Viernes, 04 de marzo de 2011

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Santo Padre Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 23 de Febrero de 2011?sobre san Roberto Belarmino, siguiendo el ciclo de catequesis sobre los Doctores de la Iglesia, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.

Queridos hermanos y hermanas,

San Roberto Belarmino, del cual deseo hablaros hoy, nos lleva con la memoria al tiempo de la dolorosa escisi?n de la cristiandad occidental, cuando un grave crisis pol?tica y religiosa provoc? el distanciamiento de naciones enteras de la Sede Apost?lica

Naci? el 4 de octubre de 1542, en Montepulciano, cerca de Siena, era sobrino, por parte de madre, del papa Marcelo II. Tuvo una excelente formaci?n human?stica antes de entrar en la Compa??a de Jes?s el 20 de septiembre de 1560. Los estudios de filosof?a y teolog?a, que realiz? entre el Colegio Romano, Padua y Lovaina, centrados en santo Tom?s y en los Padres de la Iglesia, fueron decisivos para su orientaci?n teol?gica. Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1570, fue, durante algunos a?os, profesor de teolog?a en Lovaina.

Sucesivamente, llamado a Roma como profesor en el Colegio Romano, le fue confiada la c?tedra de ?Apolog?tica?; en la d?cada en la que desempe?? tal encargo (1576-1586), elabor? un curso de lecciones recogidas despu?s en el Controversia, obra s?bito c?lebre por la claridad y la riqueza de contenidos y por el corte prevalentemente hist?rico. Hab?a terminado hac?a poco tiempo el Concilio de Trento y para la Iglesia Cat?lica era necesario reforzar y confirmar su propia identidad tambi?n respecto a la Reforma protestantes. La acci?n de Belarmino se insert? en este contexto. Desde el 1588 al 1594 fue, primero, padre espiritual de los estudiantes jesuitas del Colegio Romano, entre los cuales conoci? y dirigi? a san Luis Gonzaga, despu?s superior religioso. El Papa Clemente VII lo nombr? te?logo pontificio, consultor del Santo Oficio y rector del Colegio de Confesores de la Bas?lica de San Pedro. Del 1597 al 1598 escribe su catecismo, Dottrina cristiana breve, que fue su trabajo m?s famoso.

El 3 de marzo de 1599 fue nombrado cardenal por el Papa Clemente VIII y, el 18 de marzo de 1602, fue nombrado arzobispo de Capua. Recibi? la ordenaci?n episcopal el 21 de abril del mismo a?o. En los tres a?os en los que fue obispo diocesano, se distingui? por el celo con que predicaba en la catedral, por la visita que realizaba semanalmente en las parroquias, por los tres S?nodos diocesanos y un Concilio provincial al que dio vida. Despu?s de haber participado en los c?nclaves que eligieron a los Papas Le?n XI y Pablo V, fue llamado a Roma, donde form? parte de las Congregaciones del Santo Oficio, del ?ndice, de los Ritos, de los Obispos y de la Propagaci?n de la Fe. Tuvo tambi?n encargos diplom?ticos, en la Rep?blica de Venecia e Inglaterra, defendiendo los derechos de la Sede Apost?lica. En sus ?ltimos a?os compuso varios libros de espiritualidad, en los cuales condens? el fruto de sus ejercicios espirituales anuales. De la lectura de los mismos el pueblo cristiano obtiene, todav?a hoy, gran edificaci?n. Muri? en Roma el 17 de septiembre de 1621. El Papa P?o XI lo beatific? en 1923, lo canoniz? en 1930 y lo proclam? Doctor de la Iglesia en 1931.

San Roberto Belarmino tuvo un papel importante en la Iglesia en las ?ltimas d?cadas del siglo XVI y de los primeros a?os del siglo sucesivo. Sus Controversiae constituyeron un punto de referencia, todav?a v?lido, para la eclesiolog?a cat?lica sobre las cuestiones acerca de la Revelaci?n, la naturaleza de la Iglesia, los Sacramentos y la antropolog?a teol?gica. En estos se acent?a el aspecto institucional de la Iglesia, con motivo de los errores que circulaban sobre tales cuestiones. Incluso Belarmino aclar? los aspectos invisibles de la Iglesia como el Cuerpo M?stico y lo ilustr? con la analog?a del cuerpo y del alma, con el fin de describir la relaci?n entre las riquezas internas de la Iglesia y los aspectos exteriores que la vuelven perceptible. En esta obra monumental, que intenta sistematizar las varias controversias teol?gicas de la ?poca, ?l evita todo corte pol?mico y agresivo respecto a las ideas de la Reforma, y usa los argumentos de la raz?n y de la Tradici?n de la Iglesia e ilustra de un modo claro y eficaz la doctrina cat?lica

Sin embargo, su legado se encuentra en la forma en la que concibi? su trabajo. Los tediosos oficios de gobierno no le impidieron, de hecho, caminar hacia la santidad con la fidelidad a las exigencias de su propio estado de religioso, sacerdote y obispo. De esta fidelidad surge su compromiso con la predicaci?n. Siendo, como sacerdote y obispo, antes que nada un pastor de almas, sinti? el deber de predicar asiduamente. Hay centenares de sermones -las homil?as- realizadas en Flandes, en Roma, en N?poles y en Capua con ocasi?n de las celebraciones lit?rgicas. No menos abundantes son sus expositiones y las explanationes a los p?rrocos, a las religiosas, a los estudiantes del Colegio Romano, que a menudo hablan de la Sagrada Escritura especialmente de las Ep?stolas de san Pablo. Su predicaci?n y sus catequesis tienen este mismo car?cter de sencillez que obtuvo de la educaci?n jesuita, toda dirigida concentrar las fuerzas del alma en Jes?s, profundamente conocido, amado e imitado.

En los escritos de este hombre de gobierno se advierte de modo claro, incluso en la reserva en la que esconde sus sentimientos, la primac?a que asigna a las ense?anzas de Cristo. San Belarmino ofrece de esta manera un modelo de oraci?n, alma de toda actividad: una oraci?n que escucha la Palabra del Se?or, que se colma con la contemplaci?n de la grandeza, que no se encierra en s? misma, que se alegra de abandonarse a Dios. Un signo distintivo de la espiritualidad del Belarmino y la percepci?n viva y personal de la inmensa bondad de Dios, por el que nuestro Santo se sent?a verdaderamente hijo amado por Dios y era fuente de gran alegr?a el recogerse, con serenidad y sencillez, en la oraci?n, en la contemplaci?n de Dios. En su libro De ascensione mentis in Deum -Elevaci?n de la mente a Dios- compuesto sobre la estructura del Itinerarium de san Buenaventura, exclama: ?Oh alma, tu ejemplo es Dios, belleza infinita, luz sin sombras, esplendor que supera el de la luna y del sol. Alza los ojos a Dios en el que se encuentran los arquetipos de todas las cosas, y del cual, como desde una fuente de infinita fecundidad, deriva esta variedad casi infinita de las cosas. Por tanto debes concluir: quien encuentra a Dios encuentra todas las cosas, quien pierde a Dios pierde todo?.

En este texto se oye el eco de la c?lebre contemplatio ad amorem obtineundum- contemplaci?n para obtener el amor- de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola. El Belarmino, que vivi? en la fastuosa y a menudo malsana sociedad de los ?ltimos a?os del siglo XVI y la primera del siglo XVII, de esta contemplaci?n recoge aplicaciones pr?cticas y proyecta la situaci?n de la Iglesia de su tiempo con animosa inspiraci?n pastoral. En el libro De arte bene moriendi?-el arte de morir bien- por ejemplo, indica como norma segura del buen vivir y tambi?n del buen morir, el meditar a menudo y seriamente que se deber? rendir cuentas a Dios de las propias acciones y del propio modo de vivir, y evitar la acumulaci?n de riquezas en esta tierra, sino de vivir sencillamente y con caridad para acumular bienes en el cielo. En el libro De gemitu columbae -El gemido de la paloma, donde la paloma representa a la Iglesia- exhorta con fuerza al clero y a todos los fieles a una reforma personal y concreta de la propia vida siguiendo lo que ense?an las Escrituras y los Santos, entre los cuales cita en particular a san Gregorio Nacianceno, san Juan Cris?stomo, san Jer?nimo y san Agust?n, adem?s de los grandes fundadores de ?rdenes religiosas como san Benito, santo Domingo y san Francisco. Belarmino ense?a con gran claridad y con el ejemplo de su propia vida que no puede haber una verdadera reforma de la Iglesia si primero no se da nuestra reforma personal y la conversi?n de nuestro coraz?n.

En los Ejercicios espirituales de san Ignacio, Belarmino daba consejos para comunicar de un modo profunda, tambi?n a los m?s sencillos, la belleza de los misterios de la fe. Escribi? ?Si tienes sabidur?a, comprendes que has sido creado para la gloria de Dios y para tu salvaci?n eterna. Esta es tu finalidad, este es el centro de tu alma, este es el tesoro de tu coraz?n. Por esto, considera bueno para ti, lo que te conduce a esta finalidad, verdadero mal lo que no lo hace. Sucesos pr?speros o adversos, riquezas y pobreza, salud y enfermedad, honores y ultrajes, vida y muerte, el sabio no debe ni buscarlos ni evitarlos por s? mismo. Son buenos y deseables solo si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna, son malos y evitables si la obstaculizan? (De ascensione mentis in Deum, grad. 1).

Estas, obviamente no son palabras pasadas de moda, sino palabras para meditar largamente hoy por nosotros para orientar nuestro camino sobre esta tierra. Nos recuerdan que el fin de nuestra vida es el Se?or, el Dios que se ha revelado en Jesucristo, en el cual ?l continua llam?ndonos y prometi?ndonos la comuni?n con ?l. Nos recuerdan la importancia de confiar en el Se?or, de vivir una vida fiel al Evangelio, de aceptar e iluminar con la fe y con la oraci?n toda circunstancia y toda acci?n de nuestra vida, siempre deseosos de la uni?n con ?l. Gracias.

[El Papa dijo en espa?ol]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a las Aliadas Carmelitas Descalzas y a los dem?s grupos procedentes de Espa?a, M?jico, Chile y otros pa?ses de Am?rica latina. Que la ense?anza y el testimonio de vida de san Roberto Belarmino, ilumine tambi?n nuestro camino hacia Dios en la Iglesia. Muchas Gracias.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Habla el Papa
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