Viernes, 25 de febrero de 2011

Mensaje de monse?or Jos? Mar?a Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, para la Cuaresma 2011. (AICA)

CUARESMA 2011

Queridos hermanos:

Cada a?o Cuaresma nos invita a un tiempo de reflexi?n y oraci?n, para avanzar en el camino de nuestra conversi?n y crecimiento espiritual. La meta de este camino es, en palabras del ap?stol: "revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad" (Ef. 4, 24). No nos habla de un ideal creado por nosotros o hecho a nuestra medida, sino de Jesucristo, "el hombre nuevo".

Esta simple afirmaci?n es la base y el n?cleo de todo proyecto de vida cristiana. Nuestra mirada debe dirigirse a ?l. Renovar nuestro encuentro con Jesucristo es, precisamente, el comienzo de una vida nueva. Esto hace que la fe no sea la seguridad de un conjunto de verdades, sino la vivencia y el gozo de una presencia que todo lo transforma.

Nuestra mayor amenaza, nos dec?a el Santo Padre: "es el gris pragmatismo de la vida cotidiana en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad" (Ap. 12). Esta reflexi?n, que nace de su visi?n de la vida de la Iglesia, tiene el valor de un juicio que nos interpela pero tambi?n de una palabra prof?tica que nos anima. Qu? importante que sepamos leerla! No quedarnos en el comentario de un juicio, sino destinatarios de una palabra que nos debe llevar a revisar y examinar nuestra vida y compromisos. No se trata de un juicio cerrado y sin horizontes, sino que nos presenta un camino: "A todos nos toca recomenzar desde Cristo". Esto es lo prof?tico, saber que ?l es el camino de nuestra verdad y el motivo de nuestra esperanza.

La fe es un don que nos introduce en el misterio de Dios, fuente de nuestra vida y vocaci?n; en ?l descubrimos el sentido de nuestra existencia. Es la fe la que nos hace part?cipes de la mirada de Jesucristo. S?lo desde ?l, y por obra del Esp?ritu Santo, podemos comprender el significado profundo de lo que somos como acto personal del amor creador de Dios; ella nos introduce en el ?mbito de la sabidur?a divina. El don de la fe que debemos agradecer tiene, adem?s, la exigencia de un compromiso eclesial que debemos asumir. Fe y vida no son dimensiones paralelas en el misterio de Dios, sino llamado y vocaci?n para el hombre. Cuaresma es un tiempo propicio, por ello, para detenernos a reflexionar sobre nuestro ser y presencia en la vida de la Iglesia.

No podemos separar la fe cristiana del compromiso eclesial. No es posible separar a Jesucristo de su Cuerpo, la Iglesia. En ella nacimos a la fe, y es ella qui?n nos convoca para vivir y predicar el Evangelio a nuestros hermanos. La Iglesia no es una idea a la que adherimos, sino una realidad concreta que se nos presenta en la fragilidad de lo humano y de la que somos parte por el bautismo. Ella no debe ser en primer lugar objeto de nuestra cr?tica por sus debilidades, aunque es necesario saber hacerlo cuando es un acto de amor y en el marco que corresponde, sino el lugar providencial donde estoy llamado a vivir mi vocaci?n cristiana. ?Cu?nta pertenencia nominal a la Iglesia, y que poca participaci?n en lo concreto de su vida y misi?n! La comuni?n en la Iglesia local y la participaci?n en su camino pastoral son el primer signo de la presencia del Esp?ritu Santo, que nos orienta a vivir el proyecto de Jesucristo.

Aparecida viendo esta realidad en la Iglesia nos ha planteado, para fortalecer nuestra pertenencia y renovar el ardor apost?lico, la riqueza teol?gica y pastoral de la Iniciaci?n Cristiana, que nos hace descubrir desde el bautismo y la eucarist?a la dimensi?n discipular y misionera de nuestra vocaci?n en la comunidad cristiana. "Este es el gran desaf?o en este tiempo", dec?amos en la carta sobre la Misi?n Continental (5). ?C?mo hacer renacer el celo apost?lico en quienes vivimos la seguridad de la fe en un contexto de ideas cristianas? ?Cu?ntas ausencias y lugares vac?os hay en la Iglesia! ?Cu?nta debilidad apost?lica presentan nuestras comunidades! Creo que la respuesta est? en la l?nea de aquella exhortaci?n pascual del ap?stol a: "revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios". Se trata de hacer vida el contenido de la fe que profesamos. "La relaci?n que une al disc?pulo-misionero con Jes?s no es, en primer lugar, de orden intelectual, sino la adhesi?n a su Persona por la fe" (Benedicto XVI). Este es el comienzo de una real conversi?n y de una fecunda vida eclesial.

Es importante, para ello, preguntarnos en este tiempo de Cuaresma, por el nivel con el que asumimos el ideal de nuestra vida cristiana en lo concreto de la Iglesia. Hay una median?a espiritual que quita entusiasmo y profundidad a todo proyecto de conversi?n personal, como de compromiso eclesial. Estamos bien, pero la Iglesia en nosotros se va adormeciendo, pierde su ardor apost?lico. No nos pensamos, dir?a, desde un Dios que nos llama a una vida de santidad en la entrega, ni tampoco desde una Iglesia que espera de mi presencia y compromiso. Cu?ntas veces nos pensamos desde nosotros y desde nuestros peque?os proyectos personales. El comienzo de aquel "revestirnos del hombre nuevo?.", nace de una respuesta generosa de fe a una Palabra que la he recibido como personal, dicha para m?. Debemos poner el acento no tanto en la b?squeda mezquina de nuestra realizaci?n, sino en la escucha y obediencia a esa Palabra que va a ser la causa profunda de nuestra realizaci?n, aunque nos parezca que nos saca de esa rutina en la que nos sentimos seguros. La fe es confianza en Dios.

En este contexto de reflexi?n y oraci?n quiero concluir con el llamado que nos dirige Aparecida, luego de aquella mirada cr?tica pero esperanzada sobre nuestra vida en la Iglesia. No podemos quedarnos tranquilos, nos dice, en una espera pasiva: "?Necesitamos salir al encuentro de las personas, familias.., para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo que ha llenado nuestra vida de sentido! (Ap. 548). Para ello, para convertirnos en una Iglesia llena de ?mpetu y audacia evangelizadora: "tenemos que ser de nuevo evangelizados y fieles disc?pulos". No podemos sentirnos satisfechos, ni dar nada por presupuesto y descontado: "Todos los bautizados estamos llamados a recomenzar desde Cristo, a reconocer y seguir su Presencia con la misma novedad, el mismo poder de afecto, persuasi?n y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros disc?pulos a las orillas del Jord?n" (549). No es posible una Iglesia nueva, sin un encuentro siempre nuevo con Jesucristo. La fe no es nostalgia del pasado sino la presencia de una Vida Nueva que nace de un encuentro.

Queridos hermanos, sint?monos miembros vivos de la Iglesia que con nosotros va? a ingresar en este tiempo de gracia y conversi?n. Muchas cosas van a depender a lo largo de este a?o del esp?ritu de "disc?pulos y misioneros" que logremos actualizar y celebrar en la Cuaresma. La Iglesia necesita que sus hijos se revistan "en la justicia y en la verdadera santidad", para ser testigos vivos del hombre nuevo que nace en Jesucristo. Que Mar?a Sant?sima, Nuestra Madre de Guadalupe, acompa?e nuestro camino cuaresmal. Am?n.?

Mons. Jos? Mar?a Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Los Algarrobos, Cuaresma 2011?


Publicado por verdenaranja @ 21:17  | Homil?as
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