Domingo, 20 de febrero de 2011

Homil?a de monse?or Andr?s Stanovnik, arzobispo de Corrientes, en la toma?de posesi?n del p?rroco Pbro. Eduardo Ram?n Romero Olgu?n (Iglesia catedral Nuestra Se?ora del Rosario, 4 de febrero de 2011). (AICA)

TOMA DE POSESI?N DEL PBRO. EDUARDO RAM?N ROMERO OLGU?N ???????????????

La Iglesia nos ense?a que entre los templos de la di?cesis el lugar m?s importante corresponde a la iglesia Catedral. Ella es signo de unidad de la Iglesia particular. Ella es el lugar donde acontece el momento m?s alto de la vida de la di?cesis en la liturgia que preside el obispo. Por eso, esta comunidad parroquial tiene la misi?n de ser signo de comuni?n y, al mismo tiempo, modelo de unidad para todas las dem?s comunidades parroquiales de nuestra arquidi?cesis. Esta vida de unidad y comuni?n, celebrada en la Eucarist?a, debe manifestarse en un renovado impulso misionero.

De este modo hacemos tres afirmaciones que deben constituir el programa de vida de esta comunidad. Primero: ser signo de comuni?n y modelo de unidad; segundo: la celebraci?n de los sacramentos, sobre todo de la Eucarist?a, debe constituir el centro de la comunidad parroquial; y tercero: toda la comunidad y todos en la comunidad deben renovar profundamente su vocaci?n misionera.?

Signo de comuni?n y modelo de unidad

La providencial ocasi?n que nos brinda el cambio de p?rroco, es una nueva oportunidad que Dios nos ofrece para convertirnos a ?l y tratar a nuestro pr?jimo con los sentimientos y las actitudes de Jes?s. Necesitamos con urgencia vivir una verdadera espiritualidad de la comuni?n, que significa ?como nos record? nuestro amado Juan Pablo II? capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: como un ?don para m?. Espiritualidad de la comuni?n es saber ?dar espacio? al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros y rechazando las tentaciones ego?stas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias. No nos hagamos ilusiones, sin este camino espiritual, de poco servir?an los instrumentos externos de la comuni?n.

Para construir la comuni?n se necesitan, ante todo, hombres y mujeres nuevos, es decir, hombres y mujeres con un coraz?n purificado y renovado por la gracia y el amor de Dios. Esta comunidad parroquial debe empezar decididamente a poner en pr?ctica aquel ayuno cristiano que describi? un autor del siglo II con estas palabras: ?El ayuno que vas a practicar tienes que observarlo de la siguiente forma: Ante todo debes cuidarte de toda mala palabra y de todo mal deseo, y debes purificar tu coraz?n de todas las vanidades de este mundo?. El nuevo p?rroco deber? acompa?ar este camino penitencial con coraz?n de pastor, con mucha paciencia y firme al mismo tiempo, cercano y respetuoso con todos, para guiar a esta comunidad hacia una mayor unidad y comuni?n.??

Una comunidad centrada en la Eucarist?a

La celebraci?n de los sacramentos, sobre todo de la Eucarist?a, debe constituir el centro de la comunidad parroquial. Con la Palabra de Dios y el Pan de Vida iluminamos y fortalecemos la comuni?n misionera de nuestras comunidades. La Eucarist?a, como sabemos, la fuente y cumbre de toda nuestra vida cristiana. Esto hace a la diferencia de la comunidad creyente con todas las dem?s asociaciones humanas y se convierte en su quehacer m?s importante y distintivo. As? como la Iglesia vive de la Eucarist?a, la vida espiritual de los creyentes y sobre todo del sacerdote, depende de la eucarist?a. Por eso, el p?rroco deber? esmerarse, con la colaboraci?n de sus ministros laicos, para que la celebraci?n de la Misa sea realmente el coraz?n palpitante de la parroquia y ?sta se convierta en una verdadera comunidad eucar?stica.

Muy unido a la Santa Misa est? el sacramento del perd?n. El sacerdote debe ser un ministro disponible y paciente para recibir, escuchar, consolar y dar aliento al penitente mediante el sacramento del perd?n. Toda la catequesis de iniciaci?n cristiana y los medios de formaci?n cristiana permanente, tienen por objeto lograr que participemos de un modo pleno en la vida sacramental de la Iglesia y renueve profundamente su vocaci?n misionera.?

Una experiencia de comuni?n misionera

Toda la comunidad y todos en la comunidad deben renovar profundamente su vocaci?n misionera. La comunidad parroquial no se construye mir?ndose a s? misma y atendiendo exclusivamente sus propias necesidades. Cuando esto sucede, se empiezan a deteriorar seriamente las relaciones personales y eso, tristemente, da lugar a chismes, murmuraciones, calumnias y habladur?as de todo g?nero. El P?rroco debe estar muy atento para que la comunidad no se transforme en un lugar de intrigas palaciegas, como la corte del rey Herodes ?seg?n lo que escuchamos en el Evangelio de hoy?, donde mientras se admira al profeta Juan, por detr?s se urde una perversa trama para matarlo. Una comunidad que se mira s?lo a s? misma, queda ciega a las verdaderas necesidades de los hermanos y espiritualmente embotada e insensible para la misi?n.

El entusiasmo de la misi?n brota de una comunidad que se abre a la gracia de la comuni?n con Dios y con sus hermanos. S?lo una comunidad reconciliada es una comunidad misionera. La unidad y comuni?n se refuerzan en la medida que una comunidad se abre a la misi?n, y se achica, cuando los miembros de esa comunidad se entretienen s?lo con sus propias cosas. Una comunidad vive arraigada en Dios, cuando sus miembros, encendidos por el amor de Jes?s, salen a encontrarse con los alejados y comparten con ellos la experiencia de unidad y comuni?n que experimentan en su propia comunidad parroquial. El p?rroco, como hombre que est? en medio y delante de su pueblo, es el primer animador de esa vida comunitaria abierta a la misi?n, y solidaria con los que m?s sufren.?

El Presb?tero: hombre de Dios para los hombres

El sacerdote es el hombre de los v?nculos: est? delante y en medio de su pueblo, para ayudar a que los fieles cristianos sean cada vez m?s amigos de Dios, m?s fraternos entre ellos y abiertos a todos. Con esa misi?n, el presb?tero ense?a, santifica y gu?a al pueblo de Dios, lo re?ne en nombre de Cristo y, en consecuencia, tambi?n en nombre de la Iglesia.

El sacerdote es, ante todo, un hombre de Dios, alguien vinculado estrechamente a ?l, que mantiene con ?l un trato frecuente e ?ntimo, para luego hablar y actuar en su nombre. Es el hombre del trato ?ntimo con Dios: ?Si quieren que los fieles recen con gusto y piedad, ?dec?a P?o XII al clero de Roma? prec?danlos en la iglesia con el ejemplo, haciendo oraci?n delante de ellos. Un sacerdote de rodillas ante el tabern?culo, en actitud digna, con profundo recogimiento, es un modelo de edificaci?n, una advertencia y una invitaci?n a la imitaci?n orante para el pueblo.? En ese trato familiar con Dios, aprende y se fortalece para vivir su vida y ministerio a ejemplo de Jes?s, Buen Pastor, ?que no vino a ser servido sino a servir.?

El presb?tero es un hombre de Dios para los hombres: es un hombre comunitario y su tarea nunca puede ser realizada de un modo individualista, sino colectivo. De hecho, ?l es miembro de un presbiterio cuya cabeza es el obispo, por eso recordamos con frecuencia que ?el ministerio ordenado tiene una radical ?forma comunitaria? y puede ser ejercido s?lo como ?tarea colectiva?.

Esto nos hace pensar que la misi?n del p?rroco es estar atento y cuidar que ninguno se sienta excluido de la vida de la comunidad parroquial y que todos vayan encontrando su lugar y participen activamente en la vida de la parroquia. Con su animaci?n, la comunidad parroquial debe ser un ejemplo donde se comparte responsablemente todo lo que hace a la vida com?n, tanto las necesidades espirituales como materiales. Por eso, hay dos organismos que no pueden faltar en una comunidad parroquial y que son una ayuda indispensable para que el p?rroco pueda desarrollar su ministerio en forma comunitaria: el consejo de pastoral y el consejo de asuntos econ?micos.

El sacerdote es para la comunidad y por eso est? llamado a estar ?en medio de su pueblo?. La presencia del sacerdote en medio de su pueblo le permite conocer y compartir la vida cotidiana de su gente y, por consiguiente, participar con ellos de sus alegr?as y tambi?n de sus penas, para ayudarles a vivir todo a partir de Dios.

P. Eduardo: hoy esta comunidad parroquial de Nuestra Se?ora del Rosario de la iglesia Catedral te recibe, para que con ellos y al frente de ellos los congregues en una sola familia animada por el Esp?ritu Santo, y los conduzcas a Dios por medio de Cristo. Es una comunidad especial ?como dijimos al comienzo? por el peculiar lugar que ocupa y la misi?n que de ello se deriva, que tiene su propia identidad y su camino pastoral, su memoria y sus tradiciones, sus alegr?as y sus penas. Ay?dale a ?perseverar en el amor fraternal? ?como escuchamos en la primera lectura?, y nunca dudes de las palabras que el mismo Dios ha dicho hoy: ?No te dejar? ni te abandonar?, para que puedas decir con toda confianza ?El Se?or es mi protector: no temer?.

El Pbro. Eduardo Romero Olgu?n ha sido p?rroco de ?San Lorenzo, di?cono y m?rtir? desde el momento mismo de la erecci?n del templo como parroquia, el 15 de julio del a?o 2003. Antes de ello fue vicario en las parroquias ?Santa Teresita del Ni?o Jes?s?, ?Cristo Obrero?, ?San Cayetano?, ?San Cosme?, ?San Jos? en Saladas y ?San Antonio de Padua? en Mburucuy?. Adem?s, actualmente es Delegado Episcopal para el Ecumenismo y el Di?logo Interreligioso, cargo en el que continuar? ahora como P?rroco de esta comunidad de la iglesia Catedral, a quien le deseamos una fruct?fera tarea pastoral, con la ayuda de Dios. Recibimos contentos tambi?n al P. Mart?n Vera, quien colaborar? estrechamente con el nuevo p?rroco como su vicario. El P. Mart?n fue p?rroco en la parroquia de Mar?a Auxiliadora de Bella Vista y ?ltimamente ejerc?a su ministerio sacerdotal como vicario parroquial en Santa, y otras tareas pastorales. Tambi?n a ?l le deseamos que se halle en esta comunidad y que Dios haga fecundo su servicio sacerdotal.

Agradezco vivamente en nombre de la Iglesia el ministerio parroquial que desempe?? el P. Oscar Barrios en esta comunidad. Fue un per?odo m?s bien breve, ciertamente, pero meritorio por su fidelidad y su entrega, no pocas veces sin sufrimiento. Valoramos tambi?n su esfuerzo y aporte como Delegado episcopal de los Asuntos Econ?micos de la Arquidi?cesis y le auguramos una fruct?fera labor pastoral en la Parroquia San Lorenzo, di?cono y m?rtir.

Para concluir, el relato del martirio de Juan nos recuerda que la vida tiene sentido si el hombre se compromete con la verdad y se entrega por ella hasta las ?ltimas consecuencias. Mucho m?s a?n, cuando tenemos la dicha de vivir esa entrega con Jes?s como un sacrificio agradable al Padre. Por eso, ante la Sant?sima Cruz de los Milagros, que se encuentra providencialmente en este templo, bajo la dulce mirada de Nuestra Se?ora del Rosario, patrona de esta parroquia, y confiando en su poderosa intercesi?n, colocamos junto a la ofrenda de pan y de vino estos acontecimientos, y le suplicamos a ella que nos ense?e a ser amigos de Jes?s, a caminar unidos como hermanos y a ser alegres misioneros de esa amistad mediante un renovado compromiso con la Iglesia y con la sociedad. As? sea.?

Mons. Andr?s Stanovnik, arzobispo de Corrientes?


Publicado por verdenaranja @ 22:32  | Homil?as
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