Viernes, 04 de marzo de 2011

Homil?a del Nuncio Apost?lico, Mons. Adriano Bernardini, en la misa de apertura de la Asamblea de las OMP (Buenos Aires, 22 de febrero de 2011). (AICA)

LA C?TEDRA DE SAN PEDRO??????????

Es con verdadero placer que una vez m?s me encuentro en esta Sede de las Pontificias Obras Misioneras, para reunirme con todos ustedes tan empe?ados en este apostolado. A todos auguro un nuevo a?o de trabajo en el esp?ritu de la Liturgia de hoy, festividad de la C?tedra de San Pedro, y sobre todo en el trozo del Evangelio que acabamos de leer.

?Y yo te digo: T? eres Pedro, y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecer? contra ella? (Mt. 16,18)

Este texto de Mateo contiene dos elementos muy importantes:

-El primado de pedro y el de sus Sucesores en la Iglesia, que Cristo ha fundado, y por lo tanto del Santo Padre;

-La asistencia de Jes?s a su Iglesia contra las fuerzas del mal.

Damos por descontado el primer punto, fundamental para la Iglesia, porque sin este primado de Pedro y la comuni?n con el mismo, no existe la Iglesia Cat?lica. Perm?tanme, en cambio, algunas reflexiones sobre el segundo punto: las fuerzas del Mal, que Mateo llama ?el poder de la Muerte?.

Asistimos hoy a un ensa?amiento muy especial contra la Iglesia Cat?lica en general y el Santo Padre en particular. ?Por qu? todo esto? ?Cu?l es el motivo principal? Lo podemos enunciar en pocas palabras: ?Es la Verdad que nos da el Mensaje de Cristo!

Cuando esta Verdad no se opone a las fuerzas del mal todo va bien. En cambio, cuanto presenta la m?nima oposici?n, surge una lucha que se hace calumnia, odio e incluso persecuci?n contra la Iglesia y m?s espec?ficamente contra la persona del Santo Padre.

Veamos alg?n punto de la historia, que es ?la maestra de la verdad?.

Los a?os inmediatamente subsiguientes al Vaticano II transcurren en una euforia general para la Iglesia y en consecuencia para el Papa. Pero es suficiente la publicaci?n de la ?Humanae Vitae?, con la que el Santo Padre confirma la doctrina tradicional, en base a la cual el acto conyugal y el aspecto procreativo no pueden ser l?citamente separados, que estallan las cr?ticas mas feroces contra Pablo VI, que hasta aquel momento hab?a agradado al mundo. Sus simpat?as por Jacque Maritain y por el humanismo integral hab?an abierto las esperanzas de los ambientes modernistas internos a la Iglesia y al progresismo pol?tico y mundano.

Lo mismo se repite m?s veces en el largo pontificado de Juan Pablo II. Cuando es elegido, las ?lites culturales occidentales est?n fascinadas por la lectura marxista de la realidad. Juan Pablo II no se adapta a este embarazoso conformismo cultural y traba con el comunismo un duelo muy duro, que lo lleva sin m?s a ser un blanco f?sico de un oscuro proyecto homicida.

Lo mismo le suceder? siempre a Juan Pablo II con respecto a la Bio?tica, sobre todo con la publicaci?n de la ?Evangelium Vitae? del 1995, un compendio s?lido y sin detracciones sobre las principales cuestiones de la vida y de la muerte.

Y ahora, siempre por el amor a la ?Verdad verdadera y Evang?lica?, el blanco se ha vuelto sobre Benedicto XVI. Ya marcado con desprecio en los a?os precedentes como ?guardi?n de la fe?, apenas elegido, acogido de inmediato por los comentaristas de todo el mundo con una mezcla de sentimientos, que iban de la rabia al miedo, al verdadero y propio temor.

Ahora, una cosa es cierta: El Papa Benedicto imprimi? a su pontificado el sello de continuidad con la tradici?n milenaria de la Iglesia y sobre todo de purificaci?n. S?, porque a la inseguridad de la fe siempre le sigue la ofuscaci?n de la moral.

En realidad, si queremos ser sinceros, debemos reconocer que a?o tras a?o ha aumentado, entre te?logos y religiosos, hermanas y obispos, el grupo de cuantos est?n convencidos que la pertenencia a la Iglesia no comporta el conocimiento y la adhesi?n a una doctrina objetiva.

Se ha afirmado un catolicismo ? ? la carte?, en el cual cada uno elige la porci?n que prefiere y rechaza el plato que considera indigesto. En la pr?ctica un catolicismo dominado por la confusi?n de los roles, con sacerdotes que no se aplican con empe?o a la celebraci?n de la Misa y a las confesiones de los penitentes, prefiriendo hacer otra cosa. Y con laicos y mujeres que buscan sustraer un poco por vez, el lugar al sacerdote para ganarse un cuarto de hora de celebridad parroquial, leyendo la oraci?n de los fieles o distribuyendo la comuni?n.

He aqu? que el Papa Benedicto, precisamente por su fidelidad a la ?Verit?? hace una cosa que escap? a la atenci?n de muchos comentaristas: trae de nuevo, integralmente, el credo en la f?rmula del concilio de Constantinopla, es decir en la versi?n normalmente contenida en la Misa. El mensaje es claro: recomenzamos de la doctrina, de los contenidos fundamentales de nuestra fe. ?S?, porque -escribe el te?logo y Pont?fice Ratzinger- el primer anuncio misionero de la Iglesia hoy es puesto en peligro por teor?as de tipo relativista, que entienden justificar el pluralismo religioso, no solo ?de facto?, sino tambi?n ?de jure?.

La consecuencia de este relativismo, explica el futuro Benedicto XVI, es que se consideren superadas una serie de verdades, como por ejemplo: el car?cter definitivo y completo de la revelaci?n de Cristo; la naturaleza de la fe teologal cristiana con respecto a la creencia en las otras religiones; la unicidad y la universalidad salv?fica en el misterio de Cristo; la mediaci?n salv?fica universal de la Iglesia; la subsistencia en la Iglesia Cat?lica de la ?nica Iglesia de Cristo.

He aqu?, por lo tanto, la Verdad como causa principal de esta aversi?n y dir?a casi persecuci?n al Santo Padre. Una aversi?n que tiene como consecuencia pr?ctica su sentirse solo, un poco abandonado.

?Abandonado de qui?n? ?He aqu? la gran contradicci?n! Abandonado por los opositores a la Verdad, pero sobre todo de ciertos sacerdotes y religiosos, no s?lo Obispos, pero no de los fieles.

As? el clero est? atravesando una cierta crisis, en el episcopado prevalece un bajo perfil, no obstante los fieles de Cristo est?n a?n con todo su entusiasmo. Obstinadamente contin?an rezando y van a Misa, a frecuentar los sacramentos y a rezar el rosario. Y sobre todo esperan en el Papa. Hay un sorprendente punto de solidez entre el Papa Benedicto y el Pueblo, entre el hombre vestido de blanco y las almas de millones de cristianos. Ellos entienden y aman al Papa. ?Esto porque su fe es simple!. Por otra parte es la simplicidad la puerta de ingreso a la Verdad.

Durante esta Celebraci?n Eucar?stica pidamos al buen Dios y a la Virgen poder formar parte, tambi?n nosotros de este tipo de cristianos.?

Mons. Adriano Bernardini, Nuncio Apost?lico?


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Hablan los obispos
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