S?bado, 05 de marzo de 2011

Mensaje de monse?or ?Mart?n de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio (Febrero de 2011). (AICA)

REFLEXI?N PARA EL COMIENZO DE LAS CLASES ????????

Queridos hermanos y hermanas:

Cada a?o, al empezar el a?o lectivo, la comunidad vive con renovada sensibilidad muchas ilusiones y expectativas, as? como interrogantes y desaf?os, algunos de ellos dif?ciles de resolver. Digamos algo sobre los estudiantes: la disposici?n de los ni?os que inician el Jard?n y la primaria est? marcada por la esperanza de nuevas experiencias y alentada por el apoyo y la presentaci?n de sus padres y familiares; iniciarse en la escolaridad deja una marca profunda en las personas y en nuestra sociedad, de una manera que las palabras no llegan a describir. Los m?s grandes, sobre todo quienes cambian de nivel o abordan cursos que contienen mayores exigencias y dificultades, aunque manifiesten la contrariedad de dejar atr?s los meses de vacaciones, se disponen tambi?n con alegr?a al reencuentro con sus compa?eros y a retomar la disciplina del estudio, estimulados por la curiosidad de nuevos conocimientos. Por su parte, los padres de estos ni?os y j?venes, que valoran y agradecen la posibilidad de formarse que se les ofrece a los suyos, comparten esta alegr?a esperanzada con algo de preocupaci?n: es un interrogante serio c?mo vivir?n el pasaje de la ni?ez a la adolescencia, de la adolescencia a la juventud; son conscientes de los peligros que pueden encontrar en una sociedad que no sabe o no puede proteger a sus j?venes. En el ?mbito de la escuela se perciben s?ntomas inquietantes de indisciplina y hasta de violencia; hay una invasi?n de propuestas que se presentan atrayentes, pero muchas veces son en verdad corruptoras y para nada positivas, venidas del exterior, y el mismo sector de la educaci?n no ofrece siempre el ejemplo de unidad y de responsabilidad, con sus contiendas gremiales y los paros, que se podr?a esperar de quienes son por vocaci?n y por misi?n formadores de los j?venes.

Los docentes y sus auxiliares y colaboradores, por su parte, se disponen a desempe?ar a lo largo del a?o la tarea que se les conf?a, y que han abrazado con responsabilidad y dedicaci?n, con competencia y continuidad. Todos los sectores que conforman la comunidad educativa comparten entonces una actividad muy noble, que en la tradici?n de nuestro pa?s ha alcanzado niveles de excelencia y que ha dado frutos duraderos para lograr la constituci?n de la Naci?n sobre las bases de la justicia y de la b?squeda del Bien.

Ha sido nuestra tradici?n educativa un instrumento privilegiado para fundamentar y afianzar el progreso, aportando identidad y unidad, estableciendo v?nculos que hacen a? la vida cultural, social y pol?tica. Estos valores de la educaci?n argentina se hacen presentes en cada inicio del ciclo lectivo, y nos plantean la grave cuesti?n de darles continuidad y hacerlos a?n mejores y m?s

Eficaces en este tiempo. Las contrariedades que aparecen en el camino de la sociedad argentina, las confrontaciones, la intolerancia, que a todos nos preocupan, ?no deber?an ser prevenidas con una educaci?n de mayor calidad, que abra a un humanismo m?s integral, a una visi?n m?s honesta y constructiva, y estimule el sentido de la verdad y de la justicia? ?Las ilusiones y expectativas del comienzo de las clases no se pueden limitar a las emociones pasajeras del primer d?a de Jard?n o de escuela, del cambio de nivel y del encuentro con nuevos maestros y compa?eros y el reencuentro con los ya conocidos. Seguramente, en la mirada atenta e inocente de los m?s peque?os, en la confianza de los padres, en la franca y ruidosa sociedad de los adolescentes y j?venes, en la disposici?n y ?nimo de los docentes, se puede descubrir un deseo no expresado claramente, pero muy real y urgente, y es que la educaci?n y la escuela contribuyan a mejorar a la familia argentina, y que sus aportes, tan esperados, sean los m?s justos y adecuados para el objetivo propuesto, que es formar para una sociedad justa, amante de la verdad, solidaria, acogedora y progresista.

La Iglesia Cat?lica ha dedicado siempre ingentes esfuerzos a la educaci?n de los ni?os y j?venes. Lo ha hecho de diferentes maneras, seg?n las ?pocas y las situaciones, pero sabi?ndose siempre responsable de un legado precioso, que deb?a mostrar y compartir con todos los pueblos. La Revelaci?n de Jesucristo es la llamada dirigida a todos los hombres, en todos los tiempos. En ella se encuentra la verdad y se aprende a practicar el bien, se descubre la felicidad y se camina y se obra seg?n la misma naturaleza nos ha dispuesto por el gesto creador de Dios. Estos elementos configuran la tradici?n de nuestra cultura y la historia de nuestra tierra, ellos han contribuido a formarnos y a que seamos lo que somos.??

Por eso, frente a la responsabilidad que tenemos para con las nuevas generaciones, la Iglesia propone el redescubrimiento de nuestras ra?ces cristianas, de la cultura animada por la inteligencia de la fe, de una conducta cimentada sobre el amor y la justicia.??

Este es el mejor deseo que podemos expresar en estos d?as del comienzo del a?o lectivo: que nuestra escuela reencuentre y profundice su propia identidad y su misi?n formativa, y proyecte hacia la sociedad el fruto de su dedicaci?n y entrega, para trasmitir y afianzar los valores permanentes, espirituales y humanos, sobre los que ha de construir la verdadera fraternidad.

Con mucho afecto, los saluda y bendice,?

Mons. Mart?n de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio
Febrero de 2011?


Publicado por verdenaranja @ 22:31  | Hablan los obispos
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