Jueves, 24 de febrero de 2011

Homil?a de monse?or Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes para la el sexto domingo durante el a?o (13 de febrero de 2011). (AICA)

JUSTICIA SUPERIOR ????????????

Jes?s no deja ninguna duda de que su ense?anza no es una contraposici?n al juda?smo, sino su verdadera comprensi?n. ?l no cuestiona la ley y los profetas, sino la manera de interpretarlos. La moral del cristianismo no reemplaza el dec?logo sino lo comprende desde su ra?z, que es el amor. Y c?mo hay que entender el amor,? lo mostr? Jes?s por su propia vida. ?l es la ley en persona y el profeta por excelencia. Contempl?ndolo a ?l, comprendemos lo que es la justicia superior del Reino de Dios.

El Reino de Dios es la comuni?n entre todos. No es posible entrar mientras guardamos nuestras aversiones, prejuicios, rencores y mezquindades. No es suficiente no matar f?sicamente a nadie, dice Jes?s; hay que erradicar la irritaci?n contra el hermano y llegar con ?l a la reconciliaci?n antes de presentarse ante el altar. No alcanza con no llegar al adulterio en hechos concretos; hay que ser fiel en el deseo ?ntimo. La palabra empe?ada en el matrimonio vale para siempre. No hay que afirmarla con juramento. Simplemente, que el ?s? sea s?. Porque si su cumplimiento? no nace de un coraz?n recto, a la infidelidad se agregar?a todav?a la blasfemia.

Las exigencias del Reino son fuertes, pero posibles. Si confiamos en Dios, ?l actuar? en nosotros para poder aceptar ciertas? frustraciones en nuestro af?n de sentirnos realizados; o como dice Jes?s, arrancar el ojo y cortar la mano que nos tientan. Es ?sta la sabidur?a de la cruz que San Pablo anuncia hoy a los corintios: ?aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanz? a conocer?. ?Si quieres?, dijo el libro del Eclesi?stico anteriormente, ?puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que agrada al Se?or. Sus ojos est?n fijos en aquellos que lo temen?. ?Hemos de sentir la mirada de Cristo, como Pedro en el momento en que lo estaba negando en el patio del sumo sacerdote. Amargamente llor? el ap?stol cuando sali?; pero despu?s, fue capaz de dar la vida por el Se?or.

Uno de los impulsos que dio Juan Pablo II a la nueva evangelizaci?n, fue la promulgaci?n de muchos santos que en tiempos pasados y recientes han dado el testimonio de las Bienaventuranzas; personas de los m?s diversos estratos sociales, hombres y mujeres, j?venes y ni?os que han permitido que Jes?s los transformara. ?Y nos recordaba insistentemente que todos estamos llamados a la santidad; es la raz?n de nuestra vida. ?Imitar la santidad de Dios, tal y como se ha manifestado en Jesucristo, su Hijo, no es otra cosa que prolongar su amor en la historia, especialmente con respecto a los pobres, enfermos e indigentes? (Ecclesia in America, 30). ?El conocimiento concreto de este itinerario se obtiene principalmente mediante la Palabra de Dios; la lectura de la Biblia, acompa?ada de la oraci?n? (id. 31).

Hag?moslo, hermanos y hermanas, para que el Reino avance.?

Mons. Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes?


Publicado por verdenaranja @ 21:09  | Homil?as
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