Viernes, 04 de marzo de 2011

Homil?a de monse?or Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz?, para el s?ptimo domingo durante el a?o (20 de febrero de 2011). (AICA)

?NO ODIES EN TU CORAZ?N A TU HERMANO?NI TE VENGAR?S DE ?L????? ?????

Todo el Antiguo Testamento y la Ley, preservaban en el coraz?n del creyente el mandamiento del amor, desde la Ley de Mois?s pasando por el Libro del Lev?tico: ?Amar?s a tu pr?jimo como a ti mismo? (Lev.19,17). Y aunque el pueblo lo interpretaba en sentido restringido, es decir dentro del ?mbito del Pueblo de Israel, ya esta ley -por ser divina- contiene el esp?ritu del Nuevo Testamento, en donde Jes?s rompe todas las barreras dando al precepto del amor (caridad) dimensiones universales: ?hab?is o?do que se dijo amar?s a tu pr?jimo y odiar?s a tu enemigo, yo, -pues os digo? amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen? (Mt. 5, 43-44).

El odio a los enemigos no es un precepto b?blico, es m?s bien una deformaci?n de los preceptos del Antiguo Testamento, pues habr?a entre el amor y la misericordia de Dios una contradicci?n esencial con un precepto que nos llevara al odio de alguien, deformaci?n de la Ley convertida en norma de vida. El odio pone un abismo con el amor, motivo de la vida y de la vida misma del Redentor. Jes?s al perfeccionar la ley lo hace de un modo especial con la ?caridad-amor? que ser?n el cauce de todos los preceptos evang?licos y de la relaci?n misma del hombre con Dios y con los hermanos.

Todos los preceptos y mandamientos se reducen al ?amor? y al final de la vida seremos interrogados en el amor. Jes?s es claro: el cristiano ha de amar tanto al amigo como al enemigo sin excepci?n, no se admiten interpretaciones arbitrarias. El amor para cristo es la fuente donde nos nutrimos, es el camino por el que tenemos que caminar y es el t?rmino de nuestro andar cristiano. Nos preguntamos por qu? esta realidad tan dura en el precepto del amor, amigos y enemigos en un mismo nivel. Y esto es porque ambos son hijos de un mismo Dios y Padre y por eso todos los hombres somos hermanos y por lo tanto pr?jimos. Aqu? en este precepto no entran las distinciones humanas, el sentido de pueblo, de maldad u odio, el bien o el mal, pueblo y pueblo, raza y raza, beneficios y da?os u ofensas recibidas.

Por ning?n motivo le ser? l?cito el odiar a un creyente en Dios. M?s a?n a un cristiano, pues todos somos hijos de un mismo Padre y de un amor eterno que se cobija en nuestros corazones de hombres creyentes. ?Y qu? terrible ser?a decir que odiamos ?por amor a Dios?! Es un grave error en la concepci?n de la fe en el Dios ?nico y Se?or. El Se?or nos dijo: ?amad?para que se?is hijos de vuestro Padre Celestial que hace salir el sol sobre buenos y malos y llover sobre justos e injustos? (Ib. 44-45). Nosotros, semejantes a Cristo por el bautismo, debemos reflejar en nuestras vidas el amor de Cristo y de Cristo Crucificado por nuestros pecados. Nuestros rostros deben reflejar el amor de Cristo, nuestras palabras y gestos, cuidar lo que decimos de y a nuestro pr?jimo, cuidar lo que decimos de su fama o de su? vida. Somos f?ciles en el juzgar al hermano y hablar mal de ?l, con o sin raz?n. Esta realidad entrar? en el juicio de Dios y hemos de pagar gravemente esta falta de amor, ruptura con el precepto m?s importante de la Ley del Se?or.

El mundo tiene como necedad pagar el odio con amor, el mal con bien, las ofensas con perd?n, pero San Pablo nos ense?a que para seguir a Cristo es preciso hacerse ?necio?, ?porque la sabidur?a de este mundo es necedad a los ojos de Dios? (1 Cor. 3,19). Nosotros no somos del mundo, porque el mundo no es de Dios y tampoco su sabidur?a. El cristiano es de Cristo y Cristo de Dios y siendo de Cristo, el cristiano sigue su doctrina y con ?l? y en ?l quieren pertenecer a Dios. Imitar a Cristo en el amor nos hace vivir en una dimensi?n distinta a la de los hombres sin fe y nos lleva a elevar la dignidad humana de hijos de Dios y construir una sociedad distinta a la que vivimos, sin odios, sin rencores, reconciliados entre nosotros. Ser? la ?nica forma de sanar nuestra sociedad.

Que Mar?a, fuente del amor? eterno, nos ilumine y nos gu?e en el conocimiento del amor de Dios y nos haga testigos en el mundo de ese amor.?

Mons. Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz??


Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Homil?as
 | Enviar