Jueves, 24 de febrero de 2011

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los participantes de la Asamblea General de la Fraternidad sacerdotal de los misioneros de san Carlos Borromeo, con motivo de la celebraci?n del 25 aniversario de la fundaci?n de la comunidad, en la Sala Clementina del Palacio Apost?lico, el? s?bado 12 de Febrero de 2011.

Queridos hermanos y amigos,

os recibo con gran alegr?a a vosotros, sacerdotes y seminaristas de la Fraternidad de san Carlos, que hab?is venido aqu? a celebrar el 25? aniversario de su nacimiento. Saludo y agradezco al fundador y superior general, monse?or Massimo Camisasca, su consejo, y a todos vosotros, parientes y amigos, que form?is parte de esta comunidad. En particular, saludo al arzobispo de la Madre de Dios de Mosc?, monse?or Paolo Pezzi y a don Juli?n Carr?n, presidente de la Fraternidad de Comuni?n y Liberaci?n, que constituyen simb?licamente los frutos y la ra?z de la obra de la Fraternidad de san Carlos. Este momento me trae a la memoria la larga amistad con monse?or Luigi Giussani y testifica la fecundidad de su carisma.

En esta ocasi?n, querr?a responder a dos preguntas que nuestro encuentro me sugiere: ?cu?l es el lugar del sacerdote ordenado en la vida de la Iglesia? ?Cu?l es el lugar de la vida com?n en la experiencia sacerdotal?

Vuestro nacimiento del movimiento Comuni?n y Liberaci?n y vuestra referencia vital a la experiencia eclesial que esto supone, ponen delante de nuestros ojos una verdad que se ha ido reafirmando con particular claridad desde el s.XIX en adelante y que ha encontrado una significativa expresi?n en la teolog?a del Concilio Vaticano II. Me refiero al hecho de que el sacerdocio cristiano no es un fin en s? mismo. Ha sido querido por Jes?s en funci?n del nacimiento y vida de la Iglesia. Cada sacerdote, por tanto, puede decir a los fieles parafraseando a san Agust?n: Vobiscum christianus, pro vobis sacerdos. La gloria y la alegr?a del sacerdocio consiste en servir a Cristo y a su Cuerpo M?stico. Esto da a lugar a una vocaci?n bell?sima y particular en el interior de la Iglesia, que hace presente a Cristo, porque participa del ?nico y eterno Sacerdocio de Cristo. La presencia de vocaciones sacerdotales es un signo seguro de la verdad y de la vitalidad de una comunidad cristiana. Dios, de hecho, llama siempre, tambi?n al sacerdocio; no hay un crecimiento verdadero y fecundo en la Iglesia sin una aut?ntica presencia sacerdotal que la sostenga y la alimente. Por tanto estoy agradecido a todos los que dedican sus energ?as a la formaci?n de sacerdotes y a la reforma de la vida sacerdotal. Como sucede para toda la Iglesia, tambi?n el sacerdocio tiene la necesidad de renovarse continuamente, encontrando en la vida de Jes?s las formas m?s esenciales del propio ser.

Los diversos caminos para esta renovaci?n no pueden dejar de lado algunos elementos irrenunciables. Antes que nada una educaci?n profunda en la meditaci?n y en la oraci?n, vividas como un di?logo con el Se?or resucitado presente en su Iglesia. En segundo lugar, un estudio de la teolog?a que permita encontrar la verdad cristiana en la forma de una s?ntesis ligada a la vida de la persona y de la comunidad: s?lo una mirada sabia puede, de hecho, valorar la fuerza que la fe posee para iluminar la vida y al mundo, gui?ndolos continuamente a Cristo, Creador y Salvador.

La Fraternidad de san Carlos ha destacado, durante el transcurso breve de su historia, el valor de la vida en com?n. Yo tambi?n he hablado muchas veces en mis intervenciones y despu?s de mi llamada al trono de Pedro. ?Es importante que los sacerdotes no vivan aislados en cualquier parte, sino que est?n juntos en peque?as comunidades, que se sostengan unos a otros y que hagan as? experiencia de estar unidos en su servicio a Cristo y en la renuncia por el Reino de los Cielos, y que tengan as? mayor conciencia de ello? (Luz del mundo, Ciudad del Vaticano, 2010, 208). Las cosas m?s urgentes est?n a nuestra vista en este momento. Pienso por ejemplo, en la carencia de sacerdotes. La vida en com?n no es antes que nada, un estrategia para responder a esta necesidad. No es, ni siquiera, en s? misma, s?lo una forma de ayuda frente a la soledad y a la debilidad del hombre. Todo esto puede existir, ciertamente, pero s?lo si se concibe la vida fraterna como camino para sumergirse en la realidad de la comuni?n. La vida en com?n es, de hecho, expresi?n del don de Cristo que es la Iglesia, y est? prefigurada en la comunidad apost?lica, que ha dado lugar a los presb?teros. Ning?n sacerdote administra algo suyo, sino que participa con otros hermanos en un don sacramental que viene directamente de Jes?s.

La vida en com?n, por este motivo, expresa una ayuda que Cristo da a nuestra existencia, llam?ndonos a trav?s de la presencia de los hermanos, a una configuraci?n cada vez m?s profunda a su persona. Vivir con otros significa aceptar la necesidad de la propia y cont?nua conversi?n y sobre todo descubrir la belleza de este camino, la alegr?a de la humildad, de la penitencia, y tambi?n de la conversaci?n, del perd?n mutuo, de sostenerse mutuamente. Ecce quam bonum et quam iucundum habitare fratres in unum?(Sal?133,1).

Nadie puede asumir la fuerza regenerante de la vida en com?n sin la oraci?n, sin mirar la experiencia y ense?anzas de los santos, en concreto en las de los Padres de la Iglesia, sin una vida sacramental vivida con fidelidad. Si no se entra en el di?logo eterno que el Hijo mantiene con el Padre en el Esp?ritu Santo, no es posible una aut?ntica vida en com?n. Es imprescindible estar con Jes?s para poder estar con los dem?s. Este es el coraz?n de la misi?n. En compa??a de Cristo y de los hermanos, cualquier sacerdote puede encontrar las energ?as necesarias para poder atender a los hombres, para hacerse cargo de las necesidades espirituales y materiales con las que se encuentra, para ense?ar con palabras siempre nuevas, que vienen del amor, las verdades eternas de la fe de las que tambi?n tienen sed nuestros contempor?neos

Queridos hermanos y amigos, ?continuad yendo por todo el mundo para llevar a todos la comuni?n que nace del coraz?n de Cristo! ?La experiencia de los Ap?stoles con Jes?s sea siempre el faro que ilumine vuestra vida sacerdotal! Anim?ndoos a continuar en el camino marcado en estos a?os, con gusto imparto mi bendici?n a todos los sacerdotes y seminaristas de la Fraternidad de san Carlos, a los Misioneros de san Carlos, a sus familiares y amigos.


[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:03  | Habla el Papa
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