S?bado, 19 de febrero de 2011

Discurso inaugural del 48? Curso de Rectores del CONSUDEC (C?rdoba, 10 de febrero de 2011). (AICA)

EL EDUCADOR Y SU CIRCUNSTANCIA???????????????

Continuamos este a?o, con la realizaci?n en C?rdoba del 48? Curso de Rectores, el itinerario iniciado en 2010 para conmemorar el Bicentenario patrio, que esperamos completar dentro de un lustro, si Dios quiere, en Tucum?n, cuna de nuestra independencia. Saludo cordialmente a las autoridades que nos acompa?an y a todos ustedes, queridos educadores, que han venido desde los puntos m?s distantes del pa?s.

El Consejo Superior de Educaci?n Cat?lica, al ofrecer anualmente este foro de reflexi?n pedag?gica y pastoral, cumple con un aspecto important?simo de su misi?n al servicio del subsistema educativo eclesial. En el campo decisivo de la formaci?n permanente de los educadores, empe?o que responde a las exigencias de realizaci?n personal progresiva, de seriedad profesional y de una espec?fica vocaci?n, queda, ciertamente, mucho por hacer. El CONSUDEC tendr? que dotarse de las estructuras necesarias para promover la actualizaci?n continua de directivos y docentes, a nivel nacional, en todas las ?reas de la actividad educativa: doctrinal, cient?fica, metodol?gica, pastoral y de gesti?n institucional.

El principio de libertad de ense?anza y el requisito ineludible de igualdad de oportunidades nos asisten para solicitar del Instituto Nacional de Formaci?n Docente los fondos necesarios y la acreditaci?n correspondiente, ya que el subsistema educativo eclesial integra, seg?n nuestro ordenamiento jur?dico, el ?nico sistema p?blico de educaci?n nacional. Me permito subrayar este concepto, ya que con frecuencia se oye todav?a una formulaci?n err?nea que opone escuela de gesti?n privada a escuela p?blica, entendiendo por ?sta exclusivamente la estatal. De este equ?voco se ha valido la ANSES para negar la asignaci?n universal por hijo a las familias que eligen para el suyo la escuela cat?lica.

El CONSUDEC bien podr?a establecer o auspiciar un Proyecto Integral de Formaci?n Docente, que procure asegurar la identidad cat?lica de la ense?anza en todo el subsistema eclesial, de acuerdo a la condici?n se?alada por el Documento de Aparecida, a saber: la referencia expl?cita a la visi?n cristiana. Esta referencia se cumple cuando los principios evang?licos se convierten en normas educativas, motivaciones interiores y, al mismo tiempo, en metas finales (335). S?lo si se verifica esta condici?n podemos sostener, seg?n el mismo texto, que la educaci?n es cat?lica.?

El educador

El Curso que con este acto inauguramos enfoca la figura del educador y su misi?n en un nuevo y complejo contexto social. ?Qu? significa ser educador? ?Qui?n lo es, verdaderamente? Me he ocupado, en otras ocasiones, de la identidad del educador pero no ser? ocioso insistir, ya que ?ste es el tema clave.

Conced?monos entonces un breve par?ntesis para echar mano a algunas sutilezas, que no son arbitrarias. Si nos atenemos a los or?genes cl?sicos, habr?a que distinguir al educador del profesor y del docente. El verbo castellano educar procede de su casi hom?fono latino educare, que significa criar a un ni?o, darle de mamar, cuidarlo; por lo tanto, supera el mero ense?ar o instruir y apunta m?s bien a formar integralmente a una persona. La funci?n educativa se ubica en continuidad con la de engendrar. Por eso los padres de familia son los primeros educadores de sus hijos; por eso tambi?n la misi?n de los educadores tiene mucho de maternal y paternal. Educare est? estrechamente vinculado a educere, que equivale a sacar afuera, alzar, levantar, conducir, educar y tambi?n ?otra vez? criar. Para Cicer?n, educator es el que cr?a, alimenta o educa. El t?tulo de professor, en la antig?edad designaba el oficio, el arte, la facultad del que ense?a; un profesor, en suma, cumple una nobil?sima funci?n, pero no ser?a, sin m?s un educador. Cicer?n emplea asimismo el nombre praeceptor: el preceptor es el que instruye proporcionando reglas y preceptos. El profesor y el preceptor instruyen, ense?an, son docentes. Educar, en cambio, comporta la paciente tarea y el empe?o de amor necesarios para sacar a luz las energ?as interiores de un ni?o, de un adolescente, de un joven, tanto las intelectuales cuanto las afectivas y pr?cticas, potencias que pueden estar dormidas, encontrarse inexploradas, informes, que deben ser guiadas a su plena realizaci?n. ??

De alg?n modo, la definici?n del educador coincide con la del maestro, si tomamos en consideraci?n la tradici?n pedag?gica cristiana y la referencia al modelo evang?lico y a la figura del ?nico Maestro, Cristo (cf. Mt. 23, 8). El educador, que es maestro en un sentido plenario, ideal, no educa s?lo con sus palabras, sino m?s bien con su ser. No basta que domine perfectamente su materia, aunque sea ?sta una condici?n imprescindible; para ?l, que ha conocido la experiencia de ser disc?pulo, su tarea es una aventura continua en la que se pone a prueba una vocaci?n. ?nicamente si es capaz de ofrecer lo que vive lograr? suscitar en sus alumnos el asombro, el inter?s apasionado por la observaci?n de la realidad, por la b?squeda de la verdad. No puede educar quien carece de certezas, quien no es capaz de avalar su transmisi?n con la autenticidad de su vida, quien no est? dispuesto a entregarse, a comunicarse a s? mismo.?

Educaci?n integral.

En la vieja Europa se discute sobre el eclipse de los modelos y el concomitante fin de los maestros: l?cidos observadores advierten que se multiplican las voces, los intercambios se tornan cada vez m?s veloces, dominan los estereotipos, pero faltan quienes puedan guiar a los j?venes y ayudarlos a reconocer el valor de las cosas. En muchas sociedades, la crisis de la ense?anza elemental se precipita cuando el maestro, o la maestra, deja de ser una figura de referencia para los ni?os. Estas situaciones cr?ticas ponen de relieve la necesidad de contar con aut?nticos educadores, capaces de transmitir tanto argumentativa como vitalmente una visi?n del mundo. En otras intervenciones he citado un testimonio que considero paradigm?tico: el del gran cineasta italiano Ermanno Olmi, autor de aquella inolvidable obra de arte titulada ?El ?rbol de los zuecos?. Reconoc?a recientemente en un reportaje que hab?a tenido varios maestros, pero finalmente resumi? su respuesta en una inesperada afirmaci?n: La maestra que me ha introducido en el descubrimiento del mundo ha sido mi abuela materna. Fue ella quien me acompa?? paso a paso hacia el interior del mundo campesino; lo hizo a trav?s de su vida ejemplar de madre y de viuda, ya que hab?a perdido a su marido en la Gran Guerra. Todo lo que sab?a lo hab?a aprendido de la vida; logr? afrontar cada sufrimiento manteniendo siempre una orientaci?n a la alegr?a. En casa cantaba de continuo, y cuando no cantaba recitaba rosarios, como, por otra parte, se hac?a normalmente en las casas de los campesinos. Y justamente, mi otra maestra ha sido la civilizaci?n campesina.

En esta aserci?n se alude, de alg?n modo, a lo que nosotros solemos llamar educaci?n integral. El proyecto educativo cat?lico se caracteriza por cultivar expresamente tal integralidad como el fin por excelencia, que determina la orientaci?n de todo el proceso formativo, la adopci?n de los m?todos m?s adecuados y su revisi?n constante, la interacci?n y el ajuste de todas las dimensiones en b?squeda de una s?ntesis sapiencial, que encuentra su fuente inspiradora y su perfecci?n en el conocimiento y el amor de Dios. Como ya lo hemos sugerido, educar significa formar varones y mujeres completos, su inteligencia, su voluntad, sus sentimientos, sus habilidades corporales, su sentido moral y social, su vida de fe y oraci?n, su adhesi?n a Jesucristo y su inserci?n en la comunidad de la Iglesia. La transmisi?n de la cosmovisi?n cristiana permite asumir cr?ticamente la cultura de nuestra ?poca y colaborar en la plasmaci?n de un nuevo humanismo, porque para el cristiano nada de lo humano es ajeno. Un maestro singular del humanismo cat?lico, San Francisco de Sales, que propuso el ideal de una cultura de todo el hombre, dec?a de s? mismo: Je suis tant homme que rien plus (una expresi?n dif?cil de traducir literalmente: soy tan hombre que nada m?s).

Quiz? sea ?ste el lugar apropiado para aludir r?pidamente a la importancia del trabajo en el concepto de educaci?n integral. Esta valoraci?n es significativa en orden a recuperar las escuelas t?cnicas, pero puede extenderse a todo proyecto educativo. Habr?a que revisar una cierta distinci?n entre trabajo manual y trabajo intelectual que con frecuencia conduce ?siquiera inconscientemente? a subestimar o excluir al primero. El ejercicio de actividades eminentemente pr?cticas, en las que sea preciso aplicar los conocimientos te?ricos se corresponde con la necesidad de adquirir el fundamento intelectual imprescindible para que los trabajos t?cnicos y de servicio resulten bien hechos. Estudio y trabajo son valores complementarios que concurren a una formaci?n plena, no truncada, de la persona.?

La dimensi?n religiosa.

La Ley de Educaci?n Nacional ha incorporado, felizmente, el concepto de educaci?n integral. Sin embargo, los legisladores no se atrevieron a enumerar las dimensiones de esa totalidad, a pesar de que se hab?an formulado propuestas para que se lo hiciera. El prejuicio laicista fue m?s fuerte, y no se quiso enunciar una serie en la que no pod?a faltar la dimensi?n espiritual y religiosa. El Estado nacional, en este asunto, contradice las aspiraciones de la mayor?a de la poblaci?n, que han logrado ser reconocidas en el ordenamiento educativo de varias provincias. No puede haber educaci?n integral sin el cultivo de la dimensi?n religiosa, valor culminante de toda cultura verdaderamente humana.

No incurro en una digresi?n si me detengo a clarificar la posici?n sobre la ense?anza religiosa de Domingo Faustino Sarmiento, de cuyo nacimiento se cumplir?, dentro de pocos d?as, el bicentenario. El historiador y acad?mico N?stor Tom?s Auza se ha ocupado recientemente del tema en un estudio titulado ?Sarmiento, la religi?n y la Iglesia?. Durante toda su vida, aquel genio apasionado y no poco contradictorio fue un convencido difusor del catecismo. En 1839, el a?o en que escrib?a en ?El Zonda?, por ?l fundado, cre? en San Juan una escuela para se?oritas, que puso bajo el patronazgo de Santa Rosa de Lima y la protecci?n de la Asunci?n de Mar?a. ?l redact? los estatutos y prescribi? la ense?anza de la religi?n y la moral cat?lica, la oraci?n de la ma?ana, el rosario por la tarde, la misa dominical y la novena de la santa patrona. Quince a?os m?s tarde, en su primera circular como director del Departamento de Escuelas del Estado de Buenos Aires, orden? puntillosamente a los maestros las oraciones que se deb?an rezar, la asistencia a misa y la preparaci?n de monaguillos para ayudar a los p?rrocos. Por aquellos a?os en que propiciaba la ense?anza religiosa en las escuelas, Sarmiento no encontraba textos adecuados. No le satisfac?an los de Astete, Pouget y Fleury, en uso com?nmente entonces; por eso tradujo del franc?s el catecismo de la doctrina cristiana ?Conciencia de un ni?o?, de Schenidt ?compuesto originalmente en alem?n? y lo edit? para usarlo en la Escuela Normal durante una de sus estad?as en Chile. Este libro se difundi? ampliamente en colegios y parroquias, tambi?n en nuestro pa?s, donde Jos? Manuel Estrada lo adopt?, en 1866, para la provincia de Buenos Aires. No hay que olvidar, adem?s, que escribi? una ?Vida de Jes?s?, que deb?a emplearse como complemento del catecismo. Es verdad que entre 1882 y 1884 reneg? de lo que hab?a sostenido, asumiendo el programa anticat?lico de la masoner?a, y en el debate sobre la Ley de Educaci?n Com?n no acept? la religi?n como parte del curr?culo escolar; propon?a mantenerla antes o despu?s del horario de clases. Despunt? en esa ?poca, sobre todo en su discusi?n con los l?deres cat?licos, un viejo relente anticlerical y el car?cter descuidado y superficial de su formaci?n religiosa. Sin embargo, en aquel per?odo todav?a continuaba editando y distribuyendo catecismos y su ?Vida de Jes?s?, para la que obtuvo la aprobaci?n del obispo de Cuyo. Quienes han hecho del gran sanjuanino un ?cono del laicismo tendr?an que admitir y apreciar cabalmente este otro aspecto de su compleja personalidad.?

El contexto. La pobreza.

Deseo referirme ahora al contexto en el cual el educador est? llamado a repensar y relanzar su misi?n. El t?tulo del presente Curso se refiere al entorno social, y lo califica de nuevo y complejo. En mi opini?n, habr?a que evitar una interpretaci?n reductiva de la vida social, para enfocar en toda su amplitud la problem?tica cultural de nuestra ?poca y sus consecuencias pedag?gicas. Elijo, a este prop?sito, algunos temas que considero de particular inter?s.

En primer lugar podemos se?alar el drama de la pobreza; habr?a que declinar en plural este nombre y hablar de m?ltiples pobrezas, comenzando por aquella extrema que se identifica con la miseria y la exclusi?n social. En su libro Gobernar es poblar, el m?dico Abel Albino ha llamado la atenci?n con agudeza y vigor sobre la desnutrici?n infantil, enfermedad sociocultural vinculada directamente al comportamiento humano; afirma en esa obra que los chicos desnutridos suelen ser fruto del abandono, y sentencia que ese defecto, si no es remediado en los dos primeros a?os de vida provoca lesiones cerebrales irreparables que son luego causa principal?sima de la deserci?n escolar. La ra?z de este mal tan extendido se encuentra en la desorganizaci?n familiar, en la precariedad de sus recursos de vida y en la fragilidad de sus v?nculos: padres que no han aprendido a ser tales y son incapaces de asumir su responsabilidad de alimentar, de estimular afectivamente, de amar a sus hijos. La falta de un trabajo digno, de la presencia diligente de la madre en el hogar se expresan muchas veces en una carencia simb?lica: en la casa no hay mesa.

La defecci?n educativa de la familia se verifica tambi?n en situaciones econ?micas y sociales aventajadas. Los cambios de pareja, en b?squeda de una ut?pica felicidad futura, a menudo convierten a los hijos en v?ctimas; en los sectores en que reinan condiciones privilegiadas de desarrollo material es frecuente que falte a los adolescentes la verdadera escucha y la atenci?n afectuosa de los padres. El eclipse de la figura paterna, la confusi?n de roles en la educaci?n familiar, reflejan la p?rdida de sentido de las instituciones formativas y de la tradici?n cultural. Los expertos se?alan el fen?meno de muchachos y chicas solos, ab?licos, que se procuran est?mulos cada vez m?s fuertes para experimentar la sensaci?n moment?nea de estar vivos; nutren en el fondo del alma una secreta desesperaci?n y abandonados a ellos mismos sucumben a una fragilidad que no ha sido detectada y socorrida a tiempo. Este panorama severo interpela al educador cristiano, y a la Iglesia misma en su misi?n evangelizadora; constituye un acicate al estudio, a la comprensi?n, a la cercan?a afectuosa a cada uno de los alumnos; es un incentivo de caridad que en su reclamo induce a reconocer a la educaci?n como un oficio de amor.?

Nuestra decadencia educativa y el m?todo chino.

Para dirigir ahora la atenci?n a realidades m?s estrictamente pedag?gicas, corresponde mencionar el reciente informe del Programa Internacional para la Evaluaci?n de Estudiantes (PISA 2009). Como es sabido, esa relaci?n ofrece los resultados de la prueba a que fueron sometidos 470.000 estudiantes de quince a?os, de 65 naciones, en tres ?reas de estudio: matem?tica, lectura comprensiva y ciencias. La ubicaci?n lograda por nuestros chicos, el puesto 58? ?es decir, casi tocando fondo en la lista? manifiesta la penosa declinaci?n de la educaci?n argentina. El informe fue ampliamente discutido en el mundo; por desgracia, todav?a no ocurri? lo mismo entre nosotros. El dato m?s saliente es el nivel ?ptimo alcanzado por estados y ciudades del extremo oriente: Shangai, Hong Kong y Corea del Sur; de all? que la consideraci?n se haya centrado en los acentos que caracterizan a la pedagog?a china. Al respecto se ha hecho notar la importancia que se otorga en ella al tiempo de estudio (muchos d?as, muchas horas por d?a, con clases suplementarias), a la autoridad del maestro, al uso de la memoria, y una especial dedicaci?n a las matem?ticas. Adem?s, los ex?menes son el gozne de la escuela china. Amy Chua, profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale, ha publicado recientemente un libro con este t?tulo sugestivo: Himno de batalla de la madre tigre, en el que exhibe lo que podr?amos llamar el m?todo de las madres chinas. En un ensayo publicado en el Wall Street Journal la autora explica el ?xito alcanzado por los adolescentes chinos en el PISA como resultado del tipo de educaci?n que est?n recibiendo primeramente en sus familias: disciplina, rigor, severidad; se piensa que la excelencia no puede lograrse de otro modo y entonces se los motiva, para nuestro gusto hasta la crueldad. Si es necesario, se los priva de salidas y de juegos para que no se distraigan de sus deberes, y no se les permite lamentarse. Esta afirmaci?n lo dice todo: lo peor que puede hacerse contra la autoestima del hijo es dejar que se rinda ante un obst?culo.

Los cuestionamientos a este m?todo apuntan al menoscabo que podr?an sufrir valores tales como la creatividad, la sociabilidad, el aprecio del trabajo en equipo. Los objetores lanzan este planteo radical: la excelencia en la m?sica, o en cualquier otra disciplina, ?puede hacer felices a los hijos? Vale la pena abrir una seria discusi?n sobre estos enfoques. Entre los rigores chinescos y el buenismo criollo que nos est? hundiendo en el b?ratro de la ignorancia y del retraso podemos encontrar alternativas razonables, como las que conoci? la escuela argentina en sus mejores ?pocas. El remedio no est? en disponer continuas reformas estructurales, ni en entregarse a experimentos riesgosos y apresurados. La contribuci?n de pedagogos y psic?logos es ciertamente muy ?til, pero lo que sobre todo hace falta es el talento de verdaderos maestros. Salta a la vista que no deber?amos sustraernos a ciertos requisitos fundamentales: revisar qu? tiempo se dedica efectivamente al trabajo escolar y procurar su mejor empleo; asumir la necesidad del esfuerzo y la autodisciplina para obtener resultados de excelencia; restaurar el valor de los contenidos de la ense?anza fijando los niveles de conocimientos y habilidades que los alumnos deben poseer, con especial atenci?n puesta en los saberes b?sicos, que son ?como se dec?a anta?o? leer, escribir y calcular. Peque?o men? ?ste, que puede proponerse tanto a los estudiantes cuanto a sus educadores.?

Educaci?n personalizada

Los debates sobre la problem?tica educativa, que tienen lugar en muchos pa?ses, envuelven cuestiones pol?ticas, econ?micas, culturales en sentido amplio, y una visi?n de futuro acerca de la inserci?n de la propia naci?n en un mundo globalizado. Las numerosas publicaciones aparecidas en los ?ltimos a?os dan buena cuenta de la importancia del tema, del cual se ocupan desde los hombres de Estado hasta los periodistas. Aludo, de paso, a la Carta a los Educadores, de septiembre de 2007, del actual presidente de Francia, y al reciente libro de Andr?s Oppenheimer ?Basta de historias! En todas partes se siente la necesidad de una renovaci?n. Pero estos intentos deben referirse seriamente al bien de todos y cada uno de los alumnos.

El concepto de educaci?n personalizada no resulta extra?o para la escuela cat?lica. Su prop?sito dirigido a la formaci?n integral de la persona, que se alcanza plenamente en la comuni?n con Dios (cf. Documento de Aparecida, 336), se comprende a la luz de la misi?n esencial de la Iglesia; cada uno de los ni?os, adolescentes y j?venes es objeto de dedicaci?n y de amor en su singularidad irrepetible, especialmente cada uno de aquellos que Jes?s llama el m?s peque?o de mis hermanos (Mt. 25, 40.45) para identificarse con ellos y encomendarlos a nuestra solicitud.

En los debates y proyectos en curso se subraya que educaci?n personalizada equivale a educaci?n diferenciada. Se distinguen en los ni?os diversos tipos de inteligencia: ling??stica, l?gico-matem?tica, corporal-kinest?sica, espacial (se refiere a la capacidad de pensar mediante im?genes, y a la habilidad para el dibujo y el puzzle), musical, interpersonal (es la inclinaci?n al liderazgo), intrapersonal (referida a la sensibilidad y a la emoci?n). En varios pa?ses, Estados Unidos, Israel, China, se vienen ensayando proyectos especiales para los ni?os mejor dotados, como los hab?a en la Uni?n Sovi?tica; all? se concentraba en una ?ciudad de la ciencia? a los peque?os genios de las matem?ticas. Recientemente el Director General de Formaci?n Profesional del Ministerio de Educaci?n de Espa?a ha presentado una propuesta en t?rminos sorprendentes. Este funcionario considera que los grandes olvidados de la escuela son los primeros de la clase; por lo general ?seg?n ?l? se procura sostener al que se retrasa y no potenciar a quien ya rinde todo lo que la escuela le requiere. Se determina, en consecuencia, ofrecer gratuitamente cursos fuera de horario para profundizar el estudio de las materias en las que esos chicos de especiales condiciones sobresalen. Se pueden detectar las cualidades a los doce a?os, para valorar las respectivas inclinaciones intelectuales, estimular el crecimiento y premiar los resultados. El prop?sito aspira a una transformaci?n de la sociedad del conocimiento. Sobre estos planes se han manifestado dudas y objeciones: se estar?a quebrando el principio de equidad y favoreciendo a los hijos de familias acomodadas, que son herederos de tradiciones culturales y disponen en su casa de un ambiente propicio, bibliotecas y otros recursos para el estudio.

Este flanco de la educaci?n personalizada privilegia el aspecto intelectual de la formaci?n; habr?a que armonizarlo con las otras dimensiones de una educaci?n integral. No obstante, ser?a provechoso asumir el desaf?o que los intentos citados implican de mejorar la calidad de la ense?anza; para ello es preciso empe?arse en una renovaci?n metodol?gica ordenada a despertar la curiosidad de los alumnos, su deseo de saber, y a ensanchar sus horizontes culturales. La cuesti?n es no nivelar hacia abajo, sino que todos, con la aplicaci?n y la ayuda necesaria, alcancen las metas a las que seg?n sus dotes pueden aspirar. ?No debe acaso la escuela cat?lica ofrecer a todos una educaci?n de excelencia, y hacerlo con principios y talante cat?licos?

La otra vertiente es la dedicaci?n, tambi?n y quiz? con mayor raz?n personalizada, a los chicos afectados por alg?n tipo de h?ndicap, o mejor dicho, con capacidades diferentes. En este campo, me parece que todav?a tenemos un largo camino a recorrer para cumplir debidamente con el servicio que los padres de esos ni?os tienen derecho a esperar de nosotros. Pienso no solamente en m?s escuelas especialmente dedicadas a ellos, sino tambi?n en su integraci?n en cualquiera de nuestras instituciones educativas. El esfuerzo del Estado italiano es digno de menci?n: en el a?o escolar 2009-2010 se registraron 181.000 alumnos con problemas especiales, asistidos por 90.000 docentes de apoyo. Vale recordar, como est?mulo de nuestro arrojo y del tes?n correspondiente, la palabra del Se?or: les aseguro que cada vez que lo hicieron con el m?s peque?o de mis hermanos, lo hicieron conmigo (Mt. 25, 40).??

Las nuevas tecnolog?as en la escuela.

Cualquier docente conoce por experiencia que a los chicos de hoy les cuesta enormemente concentrarse y que tienen serias dificultades para seguir una exposici?n, un razonamiento, para mantenerse constantes en una tarea empe?osa. Este dato parece una generalizaci?n; sin embargo, los expertos reconocen la existencia de una generaci?n digital y describen sus caracter?sticas. Se habla tambi?n de chicos multitasking, que han nacido con la computadora y no conocen el reposo de la lectura, al menos tal como se conceb?a esta actividad anteriormente; acostumbrados al colage, al ?corta y pega?, no consiguen redactar una s?ntesis de lo que leen ni elaborar un relato aut?nomo dotado de una estructura l?gico-secuencial; sus escritos suelen ser incomprensibles. La escuela debe afrontar esta situaci?n, en el grado en que se verifique, para educar a estos chicos en la atenci?n, en la aplicaci?n, para ense?arles a argumentar con rigor.

La incorporaci?n de la escuela al mundo digital exige considerar objetivamente esos reparos. Los adolescentes de hoy suelen actuar sin interrogarse demasiado sobre el sentido y las consecuencias de su acci?n; su comportamiento se basa en el esquema est?mulo-respuesta y el tiempo es para ellos una sucesi?n de fragmentos, de instantes presentes, como si no existiera el pasado ni el futuro. El mundo digital existe cuando se conecta la computadora y se extingue cuando ?sta se apaga, sin conexi?n l?gica entre ambos momentos. Al parecer, la mente se va adaptando a trabajos de breve duraci?n, cambiantes; cada uno de ellos se presenta como un est?mulo nuevo. Especialistas en la psicobiolog?a de la edad del desarrollo estudian la relaci?n entre el sistema nervioso y la experiencia y alertan sobre la posible modificaci?n de las conexiones cerebrales en los adolescentes; se?alan tambi?n la tendencia a descuidar la memoria, ya que lo que se necesita saber est? siempre disponible en la red. Todos estos datos est?n ?ntimamente relacionados con el estudio y el aprendizaje.

Las opiniones se dividen. Psic?logos y expertos en los procesos cognitivos alientan una renovaci?n de la escuela para ponerla al paso con las posibilidades de conocimiento que aporta la tecnolog?a; algunos proponen introducir en el aprendizaje escolar el videojuego como el instrumento m?s adecuado para crear motivaciones, dot?ndolo, por supuesto, de contenidos valiosos. Los ling?istas y fil?sofos del lenguaje se muestran m?s bien reticentes: advierten que la sobredosis telem?tica comporta la degradaci?n de la calidad de la escritura y favorece la desconcentraci?n generalizada; desconf?an de la difusi?n de internet: la red puede ser ?til para obtener datos concretos, pero vomita un oc?ano de banalidades y de porquer?as tan vasto que es inimaginable poder controlarlo. Son recursos tan absorbentes que atrapan aun a los esp?ritus m?s s?lidos; podr?an convertirse ellos mismos en escuela, desplazando a la escuela convencional, como quiz? ya lo est?n haciendo.

El Santo Padre Benedicto XVI ha dedicado su mensaje para la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrar? el pr?ximo 5 de junio, al tema Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital. Aunque no se refiere expresamente al ?mbito escolar, el Papa nos ofrece pautas de discernimiento en una reflexi?n muy ponderada, en la que se se?alan los valores y los riesgos de las nuevas tecnolog?as, de las que nace un nuevo modo de aprender y de pensar. Cito dos pasajes de ese texto pontificio: Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnolog?as de comunicaci?n deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Si se usan con sabidur?a, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiraci?n m?s profunda del ser humano. La clave est? all?, en usar con sabidur?a. Sigue una invitaci?n, dirigida a los cristianos, a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque la red es parte de la vida humana. La red est? contribuyendo al desarrollo de nuevas y m?s complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensi?n com?n. Tambi?n en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aqu?l en quien todas las cosas alcanzan su plenitud. He aqu? otra pauta que puede guiar a la escuela en la adopci?n de las nuevas tecnolog?as: proceder con confianza y creatividad responsable.?

El contexto cultural y la misi?n evangelizadora.

He dejado para el final un aspecto decisivo, el fundamental en la consideraci?n de los contextos: el ambiente cultural en el que se inscribe y verifica la tarea educativa de la escuela cat?lica. Intento referirme solamente a algunas resistencias que tornan dif?cil la tarea de educar en la fe y de transmitir una visi?n cristiana del mundo. El influjo omnipresente de la cultura secularizada y descristianizada se torna impalpable, imperceptible; impone de modo subliminal juicios, valoraciones, modelos de vida que determinan la conducta, incluso bajo la apariencia y en el nombre de la libertad. Si nos preguntamos qui?n educa realmente hoy, tendremos que reconocer la fuerza y el predominio de una cierta opini?n general que desarticula los procesos educativos y desplaza a las autoridades que los conducen. Los j?venes que en edad cada vez m?s temprana son absorbidos por la cultura del boliche y por ?la previa? podr?n conservar quiz? las verdades de la fe y principios cristianos de vida ?al menos no los discutir?n expl?citamente? pero en los hechos su comportamiento se inclinar? a reproducir el de la mayor?a, seg?n un ritmo de emociones inducidas. Los medios de comunicaci?n, que exaltan el cretinismo de la far?ndula, y ahora las posibilidades ilimitadas que abre la navegaci?n cibern?tica, favorecen la difusi?n de modelos opuestos al ideal cristiano y a un aut?ntico humanismo; estas alternativas impresionan profundamente en el per?odo en que se va constituyendo la conciencia moral y pueden fijar en ella criterios errados sobre realidades esenciales: la verdad, la felicidad, el amor, el sexo, la pr?ctica religiosa. El juicio pr?ctico descaminado y el consiguiente desorden de la afectividad influyen negativamente sobre la vida intelectual. S?manse a este fen?meno las presiones ideol?gicas que se ejercen en el ?mbito escolar a trav?s de los dise?os curriculares, los contenidos oficiales y los textos de difusi?n masiva o preferencial; pronto se har?n sentir asimismo las consecuencias pedag?gicas de nuevas leyes, como la de alteraci?n del orden matrimonial aprobada el a?o pasado.

En este contexto, al educador cristiano se le exige actualizar cotidianamente su identidad, su compromiso con la verdad. No hay que tener miedo de decirles a los chicos la verdad, de transmitirles en toda su armon?a y belleza la concepci?n cat?lica del hombre y del mundo vali?ndose de razones bien probadas; a partir de esta base de claridad intelectual corresponde ayudarles con serenidad, comprensi?n y paciencia a vivir la verdad, a superar las dificultades, a reconocer en la pr?ctica la belleza de la virtud y la fealdad inhumana del vicio. No es buen negocio claudicar, presentarse complacientes ante la dictadura del relativismo, autoclausurarse en el espacio de lo pol?ticamente correcto. La Iglesia reivindica su libertad de proclamar la verdad del Evangelio y nosotros, educadores, hacemos uso confiadamente de esa libertad en el ?mbito p?blico, precisamente en la escuela, en el ejercicio de la misi?n eclesial de educar. En su mensaje para la reciente Jornada Mundial de la Paz, dec?a Benedicto XVI: la libertad religiosa no se agota en la simple dimensi?n individual, sino que se realiza en la propia comunidad y en la sociedad, en coherencia con el ser relacional de la persona y la naturaleza p?blica de la religi?n.

En la tarea fascinante y riesgosa de educar se pone de manifiesto el misterio de la gracia. El auxilio de la gracia de Cristo es necesario no s?lo para aceptar la Palabra divina mediante el acto de fe, sino tambi?n para llevar una vida plenamente acorde a la dignidad de nuestra naturaleza racional. Esa ayuda sobrenatural nos brinda la capacidad de cumplir intachablemente nuestros deberes de estado; tanto el educador como el educando son, por lo tanto, menesterosos de ella. El proceso pedag?gico cristiano incluye centralmente la ense?anza religiosa escolar, la catequesis, la orientaci?n pastoral y el recurso a la fuente de vida que son los sacramentos; no son ?stos medios secundarios, de relleno, que puedan ceder f?cilmente lugar y horario a otras exigencias curriculares. Por lo contrario, son los arbitrios imprescindibles y comun?simos para intentar la doble s?ntesis, entre fe y cultura y entre fe y vida en la cual consiste, en sentido cat?lico, la educaci?n integral. Pero adem?s, el auxilio de la gracia lo implora la oraci?n humilde y perseverante. No hay que olvidarlo. Dos cosas profundamente olvidadas por todos los cristianos ?as? dec?a, quiz? exagerando un poco, Le?n Bloy en ?El mendigo ingrato??: Primero: tenemos el deber de pedirle todo a Dios. Segundo: Dios no tiene nada para rehusar.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Hablan los obispos
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