Domingo, 20 de febrero de 2011

Homil?a de monse?or Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero en el inicio del curso lectivo 2011 de la Universidad Cat?lica de Santiago del Estero (Capilla Nuestra Se?ora de la Misericordia, 9 de febrero de 2011). (AICA)

INICIO DEL CURSO LECTIVO 2011 DE LA UNIVERSIDAD CAT?LICA DE SANTIAGO DEL ESTERO

?Queridos Rector, Vicerrectores, Decanos, profesores, alumnos, personal no docente, hermanos y hermanas en Cristo,

En torno a la Mesa del Altar y de la Palabra iniciamos un nuevo ciclo lectivo en esta alta casa de estudios. Es para mi una gran alegr?a presidir esta Eucarist?a y reencontrarme con cada uno de ustedes para pedirle, una vez m?s al Esp?ritu Santo, las luces necesarias para emprender renovados este a?o acad?mico 2011.

En el Evangelio de la Misa que acabamos de escuchar, San Marcos se detiene en la denuncia que Jes?s hizo a los escribas de su tiempo de anteponer el legalismo de las normas rituales establecidas por la tradici?n humana a la ley de Dios, ahogando as? el verdadero sentido del culto. Asimismo el Se?or expone a la muchedumbre la doctrina sobre la verdadera pureza, y lo hace mediante una comparaci?n entre el alimento y la decisi?n humana libre.

Me quer?a detener en las primeras palabras que Jes?s les dice a sus disc?pulos cu?ndo ?stos le preguntaron sobre el sentido de aqu?lla par?bola: ?As? que tambi?n ustedes son incapaces de entender? Pensaba, en primer lugar, en la necesidad que tenemos cada uno de nosotros que nos expliquen las cosas, que nos ense?en, que nos transmitan conocimientos, que nos digan la verdad? En este sentido, la Universidad Cat?lica de Santiago del Estero tiene un gran desaf?o entre sus manos al abrir sus puertas a tantos j?venes que se encuentran deseosos de aprender. Por otra parte, se necesita la humildad para quitarse muchos prejuicios y dejarse moldear con nuevos conocimientos que ir?n formando al profesional que ma?ana tendr?, a trav?s de su trabajo, la tarea de construir una patria m?s justa, fraterna y solidaria.

Dentro de cada uno de nosotros hay un gran deseo de verdad. El interrogarse sobre el porqu? de las cosas -como hemos visto en la actitud de los disc?pulos de Jes?s- es inherente a la raz?n humana. Ya Arist?teles, en el comienzo de su libro sobre la Metaf?sica, asegura que ?todos los hombres desean saber? y la verdad es el objeto propio de este deseo. Es l?gico; a ninguno nos gusta que nos digan mentiras y nos enga?en. Es la lecci?n aprendida por San Agust?n que nos transmite: ?he encontrado muchos que quer?an enga?ar, pero ninguno que quisiera dejarse enga?ar?.

La Universidad tiene que proporcionar los medios necesarios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que pueda hacer cada vez m?s humana la propia existencia. El venerable siervo de Dios, Juan Pablo II, que el pr?ximo 1 de mayo ser? beatificado, en la Constituci?n Apost?lica Ex Corde Ecclesiae afirmaba que: ?Es un honor y una responsabilidad de la Universidad cat?lica consagrarse sin reservas a la causa de la verdad. Es ?sta su manera de servir, al mismo tiempo, a la dignidad del hombre y a la causa de la Iglesia, que tiene "la ?ntima convicci?n de que la verdad es su verdadera aliada... y que el saber y la raz?n son fieles servidores de la fe". Sin descuidar en modo alguno la adquisici?n de conocimientos ?tiles, la Universidad cat?lica se distingue por su libre b?squeda de toda la verdad acerca de la naturaleza, del hombre y de Dios?.

Y prosegu?a el Papa: ?Nuestra ?poca, en efecto, tiene necesidad urgente de esta forma de servicio desinteresado que es el de proclamar el sentido de la verdad, valor fundamental sin el cual desaparecen la libertad, la justicia y la dignidad del hombre. Por una especie de humanismo universal la Universidad cat?lica se dedica por entero a la b?squeda de todos los aspectos de la verdad en sus relaciones esenciales con la Verdad suprema, que es Dios. Por lo cual, ella, sin temor alguno, antes bien con entusiasmo trabaja en todos los campos del saber, consciente de ser precedida por Aquel que es "Camino, Verdad y Vida", el Logos, cuyo Esp?ritu de inteligencia y de amor da a la persona humana la capacidad de encontrar con su inteligencia la realidad ?ltima que es su principio y su fin, y es el ?nico capaz de dar en plenitud aquella Sabidur?a, sin la cual el futuro del mundo estar?a en peligro?.

Los profesores, a trav?s de la investigaci?n sincera y de la comunicaci?n de los resultados obtenidos a sus alumnos, contribuyen a saciar ese deseo que tiene la raz?n de conocer cada vez m?s y m?s profundamente, a la vez que transitan -cuando ponen todos sus talentos y virtudes y lo ofrecen a Dios- el camino de la santidad. Los alumnos, por su parte, no deben limitar su horizonte de inquietudes a un entorno exclusivamente acad?mico. Si pierden su contacto con la vida, la ciencia se encapsula, se hace narcisista y acaba por agotarse, por tanto, junto con los profesores, no pueden olvidarse que est?n tambi?n llamados a orientarse hacia una verdad que los trasciende.

Hoy, nuestra sociedad, como nos ha advertido el Santo Padre, Benedicto XVI, est? sometida a la ?dictadura del relativismo?, donde todo se reduce a una simple opini?n y a una desconfianza en la posibilidad de encontrar la verdad. ?La leg?tima pluralidad de posiciones -sostiene la Fides et Ratio- ha dado paso a un pluralismo indiferenciado, basado en el convencimiento de que todas las posiciones son igualmente v?lidas?.

El relativismo responde a una concepci?n de la vida que trata de imponerse. El relativista piensa que el modo de alcanzar la mayor felicidad posible de lograr en este pobre mundo nuestro -que siempre es una felicidad limitada- es evadir el problema de la verdad. Pero esta concepci?n se encuentra con el problema de que los hombres, adem?s de desear ser felices, de querer gozar, de aspirar a carecer de v?nculos para movernos a nuestro antojo, tenemos tambi?n una inteligencia, y deseamos conocer el sentido de nuestro vivir.

Este deseo de saber y ?la sed que el hombre tiene de Dios? me hacen estar convencido de que la hora actual es una hora llena de esperanza y de que el futuro es mucho m?s prometedor de lo que parece. Por tanto reafirmando la verdad de la fe podremos devolver al hombre contempor?neo la aut?ntica confianza en sus capacidades cognoscitivas. Nunca es l?cito contraponer la raz?n a la fe porque entre ambas existe una armon?a, como destac? Santo Tom?s de Aquino al argumentar que no pueden contradecirse porque ambas luces -fe y raz?n- provienen de Dios.

Acudimos a Santa Mar?a, Asiento de la Sabidur?a, que ha engendrado la Verdad y la ha conservado en su coraz?n, para que sea nuestro puerto seguro en nuestra b?squeda de la verdad y nos consiga los dones del Esp?ritu Santo que necesitamos para emprender este nuevo ciclo acad?mico. As? sea.?

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero

ARISTOTELES, Metaf?sica, I, 1.
SAN AGUSTIN, Confesiones, X, 23, 33: CCL 27, 173.
JUAN PABLO II, Const. Apost. Ex Corde Ecclesiae, 4.
JUAN PABLO II, Carta Enc?clica Fides et Ratio, 5.
Cfr. SANTO TOMAS DE AQUINO, Summa contra Gentiles, I, VIII.

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Publicado por verdenaranja @ 22:24  | Homil?as
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