Viernes, 18 de febrero de 2011

Homil?a de monse?or Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz?, para el quinto domingo durante el a?o (6 de febrero de 2011). (AICA)?

?PARA EL JUSTO RESPLANDECE LA LUZ EN MEDIO DE LAS TINIEBLAS??????????????

El domingo pasado le?mos el Serm?n de la Monta?a. Este domingo el Se?or muestra la grandeza de sus disc?pulos: ?Vosotros sois la sal de la tierra??.?Vosotros sois la luz del mundo? (Mt.5, 13-14). Ciertamente el Se?or sabe en su coraz?n que los disc?pulos llevar?n en sus vidas el esp?ritu de las bienaventuranzas. Son los pobres de esp?ritu, los mansos de coraz?n, los misericordiosos y puros, los pac?ficos y serenos, los que sienten gozo en el Se?or Dios en medio de las persecuciones. Solamente viviendo conforme a estas bienaventuranzas lograr?n los disc?pulos poseer la sabidur?a que los har? ?sal y luz? para el mundo que vive en tinieblas; de otra forma ser?n sosos, no tendr?n sabor y ser?n como la luz que se esconde y no alumbra. Que relaci?n maravillosa la del Se?or, luz para alumbrar y no la que se enciende y se mete debajo del caj?n (v.15) y la sal que da sabor y riqueza a los alimentos. La comida sin sabor es sosa y no nos deja gustar de los alimentos.

Los disc?pulos est?n llamados a transformar el mundo, un mundo insulso y necio que se? funda sobre la vanidad de las cosas caducas, pero si no son sal y luz no podr?n hacerlo pues s?lo servir?n para ser tirados y pisoteados, que es lo que acontece cuando no tienen esp?ritu evang?lico. El disc?pulo cuando es sal, tambi?n es luz, luz que se compara con la luz verdadera ?que ilumina a todo hombre? (Jn.1,9). Este es Cristo, ?luz verdadera?, resplandor del Padre que contagia de su luz a cuantos sigui?ndole con fidelidad a ?l y a su Evangelio, se convierten en? portadores de su luz para los dem?s.

Cada cristiano, en cuanto portador de la luz y del sabor de Cristo, debe ser transformador del mundo en el que vive y constructor de una sociedad nueva, capaz de hacer brillar en medio de la humanidad, una luz y sabor que se confunden con la verdad y la vida. Cada cristiano debe ser portador de esa luz verdadera y transformadora a trav?s de una vida que se expresa en una conducta que deje transparentar a trav?s de ella a Cristo, Se?or y dador de vida. As? las buenas ?obras del cristiano glorificar?n al Padre que est? en los Cielos (5,16).

Las obras que se hacen en la verdad y la caridad de Cristo son ?luz encendida sobre el candelero, para iluminar a los que est?n en la casa? (v. 16) y son capaces de atraerles a la fe y al amor de Cristo. Esta doctrina que desde el Antiguo Testamento era predicada y trataba de ser cumplida, se hace imperiosa para entrar en el Reino de los Cielos: ?Si repartes al hambriento tu pan, y sacias al alma afligida, resplandecer? en las tinieblas tu luz? (Is. 58,10). Estamos llamados a la caridad, que es resplandor de la vida de Cristo en nosotros y que ilumina aun a los m?s alejados de la fe, disipa las tinieblas del pecado y conforta el alma. No olvidemos que la caridad es luz de Cristo que se inclina sobre el coraz?n doliente y lo conforta. Mirando a Pablo, el cristiano tiene uno de los modelos m?s claros de su accionar por la vida ?no quise saber entre vosotros, sino a Cristo y a Cristo crucificado? (1 Cor. 2,1-2).

Debemos preguntarnos si somos verdaderos cristianos o si s?lo nos llamamos tales. ?Somos sal y luz que iluminan y dan sabor o hemos defeccionado de tal misi?n? ?Nos llamamos cristianos por tradici?n, aceptando las m?s tremendas aberraciones morales, posturas contrarias a la moral cristiana porque nos mantienen en la tranquilidad de una conciencia deformada, o nos arriesgamos a defender las virtudes cristianas y nos esforzamos por practicarlas? ?Dejamos ?pasar? todas aquellas posturas contrarias a la fe y la moral porque nos resulta m?s c?modo y nos evita la confrontaci?n, dejando que nuestros j?venes vivan con una conciencia err?nea sobre el sentido de la vida y la pertenencia a una sociedad m?s limpia y verdadera? Los cristianos hoy debemos tener una conciencia formada a la luz del evangelio. As? seremos ?luz del mundo y sal de la tierra?. Cristo y la Iglesia espera en nosotros, en nuestra autenticidad como bautizados. Espera que seamos verdaderos heraldos de la fe, comprometidos y capaces de dejar nuestra comodidad de conciencia y comprometernos con el Evangelio de Jesucristo.

Que Mar?a, fiel reflejo de la Luz del Mundo, nos ayude a ser verdaderos testigos del Evangelio.??

Mons. Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz??


Publicado por verdenaranja @ 22:36  | Homil?as
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