Viernes, 11 de marzo de 2011

ZENIT?? nos ofrece por su indudable inter?s las palabras que pronunci?el lunes 28 de Febrero de 2011?el cardenal Antonio Mar?a Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Espa?ola, durante el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de la CEE.

Queridos Hermanos Cardenales, Arzobispos y Obispos,
Se?or Nuncio,
colaboradores de esta Casa,
se?oras y se?ores:

A todos saludo muy cordialmente al comienzo de esta Asamblea Plenaria, ya la n?mero noventa y siete en la historia de nuestra Conferencia Episcopal, que se va acercando al medio siglo de su existencia. Justo ayer se cumpl?an los cuarenta y cinco a?os de la aprobaci?n de los primeros Estatutos, el 27 de febrero de 1966 [1].

Saludo especialmente al se?or obispo de Solsona, Mons. D. Xavier Novell Gom? y al se?or obispo auxiliar de Sevilla, Mons. D. Santiago G?mez Sierra, que participan en la Asamblea por primera vez. Para ellos, la m?s cordial bienvenida y enhorabuena. Felicitamos tambi?n a Mons. D. Atilano Rodr?guez Mart?nez, a quien el Santo Padre ha elegido como pastor de la di?cesis de Sig?enza-Guadalajara, as? como a Mons. D. Ra?l Berzosa Mart?nez, elegido para la de Ciudad Rodrigo. Pronto ser?n ordenados obispos D. Juli?n Ruiz Martorell, para las sedes de Jaca y de Huesca, y D. Eusebio Hern?ndez Sola, para la de Tarazona. Los felicitamos y encomendamos al Se?or.

Encomendamos tambi?n al Se?or a nuestro hermano Mons. D. Ambrosio Echebarr?a Arroita, obispo em?rito de Barbastro-Monz?n, fallecido el d?a 6 de diciembre con la esperanza de la Resurrecci?n.

I. ?Hacia el gran encuentro de Madrid 2011":

Son las palabras con las que Benedicto XVI terminaba su alocuci?n del Angelus del 5 de septiembre del a?o pasado, en la que hizo una presentaci?n sint?tica del Mensaje que hab?a dirigido pocos d?as antes a los j?venes del mundo con motivo de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud: ?el gran encuentro de Madrid 2011"[2].

En esta Asamblea - la ?ltima antes de la Jornada de Madrid, el pr?ximo mes de agosto - tambi?n nosotros, haci?ndonos eco del Mensaje pontificio, nos dirigiremos a todos los fieles y, en particular a los j?venes para invitarles a participar en esa fiesta de la fe que ser? el encuentro de la juventud del mundo convocada por el Santo Padre.

Queda ya poco tiempo. Es verdad que la preparaci?n de la Jornada est? en marcha desde hace pr?cticamente dos a?os. La peregrinaci?n de la Cruz y del icono de la Virgen por las di?cesis de Espa?a est? siendo un verdadero acontecimiento de gracia. Pero los meses de los que todav?a disponemos antes del verano han de ser un particular tiempo de intensa oraci?n y de disposici?n espiritual para ?el gran encuentro de Madrid 2011". Perm?tanme algunas reflexiones para este tramo final del camino.

1. Una gran misi?n para los j?venes del 2011

La Jornada Mundial de la Juventud es un instrumento providencial al servicio del empe?o misionero de la Iglesia en la evangelizaci?n de los j?venes. La clarividencia apost?lica de Juan Pablo II, iluminada por su gran amor a Cristo y a los j?venes, fue el medio del que se vali? la Providencia divina para poner en manos de la Iglesia este nuevo procedimiento evangelizador, tan apropiado para las generaciones j?venes de los ?ltimos decenios del siglo XX y de comienzos del siglo XXI. ?Qu? j?venes son esos y cu?l el secreto de la nueva gran misi?n dirigida a ellos? [3]

Los j?venes de hoy - de comienzos del siglo XXI - ya no son exactamente aquellos de hace veinticinco a?os que respondieron a las primeras convocatorias del Juan Pablo II. Aquellos, que se calificaban a s? mismos como ?los j?venes del 2000", hab?an tenido ya tiempo de experimentar la decepci?n de las utop?as fermentadas veinte a?os antes en el ?mayo del 68", y miraban hacia el cambio de milenio como cifra de la deseada realizaci?n de ideales m?s verdaderos. Los j?venes del 2011 han tenido tambi?n ya tiempo de experimentar el alcance real de las posteriores utop?as de la libertad y est?n a la b?squeda de una libertad verdadera, s?lida, que permita construir la casa de la vida.

La ca?da del muro de Berl?n, en 1989, fue el s?mbolo de todo un proceso de derrumbamiento de las viejas utop?as revolucionarias del pasado siglo. Las nuevas generaciones que se hab?an beneficiado del modo de vida cada vez m?s holgado que se hizo posible en las democracias surgidas de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, hab?an establecido una parad?jica complicidad con los ideales igualitarios de impronta totalitaria que se impon?an al otro lado del tel?n de acero. Tal complicidad no pod?a sostenerse por m?s tiempo. Una nueva utop?a iba a sustituir al viejo ideal revolucionario. Pero los j?venes se mostraban abiertos a nuevas respuestas verdaderamente capaces de llenar el vac?o creado por las experiencias personales y sociales de una vida sin Dios y sin Cristo que les hab?a legado su inmediato pasado.

Fue en ese marco espiritual donde result? tan apropiado el lema de la IV Jornada Mundial de 1989, celebrada en Santiago de Compostela, pocas semanas antes de los acontecimientos hist?ricos a los que nos acabamos de referir. Jesucristo se mostr? ante los j?venes como Aquel que les buscaba y amaba de verdad, sin enga?arles ni pedirles nada a cambio, salvo la respuesta de su amor. ?Verdaderamente ?l era su Se?or, su Amigo, su Camino, su Verdad, su Vida!

Era tambi?n el momento en el que la renovaci?n conciliar daba sus frutos. Los nuevos impulsos para una nueva evangelizaci?n se notaban por doquier y en los ambientes m?s diversos: entre los sacerdotes, los religiosos y en el mundo seglar. No era, pues, extra?o que se percibiese entre los j?venes de la Iglesia como una nueva nostalgia de Dios y un anhelo escondido de encontrarse de nuevo con Jesucristo: con su verdad y con su amor. El Papa, captando lo que estaba pasando, impulsa las Jornadas Mundiales de la Juventud e invita a toda la Iglesia a abrir un nuevo cap?tulo de la pastoral juvenil en el surco espiritual y evangelizador abierto por el Concilio Vaticano II. Los frutos no se hicieron esperar.

Entretanto, el ideal humano de la libertad reconquistada - bien antiguo y bien nuevo en las particulares expresiones de la moderna cultura de la libertad - ha sido propuesto y explorado por mil caminos en los dos ?ltimos decenios. Entre esos caminos adquiere un puesto relevante el del mundo de la cibern?tica, cuyo desarrollo y popularizaci?n ha llegado a crear una nueva situaci?n de intercomunicaci?n globalizada de la que los j?venes son actores principales. Prueba de ello son, por ejemplo, los acontecimientos de las ?ltimas semanas y de ahora mismo en el mundo ?rabe, propiciados en buena medida por la aludida nueva situaci?n. La red se ha convertido en un instrumento poderos?simo de informaci?n y de comunicaci?n; pero tambi?n de propagaci?n de f?rmulas de vida de todo tipo, sin excluir las menos acordes con la dignidad humana. As?, los j?venes se encuentran particularmente expuestos a la influencia desorientadora del relativismo, es decir, de una actitud guiada por la indiferencia ante el bien, por el ?todo vale? y por la preterici?n de los bienes verdaderos. Al mismo tiempo, la atracci?n de las ?redes sociales? propicia un estilo de vida ?virtual?, vac?o - parad?jicamente - de encuentros y de relaciones verdaderamente personales.? Si a ello se suma la coyuntura hist?rica general, dominada por una crisis econ?mica, socio-pol?tica, cultural y ?tica con pocos precedentes, no es extra?o que muchos j?venes, duramente afectados por tal crisis, sientan sus vidas inmersas en la mayor de las incertidumbres.

Naturalmente, la gran cuesti?n de Dios y la interpelaci?n proveniente de Jesucristo no se libran tampoco de la sospecha sistem?tica. Todo pasa a formar parte del mundo indiferenciado de ?lo virtual? y de lo lejano.

?Ser?, pues, necesario, ante la nueva situaci?n en la que se encuentran los j?venes del 2011, abandonar el planteamiento pastoral y evangelizador que ha caracterizado las Jornadas Mundiales de la Juventud? De ning?n modo. M?s bien es preciso consolidarlo y vivificarlo espiritualmente. No debe quedarnos ninguna duda al respecto: uno de los empe?os misioneros m?s importantes de la Iglesia de comienzos del siglo XXI ha de ser una porfiada evangelizaci?n de los j?venes que les posibilite y facilite vivir enraizados y edificados en Cristo, con una inquebrantable firmeza de fe. Es el programa que tan luminosamente nos ha propuesto el Papa en su Mensaje con motivo de la pr?xima Jornada Mundial de Madrid.

2. Una juventud necesitada y deseosa de Jesucristo

A algunos esto les parece una obviedad: centrar la misi?n juvenil en el anuncio completo de Jesucristo. Ellos buscar?an enfoques supuestamente m?s espec?ficos o m?s adaptados a las necesidades de los j?venes. Sin embargo, despu?s de dos mil a?os de evangelizaci?n, la Iglesia se encuentra hoy con que Jesucristo sigue siendo muy poco conocido y muy poco amado. Algunos, en los pa?ses de vieja cristiandad, secundando ciertos movimientos de apostas?a impl?cita o expl?cita, se han alejado de la fe. Otros muchos, en los pa?ses de tradici?n cristiana m?s nueva o incluso apenas existente, nunca han conocido a Jesucristo ni siquiera de un modo elemental. Todos comparten hoy, en uno u otro grado, la situaci?n de incertidumbre anteriormente descrita. Sin embargo, la Iglesia no tiene otra cosa que ofrecer a los j?venes y a todos los hombres de hoy sino a Jesucristo. No hay salvaci?n fuera de ?l. Y ellos la necesitan con urgencia. Se trata ciertamente de una oferta ?a contracorriente?, como se?ala el Papa en la alocuci?n del Angelus a la que he hecho referencia. Pero, al mismo tiempo, es la propuesta que est?n esperando, sabi?ndolo o no.

Es una oferta a contracorriente porque, en medio de un mundo que sufre de incertidumbre y que sin embargo parece disfrutar a menudo con ella, cerr?ndose a toda propuesta de verdad, la Iglesia quiere ofrecer a los j?venes la firmeza de la fe que el Se?or hace posible. La ofrece porque sabe - como el Papa explica remiti?ndose a su propia experiencia y a la experiencia antropol?gica general - que los j?venes no solo est?n preocupados por lo inmediato o por sus propios intereses coyunturales: ?Desear algo m?s que la cotidianeidad regular de un empleo seguro - escribe Benedicto XVI - y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ?Se trata solo de un sue?o vac?o que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad est? creado para lo que es grande, para el infinito.? [4]

Por eso, el Papa se dirige a los j?venes y les dice: ?Es vital tener ra?ces y bases s?lidas. Esto es verdad especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sinti?ndose as? profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y conformismo con las modas del momento. Vosotros, j?venes, ten?is el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestras vidas?. [5]

De ah? que el Papa haya elegido para los j?venes del 2011 un lema inspirado en la carta de San Pablo a los Colosenses, en el que Jesucristo aparece como Aquel que permite echar ra?ces, construir s?lidamente la casa y vivir de la firmeza de la? fe: ?Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe (cf. Col 2, 7)?[6]. Sin Jesucristo no hay ni arraigo, ni edificaci?n s?lida, ni firmeza en la fe.

El programa de la pastoral juvenil de las Jornadas es una vez m?s netamente cristol?gico, centrado en Jesucristo. As? tiene que ser, porque ?la fe cristiana no es solo creer en la verdad, sino sobre todo una relaci?n personal con Jesucristo.?[7] Las ra?ces de la existencia no se echan solo a base de conocimientos, sino ante todo, en el trato con Dios que permite al joven saber de verdad qui?n es ?l mismo y cu?l es el sentido de su vida. El Papa evoca su propia vocaci?n infantil al sacerdocio y el proceso de reconquista de esa certeza en su ?poca de joven estudiante: todo, basado en la seguridad de que el Se?or le quer?a y que, por eso, le dar?a la fuerza necesaria para el camino que le propon?a. ?Escuch?ndole, estando con ?l, llego a ser yo mismo?. Por eso, es vital para el ?xito espiritual de la Jornada procurar por todos los medios pastorales a nuestro alcance que la Palabra de Dios y la voz del Se?or lleguen directamente al coraz?n de los j?venes. ?Qu? importante es que se sientan llamados por el que dio su vida por ellos, por el que les ama como nadie pudo, puede ni podr? amarlos nunca!

Por tanto, porque se trata del encuentro con Cristo, la Jornada ha de ser una gran proclamaci?n y anuncio del ?Kerygma? apost?lico. Lo cual es tanto m?s necesario, cuanto que - como les pasaba a los cristianos de Colosas a quienes San Pablo escrib?a - tambi?n hoy son muchos los que consideran que la Cruz de Cristo es una necedad y proponen a los j?venes sus particulares alternativas filos?ficas e incluso supuestamente cristol?gicas, bajo capa de modernidad y de cientificidad. El Papa advierte de que ?muchas de las im?genes que circulan de Jes?s, y que se hacen pasar por cient?ficas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona.? [8] Esas im?genes estorban la evangelizaci?n, porque impiden el encuentro con el verdadero Jes?s, el del ?Kerygma? apost?lico, que el Papa presenta as?: ?Creemos firmemente que Jesucristo se entreg? en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasi?n, soport? nuestros sufrimientos y carg? con nuestros pecados; nos consigui? el perd?n y nos reconcili? con Dios Padre, abri?ndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que m?s atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a nuestros enemigos, y compartir este amor con los hermanos m?s pobres y en dificultad.? [9]

Para el di?logo personal con Jesucristo, en el que se alimenta el conocimiento de su misterio y de nuestra salvaci?n, el Papa propone a los j?venes en su Mensaje tres caminos: la celebraci?n de los sacramentos, el servicio a los hermanos y el encuentro con la Palabra de Dios escrita.

?Queridos j?venes - les dice - aprended a ?ver?, a ?encontrar? a Jes?s en la Eucarist?a, donde est? presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Se?or manifiesta su misericordia ofreci?ndonos siempre su perd?n. Reconoced y servid a Jes?s tambi?n en los pobres y enfermos, en los hermanos que est?n en dificultad y necesitan ayuda. Entablad y cultivad un di?logo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Cat?lica.? [10]

Los tres caminos han de estar presentes equilibradamente en toda pastoral juvenil, como lo est?n en la din?mica de las Jornadas.

3. Una Iglesia particular con especial vocaci?n de misi?n universal

Las Jornadas Mundiales de la Juventud se han caracterizado tambi?n por constituir una gran experiencia de Iglesia. Los j?venes buscan a Cristo y buscan la compa??a en la que pueden encontrarlo, conocerlo mejor y seguirlo con perseverancia. ?Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia?, les recuerda el Papa a los j?venes [11]. ?Qu? grande es la responsabilidad de nuestras Iglesias diocesanas, la nuestra como Pastores, la de padres, p?rrocos, maestros cat?licos, catequistas, la de todos los bautizados, llamados a ser testigos cre?bles del Se?or para las nuevas generaciones!

Tambi?n los mismos j?venes cat?licos saben bien que ellos pueden ser los mejores evangelizadores de sus amigos y compa?eros. De hecho, una de las virtudes de las Jornadas Mundiales de la Juventud es que, a trav?s de ellas y de los numeros?simos j?venes de todo el orbe cat?lico que las protagonizan, la Iglesia ha podido mostrarse al mundo y a los j?venes como un pueblo de anchos horizontes, lleno de vitalidad espiritual, cultural y art?stica, y de rostro joven. No precisamente en virtud de la mera din?mica de los movimientos de masas ni de las t?cnicas del espect?culo, sino gracias al aliento del Esp?ritu que caldea los corazones con sus dones y multiplica todas las capacidades humanas.

La Iglesia particular que ha recibido el encargo de la organizaci?n de la Jornada - junto con el Pontificio Consejo para los Laicos - y de la acogida de tantos j?venes peregrinos quiere dar lo mejor de s? misma para estar a la altura de la responsabilidad asumida. Todas las Iglesias particulares que peregrinan en Espa?a se est?n preparando tambi?n con intensidad y entusiasmo para hacer rendir apost?licamente la ocasi?n que se nos brinda. Es oportuno recordar las palabras con las que, en su viaje a Santiago y Barcelona, el Santo Padre hablaba de la Iglesia en Espa?a evocando la vivacidad de su fe tanto en el pasado como en el presente, llegando a decir que ?el renacimiento del catolicismo en la ?poca moderna ocurri? sobre todo gracias a Espa?a? [12]. El Papa mencionaba en aquella ocasi?n a algunos de los grandes santos espa?oles que no solo contribuyeron de modo destacado a dicho renacimiento, sino que siguen inspirando el camino del futuro: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jes?s, San Juan de la Cruz, San Juan de ?vila. Todos ellos son patronos de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, junto con San Isidro Labrador y Santa Mar?a de la Cabeza, Santa Rosa de Lima, San Rafael Arn?iz y, Dios mediante, - por diferente y particular?simo t?tulo - el Beato Juan Pablo II.

La Iglesia que peregrina en Espa?a ha sido y sigue siendo una iglesia con especial vocaci?n de misi?n universal. La Jornada Mundial de Madrid pone a prueba esta vocaci?n y ofrece una ocasi?n providencial para responder a ella con generosidad no menor que la de otras iglesias y siguiendo el ejemplo del mismo Benedicto XVI.

Aunque se espera todav?a una confirmaci?n definitiva, es ya conocido el programa de los actos que presidir? el Santo Padre: una intensa tarea pastoral que asume con generosidad y entrega admirables. El Papa llegar? a Madrid el jueves 18 de agosto y presidir? una liturgia de la Palabra en la plaza de Cibeles, el mismo lugar en el que dos d?as antes, el d?a 16, el Arzobispo de Madrid habr? acogido a todos los peregrinos. El viernes, d?a 19, por la ma?ana se encontrar? en el Monasterio de El Escorial con religiosas j?venes del mundo y tambi?n con j?venes profesores universitarios; por la tarde, presidir? el V?a Crucis que tendr? lugar en el Paseo de Recoletos. El s?bado 20, por la ma?ana celebrar? la Santa Misa para miles de seminaristas en la Catedral de Santa Mar?a la Real de la Almudena; al caer la tarde, se dirigir? al aeropuerto de Cuatro Vientos, donde presidir? una gran vigilia eucar?stica al aire libre. De camino, habr? visitado una instituci?n eclesial donde son atendidas personas discapacitadas: el Instituto San Jos?. Por fin, el d?a 21, a las nueve y media de la ma?ana, celebrar? en el mismo aeropuerto la solemne Eucarist?a dominical con todos los peregrinos. No dejar? Madrid la tarde del domingo sin haberse encontrado antes con miles de voluntarios que han puesto sus talentos al servicio de la Jornada.

El Papa conf?a en la Iglesia que peregrina en Espa?a. La Iglesia en Espa?a agradece al Sucesor de Pedro su confianza y su incansable dedicaci?n apost?lica, a la que desea colaborar cada vez m?s estrechamente poniendo en ejercicio con responsabilidad y generosidad su tradicional solicitud por todas las iglesias en la unidad y universalidad de la Cat?lica. As? lo haremos, con la ayuda de Dios, en la pr?xima Jornada Mundial de la Juventud y, ya desde ahora, en este ?ltimo tramo del camino de preparaci?n para ella.

II. La familia, la escuela y la parroquia, y la verdad del amor humano

Dos temas de vital importancia para la juventud de hoy y de ma?ana figuran en el orden del d?a de la presente Asamblea: la necesaria colaboraci?n entre la familia, la parroquia y la escuela en orden a la educaci?n en la fe de ni?os y j?venes; y la cuesti?n de la verdad del amor humano, como elemento clave de la maduraci?n de los j?venes como personas y, por consiguiente, del bien com?n de toda la sociedad.

Cada una de las tres instituciones mencionadas - familia, escuela y parroquia - constituye de por s? todo un mundo de complejas relaciones en su interior y hacia sus entornos de cuyas implicaciones no es f?cil dar cuenta, menos a?n, en nuestro contexto hist?rico caracterizado por tantos cambios y crisis interactuantes. Esta Asamblea se ha ocupado ya en el pasado de las tres instituciones en diversos momentos y desde diversas perspectivas [13].

Sin embargo, es necesario volver continuamente sobre una tem?tica tan amplia y, al mismo tiempo, de tan determinante actualidad. En concreto, es cada vez m?s claro que el futuro de las nuevas generaciones depende decisivamente de las familias cristianas. Al mismo tiempo, la experiencia pone tambi?n de manifiesto que la misi?n de la escuela resulta seriamente entorpecida y aun imposibilitada cuando no cuenta con la colaboraci?n de los padres y de una vida familiar acorde con la ley natural y divina. El Estado no puede sustituir, ni siquiera suplir, el papel propio de esas dos instituciones b?sicas para el desarrollo de la persona. Por su parte, la parroquia, como c?lula b?sica de la vida eclesial, en la que el hombre natural se hace cristiano, manteni?ndose dentro de su misi?n espec?fica, ha de ser capaz, sin embargo, de actuar a modo de catalizador de la vida cristiana de la familia y de la escuela.

Es precisamente el modo concreto en el que deba configurarse la sinergia de familia, escuela y parroquia el objeto de nuestra reflexi?n, apoyados en el documento en el que ha trabajado la Comisi?n Episcopal de Ense?anza y Catequesis. De dicha sinergia depende en buena medida el fruto de la acci?n evangelizadora de la Iglesia en beneficio de los m?s j?venes y, en definitiva, de toda la sociedad.

Ahora bien, la clave cultural, intelectual y moral para una realizaci?n verdadera de lo que son la familia, la escuela y la parroquia se halla, sin duda, en el acierto con el que sea percibida, comprendida y vivida la verdad del amor humano. De ah? la importancia de este otro tema al que me acabo de referir y sobre el que viene a esta Asamblea un borrador preparado por la Subcomisi?n Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida.

Como ha recordado Benedicto XVI en la primera p?gina de su enc?clica Deus caritas est, ?el t?rmino amor se ha convertido hoy en una de las palabras m?s utilizadas y tambi?n de las que m?s se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes.? [14] Se emplea ese mismo vocablo para significar la entrega permanente y sacrificada de unos padres que alimentan y educan a una familia numerosa en la que los hijos pueden crecer confiados y alegres, bajo la protecci?n de un amor inquebrantable; como se emplea tambi?n para referirse al deseo de quien encarga para s? un ni?o a un laboratorio, predestinado a la orfandad de padre o de madre y a la soledad de hermanos; o tambi?n, para aludir a las relaciones espor?dicas entre j?venes inmaduros, a la cohabitaci?n de personas del mismo sexo o, incluso, al comercio de im?genes o de encuentros en determinados locales o en la red. Todo es llamado del mismo modo: amor.

Sin embargo, el amor tiene una realidad propia, una naturaleza que lo define de un modo pertinente: existe una verdad del amor, que es necesario saber reconocer. Si se usa y abusa tanto de esta palabra, es porque alude a una realidad hermosa y esencial para la vida humana que ejerce una gran fascinaci?n. Por eso es empleada de mil modos impropios con la finalidad de hacer pasar por bueno y bello lo que, en realidad, no es m?s que falso y no conforme con la verdadera humanidad.

Efectivamente, como escrib?a Juan Pablo II en su primera enc?clica, ?el hombre no puede vivir sin amor. ?l permanece para s? mismo un ser incomprensible, su vida est? privada de sentido, si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en ?l vivamente.? [15] Puede sorprender que la Iglesia hable de ?la revelaci?n del amor?. Porque se ha hecho demasiado com?n una comprensi?n de esa realidad humana fundamental que la entiende como un mero sentimiento emocional, un afecto espont?neo, un movimiento placentero del ?nimo. Una realidad as?, perteneciente m?s a la vida de los instintos o de lo puramente biol?gico que al alma espiritual y racional del ser humano, no necesitar?a revelaci?n alguna; m?s que ?encontrarla? y ?hacerla propia? - como escribe Juan Pablo II - lo que el hombre necesitar?a ser?a simplemente sentirla y gozar de ella sensible y espont?neamente - seg?n se dice.

Sin embargo, es verdad que el amor es encontrado por aquel a quien se le revela para que lo haga propio y participe de ?l. Porque el amor, antes que una realidad que se tiene como propia, es una realidad que precede a quien no puede vivir sin ella y por eso la desea y la busca. Pero tampoco es una realidad lejana, en b?squeda de la cual hubiera que realizar largos viajes. El amor nos precede y, al mismo tiempo, llama, cercano, a nuestra puerta, es m?s, se halla desde siempre en lo m?s interior de nuestro ser.

El amor nos precede porque implica la llamada de otro. El amor nos habita, porque sin una llamada as? no podr?amos ni siquiera existir. En su sentido m?s originario, el amor nos ha llamado al ser: el amor es Dios. En cuanto participamos del Amor creador y redentor, nuestro amor es la aceptaci?n del otro: primero de ?l, del Creador y Redentor, y, en ?l, del otro a quien encontramos a nuestro lado.

Hay un amor espec?fico, que se revela como imagen del Amor originario y creador, un amor que es pro-creador: el amor conyugal. ?La revelaci?n del amor conyugal - ense?aba esta Asamblea en 2001 -, en cuanto que implica a toda la persona y su libertad, nos descubre las caracter?sticas que lo especifican como tal: la incondicionalidadcon la que nos llama a aceptar a la otra persona en cuanto ?nica e irrepetible, esto es, en exclusividad. Por ello, es un amor definitivo, no a prueba, porque acepta la persona como es y puede llegar a ser, hoy y siempre, hasta la muerte. Y por ser un amor que implica la corporeidad, es capaz de comunicarse, generando vida:porque no est? cerrado en s? mismo.? [16]

La verdad del amor y, en concreto, del amor conyugal no puede ser ?creada? ni por el hombre ni por las leyes. M?s bien se manifiesta para ser comprendida y libremente aceptada. Cuando es remodelada al gusto de las opiniones o de los sentimientos del momento, priv?ndola de alguna de sus caracter?sticas - que acabo de recordar -, entonces ya no se vive en la verdad, sino en el error y en la ofuscaci?n.

En principio, la raz?n humana es capaz de reconocer la verdad del amor. Pero para ello debe mostrarse dispuesta a abrirse m?s all? de s? misma para acoger la raz?n divina del amor. ?Ning?n hombre ni ninguna mujer, por s? solos y ?nicamente con sus fuerzas, pueden dar a sus hijos de manera adecuada el amor y el sentido de la vida. En efecto, para poder decir a alguien: ?Tu vida es buena, aunque yo no conozca tu futuro?, hace falta una autoridad y una credibilidad superiores a lo que el individuo puede darse por s? solo. El cristiano sabe que esa autoridad es conferida a la familia m?s amplia, que Dios, a trav?s de su Hijo Jesucristo y del don del Esp?ritu Santo, ha creado en la historia de los hombres, es decir, a la Iglesia. Reconoce que en ella act?a aquel amor eterno e indestructible que asegura a la vida de cada uno de nosotros un sentido permanente, aunque no conozcamos su futuro.? [17]

El desconocimiento de la verdad del amor est? causando mucho sufrimiento y rompiendo muchas vidas. La Iglesia: nuestras familias, escuelas y parroquias, con el aliento muy especial de los Pastores, ha de ayudar a los j?venes a evitar la ignorancia de una verdad tan decisiva para sus vidas y a paliar la influencia negativa de un ambiente marcado por tantas fuerzas y corrientes desorientadoras. La reflexi?n que haremos en esta Asamblea tiene esta hermosa finalidad.

La reducci?n emotivista e individualista del amor, dominante en la cultura p?blica actual, ha conducido a una situaci?n cr?tica que dificulta mucho la educaci?n para el amor y para el matrimonio y que caracteriza nuestro vigente derecho matrimonial [18]. El matrimonio en nuestro C?digo Civil es simplemente ?una manifestaci?n se?alada? de ?la relaci?n de convivencia de pareja, basada en el afecto.? [19] La instituci?n matrimonial reducida as? a una convivencia de pareja, sobre la base del afecto, con independencia de la diferencia de sexo de los convivientes, sin relaci?n intr?nseca y determinante con las caracter?sticas objetivas del amor conyugal dificulta gravemente la salida de la crisis de la familia con las consecuencias negativas que de tal situaci?n se derivan para el bien com?n? y para el futuro de las nuevas generaciones.

Anunciar el Evangelio del matrimonio y de la familia es, sin duda, uno de los aspectos m?s hermosos de la nueva evangelizaci?n y de la juventud. Su urgencia, por otro lado, es evidente: nos urge la dolorosa situaci?n aludida, pero nos urge, sobre todo, el amor a Cristo y a los j?venes.

III. A modo de conclusi?n

Mientras recorremos el camino de la preparaci?n inmediata del gran encuentro de Madrid 2011, ponemos nuestra mirada en Jesucristo, en quien se ha revelado para todos los hombres la verdad del Amor que Dios es, as? como el verdadero sentido de la vocaci?n de todo ser humano ?del hombre!, llamado a ser por el amor y a vivir en el amor. La Iglesia no puede ocultar la luz de esa verdad, ha de ponerla sobre el candelero para que alumbre a todos los de la casa. La Iglesia es misionera siempre: cuando evangeliza a los j?venes con nuevo ardor y con los nuevos m?todos de las Jornadas Mundiales de la Juventud y cuando lleva la luz del Evangelio a los pueblos que apenas han o?do hablar de Jesucristo. En nuestra Asamblea estudiaremos tambi?n un nuevo documento que presenta la Comisi?n Episcopal de Misiones y Cooperaci?n entre las Iglesias. La misi?n?ad gentes?es un est?mulo saludable para la misi?n juvenil. Y, a la inversa, una juventud evangelizada y movida por el amor a Cristo, es condici?n indispensable para el impulso misionero.

Con estos grandes retos en perspectiva, procederemos a la renovaci?n de cargos de la Conferencia Episcopal que nos demandan los Estatutos. Lo haremos en un ambiente de comuni?n fraterna y de disponibilidad para asumir las tareas que sean necesarias o convenientes para el buen funcionamiento de la Conferencia, de acuerdo con la naturaleza y los objetivos que la doctrina y la disciplina de la Iglesia les ha fijado a las Conferencias Episcopales.

Lo encomendamos todo a la materna intercesi?n de Mar?a Sant?sima, la Madre del Se?or y de la Iglesia. Guiada por su luz, la nave de Pedro sigue surcando los mares de la historia.

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1 Cf. Colecci?n Documental Inform?tica. Documentos oficiales de la Conferencia Episcopal Espa?ola 1966-2006. ?ndices y CD-Rom, Editado por M? Carmen del Valle S?nchez, Edice 2007.
2 Cf. ambos textos pontificios en: Ecclesia n? 3536 (18-IX-2010) 24-28.
3 Retomo aqu? algunas ideas de mi intervenci?n del 13 de enero de 2011, en el Real Centro Universitario El Escorial-Mar?a Cristina, en el marco del II Encuentro Preparatorio de la JMJ-Madrid 2011, donde se dieron cita, convocados por el Pontificio Consejo para los Laicos, delegados de pastoral juvenil de Conferencias Episcopales, Asociaciones y Movimientos de todo el mundo; publicada, bajo el t?tulo de La JMJ-Madrid 2011. Un empe?o misionero para la evangelizaci?n de los j?venes del siglo XXI, en la Colecci?n de Cartas Pastorales del Sr. Cardenal-Arzobispo de Madrid, n? 39.
4 Benedicto XVI, ?Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe? (cf. Col 2, 7). Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud , 1.
5 Ibid.
6 Es una frase sint?tica en la que se recogen estos vers?culos: ?Mi esp?ritu est? con vosotros - escribe San Pablo -, alegr?ndome de veros en vuestro puesto, y firmes en vuestra fe en Cristo. Por tanto, ya que hab?is aceptado a Cristo Jes?s, el Se?or, proceded unidos a ?l, arraigados y edificados en ?l, afianzados en la fe que os ense?aron, y rebosando de agradecimiento.? (Col 2, 5-7).
7 Benedicto XVI, ?Arraigados y cimentados en Cristo...?, 2.
8 Benedicto XVI, ?Arraigados y cimentados en Cristo...?, 4.
9 Benedicto XVI, ?Arraigados y cimentados en Cristo...?, 3. - El anuncio apost?lico no est? en contra del acercamiento verdaderamente cient?fico a la figura hist?rica de Jes?s, ni viceversa. El Papa recuerda en el Mensaje que el deseo de mostrar concretamente esa unidad entre historia y fe fue lo que le movi? a escribir su libro ?Jes?s de Nazaret?, cuya segunda parte ser? presentada en Roma el pr?ximo d?a 10 de marzo, Dios mediante.
10 Benedicto XVI, ?Arraigados y cimentados en Cristo...?, 4. - Para la Jornada de Madrid se ha preparado una ?traducci?n? del Catecismo de la Iglesia Cat?lica al lenguaje de los j?venes, un libro que lleva el t?tulo de Youcat. Catecismo joven de la Iglesia Cat?lica. En el Prefacio escrito para este libro, Benedicto XVI vuelve a invitar a los j?venes a estudiar el Catecismo dici?ndoles: ??Es mi deseo m?s ardiente!?
11 Benedicto XVI, ?Arraigados y cimentados en Cristo...?, 6.
12 Citado en nuestro discurso inaugural de la ?ltima Asamblea Plenaria, en: Bolet?n Oficial de la Conferencia Episcopal Espa?ola 86 (31-XII-2010) 78.
13 A t?tulo de ejemplo: La iniciaci?n cristiana. Reflexiones y orientaciones (27-XI-1998); Instr. Past. La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (27-IV-2001); La escuela cat?lica. Oferta de la Iglesia en Espa?a para la educaci?n en el siglo XXI (27-IV-2007).
14 Enc. Deus caritas est, 2.
15 Enc. Redemptor hominis, 10.
16 LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola, Instr. Past. La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad, n? 61.
17 Benedicto XVI, Discurso de apertura de la Asamblea eclesial de la di?cesis de Roma (6-XI-2005).
18 Cf. LXXXVIII Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Espa?ola, Instr. Past. Orientaciones morales ante la situaci?n actual de Espa?a, 41.
19 Exposici?n de motivos I, de la Ley 13/2005 de 1 de Julio por la que se modifica el C?digo Civil en materia de derecho a contraer matrimonio.


Publicado por verdenaranja @ 22:49  | Hablan los obispos
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