S?bado, 12 de marzo de 2011

Reflexiones para el d?a del seminario compartidas y ofrecidas por un compa?ero sacerdote.

Reflexiones para el D?a del Seminario


Cuando uno piensa que ni la Sant?sima Virgen puede hacer lo que un sacerdote.

Cuando uno piensa que ni los ?ngeles ni los arc?ngeles, ni pr?ncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote.

Cuando uno piensa que Cristo en la ?ltima Cena realiz? un milagro m?s grande que la creaci?n del Universo, y que fue el convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ?ngeles y los hombres, puede repetirlo cada d?a un sacerdote.

Cuando uno piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados y que lo que ?l ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios, obligado por su propia palabra, lo ata en el cielo, y lo que ?l desata, en el mismo instante lo desata Dios.

Cuando uno piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada d?a de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que s?lo un sacerdote puede realizar.

Cuando uno piensa que el mundo morir?a de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino.

Cuando uno piensa que eso puede ocurrir; y que cuando eso ocurra y las gentes gritar?n de hambre y de angustia, y pedir?n ese pan, y no habr? quien se los d?; y pedir?n la absoluci?n de sus culpas, y no habr? quien las absuelva, ?qu? puede llegar a pensar uno?

Cuando uno piensa que un sacerdote hace m?s falta que un rey, m?s que un militar, m?s que un banquero, m?s que un m?dico, m?s que un maestro, porque ?l puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a ?l.

Cuando uno piensa que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un s?mbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que est? all? repitiendo el mayor milagro de Dios.

Cuando uno piensa todo esto, uno llega a comprender la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales.

Uno llega a comprender el af?n con que, en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase una vocaci?n sacerdotal.

Uno llega a comprender el inmenso respeto que los pueblos ten?an por los sacerdotes.

Uno llega a comprender que m?s que una Iglesia, y m?s que una escuela, y m?s que un hospital, es necesario un seminario o un noviciado.

Y uno llega a comprender tambi?n que dar para mantener el seminario es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada d?a, ser? mucho m?s que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo, pues ser? Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.


Publicado por verdenaranja @ 22:31  | Espiritualidad
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