Lunes, 21 de febrero de 2011

ZENIT? Publica la conferencia que pronunci? el cardenal Peter Kowdo Appiah Turkson, presidente del Consejo Pontificio "Justicia y Paz", el 9 de febrero de 2011, durante la clausura del Congreso "La Sagrada Escritura en la Iglesia", promovido por la Conferencia Episcopal Espa?ola.

Palabra de Dios y compromiso en el mundo

INTRODUCCI?N:

Saludo cordialmente a Su Eminencia, a los Excelent?simos se?ores Arzobispos y Obispos, a los muy apreciados Sacerdotes, y a todos ustedes: mis Hermanos y Hermanas en la llamada ?nica a seguir a Jes?s como disc?pulos.

Porto conmigo los saludos y los mejores deseos en la oraci?n del Pontificio Consejo "Justicia y Paz". Conf?o en que vuestras jornadas aqu?, reflexionando sobre la Sagrada Escritura como Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, hayan sido muy fruct?feras. Aunque ya existen muchas versiones de la Biblia en castellano[1], esta ha sido una ocasi?n para la presentaci?n de la espl?ndida nueva Biblia de la Conferencia Episcopal Espa?ola[2]. Esperamos que el gran trabajo realizado en la elaboraci?n de esta versi?n, mejorando su fidelidad a los textos originales, la haga m?s "comunicativa con la cultura moderna", y contribuya a que los cristianos vivan adecuadamente sus compromisos en el mundo.

Esta ma?ana, desear?amos dirigir, para clausurar este congreso, la consideraci?n de la Palabra de Dios en la Escritura, no s?lo como fuente de vida y alimento de la Iglesia, sino tambi?n como fuente y contenido de la misi?n misma de la Iglesia y de su actividad en el mundo.

PRIMERA PARTE

La Palabra de Dios como Revelaci?n del Compromiso de Dios en el mundo

Queremos advertir en primer lugar que la Palabra de Dios es fuente y contenido del compromiso de la Iglesia en el mundo, porque es, primeramente y ante todo, revelaci?n del propio compromiso de Dios en el mundo. Y as?, a grandes rasgos, podemos inmediatamente contemplar, c?mo la Palabra de Dios revela su compromiso con el mundo:

como palabra de la creaci?n en los primeros cap?tulos de la Biblia.
como palabra de la llamada y de la alianza en la historia de la vocaci?n de la salvaci?n de Abrah?n y de Israel
como palabra de la llamada, de la presencia y de la salvaci?n en la encarnaci?n, ministerio, pasi?n y resurrecci?n de Jes?s, y
como palabra de la llamada misionera (evangelizaci?n) y del ministerio en Pentecost?s y en la vida de la Iglesia a trav?s de los siglos. Este ?ltimo punto coincide expl?citamente con el tema que me ha sido asignado para esta ma?ana: el compromiso de la Iglesia en el mundo

1. La Palabra de la Creaci?n:

La primera instancia de la revelaci?n de la Palabra de Dios al mundo, fue en realidad, en la creaci?n. La serie de expresiones "Dios dijo" (ר מ א י ו) realizaron "la irrupci?n en el silencio de la nada"[3] para producir la realidad creada. La Palabra de Dios ("y Dios dijo: h?gase...") transform? el "caos" en los albores de la creaci?n en un "cosmos", un ordenado sistema mundial, capaz de sustentar la vida humana.

El pr?logo del Evangelio de Juan expresa bellamente este primer compromiso de la palabra de Dios con el mundo como "creaci?n": "Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe" (Jn 1, 3; cfr. Is 45, 12. ss; Job 38,4; Neh 9,6 etc.). Lo que ha sido llamado a la existencia por la Palabra de Dios era "vida". La Creaci?n nace de la Palabra de Dios que supera la nada y crea vida.

La Creaci?n, sin embargo, no es un encuentro fugaz de la Palabra de Dios con el mundo. Creaci?n denota m?s espec?ficamente un sostenido encuentro de su Palabra con el mundo, que contin?a en la existencia, porque Dios contin?a a sostenerlo con su Palabra. Dios est? siempre comprometido con la creaci?n, obra de sus manos; y es ?ste el sentido de la creaci?n como cosmos, el que mejor ilustra el poder sustentador de su palabra en la creaci?n. "Cosmos" (κοσμέω --- cfr. cosm?ticos) describe el mundo creado como un ordenado y adornado sistema. Ello connota belleza y bondad, porque hay orden; y esto es en lo que la Palabra de Dios ha transformado el caos (el tohu wabohu) en la creaci?n. As?, el caos ante la presencia de y con la Palabra de Dios se convierte en un cosmos. Por el contrario, el cosmos privado de, y sin la Palabra de Dios se revertir? en caos. La continuada existencia y evoluci?n del cosmos, por lo tanto, se debe al poder creador y transformador de la Palabra de Dios siempre presente en el mundo. As? fue dicho por el profeta: "(Dios) no la cre? ca?tica, sino que para ser habitada la plasm?" (Is 45, 18).

El compromiso de Dios para el mundo, como un sistema creado, es revelado no s?lo por el sustento de la Palabra y la permanencia de la creaci?n en el ser; es tambi?n dado a conocer por el cumplimiento del designio de Dios en el mundo por medio de su Palabra (Is 55, 10ss). En este sentido, para el mundo ser?a una situaci?n cr?tica y arriesgada el hecho de estar sin la Palabra de Dios, ya sea a causa de sus propios pecados (Am?s 8, 11) ya sea por la falta de profetas y sacerdotes (Sal 74, 9).

Por tanto, los relatos de la creaci?n, nos muestran a Dios que act?a en el mundo como fuente de vida y amante de la vida, estableciendo, de este modo, orden y belleza, y disipando el caos y la confusi?n; la confusi?n de roles e identidades conduce al caos. Dios es, pues, promotor y amante de la vida.

2. La palabra de la Llamada y de la Alianza

La segunda instancia de la revelaci?n de la Palabra de Dios en el mundo, como una expresi?n del compromiso de Dios con lo que ha creado, es la historia de la salvaci?n del ser humano, la cual tambi?n tom? la forma de una "llamada" (la palabra de la llamada). ?sta inicia con la vocaci?n de Abrah?n, que luego condujo a la llamada de Israel como pueblo de Dios. En Abrah?n y en su descendencia, el pueblo de Israel, la Palabra de Dios, de llamada se tradujo en promesa y bendici?n, por la cual Dios se compromete con Abrah?n y su descendencia por medio de una serie de alianzas, gratuitas iniciativas de Dios, que les ofrece su amistad y los invita a la comuni?n y a la fraternidad.

As?, Dios llam? a Abrah?n en Ur de los Caldeos, le prometi? hacer de ?l una gran naci?n, un gran nombre, y que ser?a una bendici?n para todas las familias de la tierra (Gn 12, 1-3). La vida de los patriarcas Isaac y Jacob supuso el inicio de la realizaci?n de los contenidos de las promesas incluidas en la primera palabra de la llamada dirigida a Abrah?n

Esta primera palabra de la llamada condujo a una segunda palabra de la llamada, la que sacar?a de Egipto a los hijos de Israel. "De Egipto llam? a mi hijo" (Os 11,1; Ex 3,6 ss). Nuevamente, Dios, de acuerdo con esta llamada, se comprometi? con los hijos de Israel en un pacto sobre el Monte Sina? (Ex 19-20; 24; Dt 5, 2; 29; Jr 11, etc.): "Yo ser? vuestro Dios, y vosotros ser?is mi pueblo". Esta fue la idea-clave de aquella alianza; y Dios se estableci? con Israel en "la tierra prometida".

El surgimiento de los Jueces y de los Reyes -sobre todo la elecci?n de David (2 Sam 7), a quien Dios prometi? "mantener siempre una l?mpara encendida delante de ?l en Jerusal?n"-, la unci?n real y la vocaci?n prof?tica pertenecen al ?mbito del compromiso de Dios con Israel como su pueblo y heredad.

A trav?s de su palabra, como palabra de la llamada y como palabra de la alianza, Dios se comprometi? con la descendencia de Abrah?n, el pueblo de Israel, con una serie de alianzas que fueron introduci?ndolo en la comuni?n con Dios, aun cuando Israel daba muestras de ser indigno de ello. La iniciativa era siempre de Dios. Su amor y su misericordia, y no los m?ritos de Israel, sosten?an su llamada y su alianza con ?l.

En esta fase de la historia de Israel, el compromiso de Dios toma la forma de la revelaci?n de la absoluta gratuidad de su condescendiente iniciativa de comprometerse a s? mismo con la humanidad en alianzas, proyect?ndola en la amistad y la comuni?n. En la consiguiente relaci?n, Dios revela el amor, la misericordia, la compasi?n y la fidelidad con la cual se compromete con el mundo y la humanidad, mientras que mantiene ante el mundo las virtudes de la paz, la justicia, la seguridad, la fraterna preocupaci?n, la honestidad y la fidelidad, ense?ando a cultivarlas. La historia de las "alianzas" (conduciendo a la "nueva y eterna alianza en la sangre de Cristo") es la historia del incansable compromiso y vinculaci?n de Dios con el hombre y con su mundo. Como en la proverbial "madre" de la profec?a de Isa?as (Is 49, 15), Dios no puede olvidar a "su hijo peque?o", el mundo y el hombre que ?l ha creado.

El exilio de Babilonia concluye esta fase de la existencia de Israel en la "tierra prometida"; pero esto fue para conducir a otra palabra de la llamada a trav?s de la cual Dios restaurar?a a su pueblo en la "tierra prometida". En efecto, cuando Dios "tom? de la mano derecha, a Ciro, lo ungi? y lo llam? por su nombre" (Is 45, 4; 48, 15), lo cual era para el bien de Israel, su elegido; era "para erigir la ciudad de Dios y realizar el prop?sito de Dios sobre Babilonia" (Is 48, 14b).

En el per?odo del post-exilio y en cumplimiento de la completa liberaci?n de su pueblo para servirle s?lo a ?l y en santidad, Dios llam? a su siervo y abri? su o?do para que escuchara el mensaje dirigido a su pueblo y posteriormente tambi?n para las naciones (Is 50, 4-5). "Yo, el Se?or, te llam? en la justicia, te sostuve de la mano, te form? y te destin? a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones" (Is 42, 6). En la unci?n y el poder del Esp?ritu de Dios, el siervo de Dios fue enviado no s?lo para portar buenas nuevas y anunciar el a?o de gracia de Dios (Is 61, 1-2), sino para identificarse con los pecados de su pueblo. En solidaridad con ellos, ?l sufri? vicariamente por sus pecados para hacerlos justos (Is 53, 11-12). Esta fue otra llamada; y fue la llamada del Mes?as.

Ya en el contexto de las relaciones de la alianza, Dios realiz? ciertos signos de su bendici?n para con el mundo referidos a personas individuales. Abrah?n fue como un signo de bendici?n para Abimelec; y Jos? lo fue de igual modo para la tierra de Egipto. De modo semejante, Dios instituy? a Mois?s como representante corporativo del pueblo, asumiendo en ?l mismo la suerte y el destino del pueblo (Ex 17, 10 ss.; 32, 32). Dios elegir?a ciertos individuos y pueblos para ejercer roles trav?s de los cuales ?l mostrar? su compromiso con el mundo y realizar? sus prop?sitos en la vida de su pueblo, aun cuando esos roles fueran de meros intermediarios y representantes.

En la llamada y la misi?n del Siervo de Yahv?, en la profec?a de Isa?as, esta ulterior forma de compromiso de Dios con el mundo, en concreto, a trav?s de figuras representativas y corporativas lleg? a ser prominente. En la figura del Siervo de Yahv?, Dios prepar? y dispuso a su Siervo, que no solo actu? en nombre de Dios, sino que tambi?n actu? vicariamente en nombre del pueblo de Dios para justificarlo (Is 52, 13-53,12): "Mi servidor justo justificar? a muchos y cargar? sobre s? las faltas de ellos" (Is 53, 11).

La actividad vicaria del Siervo de Yahv? forma parte del compromiso y vinculaci?n de Dios con el mundo, pues muestra c?mo un individuo puede, en nombre de Dios, llevar a cabo el plan de ?ste para con el mundo, lo cual ha servido de preparaci?n para la venida y la misi?n de Jesucristo, el Mes?as: ?l es la definitiva y plena revelaci?n del compromiso de Dios para con el mundo.

3. La "Palabra" se hace carne: la presencia de Dios que salva

En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios descendi? a la tierra, tom? carne y habit? entre los hombres. Como palabra-hecha-carne, la Palabra de Dios continua llamando a la humanidad a la vida y a la verdad que conduce a la vida; y llega a ser adem?s presencia de Dios entre los hombres. As?, en Jes?s, la palabra encarnada, la revelaci?n del compromiso de Dios en el mundo y para el hombre fue expresada como una presencia: la presencia de Dios que sana, consuela, ense?a, palpa y es palpada; la presencia que expulsa los demonios, perdona los pecados, y redime o salva; es la presencia que revela el infinito amor paternal de Dios. Pues "Dios ha amado tanto al mundo que envi? a su hijo", palabra de vida eterna (Jn 6, 68), para que sus hijos tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10, 10).

Jes?s, la palabra-hecha-carne, contin?a su llamada, que fue inicialmente dirigida a sus disc?pulos, sus primeros seguidores. Aquellos que vinieron para estar con Jes?s y a quienes ?l envi? a predicar en su nombre. Para su bien, Jes?s se santific? a s? mismo, para que tambi?n ellos pudieran ser santificados. (Jn 17, 19). ?l los protegi? en el nombre del Padre y vel? por ellos (Jn 17, 12): "Padre Santo, prot?gelos en tu nombre, [el nombre] que t? me has dado" (Jn 17, 11). El asegur? a sus seguidores que estar?a con ellos hasta el fin, y or? para que "aquelosa a quienes ?l ha revelado el nombre del Padre" (Jn 17, 6) puedan estar con ?l donde ?l est?, para ver su gloria (Jn 17, 24). As?, el amor del Padre por el Hijo y el Hijo mismo estar?an con ellos.

De hecho, "Jes?s am? siempre a los suyos que estaban en el mundo, y los am? hasta el final" (Jn 13, 1)[4]; y ?l mostr? la profundidad de su amor por sus disc?pulos cuando se reclin? con ellos en la mesa de la ?ltima cena. Ah?, Jes?s actu? su compromiso con sus seguidores en dos sentidos: ?l se mostr? a s? mismo como servidor de todos, lavando sus pies ("Yo estoy entre vosotros como uno que sirve"); y a trav?s de los signos sacramentales del pan partido y el vino ofrecido. ?l se entreg? a s? mismo como oblaci?n por sus seguidores, y les ofreci? esta oblaci?n como comida (alimento). Pero esto no acab? ah?. Jes?s hizo que este acto de total oblaci?n fuera presencia permanente suya por medio de la instituci?n de la Eucarist?a en la ?ltima cena. "Si el mundo antiguo hab?a so?ado que, en el fondo, el verdadero alimento del hombre -aquello por lo que el hombre vive- era el Logos, la sabidur?a eterna, ahora este Logos se ha hecho para nosotros verdadera comida como amor".[5]

Con el nacimiento de Jesucristo, la Palabra de Dios asumi? la carne, se hizo un hombre y una presencia en el mundo. Al hacerse hombre, Jes?s fue reconocido como quien ha "tomado la condici?n de un esclavo" (Flp 2, 7), se ha hecho "cordero de Dios" (Jn 1, 36) adem?s de "sacerdote y v?ctima de sacrificio" (Hb 9-10); se identific? con los pecadores, aceptando su bautismo (Mt 3, 13); asumi? sus pecados y muri? por el pueblo (Jn 18, 12); se hizo como uno "sin hogar" para estar junto los que no tienen hogar (Mt 8, 20; Lc 9, 58). El compromiso de Dios en el mundo asumi? - en la "Palabra de Dios hecha carne"- una caracter?stica y significativa forma de solidaridad con la humanidad. Como presencia en la carne, Jes?s se abraz? a los peque?os en una muestra de afecto. ?l toc? a los enfermos, los san? y los consol?, y ellos se acercaron a ?l y lo tocaron. ?l visit? a los enfermos y a los compungidos. Mostr? su compasi?n, hacia las necesidades f?sicas de los hambrientos, hacia los ignorantes y hacia los entendidos, atendiendo las necesidades espirituales del perd?n de los pecados, de la reconciliaci?n y de la liberaci?n de los esp?ritus inmundos. En s?ntesis, la vida y la misi?n de Jes?s, la Palabra encarnada de Dios, revela el compromiso de Dios en el mundo en la m?ltiple forma de gestos, acciones y servicios que, estando centrados en Dios, van dirigidos a procurar el bienestar del hombre y su mundo.

Y lo m?s importante, Jes?s percibi? la exigencia de su misi?n, por ello eligi? a sus seguidores (disc?pulos), prepar?ndolos y d?ndoles poder para dicha misi?n. Con ellos, celebr? la primera Eucarist?a y la confi? a ellos como un signo efectivo de su permanente e indefectible presencia, la m?xima revelaci?n del permanente compromiso de Dios con el mundo.

4. La palabra de la llamada misionera a evangelizar

A trav?s del encargo misionero que Jes?s confi? a sus seguidores, como ap?stoles, el Logos, palabra de la llamada de Dios, contin?a su obra, pero ahora como "palabra de la llamada misionera", y difundi?ndose entre "todos aquellos que a trav?s de su [ap?stoles] palabra llegar?n a creer en ?l [Jes?s]" (Jn 17, 20). Estos podr?an ser "las otras ovejas que nos son de este redil; tambi?n a ?sas debo conducir; escuchar?n mi voz y habr? un solo reba?o, bajo un solo pastor" (Jn 10, 16).

En Pentecost?s, esto comienza a suceder. La Palabra de Dios que acompa?? la predicaci?n de Pedro hasta reunir tres mil personas de distintas procedencias en torno a los disc?pulos de Jes?s, da origen a la Iglesia. Ah?, a trav?s de la Palabra de Dios, la oraci?n, la fracci?n del pan y la fraternidad, la presencia de Dios con su pueblo fue celebrada y contin?a celebr?ndose hasta nuestros d?as. "Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos" (Mt 18, 20). La presencia del Se?or que act?a entre sus seguidores los hace testigos suyos, extensi?n de su ministerio en el mundo hasta el final de los tiempos, y por tanto, extensi?n de la revelaci?n en Jes?s del compromiso del Padre para con el mundo, su creadora y convocadora palabra de salvaci?n. El compromiso de la Iglesia en el mundo debe ser una continuaci?n y un signo del propio compromiso de Dios revelado en Jes?s. Se deriva de Cristo, su cabeza, y es predicaci?n suya. As?, la Palabra de Dios en su forma preeminente e inspirada, que es la Escritura, y en sus formas derivadas en las ense?anzas de la Iglesia, constituye la fuente de todas las formas de compromiso de la Iglesia en el mundo.

El compromiso de la Iglesia en el mundo, por lo tanto, puede ser solo de un tipo - de hecho un sacramento - el del compromiso de Dios revelado en la Palabra.

SEGUNDA PARTE: PALABRA DE DIOS Y COMPROMISO EN EL MUNDO

La consideraci?n de nuestro compromiso en el mundo, inspirado por la Palabra de Dios, como Iglesia y como cristianos, puede asumir diversos enfoques. En Jes?s, la palabra encarnada, Pablo ha identificado la "manifestaci?n de la gracia de Dios", la cual nos "ense?a a rechazar la impiedad y las concupiscencias del mundo, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestaci?n de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jes?s" (Tito 2, 11-13). Relatando esta visi?n de Pablo respecto la funci?n que ?l atribuye a la Escritura, a saber: "Toda la Escritura est? inspirada por Dios, y es ?til para ense?ar y para arg?ir, para corregir y para educar en la justicia" (2 Tim 3,16), se podr?a aqu? identificar la promoci?n de la conversi?n personal y el crecimiento en la espiritualidad como nuestra tarea en el mundo.

La Exhortaci?n Apost?lica Postsinodal "Verbum Domini", por su parte, dedica nueve n?meros (99-108) a discurrir sobre varios servicios o actividades que constituyen el ministerio social de la Iglesia: "As? pues, la misma Palabra de Dios reclama la necesidad de nuestro compromiso en el mundo y de nuestra responsabilidad ante Cristo, Se?or de la Historia"[6]. A la vez que, "el S?nodo ha recordado que el compromiso por la justicia y la transformaci?n del mundo forma parte de la evangelizaci?n."[7]

Tan cierto como esto es que la misma Palabra de Dios (la palabra de la evangelizaci?n) insta a la Iglesia y a sus hijos a construir una ciudad terrena a trav?s de las diversas formas de su compromiso y de sus ministerios sociales que son una anticipaci?n y una prefiguraci?n de la ciudad de Dios[8] En efecto, "las comunidades cristianas, con su patrimonio de valores y principios [deben contribuir] mucho a que las personas y los pueblos hayan tomado conciencia de su propia identidad y dignidad, as? como a la conquista de instituciones democr?ticas y a la afirmaci?n de los derechos del hombre con sus respectivas obligaciones."[9] Los "ministerios sociales" no esperaron hasta que la Iglesia estuvo propiamente establecida hacia el a?o 300 despu?s de Cristo; no, los ministerios - y sus repercusiones - tuvieron su origen casi inmediatamente (v?anse los primeros cap?tulos de los Hechos de los Ap?stoles) despu?s de Pentecost?s y muy pronto fueron causa de persecuciones, al igual que hoy en d?a. Por tanto ahora, en todas las diferentes culturas y circunstancias, ?c?mo pueden la Iglesia y los cristianos contribuir del modo m?s apropiado a edificar sociedades m?s justas, m?s reconciliadas, m?s pac?ficas, m?s conscientes de los derechos humanos, m?s conscientes de la dignidad de las personas y m?s conscientes del bien com?n?

La m?s autorizada y completa respuesta disponible en la actualidad puede descubrirse en la enc?clica Caritas in veritate, la cual re?ne muchos recursos de la Escritura y de nuestra tradici?n social cat?lica y los coloca a la base de las cruciales cuestiones sociales de nuestros d?as: los inicios del siglo veintiuno. La enc?clica reformula - y adecuadamente sit?a- nuestra preocupaci?n por el compromiso en el mundo de la siguiente manera:??C?mo estamos nosotros "dando forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, haci?ndola en cierta medida una anticipaci?n que prefigura la ciudad de Dios?[10]

?C?mo act?a, por tanto, el ser humano, como ciudadano del aqu? y del ahora, as? como tambi?n de la ciudad celeste, en raz?n de su nuevo nacimiento por medio de la imperecedera semilla de la Palabra de Dios (1 Pe 1, 23), c?mo realiza su compromiso y lleva a cabo su contribuci?n a favor de la edificaci?n de una ciudad humana que refleje con fidelidad la ciudad de Dios? A esta gran interrogante, la Escritura responde: es por la gracia y el poder de la Palabra de Dios por medio de los cuales ?l lleva a cumplimiento todos sus designios; y es a trav?s de la Palabra de Dios como se convierte en principio de nuestra vida, tal como se?ala San Pablo: "Que la Palabra de Dios viva en vuestros corazones". A esta misma cuesti?n, la Caritas in veritate ofrece una respuesta sint?tica: "La ?ciudad del hombre? no se promueve s?lo con relaciones de derechos y deberes, sino, antes y m?s a?n, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comuni?n" (CiV 6). Es cuesti?n de restablecer las relaciones rotas por la violencia y de promover unas relaciones m?s constructivas. En el pasado, la Iglesia se proyect? a s? misma en las estructuras del Estado - cuius regio, eius religio-, pero nosotros comprendemos ahora la sana y real separaci?n (!aunque compleja!) en las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Pero cuando nosotros hablamos de "edificaci?n", por favor notemos que los arquitectos, los constructores, los habitantes, son TODOS seculares, nosotros NO edificamos ciudades cristianas del hombre![11]

En un breve p?rrafo de s?lo ciento trece palabras, el Santo Padre detalla las cualidades y virtudes necesarias para que construyamos una Ciudad del Hombre de una manera que sea m?s conforme con nuestra dignidad, con nosotros, sus amadas Criaturas renacidas mediante Su Palabra, y que refleja y prefigura la Ciudad de Dios:

Nos preocupa justamente la complejidad y gravedad de la situaci?n econ?mica actual, pero hemos de asumir con realismo, confianza y esperanza las nuevas responsabilidades que nos reclama la situaci?n de un mundo que necesita una profunda renovaci?n cultural y el redescubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor. La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasi?n de discernir y proyectar de un modo nuevo. Conviene afrontar las dificultades del presente en esta clave, de manera confiada m?s que resignada[12].

El Santo Padre no prescribe plan o receta alguna, ni tampoco pol?ticas o soluciones. En cambio, recomienda la Palabra de Dios como nuestra herramienta de discernimiento. El Santo Padre parece establecer un enfoque conjunto que invita - de hecho insta - a continuar la labor de la Palabra en el mundo, un proceso o din?mica que en s? misma incorpora y refleja en el tiempo la propia Palabra de Dios de compromiso: creativa, convocante, vinculante, presente y salvadora, misionera y evangelizadora, continuadora de la historia de la salvaci?n, "hasta el final de los tiempos", mientras edifica la ciudad del hombre con cualidades m?s cercanas a la Ciudad de Dios. El enfoque se puede resumir en estas cinco competencias o cualidades inter-relacionadas:

Las cinco competencias para nuestro compromiso:

1. Comenzar con una actitud realista.
2. Basar el trabajo en valores fundamentales
3. Con confianza, asumir las nuevas responsabilidades
4. Estar abierto a una profunda renovaci?n cultural
5. Comprometerse a trabajar con coherencia y consistencia

Estos son cinco aspectos o dimensiones para cada cristiano, para la pastoral social y para realizar nuestro compromiso en el mundo. Perm?tannos brevemente explorar cada una de ellas:

1.????? El primer paso es comenzar con una actitud realista, haciendo frente a las dificultades del tiempo presente, no con respuestas prefabricadas o ideolog?as simplistas, sino con la Palabra de Dios como nuestra clave de discernimiento.

?"?Al atardecer, dec?s: ?Va a hacer buen tiempo, porque el cielo est? rojo como el fuego?. Y de madrugada, dec?s: ?Hoy habr? tormenta, porque el cielo est? rojo oscuro?. ?De manera que sab?is interpretar el aspecto del cielo, pero no los signos de los tiempos!" (Mt 16, 2-3). Interpretar los signos de los tiempos es asumir la responsabilidad de "leer". Muchos prefieren permanecer pasivos a la espera de que las cosas tomen un nuevo curso para luego poder lamentarse libremente. Pues en efecto, se necesita un verdadero esfuerzo para mantenerse en la lectura de los signos de los tiempos, es nuestra responsabilidad cristiana el hacerlo con equilibrio e inteligencia.

Entonces Jes?s dijo, "?Qui?n de vosotros, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qu? terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se r?an de ?l, diciendo: 'Este comenz? a edificar y no pudo terminar.'" (Lc 14, 28-30). Parece sencillo, ser ingenuo y dejar las cosas al azar, pero eso no es suficiente para edificar una ciudad digna del hombre.

?"Por eso, a la luz de las palabras del Se?or, reconocemos los ?signos de los tiempos? que hay en la historia y no rehuimos el compromiso en favor de los que sufren y son v?ctimas del ego?smo."[13] "La Palabra de Dios nos hace estar atentos a la historia y a todo lo nuevo que brota en ella."[14]

2. Nuestro siguiente paso es basar el trabajo en valores fundamentales, una nueva visi?n del futuro, lo cual solo puede dar comienzo con uno mismo, y por ello esta segunda competencia puede correctamente ser llamada conversi?n, metanoia.[15] Conocerse y aceptarse a s? mismo es el principio de la sabidur?a. Y esta actitud debe estar acompa?ada por la disposici?n a cambiar, a trabajar en s? mismo.

Cuando Jes?s pronuncia la par?bola del sembrador (Mt 13, 8 -9), concluye diciendo que algunas semillas cayeron en "tierra buena", pero la tierra buena no es un resultado accidental, requiere de duro trabajo para ser preparada, adem?s de paciencia. Cuando el propietario de la vi?a pierde la paciencia con la higuera, que durante tres a?os no ha producido frutos, el vi?ador solicita otra oportunidad: "Pero ?l respondi?: "Se?or, d?jala todav?a este a?o; yo remover? la tierra alrededor de ella y la abonar?". ?Mostramos realmente una disposici?n a mantenernos trabajando en nuestra propia tierra? ?Recordemos que Jes?s es el jardinero, ?l es el sembrador!

?"La Palabra divina ilumina la existencia humana y mueve a la conciencia a revisar en profundidad la propia vida, pues toda la historia de la humanidad est? bajo el juicio de Dios."[16]

3. Con confianza, m?s que con resignaci?n, hemos de afrontar las nuevas responsabilidades, asumi?ndolas con una nueva vocaci?n y misi?n. Para un cristiano el punto de partida y la meta de todo compromiso es Cristo, Alfa y Omega. Nuestra visi?n est? completamente informada por el plan salv?fico de Dios para el mundo - como se establece en las Escrituras y se ha expresado definitivamente en la vida y misi?n de Cristo, prolongada a trav?s de la historia en la Iglesia - y que tiene su centro en la persona humana. Es ese el fundamento de nuestra vida y misi?n.

"El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembr? en su campo. En realidad, esta es la m?s peque?a de las semillas, pero cuando crece es la m?s grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto" (Mt 13, 31-32). Y escuchando la par?bola de los talentos, Mt 25, 14-30; Lc 19, 12-27 - ?asumiremos lo que hemos recibido, m?s all? de nuestro temor o inseguridad, o cavaremos en el suelo y lo ocultaremos? ?O correremos el riesgo de invertir y desarrollar los talentos sin saber lo que recibiremos a cambio?

"As? pues, la misma Palabra de Dios reclama la necesidad de nuestro compromiso en el mundo y de nuestra responsabilidad ante Cristo, Se?or de la Historia. Al anunciar el Evangelio, d?monos ?nimo mutuamente para hacer el bien y comprometernos por la justicia, la reconciliaci?n y la paz."[17]

4. Para la cuarta competencia, el cuarto "c?mo", el Santo Padre nos anima a estar abiertos hacia una profunda renovaci?n cultural y a mostrar confianza y esperanza. S?, est? muy difundido el ser negativo, nihilista, pesimista - lo que no s?lo nos deja fuera de alcance, sino que tambi?n nos ausenta de ambas historias, la humana y la divina. R?pidamente identificados culturalmente, por tanto, nosotros cristianos creemos firmemente que un mundo m?s justo y pac?fico es posible, y por tanto "nosotros mismos hemos de ser instrumentos de reconciliaci?n y de paz."[18]

Cuando Jes?s envi? a los "setenta y dos disc?pulos" para que lo antecedieran en los lugares que ?l plane? visitar, ?l mismo dijo "Yo os env?o como a ovejas en medio de lobos" (Lc 10, 1-20). No ocult? las dif?ciles circunstancias; La confianza en Jes?s hizo que "los setenta y dos volvieran llenos de gozo". Sin embargo habr? menos ?xito en Atenas, centro cultural de la civilizaci?n mediterr?nea y "ciudad llena de ?dolos", a la que Pablo lleg?, para despu?s, mediante un astuto uso de la ley romana, alcanzar el centro del imperio romano[19].

En palabras del Papa Pablo VI, debemos "alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inter?s, las l?neas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que est?n en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvaci?n."[20]

?5. Finalmente, recapitulando la sabidur?a de las cuatro previas, la quinta competencia nos permitir? comprometernos con nuevas reglas, nuevas formas de compromiso, con coherencia y consistencia. Apreciando el plan de Dios y nuestra funci?n en ?l, "de ah? nace el deber de los creyentes de aunar sus esfuerzos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad de otras religiones, o no creyentes, para que nuestro mundo responda efectivamente al proyecto divino: vivir como una familia, bajo la mirada del Creador".?[21]

Jes?s dispens? las nuevas formas y normas del compromiso, principalmente a trav?s de acciones, pero tambi?n con sus palabras. Su cr?tica a la antigua ley, puede ser sintetizada en aquella frase. "El S?bado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el S?bado" (Mc 2, 27). Su ense?anza sobre la nueva ley se puntualiza en Jes?s lavando los pies de los Doce (Jn 13, 3-11). Expl?citamente establece la nueva ley del servicio a los semejantes con su propia coherencia y consistencia ... que poco despu?s sellar? con su muerte sacrificial en la cruz.

La dignidad humana es una "caracter?stica impresa por Dios Creador en su criatura, asumida y redimida por Jesucristo por su encarnaci?n, muerte y resurrecci?n. Por eso, la difusi?n de la Palabra de Dios refuerza la afirmaci?n y el respeto de estos derechos".[22]

Subrayando la cooperaci?n, por tanto, que subyace en las cinco maneras de realizar nuestro compromiso, las cuales pone a la persona humana en el centro de nuestra atenci?n, ?ste debe ser nuestro foco, como el Papa Benedicto XVI incasablemente ense?a, si hemos de construir una ciudad del hombre digna de nosotros mismos y de nuestros descendientes en las generaciones venideras. En efecto, la Palabra humano-divina es el centro de nuestra fe, y la vocaci?n humano-divina del hombre es el centro de nuestro compromiso.

CONCLUSI?N

"La acci?n del hombre sobre la tierra, cuando est? inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificaci?n de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana..."[23] Hemos comenzado con la Palabra de Dios. Hemos considerado la Palabra?creadora, que convoca, comprometida, presente y salvadora, que se hace efectiva en el env?o de los Disc?pulos. Nos hemos dirigido luego a la exhortaci?n Apost?lica Verbum Domini, en la que encontramos que la Tercera Parte (nn. 90-120) se titula "Verbum Mundo", la Palabra para el mundo - y por tanto la Iglesia para el mundo. Es lo que se dice, con otras palabras en Gaudium et Spes, y espec?ficamente en Verbum Domini (99-108). Con lo que aqu? se afirma, es preciso sintetizar las cinco competencias y conectarlas con nuestra vocaci?n de seguidores de Cristo en el espacio p?blico o el ?mbito social - el mundo de la historia humana: aqu? es en donde establecemos la conexi?n con nuestros conciudadanos, tan diferentes en sus creencias y convicciones y con quienes, sin embargo, nos mantenemos firmes en nuestra com?n humanidad - en la edificaci?n de esa ciudad del hombre que ha de prefigurar con mayor dignidad la Ciudad de Dios. El propio compromiso de Dios con el mundo por la Palabra, ha de ser llevado a cabo del mejor modo posible por nuestro competente y generoso compromiso, con los pobres de las tantas pobrezas que hemos de combatir, nuestro compromiso en favor de la reconciliaci?n, la justicia y la paz.

En la din?mica y recuerdo de la historia de la salvaci?n, la Palabra de Dios llama al cosmos para que surja del caos, llama a Abrah?n a salir de su tierra y luego al pueblo a salir de Egipto; nos ha llamado "mientras aun ?ramos pecadores" (Rm 5,8) para "vivir, la vida plena" (Jn 10, 10). Ahora nos llama a ser su Cuerpo en el mundo, "alimentando al hambriento, dando de beber al sediento, hospedando al extranjero, vistiendo al desnudo, cuidando a los enfermos y visitando a los encarcelados" (Mt 25, 31-46).

"Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia" y la paz (CiV 78).

"Se cumple aqu? la profec?a de Isa?as sobre la eficacia de la Palabra del Dios: como la lluvia y la nieve bajan desde el cielo para empapar la tierra y hacerla germinar, as? la Palabra de Dios ?no volver? a m? vac?a, sino que har? mi voluntad y cumplir? mi encargo? (Is 55,10s). Jesucristo es esta Palabra definitiva y eficaz que ha salido del Padre y ha vuelto a ?l, cumpliendo perfectamente en el mundo su voluntad."[24]

[1] V. gr. La Reina-Valera, Biblia Traducci?n Interconfesional, Biblia Pastoral, Biblia Cat?lica para J?venes, Biblia del Peregrino, La Biblia de las Am?ricas, Biblia de Am?rica, Biblia Latinoamericana, etc.
[2] Sagrada Biblia. Versi?n oficial de la Conferencia Episcopal Espa?ola, Madrid: Biblioteca de Autores cristianos, 2010.
[3] Benedicto XVI, Exhortaci?n Apost?lica Verbum Domini, n. 1.
[4] Cfr. Tambi?n Plegaria Eucar?stica IV.
[5] Deus Caritas est, n. 13.
[6] Verbum Domini, n. 99.
[7] Verbum Domini, n. 100.
[8] Cfr. Caritas in veritate, n. 7.
[9] Benedicto XVI, Mensaje, XLIV Jornada Mundial de la Paz 2011, ?7
[10] Caritas in veritate, n. 7.
[11] "Ciertamente, no es una tarea directa de la Iglesia el crear una sociedad m?s justa" (Verbum Domini, n. 100).
[12] Caritas in veritate, n. 21.
[13] Verbum Domini, n. 100.
[14] Verbum Domini, n. 105.
[15] Juan Pablo II habla de la necesidad de vivir las Bienaventuranzas y de poseer la espiritualidad de misioneros en el mundo actual. Cfr. Redemptoris Missio nn. 87-91.
[16] Verbum Domini, n. 99.
[17] Verbum Domini, n. 99.
[18] "Nunca olvidemos que ?donde las palabras humanas son impotentes, porque prevalece el tr?gico estr?pito de la violencia y de las armas, la fuerza prof?tica de la Palabra de Dios act?a y nos repite que la paz es posible y que debemos ser instrumentos de reconciliaci?n y de paz?". Verbum Domini n. 102 citando Benedicto XVI, Homil?a (25 enero 2009): L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa?ola (30 enero 2009), 6.
[19] Cf Verbum Domini, n. 92.
[20] Verbum Domini, n. 100 citando Evangelii Nuntiandi n. 18.
[21] Caritas in veritate, n. 57.
[22] Verbum Domini, n. 101.
[23] Caritas in veritate, n. 7.
[24] Verbum Domini, n. 99 refierendo Is 55, 10s.


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