Mi?rcoles, 16 de febrero de 2011

Documento conclusivo del I Encuentro Continental Latinoamericano de sacerdotes misioneros Fidei Donum europeos, celebrado en Bogot? los d?as 7-11 de Febrero de 2011, representando al resto de misioneros Fidei Donum que trabajan en todos los pa?ses de Am?rica al servicio de las comunidades cristianas, ?promovido por Organismos Episcopales Europeos para Am?rica Latina” bajo el patrocinio de la Pontificia Comisi?n para Am?rica latina (CAL) y del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), con la colaboraci?n del Instituto Teol?gico para Am?rica Latina (ITEPAL). (FIDES)?

Documento de Bogot?: Fidei donum entre historia y nuevas urgencias?

?COOPERACI?N ENTRE LAS IGLESIAS EUROPEAS Y LATINOAMERICANAS: ENTRE HISTORIA Y NUEVAS URGENCIAS??
DOCUMENTO CONCLUSIVO DEL ENCUENTRO DE FIDEI DONUM EUROPEOS EN LATINOAMERICA?

1. Introducci?n?

Agradecidos a Dios por nuestra vocaci?n misionera ad gentes, 52 sacerdotes diocesanos, incardinados en nuestras respectivas di?cesis de Italia, Francia, Alemania, B?lgica, Polonia y Espa?a, hemos participado en el ?I Encuentro Continental Latinoamericano de sacerdotes misioneros Fidei Donum europeos?, celebrado en Bogot? los d?as 7-11 de Febrero de 2011,representando al resto de misioneros Fidei Donum que trabajan en todos los pa?ses de Am?rica al servicio de las comunidades cristianas.?

El Encuentro ha sido promovido por los ?Organismos Episcopales Europeos para Am?rica Latina? bajo el patrocinio de la CAL y del CELAM, y con la colaboraci?n del ITEPAL.?

Fieles al planteamiento originario de los organizadores, tenemos la satisfacci?n de haber logrado su triple finalidad:?

1. Reconocer y compartir la fecunda experiencia misionera de los sacerdotes diocesanos europeos que, desde la segunda mitad del siglo XX, estamos cooperando en la actividad evangelizadora de las Iglesias j?venes de este continente.?

2. Reafirmar la identidad de la vocaci?n misionera sacerdotal de quienes, sin renunciar a nuestra incardinaci?n de origen, hemos pasado ?a la otra orilla? para servir a las comunidades cristianas m?s necesitadas.?

3. Abrir horizontes a otros hermanos en el sacerdocio, incardinados en las di?cesis de Am?rica Latina, para que consideren su partida al continente europeo como una respuesta eclesial de cooperaci?n misionera entre las Iglesias.?

2. ?mbitos de la Misi?n?

2.1. Formaci?n de agentes de pastoral?

Como sacerdotes Fidei Donum estamos llamados a dar testimonio de vida y a vivir seg?n los valores evang?licos, haciendo presente nuestra identidad sacerdotal y misionera. Desde nuestra misi?n eclesial somos llamados a formar comunidades de vida cristiana, donde sean incorporados agentes de pastoral como disc?pulos misioneros al servicio del mundo en el seno de la Iglesia, sin doblegarnos ante las dificultades materiales, econ?micas, log?sticas y personales.?

A estos desaf?os hay que responder reafirmando nuestra convicci?n de que la formaci?n solo es posible desde la comuni?n y fraternidad sacerdotal, respetando nuestras diferencias y culturas, pero buscando nuestro compromiso de fidelidad y de servicio a la comunidad. Adem?s, este compromiso implica la irrenunciable tarea de elaborar un plan pastoral diocesano y parroquial de formaci?n integral, para fortalecer la propia identidad y la capacitaci?n para la acci?n.?

El camino para vivir este compromiso eclesial y misionero pasa por la implicaci?n de los laicos, quienes, conscientes de su bautismo y de su pertenencia eclesial, asumen la responsabilidad solidaria y el servicio a la comunidad. En sinton?a con esta propuesta, debemos tener en cuenta su formaci?n permanente asumida por toda la comunidad y en comuni?n con el plan pastoral diocesano. Hemos de caminar hacia el reconocimiento y dignificaci?n eclesial de los ministerios laicales al servicio de la comunidad, recorriendo con ellos este itinerario evangelizador.?

2.2. Desplazados, pastoral rural y mundo ind?gena?

Dentro de este ?mbito, advertimos la falta de una pastoral bien orientada hacia los desplazados (tanto los emigrantes como las v?ctimas de situaciones de violencia), las minor?as ?tnicas y el mundo rural. A esto se une el surgimiento en las comunidades ind?genas de un nuevo caudillismo socio-pol?tico con la consiguiente p?rdida de identidad y capacidad organizativa. No podemos ignorar nuevas posturas individualistas y consumistas, como consecuencia de la emigraci?n hacia el exterior, ni la falta de vocaciones, especialmente misioneras, entre las comunidades ind?genas y rurales.?

Frente a estos desaf?os, el acompa?amiento a los desplazados no puede ser de tipo exclusivamente humanitario, sino que tiene que apuntar hacia la toma de conciencia y la denuncia de las verdaderas causas de su situaci?n. Para esto, es imprescindible un trabajo conjunto entre organizaciones eclesiales y civiles que defienda a los afectados por cualquier clase de injusticia.?

Hay que asumir el reto de la formaci?n, acompa?amiento y asunci?n de compromisos por parte de los agentes de pastoral para la misi?n evangelizadora y liberadora de los grupos ind?genas, campesinos y desplazados, sensibilizando al clero local en lo referente a los derechos humanos, ecolog?a y la Doctrina Social de la Iglesia, para que capacite a la gente del ?rea rural en la lucha por la defensa de sus derechos y la conquista de la dignidad humana (Cf. DA, 470-475).?

Como sacerdotes Fidei Donum nadie puede olvidar la opci?n fundamental por los pobres, ni la disponibilidad con la Iglesia local para ir donde seamos m?s necesarios.?

Tratando de concretar algunas l?neas de acci?n pastoral, vemos necesario que la Iglesia Latinoamericana cree un servicio permanente de discernimiento, formaci?n y acompa?amiento para sus sacerdotes Fidei Donum; la actualizaci?n de una pastoral espec?fica que oriente la acci?n evangelizadora en relaci?n a las categor?as humanas arriba mencionadas; y finalmente, insistir en el desarrollo de una econom?a alternativa, solidaria y ecol?gicamente sostenible, que garantice una vida digna para las personas, las familias y los pueblos.?

2.3. Nuevos grupos religiosos?

Los desaf?os en este campo vienen no tanto de las Iglesias evang?licas tradicionales sino de los nuevos grupos religiosos no cat?licos de corte pentecostal y lo que podemos denominar como nuevas creencias, que disponen de grandes recursos econ?micos, fuerza medi?tica y hacen una oferta milagrera. Desde aqu?, somos llamados a revisar nuestra acci?n pastoral, a veces descuidada, sacramentalista, de conservaci?n y de puertas para adentro. Esta debe tornarse m?s capilar y evangelizadora, fomentando, ya desde los seminarios, una preparaci?n y un conocimiento de estas realidades que ayuden a superar actitudes de prejuicio, superioridad o rechazo.?

Los criterios deben partir de actitudes incluyentes, respetuosas, abiertas y dialogantes, procurando, con verdad y caridad, reconocer las semillas del Verbo y lo que nos une a estas otras experiencias religiosas (sobre todo al pueblo que forma parte de estos grupos). La Iglesia debe ponerse en ?estado permanente de misi?n? como disc?pulos misioneros que procuran evangelizar y no simplemente conservar, y ayudar a todos los bautizados a valorar su fe y saber dar raz?n de su esperanza (cf. 1Pe. 3,15). Todo esto debe tener en cuenta el contexto multirreligioso en el que vivimos, la cultura local y la forma de ser del pueblo latinoamericano.?

Entre las l?neas de acci?n queremos destacar las misiones populares, incentivando la participaci?n de los laicos, en las que se incida en las visitas de casa en casa; promover espacios de di?logo (como la Campa?a de la Fraternidad ecum?nica que se celebra cada cinco a?os en Brasil) que posibiliten el conocimiento y descubrimiento de lo que hay de positivo en el pueblo.

Todo esto con actitudes de caridad y paciencia, que siempre deben formar parte de toda actividad misionera.?

2.4. Pastoral de las grandes urbes?

La reflexi?n sobre este ?mbito parte de varias visiones, entre las que podemos destacar que la Iglesia est? rezagada frente al gran cambio social, y por tanto necesita adecuarse con mayor responsabilidad a los nuevos desaf?os sociales. Hay una gran diferencia entre los n?cleos de las grandes urbes y los sectores perif?ricos, y nadie puede cerrar los ojos ante los dramas familiares y los nuevos modelos afectivos.?

Los criterios y l?neas de acci?n para responder a estas situaciones deben llevar a la Iglesia a desarrollar propuestas v?lidas desde una situaci?n de cercan?a sin renunciar a su propia identidad. Advertimos la necesidad de una mayor participaci?n de los laicos en los proyectos pastorales y decisiones a nivel comunitario, una mayor integraci?n comunitaria y un di?logo abierto con los distintos n?cleos sociales. Para poder ayudar a las familias se sugiere una actitud de escucha y acompa?amiento, anunciando positivamente los valores evang?licos. Por ?ltimo,conviene favorecer la comuni?n y la participaci?n entre las parroquias de los centros urbanos y los barrios perif?ricos con una pastoral de conjunto.?

2.5. Pastoral de las nuevas generaciones?

Sentimos necesidad de saber escuchar y acompa?ar a los j?venes, para as? responder a sus preguntas y posibilitarles el encuentro con Cristo. Las Iglesias particulares deben renovar la opci?n por los j?venes, desde una pastoral de conjunto que marque proyectos compartidos a largo plazo, en los que el lenguaje eclesial sea nuevo y el rostro de la Iglesia sea amable, dialogante y propositivo.?

Este proceso, siguiendo el m?todo ver-juzgar-actuar, debe tener en cuenta algunos criterios que nos lleven a amar a los j?venes, acerc?ndonos a sus intereses, situaciones vitales y problem?ticas, asumiendo, sin rechazo previo, su ambiente cultural que tanto valora encuentros informales o coyunturales. Desde aqu? procuraremos darles esperanza y hacerles ver su protagonismo en la sociedad y la Iglesia. Esto se debe traducir en un realce de la pastoral juvenil

en las di?cesis, que tenga fundamentaci?n b?blica y conduzca al encuentro personal de cada joven con Cristo (cf. Mc. 3,14), para que ellos se tornen disc?pulos misioneros, desde el encuentro y di?logo con otros j?venes que viven en diferentes ?mbitos sociales.?

Como l?neas de acci?n proponemos un acompa?amiento, tambi?n virtual, de todos los j?venes, que favorezca el descubrimiento del rostro amable de una Iglesia que les ayuda en su realizaci?n humana y cristiana. Para ello contamos con una serie de elementos que posibilitan esta tarea: lectio divina, grupos y comunidades juveniles, catequesis sacramental de iniciaci?n cristiana, misiones juveniles en las que los propios j?venes sean sujetos de evangelizaci?n, lugares de encuentro, retiros, directorios diocesanos de pastoral juvenil. Esto ser? m?s f?cil de llevar a cabo en la medida en que formemos agentes pastorales que acompa?en a los j?venes e involucremos personas que puedan ayudar en este proceso (padres, profesores?).?

3. Presencia de sacerdotes de Am?rica Latina en Europa?

En los ?ltimos a?os se est? produciendo un notable incremento en la incorporaci?n de sacerdotes procedentes de Am?rica Latina a la pastoral ordinaria y espec?fica de las Iglesias particulares en Europa.?

Hemos dado gracias a Dios por este hecho eclesial, relativamente novedoso, que expresa el sentido teol?gico de la cooperaci?n entre las Iglesias, a la vez que lamentamos que, en ocasiones, sea considerado como una simple distribuci?n de ?efectivos? evangelizadores o por otras razones particulares ajenas a la cooperaci?n eclesial.?

El Encuentro ha sido ocasi?n para renovar nuestra convicci?n de que el env?o de un presb?tero a otra Iglesia local, como Fidei Donum, no s?lo enriquece a la Iglesia de destino, sino tambi?n a la de origen. Esta cooperaci?n es memoria permanente de que toda la Iglesia, todas las Iglesias y todos en la Iglesia nos hallamos en ?estado de misi?n?.?

Apoyados en las ense?anzas de la Iglesia y en nuestra experiencia misionera, como Fidei Donum, nos permitimos recordar a quienes parten y a quienes les env?an la necesidad de un serio discernimiento vocacional misionero, una preparaci?n cultural y social para insertarse adecuadamente en el pa?s de destino, la necesaria formaci?n doctrinal y pastoral antes de su partida, as? como la garant?a de ser acogidos e insertados en el presb?tero de destino. Por otra

parte deseamos que las Iglesias de destino los acepten como un don de Dios, que traen la Buena Noticia del Evangelio y se disponen a servir a la comunidad cristiana que se les encomienda, sin descuidar la necesaria cobertura jur?dica, civil y eclesi?stica.?

Mostramos nuestra disponibilidad de sacerdotes Fidei Donum para ayudarles en el proceso de su preparaci?n antes de partir, as? como para acogerlos y acompa?arlos en el lugar de destino.?

4. Un camino abierto?

Como conclusi?n del momento de gracia y de fraternidad que este Encuentro ha representado, nos parece urgente reafirmar la vocaci?n misionera inscrita en la naturaleza de cada una de las Iglesias particulares, sea de Europa, de Am?rica Latina o de otro continente.

Queremos subrayar c?mo nuestras Iglesias del Viejo Continente siguen llevando hacia la Iglesia latinoamericana un reconocimiento especial por todos los dones que en estos a?os de cooperaci?n misionera han recibido de ella misma, sobre todo en una nueva comprensi?n de la ministerialidad bautismal, en el contacto vivo y comunitario con la Palabra de Dios, en la construcci?n de la comunidad como red de peque?as comunidades, en la opci?n cristol?gica y por ende preferencial por los pobres y los m?s necesitados.

A?n en la conciencia de la temporalidad de la experiencia misionera de los sacerdotes Fidei Donum, nos comprometemos a animar a nuestras Iglesias de origen para que nunca se apague el fuego de la misi?n como fuente de renovaci?n espiritual y pastoral, y al mismo tiempo solicitamos a las Iglesias del continente latinoamericano que nos estimulen en este sentido, indic?ndonos a cada instante las nuevas urgencias, desaf?os y fronteras de nuestra posible cooperaci?n misionera.?


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