s. Pod?is atestiguar que llevo toda mi vida predicando la libertad personal, con personal responsabi?lidad. La he buscado y la busco, por toda la tierra, como Di?genes buscaba un hombre. Y cada d?a la amo m?s, la amo sobre todas las cosas terrenas: es un tesoro que no apreciaremos nunca bastante?[23].

???????? Amar la libertad implica necesariamente amar ?el pluralismo que la libertad lleva consigo?[24]. Pluralismo no es sin?nimo de conflicto o de tensi?n: ?El hecho de que alguno piense de distin?ta manera que yo -especialmente cuando se trata de cosas que son objeto de la libertad de opini?n- no justifica de ninguna manera una actitud de enemistad perso?nal, ni siquiera de frialdad o de indiferencia. Mi fe cristiana me dice que la caridad hay que vivirla con to?dos, tambi?n con los que no tienen la gracia de creer en Jesucristo?[25]. Un cris?tiano no considera al adversario pol?tico como un enemigo, no le odia ni le maltrata, le deja hablar, le escucha, y en ning?n caso recurre a la difamaci?n ni a la calumnia, as? como tampoco utiliza cuestiones privadas irrelevantes para el bien com?n como un arma pol?tica.

San Josemar?a ve siempre la libertad acompa?ada por la responsabilidad. En un texto que se ha hecho c?lebre por su claridad, afirmaba que a un ciudadano cristiano bien inten?cionado ?jam?s se le ocurre creer o decir que ?l baja del templo al mundo para representar a la Iglesia, y que sus soluciones son las soluciones cat?licas a aquellos problemas [...]. Esto ser?a clericalismo, catolicismo oficial o como quer?is llamarlo. En cualquier caso, es hacer violencia a la naturaleza de las cosas. Ten?is que difundir por todas partes una verda?dera mentalidad laical, que ha de llevar a tres conclusiones: a ser lo suficientemente honra?dos, para pechar con la propia responsabilidad personal; a ser lo suficientemente cristianos, para respetar a los hermanos en la fe, que proponen -en materias opinables- soluciones diversas a la que cada uno de nosotros sostiene; y a ser lo suficientemente cat?licos, para no servirse de nuestra Madre la Iglesia, mezcl?ndola en bander?as humanas?[26].

???????? Esta ?ltima consideraci?n, cuya sustancia ha sido recogida por el C?digo de Derecho Can?nico del 1983[27], merecer?a un amplio comentario, que aqu? no podemos hacer. Quiz? alguien piense que ese modo de proceder llevar?a a debilitar la presencia de los cristia?nos -y de los valores que para los cristianos son importantes- en la vida social y pol?ti?ca. Pero en realidad sucede lo contrario. Querer imponer una ?nica opini?n sobre asuntos contingentes, llevar?a a desunir a los cristianos en lo que, en cambio, es verdaderamente irrenunciable. ?As? ocurre con frecuencia -escrib?a en una ocasi?n- que se ven cat?licos que sienten con mucha m?s fuerza la afinidad ideol?gica con otros hombres -aun enemi?gos de la Iglesia- que el mismo v?nculo de la fe con sus her?manos cat?licos; y que, a la vez que disimulan las diferencias en lo esencial que les sepa?ran de personas de otras reli?giones, o sin religi?n ninguna, no saben aprovechar el denomi?nador com?n que tienen con los dem?s cat?licos, para convivir con ellos y no exasperar las posibles diferencias de opi?ni?n en lo contingente?[28].

5. Libertad y formaci?n cristiana

El ?nfasis en el principio de libertad y de responsabilidad personales presupone en el ciudadano cristiano la preocupaci?n de adquirir una s?lida formaci?n, de manera que su actividad constituya efectivamente una positiva contribuci?n al recto orden de la vida social. San Josemar?a sent?a vivamente la necesidad de proporcionar a todos esa formaci?n. ?Os dir?, a este prop?sito, cu?l es mi gran deseo: querr?a que, en el catecismo de la doctrina cristiana para los ni?os, se ense?ara claramente cu?les son estos puntos firmes, en los que no se puede ceder, al actuar de un modo o de otro en la vida p?blica; y que se afirmara, al mismo tiempo, el deber de actuar, de no abstenerse, de prestar la propia colaboraci?n para servir con lealtad, y con libertad personal, al bien com?n. Es ?ste un gran deseo m?o, porque veo que as? los cat?licos aprender?an estas verdades desde ni?os, y sabr?an practicarlas luego cuando fueran adultos?[29]. Ese deseo hoy se ha hecho realidad, pues el Catecismo de la Iglesia Cat?lica y diversos catecismos nacionales conceden la debida atenci?n a los temas sociales y pol?ticos[30]. El problema es de capital importancia, porque de la adecuada formaci?n de los fieles depende que su presencia en la vida p?blica d? como resultado la ordenaci?n cristiana del mundo, y no la ?secularizaci?n? de los cristianos.

???????? Cuando se habla aqu? de formaci?n, no se entiende propiamente la comunicaci?n de soluciones concretas prefabricadas e irreformables, cerradas al di?logo constructivo. Formar es m?s bien promover una sensibilidad hacia las exigencias del bien com?n, as? como estimular un pensamiento que, a la luz de la fe, permita progresar en la comprensi?n de la realidad y del cambio social. San Josemar?a Escriv? de Balaguer ve?a en esta formaci?n una fuente y un motivo de solidaridad, es decir, de participaci?n solidaria en la empresa colectiva de b?squeda de la verdad. ?En este ayudarse los unos a los otros ocupa un puesto importante el contribuir a conocer, a descubrir, la verdad. Nuestra inteligencia es limitada, s?lo podemos -con esfuerzo y dedicaci?n- llegar quiz? a distinguir una parcela de la realidad, pero son muchas las cosas que se nos escapan. Una manifestaci?n m?s de la solidaridad entre los hombres es hacer comunes los conocimientos, participar a los otros las verdades, que hemos llegado a encontrar, hasta constituir as? ese patrimonio com?n que se llama civilizaci?n, cultura?[31].

6. Verdad y caridad

??????????? En la vida social puede existir, adem?s del pluralismo de opciones pol?ticas, una di?versidad de creencias religiosas y de ideas morales: en un mismo Estado, en una misma ciudad, en el seno de una misma familia, frecuentemente conviven y colaboran personas que tienen creencias religiosas o morales diferentes de las que en conciencia consideramos verdaderas. Esta convivencia puede crear y crea de hecho ten?siones y problemas de varia naturaleza. La doctrina de la Iglesia Cat?lica sobre el derecho a la libertad religiosa[32], sobre la cooperaci?n al mal[33] o sobre el comportamiento ante las leyes injustas[34], por ejemplo, constituye un criterio de acci?n para algunas de las situaciones que pueden plantearse.

???????? Los problemas hist?ricamente ligados a las diferencias religiosas y morales, junto con factores de tipo ideol?gico, han originado la mentalidad, muy extendida en algunos ambientes, de que la convicci?n de que existe una verdad sobre el bien de la persona y de las comunidades humanas acaba traduci?ndose en injustas relaciones de dominio o de vio?lencia entre los hombres. De esa idea, que ahora no nos detenemos a valorar, pueden surgir diversas actitudes: unos consideran que una cierta dosis de agnosticismo o de relativismo es un bien, o al menos un mal menor necesario para la convivencia democr?tica[35], por lo que piensan que de las verdades ?ltimas es mejor no hablar en el ?mbito p?blico, llegando a veces a exigir, como condici?n para cualquier forma de di?logo, la disponibilidad del interlocutor a renunciar o, al menos, a poner entre par?ntesis las convicciones constitutivas de la propia identidad; si alguien no est? dispuesto a hacerlo, lo acusan de ser un mal ciudadano, un enemigo de la convivencia. Ante esta perspectiva, otros se cierran al di?logo, porque no quieren o no saben dar ciertas explicaciones, por miedo o porque se sienten sometidos a un chantaje moral, o bien entienden que el di?logo es un bien por el que vale la pena ceder, es decir, renunciar, al menos externa y t?cticamente, a la propia identidad, aunque esta actitud implique una cierta doblez, poco leal tanto hacia las propias convicciones como hacia los mismos interlocutores.

Es ?ste un problema hacia el que San Josemar?a demostr? una sensibilidad muy deli?cada. Dos ense?anzas neotestamentarias est?n en la base de sus reflexiones: la advertencia del Se?or de que no existe un verdadero dilema entre lo que se debe a Dios y lo que se debe al C?sar[36], y la ense?anza de San Pablo de que la verdad ha de ser expuesta con cari?dad, sin herir[37]. Siguiendo esta ense?anza paulina, ?l no ten?a dificultades para armonizar el derecho a mantener su propia identidad intelectual y espiritual y el deber de hablar sencillamente o de colaborar con quien tiene ideas diferentes. ?Siempre suelo insistir, para que os quede bien clara esta idea, en que la doctrina de la Iglesia no es compatible con los errores que van contra la fe. Pero ?no podemos ser amigos leales de quienes practiquen esos errores? Si te?nemos bien firme la conducta y la doctrina, ?no podemos tirar con ellos del mismo carro, en tantos campos??[38].

Sin duda pensaba que la colaboraci?n con personas de diversas creencias pod?a ser en muchas ocasiones una oportunidad de difundir la verdad y de disipar prejuicios y ma?lentendidos. En todo caso, era imperativo mantener una l?nea de conducta evang?lica; de ah? ?la cristiana preocupaci?n por hacer que desaparezca cualquier forma de intolerancia, de coacci?n y de violencia en el trato de unos hombres con otros. Tambi?n en la acci?n apost?lica? -mejor: principalmente en la acci?n apost?lica-, queremos que no haya ni el menor asomo de coacci?n. Dios quiere que se le sirva en libertad y, por tanto, no ser?a recto un apostolado que no respetase la libertad de las conciencias?[39].

Distingui? con extrema claridad la relaci?n ?ntima de la conciencia personal con la verdad de la relaci?n entre personas. La primera est? presidida por el poder normativo de la verdad, porque nunca es honrado no ser coherente con lo que en conciencia se juzga verda?dero; la segunda, por la justicia y por las exigencias inalienables de la dignidad de la perso?na. Y por eso hablaba, pensando en la primera de esas dos relaciones, de la santa intransi?gencia, t?rmino con el que denominaba la coherencia, la sinceridad, a la que se opone la villan?a, es decir, la actitud de quien estando convencido de que dos m?s dos son cuatro dice que son tres y medio por debilidad o por comodidad. Pero siempre a?ad?a que la in?transigencia referida a un aserto doctrinal no es santa si no va unida a la transigencia ama?ble con la persona que sostiene una posici?n diversa de la nuestra y que consideramos err?nea[40].

???????? Su actitud en este punto era firme y clara, y no admit?a excepciones. Consideraba la intolerancia una injusticia ante la que se deb?a reaccionar. ?Por eso, cuando alguno intenta?ra maltratar a los equivocados, estad seguros de que sentir? el impulso interior de ponerme junto a ellos, para seguir por amor de Dios la suerte que ellos sigan?[41]. Supo vivir de modo pr?ctico estas ense?anzas; ello es un hecho hist?rico, pues en 1950 obtuvo el permiso de la Santa Sede para que el Opus Dei admitiese como cooperadores a hombres y mujeres no ca?t?licos y no cristianos[42], y as? se ha hecho desde entonces.

Todo esto hace ver, en definitiva, que amaba el di?logo abierto, leal y sincero. Cre?a en ?l como medio de cohesi?n social y como ocasi?n de entendimiento y de apostolado. Sin duda advert?a que el bien com?n de la sociedad, y sobre todo de una sociedad compleja como la actual, exige relacionar adecuadamente un conjunto de instancias y puntos de vista diferentes, que no deben cerrarse en s? mismos ni obrar de modo puramente autoreferen?cial. Pero ve?a sobre todo que la condescendencia demostrada por Dios al querer que su Verbo eterno se hiciese tambi?n palabra humana, hac?a del di?logo humano un criterio de conducta vinculante para la conciencia cristiana.??????? ?

???????? Los escritos de San Josemar?a tratan tambi?n otros aspectos de la vida social (como son, por ejemplo, la opini?n p?blica, la libertad de ense?anza, etc.), sobre los que ahora no podemos detenernos. Pensamos sin embargo que los temas tratados son suficientemente representativos de lo que era para ?l la cultura pol?tica propia de la conciencia cristiana.

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[1] San Josemar?a Escriv?, Conversaciones con Mons. Escriv? de Balaguer, 11? ed., Rialp, Madrid 1976, n. 48; cfr. tambi?n Id., Es Cristo que pasa. Homil?as, Rialp, Madrid 1973, n. 183.

[2] Conversaciones, cit., n. 27.

[3] Ibid., n. 27.

[4] ? A. De Fuenmayor - V. G?mez-Iglesias - J.L. Illanes, El itinerario jur?dico del Opus Dei. Histo?ria y defensa de un carisma, Eunsa, Pamplona 1989, p. 59

[5] Ibidem.

[6] En estas p?ginas retomamos con abundantes modificaciones lo que ya tratamos en A. Rodr?guez Lu?o, Cultura pol?tica y conciencia cristiana. Ensayos de ?tica pol?tica, Rialp, Madrid 2007, pp. 51-86. Sobre estos aspectos del mensaje de San Josemar?a puede verse J.M. Pero-Sanz - J.M. Aubert - T. Gu?ti?rrez Calzada, Acci?n social del cristiano. El beato Josemar?a Escriv? y la Doctrina social de la Igle?sia, Palabra, Madrid 1996 (con amplia bibliograf?a).

[7] C. Fabro, La tempra di un padre della Chiesa, en C. Fabro - S. Garofalo - M. A. Raschini, Santi nel mondo. Studi sugli scritti del beato Josemar?a Escriv?, Ares, Milano 1992, p. 115.

[8] Es Cristo que pasa, cit., n. 112.

[9] Cfr. Ibid., n. 125.

[10] Ibid., n. 98.

[11] Ibid., n. 183.

[12] Ibid., n. 183.

[13] Conversaciones, cit., n.77.

[14] San Josemar?a Escriv?, Surco, Rialp, Madrid 1986, n. 275.

[15] Cfr. Conversaciones, cit., n. 11.

[16] Cfr. Ibid.,n. 29.

[17] San Josemar?a Escriv?, Forja, 13? ed., Rialp, Madrid 2003, n. 714.

[18] Ibid., 715; cfr. tambi?n nn. 717-718.

[19] Carta 9-I-1932, n. 46, citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., p. 76.

[20] Carta 9-I-1959, n. 40, citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., p. 77.

[21] Es Cristo que pasa, cit., n. 111.

[22] Cfr. por ejemplo las iniciativas mencionadas en Conversaciones, cit., n. 71.

[23]? Es Cristo que pasa, cit., n. 184.

[24]? Conversaciones, cit., n. 98.

[25]? Ibidem.

[26]? Ibid., n. 117.

[27] C?digo de Derecho Can?nico, c. 227: ?Los fieles laicos tienen derecho a que se les reconozca en los asuntos terrenos aquella libertad que compete a todos los ciudadanos; sin embargo, al usar de esa libertad, han de cuidar de que sus acciones est?n inspiradas por el esp?ritu evang?lico, y han de prestar atenci?n a la doctrina propuesta por el Magisterio de la Iglesia, evitando a la vez presentar como doctri?na de la Iglesia su propio criterio, en materias opinables?.

[28] Carta 30-IV-1946, n. 21, citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., p. 71.

[29]? Carta 9-I-1932, n. 45, citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., pp. 71-72.

[30] Una preocupaci?n semejante se advierte en Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, nn. 59-60.

[31] Carta 24-X-1965, n. 17, citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., pp. 72-73

[32] Cfr. Concilio Vaticano II, Declaraci?n Dignitatis humanae, 7-XII-1965.

[33]? Cfr. por ejemplo Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, 25-III-1995, n. 74.

[34] Cfr. Ibid., nn. 71-73.

[35]? Cfr. la valoraci?n cr?tica de esa tesis contenida en la Enc. Centesimus annus, n. 46.

[36]? Cfr. Mt? 22, 15-22.

[37]? Cfr. Ef? 4, 15; Forja, n. 559.

[38] Carta 16-VII-1933, n. 14, citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., p. 83.

[39] Carta 9-I-1932, n. 66, citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., pp. 83-84.

[40] Cfr. Carta 16-VII-1933, nn. 8 y 12; citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., pp. 84-85.

[41] Carta 31-V-1954, n. 19, citado en Cultura pol?tica y conciencia cristiana, cit., p. 70.

[42] Cfr. Conversaciones, cit., n. 29; cfr. tambi?n el n. 22.


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