Domingo, 20 de febrero de 2011

Homil?a de monse?or Agust?n Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luj?n, sobre la visi?n cristiana de la vida (Bas?lica de Luj?n, s?bado 5 de febrero de 2011). (AICA)

ENCUENTRO CON LOS POL?TICOS SOBRE LA VIDA????

Queridos hermanos y hermanas:

Estamos celebrando, en la casa de la madre de la Vida, esta santa misa como acci?n de gracias al Padre por el don de la existencia y pidiendo su ayuda para ser testigos del valor absoluto de la vida, de toda vida humana.

Quiero comenzar la reflexi?n desde Aquel que es fuente de la vida, nuestro Dios, Padre, Hijo y Esp?ritu Santo, comuni?n de amor, permanentemente vivo y donado para que tambi?n nosotros, simples y fr?giles creaturas, gocemos de la vida y podamos participar, divinizados, de su propia Vida eterna.

Es insondable el Misterio del Dios Viviente. Conocemos por la Revelaci?n que es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, tal como lo refiere el libro del ?xodo en el episodio de la zarza, donde el Se?or dialoga con Mois?s. Su Vida es desde siempre y subsiste por siempre, el Salmo 89 comienza con este reconocimiento: ?Se?or, t? has sido nuestro refugio de edad en edad. Antes que los montes fueran engendrados, antes que naciese la tierra y el orbe, desde siempre y por siempre tu eres Dios?.

En el Se?or esta Vida es sin?nimo de amor, es decir, donaci?n rec?proca entre el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo. Es el amor que engendra vida, es la vida que se alimenta y crece con el amor. Es un amor desbordante, como todo amor verdadero. Es un amor que plasma la creaci?n, dejando su huella de verdad, belleza y armon?a. Ese mismo Amor se complace en crear al hombre a su imagen y semejanza: para el encuentro en el amor, para la comuni?n y la donaci?n, para colaborar con el Creador en la generaci?n de la vida, para cuidar y hacer crecer la vida en el mundo.

Conocemos que ese designio amoroso del Se?or ha sido trastocado por seres creados en el amor, y por lo tanto en la libertad, que decidieron desobedecer el plan del Creador y prescindir de ?l. Es lo que llamamos pecado. Aquella realidad por la cual Dios fue ofendido en manera infinita, inconciliable desde la limitad?sima capacidad humana y por la cual, como consecuencia m?s tr?gica, entr? la muerte en el mundo (cfr. Rm 5,12).

A pesar que el pecado alcanz? a toda la creaci?n, que qued? sometida a la desobediencia y a todos los hombres de todos los tiempos (cfr. Rm 8, 22; Rm 5, 12b), el amor de Dios no dej? abandonada su obra a la muerte sino que redon? la vida y una vida sobreabundante en Jesucristo. Aquella maldici?n que brot? de la desobediencia de uno solo, se ha convertido en bendici?n que alcanza a todos los hombres (cfr. Rm 5,19). ?Donde abund? el pecado, sobreabund? la Gracia? dir? san Pablo en Rm 5, 20.

Jesucristo es el Enviado del Padre para devolvernos la vida. La liturgia cantar? en la Vigilia pascual ?Feliz la culpa que nos mereci? tan noble y gran Redentor? (Preg?n Pascual). ?l es la gran manifestaci?n de Dios Viviente y vino para todos tengamos vida en abundancia (cfr. 1Jn. 1,2; Jn. 10,10).

?Qu? significa para nosotros hoy esta realidad? En primer lugar hemos de preguntarnos si nuestra relaci?n con Jes?s es vital. ?Creo y experimento que sin ?l nada puedo hacer? Esto involucra toda mi existencia, desde lo m?s hondo: yo no soy y El es, yo soy en El. San Pablo lo dir? en G?latas 2, 20: ?vivo yo, pero no soy yo sino Cristo que vive en mi?. La experiencia vital de Jes?s pasa por la profunda comuni?n con ?l y por ?l en el Esp?ritu, con el Padre; as?, lo que m?s importa y lo ?nico necesario es la escucha de la Voluntad del Padre, la circulaci?n de su Vida en m?.

Tambi?n hay otra realidad, inseparablemente unida a esta relaci?n vital con Jes?s: se trata de la fraternidad. En efecto el es la Vid y nosotros los sarmientos, como lo expresa la par?bola (Jn. 15, 1 -17). Todas ramas unidas al ?nico tronco. Jes?s relaciona esta imagen del la vid con el mandamiento del amor. La comuni?n no es una realidad solamente ?vertical?, es decir Dios y yo, sino y principalmente ?horizontal?: en el amor que se tengan unos a otros reconocer?n que son mis disc?pulos dice el Se?or (Jn. 13, 35) y la carta de Santiago desarrolla la necesidad de traducir la fe en obras de amor al hermano. Me puedo preguntar, a la luz de esta realidad ?mi vida de comuni?n con los hermanos est? traducida en obras?

Evidentemente nos encontramos con antivalores y muchas formas de la llamada ?cultura de la muerte?: sabemos y padecemos atropellos a la vida naciente, a la vida de los d?biles y ?sobrantes? a los ojos del mundo, al decir de Aparecida; graves y violentos atentados cada d?a y en cualquier parte que nos agobian y atemorizan y podr?amos seguir con una larga letan?a de desprecios por la vida. El peligro es quedarnos en una declamaci?n que nos lleve al des?nimo y la amargura.

Tenemos necesidad de gozar la Vida de Dios en nosotros, de traducirla en gestos misioneros, que la contagien y entusiasmen a otros, que les muestre el sentido verdadero de la existencia.

Virgen de Luj?n, madre de la Vida, nos encomendamos a tu cuidado y nos animamos con tu ejemplo a ser testigos de la vida en nuestro pueblo.??

Mons. Agust?n Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luj?n

Cfr. Ex. 3, 15?


Publicado por verdenaranja @ 22:08  | Homil?as
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