Viernes, 18 de febrero de 2011

Homil?a de monse?or Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes para la el quinto domingo durante el a?o (6 de febrero de 2011). (AICA)

LUZ Y SAL?????????

Por la fecha tard?a de la Pascua en este a?o, se nos da ?la oportunidad de leer durante seis domingos, sin interrupci?n, todo el Serm?n de la Monta?a, antes de que comience la Cuaresma. Jes?s se dirigi? con este serm?n, en vistas a la multitud, a sus disc?pulos para prepararlos como pastores. El domingo pasado hemos escuchado el inicio de este solemne discurso con la lectura de las Bienaventuranzas, que son como su port?n de entrada. Hoy, el Se?or nos hace entender que, para ser disc?pulos de ?l, no es suficiente ilustrarnos espiritualmente, sino que debemos participar en su misi?n y compartir con los dem?s lo que hemos recibido. Tratemos de escuchar su palabra con esta actitud. Las multitudes necesitan, como en aquel entonces, conocer a Jes?s.

?Ustedes son la sal de la tierra?, nos dice el Se?or. La sal se usa en peque?a cantidad; ella misma no es la ?comida o bebida que satisface, pero s? le da el sabor. Se diluye, y pareciera que desaparezca; sin embargo est? presente en todo, y proporciona con el alimento al cuerpo elementos necesarios para la salud. Para esto fue hecha, esta es su raz?n de ser. En cambio, la sal que no se usa se vuelve ins?pida y ya no sirve para nada, sino para ser tirada. Jes?s nos dice con esto que el disc?pulo ha de ser diferente, y que su presencia en medio de las masas es importante para la vida en comunidad. No se trata de llamar la atenci?n y de ser reconocido por los dem?s, pero s? de trasmitir los valores evang?licos: la fe en Dios, la honestidad, la generosidad, la justicia, la b?squeda del bien com?n. Fuimos creados y llamados para instaurar con Cristo el Reino de Dios. Hay que comprometerse con el mundo. Si pens?ramos poder conservarnos y desentendernos de los dem?s, nuestra vida perder?a su? sentido. Hubi?ramos nacido en vano.

?Ustedes son la luz del mundo?, dice Jes?s. Lo dijo, cuando hab?a salido de su casa y de su pueblo a predicar en todas partes de Israel, ?llamando a algunos disc?pulos a hacer lo mismo, porque los quer?a preparar, a su lado, para su futura misi?n. Esto significaba para ellos abandonar su trabajo y confiar sus familias a la providencia de Dios. La luz interior que hab?an recibido al encontrarse con Cristo, escuchando su ense?anza y? presenciando los prodigios que realizaba, no era solamente para ellos. Guardarla en secreto ?significar?a restarle importancia a la acci?n de Cristo. Y trae como consecuencia que la luz interior se apaga. Jes?s lo explic? con la par?bola de los talentos. El que hab?a guardado el ?nico talento sin trabajarlo, se le quita lo que tiene;? mientras al que trabaj? con sus talentos, se le dan m?s todav?a. ?No se enciende una l?mpara para meterla debajo de un caj?n?. Una vela que no se usa es como un muerto, sin vida. ?La cera o el ?leo son para iluminar la casa, y para esto se deben consumir.? El s?mbolo del Resucitado es justamente un cirio encendido. La luz que hay en nosotros, debe brillar por nuestro testimonio para que los hombres crean en el Padre que est? en el cielo. Seguir a Cristo trae como consecuencia participar en su misi?n.

La actualidad y urgencia de la palabra de Jes?s sentimos no solamente frente a la sociedad, sino en la Iglesia misma. Ser?amos arrogantes e hip?critas, si quisi?ramos aleccionar a los dem?s sin barrer primero delante de la propia puerta. Los cristianos en tantas ocasiones hemos sido prota?gonistas o al menos c?mplices de un mundo tan poco bienaventurado. No pretendemos decir a la gente ins?pida y apagada: m?rennos a los cristianos. Nuestra indicaci?n es otra: miren a ?l, miren a la Luz, reciban la Sal de ?l. Es lo que dice Pablo hoy a los corintios: ?No llegu? con el prestigio de la elocuencia o de la sabidur?a. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado?.

Ahora, en la Eucarist?a, Jes?s nuevamente se hace uno con nosotros. Pid?mosle que nos anime a ser, como ?l, ?sal y luz.?

Mons. Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes?


Publicado por verdenaranja @ 22:26  | Homil?as
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