Domingo, 13 de marzo de 2011

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 2 de Marzo de 2011?sobre san Francisco de Sales, obispo de Ginebra, continuando con el ciclo sobre los Doctores de la Iglesia, durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI.

Queridos hermanos y hermanas,

"Dieu est le Dieu du coeur humain" [Dios es el Dios del coraz?n humano] (Tratado del Amor de Dios, I, XV): con estas palabras aparentemente sencillas cogemos la esencia de la espiritualidad de un gran maestro, del que quisiera hablaros hoy, san Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia.

Nacido en 1567 en una regi?n francesa fronteriza, era hijo del Se?or de Boisy, de una antigua y noble familia de Saboya. Vivi? a caballo entre dos siglos, el s. XVI y el XVII, recogi? en s? lo mejor de las ense?anzas y de las conquistas culturales del siglo que terminaba, reconciliando la herencia del humanismo con la tendencia hacia el absoluto propia de las corrientes m?sticas. Su formaci?n fue muy completa; en Par?s hizo los estudios superiores, dedic?ndose tambi?n a la teolog?a, y en la universidad de Padua, los estudios de jurisprudencia, como deseaba su padre, concluy? de forma brillante, con un doctorado en utroque iure, derecho can?nico y derecho civil. En su armoniosa juventud, reflexionando sobre el pensamiento de san Agust?n y santo Tom?s de Aquino, tuvo una profunda crisis que lo indujo a interrogarse sobre su propia salvaci?n eterna y sobre la predestinaci?n de Dios con respecto a s? mismo, sufriendo como drama espiritual verdadero las principales cuestiones teol?gicas de su tiempo.

Oraba intensamente, pero la duda lo atorment? de tal manera que durante varias semanas casi ni comi? ni bebi?. Al final de la prueba, fue a la iglesia de los Dominicanos en Par?s, y abriendo su coraz?n rez? de esta manera: ?Cualquier cosa que suceda, Se?or, t? que tienes todo en tu mano, y cuyos caminos son justicia y verdad; cualquier cosa que tu hayas decidido para m?...; t? que eres siempre juez justo y Padre misericordioso, yo te amar?, Se?or [?] te amar? aqu?, oh Dios m?o, y esperar? siempre en tu misericordia, y repetir? siempre tu alabanza... Oh Se?or Jes?s, tu ser?s siempre mi esperanza y mi salvaci?n en la tierra de los vivos?(I Proc. Canon., vol I, art 4).

El veintea?ero Francisco encontr? la paz en la realidad radical y liberadora del amor de Dios: amarlo sin pedir nada a cambio y confiar en el amor divino; no preguntar m?s qu? har? Dios conmigo: yo sencillamente lo amo, independientemente de cuanto me da o no me da. As? encontr? la paz y la cuesti?n de la predestinaci?n -sobre la que se discut?a hacia tiempo- se resolvi?, porque ?l no buscaba m?s lo que pod?a obtener de Dios; sencillamente lo amaba, se abandonaba a Su bondad. Este fue el secreto de su vida, que aparecer? en su obra m?s importante: el Tratado del amor de Dios.

Venciendo la resistencia de su padre, Francisco sigui? la llamada del Se?or y, el 18 de diciembre de 1593, fue ordenado sacerdote. En 1602 se convirti? en el obispo de Ginebra, en un periodo en el que la ciudad era el basti?n del Calvinismo, tanto que la sede episcopal se encontraba ?en exilio? en Annecy. Pastor de una di?cesis pobre y atormentada, en una enclave de monta?a del que conoc?a bien tanto la dureza como la belleza, escribi?: [Dios] me encontr? con ?l lleno de dulzura y ternura entre nuestras altas y ?speras monta?as, donde muchas almas sencillas lo amaban y lo adoraban con toda verdad y sinceridad; el corzo y el rebeco corr?an de aqu? a all? entre los hielos espantoso para anunciar su alabanza?, (Carta a la madre de Chantal, octubre de 1606, en Oeuvres, ?d. Mackey, t. XIII, p. 223). Y sin embargo, la influencia de su vida y de su ense?anza en la Europa de la ?poca fue inmensa. Fue ap?stol, predicador, escritor, hombre de acci?n y de oraci?n; comprometido a cumplir los ideales del Concilio de Trento, implicado en la controversia y en el di?logo con los protestantes, experimentando cada vez m?s, m?s all? del necesario enfrentamiento teol?gico, la eficacia de la relaci?n personal y de la caridad; encargado de misiones diplom?ticas a nivel europeo, y de deberes sociales de mediaci?n y reconciliaci?n. Pero sobre todo, san Francisco de Sales es un pastor de almas: del encuentro con una mujer joven, la se?ora de Charmoisy, se inspirar? para escribir uno de los libros m?s le?dos de la edad moderna, la Introducci?n a la vida devota; de su profunda comuni?n espiritual con una personalidad de excepci?n, santa Juana Francisca de Chantal, nacer? una nueva familia religiosa, la orden de la Visitaci?n, caracterizada -como quiso el santo- por una consagraci?n total a Dios vivida en la sencillez y la humildad, en el hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias: ?...quiero que mis Hijas -escribi?- no tengan otro ideal que el de glorificar [Nuestro Se?or] con su humildad? (Carta a mons. De Marquemond, junio de 1615). Muri? en 1622, a los cincuenta y cinco a?os, tras una existencia marcada por la dureza de los tiempos y por el cansancio apost?lico.

La de san Francisco de Sales fue una vida relativamente breve, pero vivida con gran intensidad. De la figura de este santo emana una impresi?n de extra?a plenitud, demostrada con la serenidad de su b?squeda intelectual, tambi?n en la riqueza de sus afectos, en la ?dulzura? de sus ense?anzas que han tenido gran influencia en la conciencia cristiana. De la palabra ?humanidad?, ?l ha encarnado distintas acepciones que, hoy como ayer, este t?rmino puede asumir cultura, cortes?a, libertad y ternura, nobleza y solidaridad. En su aspecto ten?a algo de la majestad del paisaje en el que vivi?, conservando tambi?n la sencillez y la naturaleza. Las antiguas palabras y las im?genes con la que se expresaba se oyen inesperadamente, tambi?n el el o?do del hombre actual como una lengua nativa y familiar.

A Filotea, destinataria ideal de su Introducci?n a la vida devota (1607), Francisco de Sales dirige una invitaci?n que pod?a parecer, en la ?poca, revolucionario. Es la invitaci?n a ser completamente de Dios, viviendo en plenitud la presencia en el mundo y los deberes del propio estado ?Mi intenci?n es la de instruir a aquellos que viven en la ciudad, en estado civil, en el tribunal [?] ?. (Prefacio a la Introducci?n de la vida devota?). El Documento con el que el Papa Le?n XIII, m?s de dos siglos despu?s, lo proclam? Doctor de la Iglesia insistir? en esta ampliaci?n de la llamada a la perfecci?n, a la santidad. En ?l escribi?: ? [la verdadera piedad] penetra hasta el trono de los reyes, en la tienda de los jefes de los ej?rcitos, en el tribunal de los jueces, en las oficinas, en las tiendas e incluso en las caba?as de los pastores [?]? (Breve?Dives in misericordia, 16 noviembre de1877). Nac?a as? la llamada a los laicos, ese cuidado por la consagraci?n de las cosas temporales y por la santificaci?n de lo cotidiano sobre la que insistir?n el Concilio Vaticano II y la espiritualidad de nuestro tiempo. Se manifestaba el ideal de una humanidad reconciliada, en la sinton?a entre acci?n en el mundo y oraci?n, entre condici?n secular y b?squeda de la perfecci?n, con la ayuda de la Gracia de Dios que empapa lo humano y, sin destruirlo, lo purifica, alz?ndolo a las alturas divinas. A Teorimo, el cristiano adulto, espiritualmente maduro, al que dirigir? algunos a?os m?s tarde su Tratado del amor de Dios (1616), san Francisco de Sales ofrece una lecci?n m?s compleja. Esta supone, el inicio, una precisa visi?n del ser humano, una antropolog?a: la ?raz?n? del hombre, incluso el ?alma razonable?, es vista all? como una arquitectura arm?nica, un templo articulado en m?s espacios, alrededor de un centro, que ?l llama, junto con los grandes m?sticos, ?cima?, ?punta? del esp?ritu, o ?fondo? del alma. Es el punto en el que la raz?n, recorridas todas las fases, ?cierra los ojos? y el conocimiento se hace uno con el amor (cfr libro I, cap. XII). Que el amor, en su dimensi?n teologal, divina, sea la raz?n de ser de todas las cosas, en una escala ascendente que no parece conocer roturas o abismos, san Francisco de Sales lo ha resumido con una famosa frase: ?El hombre es la perfecci?n del universo, el esp?ritu es la perfecci?n del hombre, el amor es la del esp?ritu, y la caridad es la del amor? (ibid., libro X, cap. I).

En un tiempo de florecimiento m?stico intenso, el Tratado del amor de Dios es una verdadera y propia ?summa, y a la vez una fascinante obra literaria. Su descripci?n del itinerario hacia Dios parte del reconocimiento de la ?inclinaci?n natural? (ibid., libro I, cap. XVI), inscrita en el coraz?n del hombre, aunque pecador, de amar a Dios sobre todas las cosas. Seg?n el modelo de la Sagrada Escritura, san Francisco de Sales habla de la uni?n entre Dios y el hombre desarrollando una serie de im?genes de relaciones interpersonales. Su Dios es padre y se?or, esposo y amigo, tiene caracter?sticas maternas y de nodriza, es el sol del que la noche es misteriosa revelaci?n. Un tipo de Dios que atrae hacia s? al hombre con v?nculos de amor, es decir de verdadera libertad: ?ya que el amor no fuerza ni tiene esclavos, sino que reduce todas las cosas bajo la propia obediencia con una fuerza as? deliciosa que, si nada es fuerte como el amor, nada es amable como su fuerza? (ibid., libro I, cap. VI). Encontramos en el Tratado de nuestro Santo, una meditaci?n profunda sobre la voluntad humana y la descripci?n de su fluir, pasar, morir, para vivir (cfr?ibid., libro IX, cap. XIII) en el completo abandono no s?lo a la voluntad de Dios, sino que tambi?n a lo que ?l le gusta, a su "bon plaisir", a su benepl?cito (cfr?ibid., libro IX, cap. I).En la cumbre de la uni?n con Dios, adem?s de los secuestros del ?xtasis contemplativo, se coloca ese rebrotar de la caridad concreta, que est? atenta a todas las necesidades de los dem?s y que el llama ??xtasis de la vida y de las obras? (ibid., libro VII, cap. VI).

Se advierte bien, leyendo el libro sobre el amor de Dios y a?n m?s en las cartas de direcci?n y amistad espirituales, que gran conocedor del coraz?n humano fue san Francisco de Sales. A santa Juana de Chantal, a la que escribe: ?[...] Esta es la regla de nuestra obediencia que os escribo con letras grandes: HACER TODO POR AMOR, NADA POR LA FUERZA -AMAR M?S LA OBEDIENCIA QUE TEMER LA DESOBEDIENCIA. Os dejo el esp?ritu de libertad, no el que excluye la obediencia, que esta es la libertad del mundo, sino la que excluye la violencia, el ansia y el escr?pulo? (Carta del 14 de octubre de 1604). No por nada, en el origen de muchas v?as de la pedagog?a y de la espiritualidad de nuestro tiempo encontramos las huellas de este maestro, sin el cual no hubieran existido san Juan Bosco ni la heroica ?peque?a v?a? de santa Teresa de Lisieux.

Queridos hermanos y hermanas, en un tiempo como el nuestro que busca la libertad, tambi?n con violencia e inquietud, no se debe perder la actualidad de este gran maestro de espiritualidad y de paz, que consigna a sus disc?pulos el ?esp?ritu de libertad?, la verdadera, como culmen de una ense?anza fascinante y completa sobre la realidad del amor. San Francisco de Sales es un testimonio ejemplar del humanismo cristiano, con su estilo familiar, con par?bolas que tienen a menudo batir de alas de la poes?a, recuerda que el hombre lleva inscrito en lo m?s profundo de su ser la nostalgia de Dios y que s?lo en ?l se encuentra la verdadera alegr?a y su realizaci?n m?s plena.

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los grupos provenientes de Espa?a, Argentina, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Os invito a que, siguiendo el ejemplo de san Francisco de Sales, sep?is encontrar la libertad verdadera en el amor incondicional a Dios, nuestra verdadera alegr?a y nuestra plena realizaci?n.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Copyright 2011 Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:11  | Habla el Papa
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